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miércoles, 24 de junio de 2020

CÓMO AYUDAR A TU EQUIPO A SUPERAR LA AFLICCIÓN



David Kessler en la edición de julio – agosto de Harvard Business Review plantea que las personas cuando estamos en estado de shock, como recuerda él de la experiencia que vivió al producirse un terremoto en Los Ángeles mientras estaba en  un teatro, reaccionamos de tres formas:

a).- Nos sentimos dominados por el pánico y actuamos de forma caótica, sin saber ni a dónde ir ni qué hacer.

b).- Mantenemos la calma y seguimos las instrucciones que se nos faciliten.

c).- No hacemos nada y pedimos a los demás que mantengan la calma y actúen como si nada pasase.

Al ir recuperando las organizaciones su vida normal y rutinas ordinarias al ir superando la actual crisis generada por la pandemia del covid-19 los directivos deben entender y reconocer que los trabajadores van a necesitar distintos tipos de ayuda y ayudar a cada individuo a gestionar su aflicción. Al volver los profesionales al trabajo o al comenzar a interaccionar los que continuaron trabajando con los que se incorporan muchos estarán todavía experimentando algún tipo de aflicción ( no todos tienen que estar en el mismo estadio descrito por Elizabeth Kúbler – Ross: negación, ira, negociación, depresión, aceptación) y por ejemplo, si las personas parece que están muy enfadadas deberemos darles espacio para que lo manifiesten y tener paciencia.

Lo más importante es permitir que se expresen las distintas fases. Una peculiaridad de la vida moderna es que tenemos sentimientos sobre nuestros sentimientos: Podemos sentir tristeza y decirnos a nosotros que no debemos sentirla puesto que otros han sufrido más que nosotros.  Lo hacemos con muchas emociones pero al final no funciona. Debemos permitirnos experimentar las distintas etapas de la aflicción para dejar que nuestros sentimientos alcancen la quinta fase la de aceptación que es en la que reside el poder ya que en ella recobramos el control porque ya no estamos negando la realidad: lo que temíamos ha ocurrido y debemos pensar en qué hacer.

Los líderes deben pensar en tres grupos de personas que tienen que trabajar juntos:

1.- Los “preocupados sanos”: tienen salud, no han experimentado la enfermedad alrededor de ellos pero están preocupados. Pueden sentir aflicción por la pérdida del trabajo, de la normalidad, de oportunidades o de actividades como vacaciones, bodas, viajes, etc. Son pérdidas legítimas que causan dolor.

También están experimentando aflicción anticipatoria, que consiste en una profunda ansiedad en la que nuestra mente imagina futuras pérdidas y posibles efectos en los seres queridos. Dentro de este grupo tenemos a los minimizadores y a los maximizadores. Los primeros afrontan la situación negando su severidad o esperando intranquilos que ocurra lo mejor. Los segundos piensan que el cielo se está derrumbando sobre ellos. La verdad está en algún punto entre ambas perspectivas y el trabajo ayuda a que cada grupo equilibre su mente.

2.- Los” afectados”: han estado enfermos o conocen a alguien que lo ha estado pero se ha recuperado. No solo se han imaginado el trauma, lo han experimentado. Algunos pueden necesitar “counseling” u otras metodologías de apoyo.

3.-  Los “desconsolados”: han perdido a un ser querido y estarán experimentando alguna etapa de la aflicción y muchos de ellos estarán todavía lejos de llegar a la de aceptación.

Sólo el hecho de identificar y reconocer a los tres grupos y de establecer intervenciones dirigidas específicamente para cada uno de ellos va a ayudar a los profesionales a superar la situación. Hacer que sean conscientes de la existencia de los tres grupos resulta también de utilidad pues puede sensibilizarles a las diferentes experiencias que pueden estar viviendo los demás.

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