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jueves, 29 de septiembre de 2011

REFLEXIONES SOBRE LA SANIDAD EN ESTADOS UNIDOS

Henry Mintzberg, director del  programa del International Masters for Health Leadership  en la Universidad de  McGill, en su columna de esta semana del boletin de Harvard Business Review plantea una serie de cuestiones relativas a las creencias más habituales sobre la sanidad estadounidense y aporta sugerencias para mejorar su situación.
Comienza analizando lo que él considera son mitos que condicionan las percepciones sobre este tema:
Primer mito: el sistema está fallando. Para el autor realmente está triunfando pero a un coste excesivo que los ciudadanos no están dispuestos o no pueden pagar.
Segundo mito: los costes se pueden controlar gestionando la asistencia sanitaria como si fuera un negocio y fomentando una mayor competencia entre los proveedores de la misma. Según Henry Mintzberg esta es la realidad actual y la sanidad norteamericana lo único que ha conseguido es que los costes sean más altos que en ningún otro país y los resultados sean desiguales, no existiendo equidad en la calidad de la asistencia.
Tras este planteamiento inicial pasa a recomendar una serie de actuaciones cuyo éxito está comprobado:


1.- Buscar ideas para mejorar el sistema contando con las aportaciones de los expertos sanitarios que trabajan en contacto con los pacientes. La innovación puede ser más eficaz si viene de los clínicos que se enfrentan a los problemas diarios y que quieren mejorar su forma de trabajar que de los administradores que buscan sólo recortar costes o de consultores que aportan ideas excesivamente conceptuales. Los directivos deben intervenir, también, para seleccionar y facilitar el desarrollo de las propuestas.

2.- Desarrollar una cultura  que comprometa a los profesionales sanitarios más que los controle. Éstos, por el tipo de trabajo que realizan suelen tener una motivación más transcendente que tiene que verse apoyada por la misión, valores, objetivos y cultura  de las organizaciones en que trabajan. El autor destaca como una medida muy recomendable el pagar a los profesionales un salario, no por acto médico, ya que considera que de esta forma además de reducir costes, elimina el incentivo hacia el exceso de tratamientos, crea un sentimiento de propósito compartido y apoya el desarrollo de una cultura en la que las necesidades de los pacientes están por encima de los intereses de determinados  profesionales.


3.- Abandonar el debate entre gestión pública o privada, que enfrenta a la eficiencia de la sanidad privada con la equidad de la pública. No se puede ignorar a ninguna de las dos, pero no hay que elegir siempre entre ellas. Existen otras alternativas como en Estados Unidos que tiene un 70% de hospitales que pertenecen a fundaciones o a organizaciones sin ánimo de lucro.


4.- Fomentar la colaboración entre todos los colectivos implicados para promover hábitos saludables, prevenir y curar la enfermedad y crear sistemas que eviten la competencia, que suele responder más a intereses individuales,  y promuevan  la cooperación.  

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