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domingo, 27 de noviembre de 2022

EL JUEGO INFINITO I: DEFENDER UNA CAUSA JUSTA

 


Simon Sinek en su ultimo libro,  The infinite game”, plantea como hemos comentado en una entrada anterior, que cualquier líder que desee adoptar un patrón mental infinito debe seguir 5 prácticas esenciales. La primera es:

I.- DEFENDER UNA CAUSA JUSTA

Cuando participamos en un juego finito jugamos para ganar. Aunque lo hagamos esperando jugar bien y disfrutar haciéndolo, no jugamos para perder. La motivación para jugar en un juego infinito es totalmente distinta: el objetivo no es ganar, es seguir jugando, para desarrollar algo mayor que nosotros o nuestra organización y todo líder que quiera liderar un juego infinito debe tener claro que debe defender una causa justa.

Una causa justa es una visión específica de un estado futuro que todavía no existe. Un futuro tan atrayente que las personas están dispuestas a hacer sacrificios para ayudar a avanzar hacia esa visión. Puede ser, por ejemplo, la decisión de rechazar un empleo mejor pagado por continuar trabajando en una organización que defiende una causa justa en la que creemos. Puede implicar trabajar más horas o realizar viajes de trabajo muy frecuentes, pero aunque no nos agraden los sacrificios que tenemos que hacer pensamos que merecen la pena por defender una causa justa.  

Ganar nos ofrece un sentimiento temporal de victoria, lo que supone un intenso, pero fugaz, incremento de nuestra autoestima, como cuando nos promocionan o ganamos un torneo, pero esa sensación pasa y para volverla a sentir necesitamos intentar ganar de nuevo. Pero cuando existe una causa justa, una razón para ir a trabajar que va más allá de un triunfo particular, nuestros días adquieren un mayor significado y son más satisfactorios, manteniéndose en el tiempo. En una organización que solo se mueve por lo finito puede que algunos días amemos nuestros trabajos pero no siempre. Si trabajamos en una organización con una causa justa, nos puede gustar nuestro trabajo algún día pero siempre lo amaremos, como ocurre con nuestros hijos, que puede que algunos días nos gusten y otros no, pero siempre los querremos.

Una causa justa no es lo mismo que nuestro por qué. Éste procede del pasado, es una afirmación de quién somos, la suma total de nuestros valores y creencias. Una causa justa define hacia dónde vamos, describe el mundo en el que nos gustaría vivir y en el que nos queremos comprometer para ayudar a construir. Todos tenemos nuestro propio por qué, pero no todos tenemos que tener una cusa justa propia, podemos escoger unirnos a la de otros.

Es esta causa justa que queremos ayudar a desarrollar la que da un sentido a nuestro trabajo y a nuestras vidas. Nos inspira a mantenernos centrados más allá de las recompensas finitas y triunfos individuales y nos ofrece el contexto para todos los juegos finitos que debemos jugar en el camino.

Una causa justa debe cumplir cinco estándares. Éstos son los siguientes:

1.- Tener una razón, afirmativa y optimista

Por ejemplo, en lugar de luchar contra la pobreza, decir luchar por el derecho de todo ser humano a poder proveer de lo necesario a su familia. En el primer caso se crea un enemigo común: algo contra lo que estamos. Nos lleva a creer que podemos vencer a la pobreza de una vez por todas, es un juego finito. La segunda nos proporciona una causa que defender. El impacto de cada perspectiva no es solo semántico ya que afecta la forma en que contemplamos el problema/visión que interviene en nuestras ideas en relación a cómo podemos contribuir. El primer caso ofrece un problema a resolver, el segundo una visión de posibilidades, dignidad y empoderamiento. No nos sentimos inspirados a reducir la pobreza pero si a ayudar a incrementar el número de personas que pueden hacer frente a sus necesidades y a las de sus familias.

2.- Ser inclusiva y estar abierta a todo aquel que quiera contribuir

Los seres humanos queremos sentirnos parte de algo. Anhelamos satisfacer el sentimiento de pertenencia. Disfrutamos siendo parte de un grupo. Una causa justa sirve como invitación para unirnos a otros para defender una causa que nos trasciende.  

Una cusa bien definida nos inspira a ofrecer nuestras ideas, nuestro tiempo, nuestro trabajo para avanzar hacia el futuro que describe. De esta forma se inician los movimientos. Comienzan con pocas personas cuya visión idealizada del futuro atrae a seguidores. Estas primeros miembros no se incorporan para conseguir algo ya que lo que quieren es dar, ayudar y así jugar un papel en defender una visión nueva del futuro. La causa que les ha atraído se convierte en la suya.

Las organizaciones que simplemente prometen cambiar el mundo o tener un impacto nos dicen muy poco de lo que realmente pretenden alcanzar. Los sentimientos son buenos pero son demasiado genéricos como para tener un significado para los demás. Una causa justa, por el contrario, es una visión específica de un estado futuro que no existe todavía, que resulta muy atractiva y por tanto las personas quieren contribuir. Se la considera una visión porque tiene que ser algo que podamos ser capaces de ver, por lo que las palabras que la describen deben pintar una imagen específica y tangible del tipo de impacto que queremos tener. Una causa justa clara es capaz de levantar pasiones.

Los líderes con patrón mental infinito buscan profesionales, inversores y clientes que compartan su pasión por la causa justa que defienden.

3.- Estar orientada al servicio, para el beneficio primario de los demás

 Una causa justa debe involucrar al menos dos partes: los contribuidores y los beneficiarios. Los primeros ofrecen algo, por ejemplo sus ideas, trabajo duro o dinero para que la causa justa avance, mientras los receptores de esas contribuciones se benefician. Para que una cusa justa se considere que está orientada al servicio los beneficios primarios de las contribuciones de la organización deben ir a otras personas que nos sean las que han contribuido. Por ejemplo si mi jefe me ofrece consejos sobre mi carrera, éstos deben ir dirigidos a beneficiar mi carrera no la de él.

La orientación al servicio no significa caridad. Si hablamos de caridad la mayor parte o la totalidad de los beneficios de  nuestras contribuciones deben ir a otras personas y el beneficio que obtienen los contribuidores es el sentimiento de bienestar que se genera al ayudar a los demás.

En el liderazgo de servicio los beneficios principales de las contribuciones fluyen hacia abajo. En una organización en la que la orientación al servicio no existe o es considerada como algo secundario el flujo de los beneficios tiene un sentido ascendente. Los inversores invierten esperando ver un retorno de beneficios para ellos antes que otra cosa   y los líderes toman decisiones que les beneficien a ellos antes que a otros, por ejemplo. Este es el flujo común de beneficios en muchas de nuestras organizaciones en la actualidad. Demasiadas culturas están formadas por personas que trabajan para proteger sus intereses y los de las personas que están por encima en la jerarquía antes que los de las personas a las que se supone deben servir.

El requisito de que una causa justa debe estar orientada al servicio es consistente con la forma en la que se supone que los juegos infinitos deben ser jugados. El jugador en este caso quiere mantener el juego para otros. Un líder que quiera construir una organización equipada para un juego infinito nunca debe tomar decisiones basadas exclusivamente en su propia compensación. Sus esfuerzos deben ir dirigidos a equipar a la organización para el juego en el que está operando, teniendo en cuenta que una razón principal por la que una orientación al servicio es importante en un juego infinito es que genera una base leal de empleados y clientes (también de inversores) que apoyarán a la organización en las circunstancias adversas.

Es esta lealtad la que da fuerza a una organización y le garantiza la longevidad que solo el dinero no puede lograr. Los profesionales más leales sienten que sus líderes se preocupan realmente por ellos y como respuesta les van a ofrecer sus mejores ideas, van a actuar de forma responsable y a procurar resolver los problemas para el beneficio de la compañía. Los clientes más leales, por su parte, sienten que la compañía se preocupa sinceramente por sus deseos y necesidades y, por tanto, están dispuestos a pagar, aunque sea un poco más, por sus productos y servicios y animan a sus amigos a hacer lo mismo.

4.- Mostrar resiliencia para ser capaz de superar los cambios políticos, tecnológicos y culturales

En un juego infinito en el entorno de las organizaciones una causa justa debe ser más grande que los productos que hacen y los servicios que ofrecen. Los productos y servicios son medios para que la causa avance, pero no son ellos la cusa. Si articulamos la causa en términos de nuestros productos entonces la existencia de nuestra organización se condiciona a la relevancia de esos productos y cualquier nueva tecnología puede conseguir que nuestros productos, nuestra causa y hasta nuestra organización se vuelva obsoleta de un día para otro.

Los mercados suben y bajan, las personas vienen y van, las tecnologías evolucionarán y los productos y servicios se adaptarán a los gustos de los consumidores y a las demandas del mercado. Por tanto, necesitamos algo que nos ofrezca permanencia para  apoyarnos, algo que sobreviva a las crisis y cambios. Para mantenernos en el juego infinito necesitamos que nuestra causa justa sea duradera, resiliente y atemporal.

4.- Representar a un ideal grande, osado y complicado de alcanzar

Debemos pensar en la causa justa como si fuese un iceberg, en el que lo único que vemos siempre es una punta, que representa lo que ya hemos logrado. En una organización, con frecuencia, son los fundadores y primeros contribuidores los que tienen una visión más clara del futuro desconocido, de lo que para los demás sigue siendo desconocido. Cuanto más claras sean las palabras que describen una causa justa más posibilidades tendrán de atraer a los innovadores y a aquellos dispuestos a asumir riesgos para intentar desarrollar algo que casi solo existe en sus imaginaciones. Con cada éxito se va revelando a los demás otra parte del iceberg y la visión se hace más evidente y los escépticos se convierten en creyentes y de esta forma más personas se van sintiendo inspiradas por la causa y comprometen su talento, ideas y energía para ayudar que progrese. Pero, aunque vayamos viendo cada vez más porciones del iceberg los líderes tienen la responsabilidad de recordarnos que la mayor parte de él continúa sin ser explorado, por lo que independientemente del o que ya hayamos logrado la cusa justa que defendemos se encuentra hacia delante y no hacia atrás.

 

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