Roxie Nafousi en “Confidence. Eight steps to knowing your worth”, plantea 8 pasos para construir la confianza y seguridad
en nosotros mismos. El primero es, como hemos visto en una entrada anterior: dominar nuestros pensamientos.
Nuestras mentes
están siendo constantemente bombardeadas por una enorme cantidad de información
diariamente. Para hacer frente a este enorme volumen de datos nuestra mente
subconsciente realiza muchas tareas para filtrar y organizar dicha información
para que podamos funcionar correctamente. Una de las formas para hacer esto es
a través de los sesgos cognitivos, atajos mentales que nos ayudan a
discernir qué es importante y qué puede ser descartado.
Muchos de estos
atajos nos resultan útiles en nuestra vida cotidiana, por ejemplo al leer una
frase nuestra mente no procesa cada palabra de forma individual. En lugar de
eso rápida y tranquilamente reconoce palabras y frases familiares, lo que nos
permite entender la frase en su totalidad casi instantáneamente. Esta habilidad
de leer y comprender rápidamente es el resultado de la capacidad de nuestra
mente de crear atajos basados en conocimientos y experiencias previas, haciendo
que el proceso sea más eficiente y menos mentalmente agotador. Otro ejemplo es
lo que ocurre cuando entramos en una sala llena de personas. Nuestra mente
rápidamente escanea las caras que nos rodean. Esta rápida identificación es un
atajo que nos ahorra tiempo y energía permitiendo que nos centremos en las
interacciones más significativas en lugar de dedicar tiempo a averiguar quiénes
están en la habitación.
Pero no todos
los atajos son útiles, algunos como el estereotipar pueden ser dañinos.
Estereotipar es una forma de simplificar las interacciones sociales que utiliza
el cerebro, al colocar a las personas en categorías basándose en información
limitada que puede conducir a juicios injustos y hasta a discriminación.
Los sesgos
cognitivos pueden ser errores comunes de nuestro pensamiento que surgen cuando
nuestra mente trata de asignar rápidamente sentido a una información. Estos
atajos mentales nos ayudan a procesar las cosas con mayor rapidez pero conducen
a errores con frecuencia porque están influidos por pasadas experiencias,
creencias y emociones.
Entre los más
frecuentes tenemos:
a).- Sesgo de frecuencia o fenómeno Baader – Meinhof, por el que después de notar algo por primera vez, hay una tendencia a notarlo más a menudo, lo que lleva a alguien a creer que tiene una mayor frecuencia de ocurrencia. Ocurre con frecuencia en la vida diaria, como por ejemplo si compramos un coche de color rojo o de un modelo determinado, de repente parece que solo vemos coches similares al nuestro.
b).- Sesgo de confirmación, por el que tendemos a buscar información o a
interpretar hechos de forma que confirmen nuestras creencias. Por ejemplo, si
pensamos que somos malos oradores, nuestra mente estará alerta para encontrar
evidencia que apoye esa creencia y recordaremos las ocasiones en que hemos
tenido dificultades al hablar en público, olviando aquellas en las que hemos
hablado con confianza y seguridad.
Este sesgo puede resultarnos, también, muy útil, como en el caso en el que
pensemos que merecemos el éxito. Si acudimos a una reunión sintiendo que
estamos preparados y seguros de nosotros mismos tendremos más oportunidades de
detectar las reacciones positivas, como un compañero que nos felicita tras
nuestra intervención. Nuestra mente capta estas señales y las utiliza para
reforzar nuestra creencia en nosotros mismos, creando un bucle de
retroalimentación positivo.
Nuestra mente está programada para confirmar aquello que ya cree que es
cierto, en lugar de percibir señales que nos pueden ofrecer una narrativa
diferente. Por esta razón, entender los sesgos cognitivos es crucial porque
éstos pueden distorsionar nuestra percepción de la realidad, con frecuencia
reforzando percepciones sobre nosotros negativas y creencias limitantes. Al
reconocer estos sesgos podemos comenzar a cuestionar nuestros pensamientos y
contemplar las situaciones un un modo más objetivo, así como empezar a
construir un patrón mental más resiliente y que nos aporte mayor seguridad en nosotros mismos.
Nuestras mentes también ahorran
tiempo y energía a través de las
distorsiones cognitivas o filtros del pensamiento. Mientras los sesgos
cognitivos generalmente influyen en cómo interpretamos el mundo que nos rodea,
las distorsiones son errores específicos del pensamiento que con frecuencia
surgen de nuestro propio diálogo interior, relacionadas con nuestra autoestima
o salud mental.
Utilizamos diversos tipos de filtros
del pensamiento y cada uno puede tener
un impacto significativo en nuestra salud mental y bienestar general. Al
entenderlos podemos comenzar a ver cómo moldean la forma en la que nos vemos a
nosotros mismos y empezar a trabajar para cuestionarlos. Entre los más
frecuentes tenemos:
a).- Pensamiento todo o nada. Favorece el que veamos las cosas en blanco o negro:
algo es totalmente bueno o malo. No existe un término medio. Por ejemplo si
nuestra meta es correr todos los días de la semana y un día no lo hacemos,
podemos concluir que hemos fallado ignorando el progreso que hemos podido
alcanzar los días que sí hemos corrido.
b).- Dramatizar o catastrofizar. Ocurre cuando esperamos que se cumpla el peor
escenario posible o exageramos la severidad de una situación. Puede crear un
intenso temor al fracaso y ampliar nuestro estrés y ansiedad. Lleva a que
evitemos retos que pueden ser necesarios para construir nuestra confianza en
nosotros mismos y nuestra resiliencia, porque nuestra presunción distorsionada
nos dice: “Si fallo el resultado será catastrófico”.
c).- Filtrar negativamente. Este tipo de pensamiento hace que ignoremos lo
positivo y nos centremos en lo negativo.
Por ejemplo si recibimos diez felicitaciones y una única crítica, nuestro
colador mental deja pasar solo la crítica. Este proceso refuerza la
autopercepción negativa.
d).- Personalizar. Implica culparnos o responsabilizarnos a nosotros mismos por hechos que
están fuera de nuestro control o interpretar eventos negativos externos como si
estuviesen relacionados directamente con nosotros, aunque no existan evidencias
que apoyen esta presunción. Como ejemplo, tenemos el pensar que si nuestro
equipo pierde un juego es por nuestra culpa, o si alguien no nos responde a un
mensaje pensamos que es porque no le gustamos.
e).- Sobregeneralizar. Ocurre cuando pensamos que un hecho negativo aislado
se va a repetir una y otra vez. Puede hacer que no perseveremos ante los retos y dificultar nuestro progreso y
crecimiento. Por ejemplo si una cita nos va mal pensamos que somos terribles
para las citas y que nunca encontraremos a alguien.
Entender y reconocer estos filtros de nuestro pensamiento es crucial porque
con frecuencia crean versiones desagradables e inexactas de la realidad que van
a impactar negativamente en nuestra autoestima.
La autora recomienda el siguiente ejercicio para superar distorsiones
cognitivas:
Comenzar por utilizar la siguiente tabla para hacer un seguimiento de nuestros
pensamientos, de los filtros que identificamos y para plantear una versión más
realista y equilibrada de nuestros pensamientos:
|
Hecho |
Pensamiento filtrado |
Tipo de filtro |
Pensamiento realista |
|
Ejemplos: |
|
|
|
|
Envio un texto al grupo de WhatsApp y nadie responde |
Todos piensan que soy insoportable |
Personalizar |
Todos están muy ocupados y no han tenido tiempo de
ver el mensaje |
|
Mi jefe me manda un e mail en el que me pregunta si
tengo 5 minutos para una charla rápida |
¡Horror¡ He debido hacer un mal trabajo y me van a
despedir |
Catastrofizar |
Existen múltiples razones por las que mi jefe quiere
verme |
Reconocer los pensamientos
distorsionados nos ayuda a ver cómo éstos nos pueden perjudicar. Pero el ser
conscientes de ellos no es suficiente, necesitamos un método práctico
para cuestionar esos pensamientos y reconvertirlos en otros que nos sean más
útiles. Éste puede ser el que consiste en “entrevistar a nuestros
pensamientos”. Este enfoque nos permite evaluar nuestras creencias desde
diversos ángulos. Por medio de una serie de preguntas:
a).- Presentamos la evidencia:
·
¿Qué evidencias tengo que apoyen este
pensamiento?
·
¿Existe alguna evidencia que lo contradiga?
b).-
Cuestionamos las presunciones:
·
¿Qué presunciones estoy haciendo?
·
¿Están justificadas esas presunciones o estoy sacando
conclusiones apresuradas?
c).- Identificamos
la causa:
·
¿Pueden pasadas experiencias estar condicionando
mi pensamiento actual?
·
¿Es posible que pueda estar reaccionando basándome
en un miedo o recuerdo antiguo, en lugar de ante lo que está ocurriendo ahora
mismo?
d).-
Consideramos distintas perspectivas:
·
¿Cómo vería esta situación si fuese alguien de
fuera?
·
¿Qué consejo le ofrecería a un amigo que se
sintiese de esta forma?
e).- Examinamos
las consecuencias:
·
¿Si continuo pensando de esta forma cuáles pueden
ser los resultados más probables?
·
¿Cómo puede este pensamiento estar evitando que
consiga lo que deseo?
f).- Exploramos
alternativas:
·
¿Existe alguna forma más positiva o realista de
interpretar la situación?
·
¿Cuál puede ser una forma más equilibrada o útil
de pensar sobre esto?
Al cuestionarnos
de forma sistemática nuestros pensamientos comenzamos a liberarnos de capas de
negatividad y a revelar una perspectiva más clara y real.

No hay comentarios:
Publicar un comentario