domingo, 19 de diciembre de 2021

QUÍMICA SOCIAL. DECODIFICANDO LOS PATRONES DE LAS RELACIONES HUMANAS

 


Marissa King en “Social chemistry. Decoding the patterns of human connection”, plantea que el patrón del conjunto de nuestras relaciones importa mucho más que el tamaño de las mismas.

La estructura de la red de conexiones personales se puede considerar como un mapa de lo que la vida ha sido hasta el momento para dicha persona y hacia dónde se encamina. La conexión social más sencilla es la diada o relación uno a uno que se establece con un solo individuo. Las redes son grupos de personas interconectadas, en algún caso de personas que ya se conocen entre sí y en otros de personas que no tienen miembros en común.

La mayor parte de las redes se pueden clasificar dentro de tres estructuras:



En los mapas de relaciones de los expansionistas, “brokers” y coordinadores cada círculo representa una persona. La red pertenece a la persona representada con un círculo negro en el medio y las líneas representan las relaciones entre ellos y sus amigos. En todas las imágenes hay el mismo número de personas pero lo que varía es el la cantidad de  energía y el esfuerzo empleado para crear y mantener esos lazos. Los “brokers”, por ejemplo están directamente ligados a solo 7 personas pero tienen acceso indirecto a 12 diferentes puntos de vista, experiencias y fuentes de información y al ser, con más frecuencia,  los amigos de los coordinadores amigos entre sí, los coordinadores necesitan 9 relaciones para obtener la misma información.

El mismo conjunto de relaciones sociales, compuestos por las mismas personas pero en distintas configuraciones, dan origen a distintos fines. Por ejemplo si imaginamos dos equipos compuestos por las mismas personas y en un caso todas trabajan juntas y colaboran entre sí. En el otro caso las personas siguen siendo las mismas pero el equipo trabaja en subequipos especializados con un nexo entre ellos. Aunque el equipo tenga los mismos miembros su fortaleza será distinta. Lo mismo ocurre con las redes personales.

En un contexto de redes los expansionistas, “brokers” y coordinadores tienen distintas ventajas e inconvenientes:

a).- Los expansionistas tienen redes muy amplias, son bien conocidos y tienen grandes habilidades para enganchar en una reunión. Pero suelen tener problemas para mantener los lazos sociales y para equilibrarlos para crear valor para sí mismos y para los demás.

b).- Los “brokers” generan valor juntando a personas normalmente desconectadas de distintos ámbitos sociales. Sus redes obtienen enormes beneficios desde el punto de vista de la información y son muy innovadoras ya que la mayoría de las nuevas ideas proceden de la recombinación.

c).- Los coordinadores construyen densas redes en las que los amigos son también amigos entre sí. Este tipo tiene beneficios por su reputación.

Las características y la estructura de nuestra red personal están determinadas parcialmente por el contexto en el que vivimos. Por ejemplo por el tipo de trabajo que realizamos, si nuestro despacho está situado cerca del ascensor, si realizamos trabajos de voluntariado, vamos a la iglesia o nos unimos a clubs. Las elecciones que realizamos todas tienen un fuerte efecto en nuestra red.

De las características de nuestra personalidad que más influyen el comportamiento del camaleón es el que se ha  mostrado mejor predictor del estilo de red que desarrollaremos, Los “brokers” tienden a ser camaleones y se adaptan rápidamente a nuevas situaciones sociales. Intuitivamente saben cuándo tienen que mantenerse callados para no desentonar en una reunión formal o reír con mayor fuerza.

Los científicos sociales han dedicado las últimas cuatro décadas a estudiar los antecedentes y consecuencias de la estructura de las  redes sociales. La forma en la que esté diseñada (conscientemente o no) nuestra red social va a tener enormes implicaciones en una serie de resultados personales y profesionales. La fuerza y calidad de nuestras conexiones sociales va a afectar profundamente nuestra experiencia del mundo, nuestras emociones y nuestro éxito a nivel personal y profesional.

Hace más de 40 años, el sociólogo y profesor de la universidad de Stanford, Mark Granovetter examinó cómo había encontrado sus trabajos los profesionales que trabajaban en Newton, Massachusetts. De los cientos entrevistados que habían cambiado de trabajo recientemente, más del 56% manifestaron que habían encontrado el trabajo a través de contactos personales. Entre los individuos en las categorías de ingresos más altos, aquellos que tenían los trabajos mejor pagados y más prestigiosos, tres de cada cuatro habían encontrado el trabajo a través de sus redes sociales.

Para sorpresa de Granovetter estos entrevistados mantenían que no había sido gracias a la intervención de amigos sino solo de conocidos, por lo que en su artículo “The strength of weak ties” fue el primero que desafió las nociones convencionales sobre cómo funcionan las redes sociales.

Entender por qué es más frecuente que tengamos noticias de trabajos gracias a conocidos o “lazos débiles” o por qué las redes sociales son más eficaces para buscar trabajo que sus alternativas online requiere entender bien cuál es el funcionamiento de las redes. Normalmente se ha pensado y se dice que es el tamaño de nuestra red lo que importa y esta creencia subyace en la mayor parte de las plataformas sociales, por lo que se anima a que nos mezclemos  y expandamos nuestras conexiones en LinkedIn y que  asistamos a eventos de networking,  a los que usualmente asistirán  personas similares a nosotros.

Existe la creencia de que simplemente el hecho de conocer a más personas se va a trasladar mágicamente a la obtención de valor. Pero conocer a más personas, particularmente aquellas muy similares a nosotros no va a crear más valor para nosotros sino más trabajo. Décadas de investigaciones han mostrado que el enfoque miope en el tamaño de la red está equivocado. La calidad y no la cantidad de nuestras conexiones sociales van a ser el predictor más importante de nuestro funcionamiento cognitivo, de nuestra resiliencia en el trabajo y de nuestro compromiso con el mismo.

Más allá del entorno laboral nuestras conexiones sociales tienen un profundo efecto en nuestra salud y bienestar. Por ejemplo diversos estudios muestran que la soledad incrementa las posibilidades de una muerte prematura en un 26%. Según John Cacioppo, experto en el campo de la neurociencia social, casi el 80% de los jóvenes y el 40% de los adultos mayores experimentan soledad, que no solo deteriora la salud física sino que conduce a depresión, desórdenes de la personalidad, psicosis e incluso al suicidio. Uno de cada cinco estadounidenses se sienten solos.

Esta situación presenta una paradoja. Este profundo sentimiento de aislamiento surge en un momento en el que estamos más conectados que nunca, pero en el que, por ejemplo, en los últimos quince años ha disminuido ( en un 40%) el número de adolescentes que ven a sus amigos diariamente. Cuando nos encontramos cara a cara con amigos tenemos una visión más fiel de quién somos realmente, no de la imagen que proyectamos en las redes sociales vía internet. Las interacciones sociales positivas como mantener contacto visual, escucharnos unos a otros, poner una mano en el hombro del otro, etc, pueden activar respuestas físicas en nuestro cuerpo que alivian el estrés. Las imágenes de “plástico” proyectadas en las redes sociales, por otro lado, invitan a la comparación social. Por esta razón las ratios de depresión, ansiedad y suicidio entre los adolescentes se han incrementado de forma llamativa.

Joseph Stokes, en una serie de estudios, ha examinado los diversos factores que podemos pensar que ayudan a predecir la soledad: el tamaño de la red social, número de amigos íntimos, la relación con los familiares y el grado de conexión de los contactos entre sí. De todos ellos el grado en el que las redes de las personas se parecían a las de los coordinadores era el factor que más protegía contra la soledad. Los coordinadores son también los que se muestran más felices y satisfechos con sus vidas. Pero esta misma estructura no es la que nos hace más felices en el trabajo. En el entorno laboral las relaciones son más complicadas. Los “brokers” se sienten más satisfechos con los aspectos  instrumentales de sus trabajos, mientras los coordinadores lo son de los aspectos sociales de sus vidas profesionales.

Un problema que se presenta con frecuencia es que cuando pensamos en establecer nuevos contactos es que  podemos pensar que existe un elemento de interés que nos hace sentir mal. Las elaciones con nuestros familiares, queridos amigos, mentores  o compañeros cercanos son íntimamente personales y muy valiosas y no deben ser mercantilizadas. Pensar con determinados intereses en mente en nuestras relaciones puede ser moralmente desconcertante ya que nuestras relaciones con los demás son sagradas moralmente y subconscientemente la idea de aprovecharnos de ellas nos parece un tabú y, como consecuencia, sentimientos de repulsión pueden llevar a la falta de compromiso en las personas que los experimentan.

Otro aspecto a considerar a la hora de establecer nuevos contactos es que conectar es complicado. Sentimientos de ansiedad o falta de autenticidad son frecuentes cuando hablamos con extraños. Para ser más auténticos primero debemos comenzar por ser más conscientes de nosotros mismos y para ello podemos empezar a pensar en cómo nos sentimos en diferentes interacciones sociales, con quién nos sentimos más cómodos, cuándo se aceleran nuestros latidos, cuándo sentimos deseos de escapar o cuándo sentimos la necesidad de forzar una sonrisa o de reprimir un comentario. Desde esta consciencia podemos empezar a avanzar hacia la aceptación y cuestionar si realmente hay algo que temer.

Las personas no somos auténticas o falsas. Todos, en ocasiones, tenemos que adoptar una de ellas ya que muchas situaciones  sociales requieren que nos adaptemos a las circunstancias. Por ejemplo, un jefe tiene que ocultar su posible mal humor para ayudar a los que le necesiten, ya que éstos no tienen por qué ver o padecer los malos humores de su superior.

Una forma de superar el sentimiento de falta de autenticidad en una relación consiste en pensar en lo que podemos ofrecer a la otra persona, como, por ejemplo sabios consejos, mentoría u otros recursos nos sentimos menos egoístas y realizar networking nos cuesta menos.

La base fundamental de la construcción de relaciones sociales es la reciprocidad. Es la moneda de intercambio social. Si comenzamos una relación pensando en lo que podemos obtener de ella en lugar de lo que podemos ofrecer nos estamos equivocando. Adam Grant, en su libro “Give and take” escribe en relación con las redes sociales: “las personas que dan tienen la capacidad de crear y desarrollar redes muy ricas. Por la forma en que interactúan con otras personas van generando normas que aportan valor, expandiendo los beneficios para todos los implicados”. Dar es una buena estrategia a largo plazo porque conduce a una red empapada de valores y de reciprocidad.

A corto plazo dar puede ser una forma efectiva de vencer la resistencia hacia la construcción de una red porque invoca sentimientos morales positivos.

Por tanto, si dedicamos tiempo a comprender mejor la naturaleza de nuestras relaciones y contactos, tendremos el poder de cambiarla para que sea potencialmente más beneficiosa para nosotros, para las personas con las que nos relacionamos y para las personas que están conectadas con ellas también.

 

 

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