Jon Gordon en “The power of positive leadership” plantea que el optimismo se puede considerar como
una ventaja competitiva para el líder, ya que si no éste no cree en su visión
ni hacia dónde se dirige y no se muestra optimista ante sus posibilidades de
llegar allí, con frecuencia se rendirá antes de alcanzar su meta. Se rinde
debido al esfuerzo, la negatividad, la frustración, las adversidades, el miedo,
el rechazo y las circunstancias que parecen insuperables, al no tener el
optimismo, la positividad y la creencia en que debe seguir yendo hacia delante.
El optimismo, la
positividad y las creencias de que pueden llegar a alcanzar lo deseado son la energía que
los líderes positivos necesitan para seguir adelante y obtener resultados.
Todos los humanos nos
enfrentamos a una batalla entre la positividad y la negatividad todos los días.
Cada momento y situación nos presenta la oportunidad de considerar una
experiencia como positiva o negativa. Todos los días podemos alimentar los
pensamientos negativos o positivos y dependiendo de nuestra elección crecerán
unos u otros.
Con frecuencia nos
escuchamos a nosotros mismos contándonos todas las quejas, dudas, miedos y negatividad
que conducen a la infelicidad, fracaso y metas incumplidas. Pero el tener
pensamientos negativos no significa que tengamos que creer en ellos, ya que
nosotros no somos los pensamientos que pensamos, somos los pensamientos en los
que creemos. En lugar de escuchar a esas “mentiras” negativas podemos escoger
alimentarnos de la verdad positiva, a través de palabras, pensamientos y
creencias que nos den la fuerza y el poder de superar nuestros retos y crear una
vida, carrera profesional y equipo extraordinarios. Independientemente de
aquello a lo que nos enfrentemos debemos seguir el camino, mantenernos
positivos, hablarnos a nosotros mismos en lugar de escucharnos y asegurarnos
que celebramos llegar a nuestro destino.
Otra forma de alimentar
los pensamientos positivos es a través de nuestra perspectiva y la forma en la
que vemos el mundo. Cualquiera que persiga algo que merezca la pena fracasará
con frecuencia, pero hay que interpretar estos fracasos como oportunidades de
crecimiento. Podemos contemplar nuestra vida como un juego de fracasos y fallos
o de oportunidades.
Cuando nos encontramos
con la adversidad tenemos una elección sobre cómo la vemos y sobre la historia
que nos contamos a nosotros mismos. Podemos verla como algo que está intentando
quebrarnos o como un evento que nos puede conducir a un avance o logro. Podemos
considerarla como nuestra enemiga o como nuestra compañera en nuestro
crecimiento que nos va a hacer que seamos más fuertes y resilientes. Las historias
que nos contamos determinan cómo responderemos ante la adversidad y cómo
vivimos nuestra vida.
Aquellos que se ven a
sí mismos como víctimas se mantienen hundidos, mientras aquellos que se ven a
sí mismos como héroes se recuperan y armados con el optimismo, valor y fe, van
hacia delante y actúan para crear un futuro mejor y más brillante. Por ejemplo,
aquellas personas que estudian cinematografía saben que en cada gran película el personaje
principal quiere lograr algo pero para ello debe superar adversidades y
conflictos para alcanzarlo. Y los que estudian la vida saben que sucede lo
mismo, ya sea comenzar un negocio, crear un equipo ganador, educar a los hijos,
ayudar a las personas sin recursos, curar el cáncer, etc, La adversidad y el conflicto
van a ser parte del camino al intentar alcanzar nuestra meta. Pero cuando nos
golpee la adversidad podemos elegir contarnos a nosotros y al mundo una
historia positiva y trabajar con pasión para crear un resultado lo más positivo posible.
Podemos contarnos una
historia positiva si consideramos los eventos en nuestras vidas como
oportunidades en lugar de desafíos de carácter negativo. Un estudio sobre 500
personas “con suerte” que parecía que tenían todo: riqueza, relaciones, grandes
carreras y felicidad mostró que cada una de ellas habían experimentado
episodios de mala fortuna en sus vidas. En el exterior parecía que habían
tenido vidas perfectas, pero cada una de ellas se había tenido que enfrentar a
retos, adversidades y dificultades. Pero a pesar de los desafíos diversos todas
compartían una característica: todas habían convertido la mala fortuna o
desgracia en buena fortuna. En medio de sus luchas y esfuerzos habían buscado y
encontrado oportunidades. Como líderes tenemos que recordar que los retos van a
surgir en nuestro camino y nuestro trabajo va a consistir en estos casos en no
quedarnos atascados en el barro ni hundirnos sino en mantener la cabeza alta,
buscar la oportunidad y encontrar lo bueno en el camino.
Gallup realizó un
estudio en el que se preguntaba a los encuestados que nombrasen el hecho mejor
y el peor de sus vidas. El estudio encontró que existe una correlación del 80%
entre los dos eventos. De alguna manera el peor hecho en nuestras vidas con
frecuencia nos conduce al mejor, si nos mantenemos positivos y seguimos
avanzando hacia delante.
Como líderes nuestra
perspectiva es muy importante porque la forma en la que vemos el mundo y los
hechos que ocurren, determina el mundo que vemos y la respuesta que damos. Las olas de
cambio van a estar siempre surgiendo en nuestro camino y cuando la ola golpea
tenemos una elección: podemos resistir el cambio o cabalgar sobre ella hacia un
futuro exitoso. Investigaciones muestran que las personas y empresas que
prosperaron durante la Gran Recesión fueron aquellas que abrazaron los cambios
y buscaron nuevas oportunidades. El factor clave en su éxito fue su
perspectiva, la forma en la que interpretaron el cambio que estaban
experimentando. Las que lo vieron como algo malo y se resistieron fueron
aplastadas por la “ola”. Aquellas que lo contemplaron como algo bueno y como
una oportunidad cabalgaron sobre la “ola” hacia un futuro mejor.
Un factor que
interviene en estas situaciones es el conocido como la “maldición de la
experiencia”, que hace que se echen de menos los buenos días pasados, se produzcan
quejas sobre cómo son las cosas en la actualidad y se rechacen los cambios,
porque dejamos que las pasadas experiencias, ya sean buenas o malas, afecten
nuestro presente y futuro.
Los novatos, en cambio,
no están marcados por el rechazo, ni por las creencias negativas o por experiencias
pasadas. Aportan idealismo, optimismo y pasión a su trabajo. No se centran en
lo que todos dicen que es imposible y, en lugar de eso, con ojos bien abiertos
creen que todo es posible. Procuran trabajar duro, mantenerse positivos, vivir
sin miedo y son lo suficientemente ingenuos para lograr tener éxito. No tienen
la experiencia ni saben cómo fueron las cosas, ni conocieron lao buenos días
pasados. En lugar de eso crean sus buenos días ahora.
El autor propone que
independientemente de la experiencia que tengamos como líderes, consigamos que
ésta se convierta en una bendición y no en una maldición, que dejemos que nos
ofrezca pericia y dominio y que nuestro patrón mental de “novato” nos llene de
optimismo y pasión. Recomienda también mentorizar a los novatos porque a pesar
de todos sus esfuerzos y energía cometen errores y que dejemos que nos enseñen
a ver el mundo a través de sus ojos, para poder crear nuestros propios buenos
días en el presente.
Gordon sugiere que una
parte importante del liderazgo para hacer avanzar a nuestros equipos a través
de los retos y del cambio es actuar como un grano de café. En su libro “The coffee bean” explica que los granos de café cuando se colocan en un cazo lleno
de agua hirviendo transforman el agua en café. No se ven impactados por el
entorno, sino que lo transforman. Por tanto, nuestras circunstancias y los
hechos que ocurren a nuestro alrededor
en el mundo no van a definirnos. Nosotros somos quienes debemos definir
nuestras circunstancias. El poder no lo tienen las circunstancias, lo posee nuestro estado de ánimo y el amor, la
pasión , el propósito y la perspectiva
con la que lideramos y creamos.
También podremos
liderar con más poder cuando seamos conscientes de que tenemos el poder de
distorsionar la realidad. Con frecuencia pensamos que la realidad es objetiva,
pero cuando entendemos cómo los líderes con un patrón mental positivo han sido
capaces de cambiar el mundo a lo largo de la historia, podemos ver claro cómo un líder
puede definir la realidad y distorsionarla de forma positiva. Un ejemplo lo
tenemos en Steven Jobs que tenía la habilidad de convencer a los empleados de Apple de que
eran capaces de cumplir unos plazos que todo el mundo creía que eran
imposibles. Su optimismo y creencias en lo que era posible, aunque no lo
pareciese, se volvían contagiosas y como resultado Apple se convirtió en una de
las principales compañías en el mundo.
Nuestra realidad es el
resultado de nuestros pensamientos y creencias (no de nuestras circunstancias).
El liderazgo consiste en una transferencia de creencias que el líder comparte
con su equipo y organización, que van a tener una gran influencia en lo que va
a crear, construir y lograr, por lo que el mensaje debe ser positivo y no
negativo.
Al final el secreto de ser un líder positivo está en liderar con
esperanza en un mundo lleno de cinismo, negatividad y miedo. La batalla final a
la que nos enfrentamos todos los días es la que mantienen el miedo y la
esperanza. Como líderes debemos ser conscientes de que nuestros profesionales se
enfrentan a ella diariamente. Se encuentran llenos de miedo, dudas e
incertidumbre y es labor nuestra, como líderes, de inspirarles con fe y
esperanza en lugar de a través del miedo. El futuro pertenece a aquellos que
creen en él y que cuentan con las creencias, resiliencia, positividad y
optimismo para superar todos los retos para realizar los cambios necesarios.
Los grandes equipos son
positivos colectivamente. Tienen la creencia
común y el entusiasmo colectivo transmitidos y compartidos por sus líderes.. Éstos creen en ellos, aunque sus
miembros no crean en sí mismos, les animan cuando están en horas bajas y les
inspiran para hacer más, dar más y conseguir hasta aquello que no creen que son
capaces de alcanzar. Les dicen a sus equipos que la esperanza y el miedo tienen
algo en común, ya que ambos creen en algo que no se ha producido todavía. El miedo
cree en un futuro negativo, la fe en un futuro positivo. Como ninguno de ellos
se ha producido aún, podemos tomar la decisión de creer en un futuro positivo y
luchar para que se haga realidad.
El liderazgo al final
no se debe centrar tanto en lo que el líder puede hacer, sino en lo que puede
inspirar al animar y empoderar a los demás. Si se comienza el proceso creando
una cultura positiva, compartiendo la visión, liderando con optimismo y
positividad, el líder y su equipo estarán en el camino de crear un futuro
positivo.

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