domingo, 15 de marzo de 2026

CÓMO GESTIONAR A UN LÍDER INSEGURO

 


Jeffrey Yip y Dritjon Gruda en la edición de marzo-abril de Harvard Business Review plantean que los líderes inseguros, sean ansiosos o evitadores, son más frecuentes en las organizaciones de lo que pensamos y que sus comportamientos pueden distorsionar la comunicación, minar la colaboración y ser una carga para sus equipos.

Investigaciones recientes sugieren que , por ejemplo, en Estados Unidos existe un 36% de estilo de apego inseguro ( este término se utiliza en psicología para describir vínculos afectivos  marcados por la falta de confianza en la respuesta de los demás, en nuestras relaciones más cercanas). Este estilo tiene tres subtipos:

1.- Evitativo. Se caracteriza porque la persona tiene necesidad de espacio y tiende a evitar el contacto emocional intenso, así como muestra dificultades para expresar lo que siente. Puede parecer fría, aunque internamente esté sufriendo.

2.- Ansioso-ambivalente. La persona busca constantemente la cercanía y el afecto. Siente miedo permanente al abandono y muestra una necesidad excesiva de aprobación.

3.- Desorganizado. Es la mezcla de los dos anteriores, alternando entre la necesidad y el rechazo a los contactos.

Otro estudio realizado por Korn Ferry encontró que el 71% de los CEO,s estadounidenses y el 65% de otros ejecutivos senior padecen el síndrome del impostor, aunque piensen en un 85% de los casos que son competentes para realizar las funciones de su puesto. Pero bajo presión sus miedos, sin resolver,  de inadecuación y de rechazo pueden distorsionar la toma de decisiones y minar la colaboración. Pueden, también, microgestionar, se retrotraen emocionalmente, muestran resistencias ante el feedback o buscar halagos excesivos.

Trabajar con este tipo de personas no es infrecuente. Según un informe de 2023 de Pew Research Center más de un tercio de los trabajadores estadounidenses describían a sus jefes como impredecibles o que se mostraban en exceso desdeñosos, rasgos con frecuencia ligados a la inseguridad. Cuando los equipos reciben este impacto negativo procedente de este tipo de jefes el estrés y el burnout se incrementa entre sus miembros y aumenta, también, la rotación.

Los autores han creado un marco práctico para abordar dos formas comunes de liderazgo inseguro y para construir unas relaciones de trabajo más funcionales con un jefe o compañero inseguro.

La inseguridad es fundamentalmente relacional. Se moldea por las experiencias de nuestra infancia y se amplifica bajo el estrés. Las investigaciones de los autores se han centrado en dos patrones comunes de apego inseguro: ansioso y evitativo y en la forma en la que se muestran en las relaciones dentro del trabajo.

Los líderes ansiosos anhelan una conexión constante y con frecuencia irreal, se “encienden” cuando reciben halagos y se hunden cuando se sienten excluidos o criticados. Pueden microgestionar, pedir disculpas en exceso o cambiar de dirección bruscamente como respuesta a la última conversación o a un desprecio imaginario. Procuran acercarse a sus equipos y cuando se sienten sobrepasados se alejan de ellos con brusquedad. Su energía pude ser contagiosa y hasta inspiradora, pero también agotadora, al sumergir a los equipos a turbulencias emocionales.

Los líderes evitativos, por el contrario, tienden a parecer serenos y racionales, proyectando una imagen de control e independencia. Pero bajo la superficie se encuentra incomodidad con la vulnerabilidad que hace que se mantengan distantes y sea difícil llegar a ellos. Se sienten orgullosos de ser autosuficientes, evitan el diálogo abierto, rechazan las críticas y rara vez muestran incertidumbre. Trabajar con ellos es como trabajar alrededor de un muro producido por su miedo a necesitar demasiado a los demás. Pueden cerrarse cuando se les cuestiona o desafía o mostrarse hipervigilantes si hay mucho en juego.

Muchas personas que trabajan con líderes o compañeros inseguros responden de forma contraproducente. Yip y Gruda han identificado tres trampas en las que las personas suelen caer, exacerbando así las dinámicas negativas en el entorno laboral. Éstas son:

1.- Exceso de acomodación

Cuando los líderes se sienten inseguros es natural que los miembros de sus equipos quieran aliviar su ansiedad anticipando sus necesidades, estando de acuerdo enseguida o quitando importancia a las malas noticias. En estos casos tendemos a evitar informarles de situaciones, a protegerles de las críticas o a limitarles su exposición a los demás. Pero esta actitud con frecuencia lleva a límites difusos o expectativas poco realistas, reforzando las inseguridades del líder y para nosotros puede producirnos burnout , frustraciones y una pérdida de nuestra credibilidad.

2.- Retirada

Nuestra respuesta instintiva ante la excesiva dependencia o volatilidad de un jefe puede ser el desentendernos emocionalmente, comunicándonos solo cuando sea necesario, reteniendo y no transmitiendo feedback o desentendiéndonos totalmente. Esto produce un vacío, se reduce la transparencia y la confianza y pueden reforzarse  las creencias de los líderes de que no pueden apoyarse en los demás.

3.- Confrontación sin calibración

Intentar enfrentarnos al comportamiento de un líder inseguro directamente puede volverse en nuestra contra. Hasta los consejos bien intencionados pueden ser percibidos como una amenaza, conduciendo a una actitud defensiva, a represalias y a un empeoramiento en la comunicación. Lo importante es plantear las cosas en el momento , el tono y  la estrategia en la forma de ofrecer empatía adecuados. Abordar los temas de una forma muy brusca o demasiado temprano puede cerrar puertas en lugar  de abrir diálogos.

Los autores proponen un proceso de tres pasos para gestionar los comportamientos inseguros de los demás. Se basa en un marco desarrollado por Bruce Perry, psiquiatra y neurocientifico especializado en el apego y el desarrollo cerebral. La secuencia de 3 erres que plantea: regular, relacionar y razonar, reconoce que cuando las personas están bajo presión, como suele ocurrir a la mayoría de los líderes, tienden a apoyarse en sus instintos, lo que entorpece el pensamiento lógico. Antes de poder conectar y ejercer algún tipo de influencia sobre líderes inseguros, debemos primero ayudarles a regular sus sistemas nerviosos. Luego podemos relacionarnos a través de la conexión con ellos y solo después intentar razonar sobre la situación.

El modelo funciona de la siguiente forma:

I.- REGULAR

Cuando las personas sienten algún peligro, ningún tipo de lógica ni de estrategia les servirá para abordarlo hasta que no consigan que sus mentes se serenen. Esto es especialmente real en el caso de los líderes que muestran apego inseguro ya que van a percibir frecuentemente el feedback o la ambigüedad como amenazas. Un líder evitativo puede que necesite espacio o predictibilidad. Un líder ansioso puede necesitar señales no verbales tranquilizadoras.

Nuestro  papel ante los líderes ansiosos consiste en anclar la conversación con estabilidad y seguridad. Un tono seguro y un mensaje claro puede aliviar su ansiedad. Podemos emplear frases como “tenemos tiempo para abordar esto”. Debemos evitar reproducir su ansiedad o descartar sus preocupaciones. En lugar de eso tenemos que reconocer sus preocupaciones y enlentecer el ritmo.

En el caso de los líderes evitativos la regulación implica minimizar la percepción de  intrusión  y la emoción y enfatizar la estructura. Se pueden utilizar frases como: “He analizado las opciones y tengo una recomendación”. De esta forma mandamos señales de pensamiento claro y reflexivo en lugar de pensamiento turbulento y emocional y expresamos respeto por su espacio y autoridad, mientras demostramos competencia.

II.- RELACIONAR

Como las reacciones de inseguridad están enraizadas en patrones tempranos de apego y surgen de un sentido alterado de pertenencia o de valía, requieren una respuesta relacional. Esto no significa que tengamos que mostrarnos demasiado personales o indulgentes. Implica que debemos estar presentes, sintonizados y ser considerados de confianza. Los líderes que se sienten seguros tienen más probabilidades de escuchar, reflexionar y crecer.

En el caso de los líderes ansiosos la consistencia es importante. Necesitan comportamientos predecibles y seguimiento. Podemos utilizar lenguaje inclusivo: “exploremos esto juntos” y plantear un compromiso compartido. Ser cautos ante los cambios repentinos o la ambigüedad, que pueden interpretar como abandono.

Estar físicamente presentes es también importante porque calma su ansioso sistema nervioso. Debemos guardar cualquier dispositivo, mantener el contacto visual apropiado y sentarnos junto a la persona ansiosa durante conversaciones complicadas. Esta proximidad les indica una disponibilidad y compromiso que solo con palabras no podemos transmitir.

Ante los líderes evitativos tenemos que respetar su preferencia por la independencia y por las relaciones predecibles y poco demandantes, mientras creamos oportunidades sutiles de conexión. Por ejemplo en lugar de preguntar: ¿Cómo te sientes con respecto a esto?, probar con: ¿Cuál es tu punto de vista sobre esto?

Antes de cuestionar sus planes, alinearnos primero con sus intenciones. Por ejemplo: “Entiendo como esto apoya los objetivos de eficiencia que has marcado. He estado pensando sobre un posible efecto potencial que podemos desear mitigar”. La idea es transmitir que estamos a su lado, con lo que es más probable que se comprometan cuando eventualmente planteemos nuestras dudas.

Relacionar implica, también, respetar sus canales preferidos. Algunos líderes evitativos prefieren la comunicación escrita a las reuniones frecuentes. En otros casos trabajar junto a ellos en un documento compartido o enviarles una breve actualización en lugar de insistir en otra llamada puede ser una forma de “estar con ellos” que les haga sentirse seguros y facilite su disponibilidad.

III.- RAZONAR

Cuando los líderes se sienten conectados están listos para comprometer su corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable de las funciones ejecutivas, el razonamiento y la planificación. Es el momento de introducir el feedback, la estrategia o la resolución de problemas.

Es el momento de formular nuestro razonamiento dentro de la relación que hemos construido, de comunicar con claridad y de pedir input. Al hacerlo no solo estamos invitando a la colaboración sino que estamos fortaleciendo su sentimiento de autonomía. Esto es clave para los ejecutivos tanto ansiosos como evitativos.

En el caso de los líderes ansiosos podemos plantear la solución de problemas de forma colaborativa, diciendo, por ejemplo: “Ahora que hemos identificado el problema, ¿Qué opciones vemos?” Luego podemos seguir pensando en voz alta: “estoy barajando tres opciones: la historia del cliente, el contenido del e.mail y nuestro contexto relacional”. Esta transparencia reduce la incertidumbre de donde va a surgir  la ansiedad. Debemos documentar las decisiones, por ejemplo enviando un sencillo email de seguimiento confirmando un acuerdo, al que puedan acudir si les vuelven las dudas.

Con los líderes evitativos debemos presentar la información de forma que maximicemos su autonomía. Por ejemplo: “He identificado dos alternativas: opción A que maximiza la eficiencia y opción B que maximiza los intereses de los stakeholders. Yo me inclino por la A, pero ¿cuál es tu opinión? Este planteamiento nos posiciona como un compañero de reflexiones. Construir argumentos sistemáticos y desapasionados. La evidencia clara o empírica es clave.

Este modelo es adaptativo. Algunas situaciones requieren una actuación  rápida a través de sus tres fases, mientras en otras puede ser necesario centrarnos, por ejemplo en la primera. Con un compañero inseguro, por ejemplo, es posible pasar por los tres pasos en cinco minutos: primero un comentario calmado con un tono sereno (regular o controlar), seguido de una breve afirmación de compañerismo ( relacionar)  para finalmente presentar una elección basada en dos opciones (razonar). Pero si estamos intentando llegar a una importante decisión estratégica con nuestro jefe  inseguro podemos necesitar dedicar más tiempo a cada paso. Se trata de no aplicar un guion  rígido sino de ser conscientes de cuál es la situación y no apresurarnos. Debemos ser capaces de detectar las señales de apego que muestra nuestro líder y responder de forma adecuada.

Tenemos que recordar, también, que los patrones instintivos se intensifican bajo el estrés y que, por tanto, un líder evitativo se puede volver todavía más distante y controlador, mientras que un líder ansioso necesitará todavía más seguridad y se  puede desviar  fácilmente de rumbo. En estos momentos deberemos resistirnos  a caer en su patrón y si conseguimos mantenernos formes y regular primero, relacionar después y finalmente razonar, tendremos más posibilidades de obtener un resultado constructivo.

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

APOYAR A LOS MANDO S INTERMEDIOS NO ELIMINARLOS

 


Kara Glassman en SmartBrief on Leadership del pasado 6 de marzo plantea que muchas organizaciones están aplanando sus estructuras, reduciendo los niveles de mandos intermedios y dejando que la inteligencia artificial absorba la coordinación y el seguimiento siempre que sea posible. En teoría este enfoque puede parecer eficiente puesto que conduce a menores niveles, ejecución más rápida y a menores costes.

Pero, al hacerlo se pierde de vista que los mandos intermedios son el tejido conectivo de la cultura en las organizaciones y cuando los eliminan o reducen éstas no solo pierden capacidades, pierden coherencia.

Los mandos intermedios se mueven en la intersección entre la estrategia y la realidad. Pueden ver cuando las prioridades colisionan, dónde se rompen los sistemas y dónde se están poniendo a prueba los valores en situaciones de presión. Pero a pesar de todo esto cada vez más son considerados como prescindibles o intercambiables y muchos son despedidos, ahogados por el exceso de trabajo o promocionados sin el adecuado apoyo. Según McKinsey & Company el rol de los  mandos intermedios se encuentra entre los más sobrecargados en las organizaciones actuales ya que se espera que obtenga resultados, apoyen el bienestar y movilicen el cambio, todo al mismo tiempo y, con frecuencia, sin las herramientas de autoridad para la toma de decisiones necesarias para poder hacer todo.

Cuando los mandos intermedios son tratados como costes a eliminar en lugar de una capacidad a desarrollar no puede sorprender que las cultura se fracture, el compromiso decaiga y el potencial no se desarrolle.

Para la mayor parte de los empleados la cultura no es la visión o los valores que figuran en “las paredes”. Es la experiencia cotidiana de trabajar con su equipo y con sus jefes. Éstos hacen que el trabajo sea claro o caótico, que el feedback contribuya a incrementar su seguridad en sí mismos o a erosionarla y que la presión sea aceptable o excesiva. Las investigaciones de Gallup han mostrado que el compromiso sube o baja dependiendo de la calidad de liderazgo cotidiano y no de las declaraciones de propósito.

Cuando las organizaciones no invierten o eliminan mandos intermedios las consecuencias son predecibles: la cultura se vuelve inconsistente, la presión deja de ser amortiguada y se empieza a transmitir hacia abajo, con lo que el burnout se incrementa. Cuando las organizaciones se saltan el nivel de los mandos intermedios minan el lugar donde la cultura se vive realmente.

Más allá de la ejecución y resultados los mandos intermedios deben mostrarse decididos, pero empáticos, firmes pero adaptables y responsables por resultados que con frecuencia no controlan. Absorben las presiones que vienen desde arriba, mientras protegen  a sus equipos, sin contar con la autoridad formal para cambiar lso sistemas que originaron las presiones.

Con el tiempo estas presiones sobre su identidad erosionan tanto la cultura como la capacidad y potencial y los mandos intermedios dejan de considerarse a si mismos como líderes que pueden intervenir en el significado y crecimiento y empiezan a considerar su rol como uno de contención.

Cuando se sienten apoyados:

a).- La claridad sustituye al caos ya que van a traducir la estrategia en prioridades realistas.

b).- La presión se transmite y no se amortigua porque los mandos intermedios están equipados para absorber, reformular y secuenciar las demandas.

c).- La seguridad psicológica se incrementa.

d).- El crecimiento y el feedback se normalizan porque los mandos intermedios tienen el tiempo suficiente para ellos.

e).- la inclusión se convierte en algo más que en una declaración porque las expectativas se pueden abordar más consistentemente, reduciendo la variabilidad en las expereincias en los distintos equipos.

El resultado de invertir en los mandos intermedios es una cultura más cálida y un desempeño más perdurable.

Apoyar a los mandos intermedios requiere:

1.- Aclarar lo que una buena dirección significa para la organización. Ir más allá de las competencias. Ser explícito en relación con los comportamientos que los mandos intermedios deben priorizar y los cambios que pueden realizar.

2.- Invertir en apoyo continuado no solo en formaciones esporádicas. Sesiones de coaching, de reflexiones entre compañeros y de solución de problemas en tiempo real son más eficaces que los workshops. Los mandos intermedios necesitan espacio para pensar no solo herramientas para ejecutar.

3.- Reducir la ambigüedad sobre su identidad. Dejar claro que serán evaluados no solo por sus resultados, sino también por cómo lideran a sus equipos, desarrollan su talentos y mantienen los estándares culturales.

4.- Adaptar su autoridad a sus responsabilidades. Si son responsables del compromiso, desempeño y bienestar deben tener influencia real sobre las prioridades, recursos y plazos.

5.- Medir el impacto de lso mandos intermedios de forma explícita. Lo que se mide y recompensa señala lo que realmente importa.

domingo, 8 de marzo de 2026

EL EQUIPO TRANSFORMADO

 


Declan Woods en “The transformed team. 40 dynamic practices to help every team triumph” presenta un modelo de seis etapas para el desarrollo de equipos, que se basa en el principio que el todo es mayor que la suma de sus partes.

Existen una serie de elementos sobre los que hay consenso en relación a lo que es un equipo. El autor lo define como: “Una colaboración entre un grupo reconocido de personas que aprovecha sus capacidades y fortalezas, que están comprometidas a trabajar juntas de forma interdependiente para lograr un propósito común y un desempeño y unas metas de aprendizaje colectivas”

Simplificando esta definición Woods resalta que un equipo necesita que sus miembros trabajen juntos para alcanzar un resultado colectivo que no podrían lograr si cada miembro trabajase de forma individual. Solo porque a un grupo de personas se le llame equipo no quiere decir que lo sea, pueden ser solo un grupo de personas con escaso o sin ningún propósito compartido

David Webster, experto en psicología de equipos, sugiere que hagamos las siguientes preguntas:

a).- ¿Cuál es el trabajo que los miembros del equipo están intentando realizar juntos?

b).- ¿Dónde y cómo deben los miembros del equipo trabajar juntos para hacer ese trabajo?

La respuesta a estas preguntas nos lleva a una sencilla aunque a veces difícil de admitir conclusión: si el trabajo no requiere que las  personas operen juntas hacia una meta común, no existe la necesidad de un equipo. Cualquier esfuerzo dirigido a crear uno de forma artificial normalmente no va a tener éxito.

El modelo de eficacia de un equipo de Woods se apoya en 7 EJES IMPULSORES que juntos van a conseguir que un equipo sea eficaz. Se dividen en tres dominios:

I.-  FUNDACIONAL

1.- Propósito y dirección: ¿Tiene el equipo un propósito, dirección y objetivos  claros en los que todos sus miembros están alineados?

3.- Acceso a recursos: ¿Cuenta el equipo con los recursos necesarios para realizar su trabajo?

3.- Diseño correcto del equipo: ¿El tamaño, estructura, capacidades de sus miembros /técnicas y de trabajo en equipo) se alinean con las tareas y trabajos que tiene encomendados?

II.- FACILITADOR

4.- Liderazgo de equipo: ¿Cuenta el equipo con el liderazgo eficaz que ofrezca  la visión, dirección y apoyo necesarios?

5.- Fomento de seguridad psicológica: ¿Mantienen los miembros del equipo relaciones cercanas entre sí, se comunican abiertamente unos con otros y se sienten lo suficientemente incluidos y seguros para poder participar activamente en el equipo?

6.- Impulso de la colaboración: ¿Trabajan bien juntos los miembros del equipo y están abiertos a aprender de las experiencias y a innovar y mejorar cómo trabajan?

III.-  DESEMPEÑO:

7.- Orientación a resultados: ¿Se centran los miembros del equipo en trabajar con estándares elevados y en conseguir sus metas a tiempo?

Como las personas los equipos se van desarrollando con el tiempo. El autor ha creado un modelo basado en el modelo de Tuckman con sus etapas de formación, enfrentamiento, normalización, desempeño y disolución,  actualizándolo para reflejar la forma en la que los equipos operan en las organizaciones hoy en día.

Normalmente se necesitan 6 o 7 meses para que un equipo progrese desde sus inicios a lograr tener una alto desempeño, aunque  el tiempo puede ser más corto si el equipo mantienen altos niveles de tiempo de relación y sus miembros trabajan juntos de forma intensiva.

Cada etapa del desarrollo de un equipo tiene un conjunto de desafíos únicos que pueden impedir el progreso de los equipos si no se abordan adecuadamente. Es conveniente recordar, también, que los equipos no siempre van para adelante, ya que en ocasiones pueden atascarse o ir hacia atrás en su etapas de desarrollo.

LAS ETAPAS DE DESARROLLO DE EQUIPOS SON LAS SIGUIENTES:

PRIMERA: ORIENTACIÓN

A).- Descripción:

a).-  Un equipo formado recientemente se prepara para empezar a trabajar

b).- Se está dedicando a reclutar y a integras a sus nuevos miembros.

c).- Muchos aspectos del equipo y de su trabajo están poco claros en esta etapa

B).- Metas:

a).- Formar el equipo

b).- Promover un sentimiento de pertenencia y lealtad entre sus miembros

c).- Lograr que sus miembros se sientan seguros para que estén dispuestos  a contribuir y a trabajar juntos.

Al concluir  esta fase el equipo debe estar creador, sus miembros deben sentirse incluidos y han empezado  a trabajar juntos.

SEGUNDA: RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

A).- Descripción:

Mientras en la primera etapa los miembros del equipo querían encajar, en esta fase buscan ser más independientes.

B).- Metas:

a).- Desarrollar metas, valores y procesos  unificados de equipo.

b).- Resolver conflictos en el equipo

TERCERA: COLABORACIÓN

A).- Descripción

Las metas del equipo están más claras y la comunicación es abierta y centrada en la tarea

B).- Metas:

a).- Negociar los roles de los miembros del equipo, las prioridades y los procesos

b).- Desarrollar relaciones positivas entre los miembros del equipo.

CUARTA: LOGRO

A).- Descripción

a).- El equipo es eficaz y obtiene resultados

b).- Los miembros del equipo tienen claras cuáles son las metas del mismo y trabajan interdependientemente para alcanzarlas

b).- Habiendo resuelto las dificultades surgidas en la etapa anterior el equipo puede centrar sus energías y esfuerzos colectivos en los resultados que quiere obtener

c).- La calidad y cantidad del trabajo va evolucionando a través de esta etapa de desarrollo

B).- Metas:

a).- Continuar desarrollando la eficacia del equipo

b).- Hacer el trabajo bien

c).- Tomar más decisiones informadas

d).- Mantener la cohesión del equipo

e).- Continuar centrados en los resultados del trabajo colectivo

QUINTA: EXCELENCIA

A).- Descripción:

a).- El equipo es muy eficaz y ha estado obteniendo excelentes resultados durante un tiempo

b).- El equipo encuentra formas de mantener el éxito en el presente y de asegurarlo en el futuro

B).- Metas

a).- Incrementar el desempeño a niveles aún más altos

b).- Encontrar formas de mantener el éxito

c).- Reclutar e incorporar nuevos miembros al equipo sin perjuicio para el desempeño

SEXTA: REORIENTACIÓN

A).- Descripción:

Los equipos, hasta los de más alto desempeño, pierde fuerza con el tiempo. Normalmente tras 18-24 meses de su formación la eficacia de los equipos decrece y el desempeño cae. Esto es normal pero puede tener un efecto significativo sobre el equipo y su desempeño organizacional.

Es tiempo de repensar el propósito del equipo: ¿Qué trabajo se debe hacer ene este momento y cómo se debe abordar?

B).-Metas:

a).- Actualizar el propósito del equipo, sus miembros, sus roles, sus formas de trabajar, sus procesos y sus normas

b).- Revitalizar al equipo y ayudarle a recuperarse de su desempeño decreciente

c).- Preparar el cierre del equipo, al tiempo que completa un trabajo excepcional, manteniendo el desempeño

d).- Ayudar  a los miembros del equipo a encontrar nuevos equipos y a efectuar la transición hacia ellos de forma adecuada.

El liderazgo es fundamental para el éxito del equipo. Existen ciertas funciones que el líder no puede delegar en el equipo como son:

1.- Establecer la visión, el propósito y las metas del equipo.

2.- Decidir quiénes son sus miembros y cómo se tiene que diseñar el equipo.

3.- Ser responsable del desempeño y eficacia del equipo.

Una vez el líder ha determinado los “fines”: visión y metas, el equipo puede trabajar en los “medios”: métodos para obtener los resultados. Aunque cualquiera, ya sea el líder o un miembro del equipo puede proponer y liderar una práctica del equipo, puede requerirse que sea el líder el que determine las metas de desarrollo del equipo y priorice por cuál se debe empezar, al ser la más valiosa.

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

CÓMO EQUILIBRAR EL DESARROLLO DE UN EQUIPO Y LA OBTENCIÓN DE GRANDES RESULTADOS

 


Marc Cugnon en SmartBrief on Leadership del pasado 27 de febrero plantea que el desarrollo de equipos junior con frecuencia supone un reto logístico, especialmente cuando los plazos límite se acercan y la presión para presentar resultados aumenta.

Los buenos líderes comprenden que los equipos de alto desempeño dependen de algo más que una fuerte dirección y outputs de alta calidad. La sostenibilidad a largo plazo se va a apoyar en establecer una vía por la que los empleados jóvenes se vayan convirtiendo en los líderes futuros, desarrollando las cualidades necesarias para mantener el ciclo de crecimiento.

Para ello el liderazgo implica equilibrar cuidadosamente la priorización de los resultados tácticos a corto plazo del equipo, como los servicios a los clientes, con objetivos a más largo plazo como la formación y aprendizaje de los empleados. Si no se realiza adecuadamente el desarrollo d elos profesionales puede pasar a un segundo plano.

El autor propone seguir los siguientes pasos para asegurar que el desarrollo es el apropiado, independientemente de presiones externas:

1.- Crear entornos seguros en los que se puedan producir fallos

Para los miembros “jóvenes” de un equipo “fallar” debe representar una oportunidad en lugar de una catástrofe. Los líderes deben asegurarse de que éstos tienen oportunidades para contribuir en los servicios que ofrece el equipo, al tiempo que mantienen un entorno donde los contratiempos no supongan un frenazo brusco. Esto implica no asignar a un miembro del equipo menos experimentado una tarea con la que el líder no se sienta cómodo  o que no sepa ejecutar él mismo.

Los líderes deben estar dispuestos a hacer de coaches en el “campo”, lo que en ocasiones significa que deben ayudar trabajando  a través de un  proceso, junto a esa persona. Los buenos líderes no retiran las responsabilidades a las personas, por lo que deben ser muy cuidadosos a la hora de asignarlas, con la meta del desarrollo en mente.

2.- Reservar y dedicar un  tiempo para feedback, aprendizaje y desarrollo

Una de las mejores formas de asegurar el desarrollo de los jóvenes es reservar tiempo para ello en la agenda de actividades y mantener la actividad independientemente de presiones externas, Las sesiones deben estar centradas en feedback bidireccional sobre áreas de desarrollo y temas personas de desarrollo a su elección.

3.- Fomentar que las personas expresen sus ideas abiertamente

Tener una política de puertas abiertas como líder es bueno pero no tiene sentido si los profesionales no sienten que pueden hablar libremente. Es importante que los líderes acepten y reconozcan su propia falibilidad como tomadores de decisiones. En ocasiones se pueden equivocar y los “jóvenes” deben  sentir que el líder está abierto a recibir input y perspectivas de los demás. Los contribuidores individuales no van a poder desarrollar las habilidades necesarias para liderar si nunca pueden involucrarse en decisiones estratégicas o hacer preguntas significativas.

También, crear un entorno donde todos los miembros del equipo se sientan cómodos para participar y hablar favorece la aparición de perspectivas que de otra forma se pueden perder. Los individuos en sus primeras etapas de carrera aportan no solo diferentes experiencias vividas, sino con frecuencia ofrecen enfoques novedosos a los problemas, nuevas herramientas o técnicas y perspectivas frescas. Si se ignora el desarrollo de los jóvenes estaremos privando al equipo de una poderosa inyección de nuevos conocimientos. Los buenos líderes crean entornos diseñados para capturarlo.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

LIDERAZGO HUMANO: LA AMABILIDAD , CLAVE PARA UN BUEN LIDERAZGO I

 


Marcel Schwantes en “Humane Leadership. Lead with radical love , be s kick-ass boss”, que estamos comentando, plantea que la amabilidad, como la paciencia, parece que son conductas poco comunes en  el mundo de los negocios. Con frecuencia se considera como una obligación moral, que no todos sienten que deben cumplir. Existen muchas razones por las que es escasa. Entre ellas:

a).- La búsqueda incansable de beneficios, que lleva a la creencia de que la amabilidad puede ser un lujo o un riesgo. El foco en “el dinero es el rey” ha eclipsado la importancia de las conexiones humanas, en las que reside la amabilidad.

b).- La falta de tiempo. Todo el mundo está tan ocupado en reuniones, plazos y cosas que hacer sin fin que casi no tienen tiempo para un gesto amable. En la vorágine de productividad la  amabilidad, con frecuencia, se olvida.

c).- La verdadera causa raíz de la escasez de amabilidad se extiende más allá del mundo de las organizaciones. Incluye la rotura de los lazos sociales, un espectro político que empuja a las personas hacia puntos de vista ideológicos extremos, racismo, conflictos armados, islamofobia, antisemitismo, …., así como una renuencia general a preocuparnos por los demás. Cuando la empatía y la compasión se desarrolló vivíamos en tribus muy unidas en las que casi todos sus miembros mantenían relaciones significativas unos con otros , lo que facilitaba el cuidado de las personas entre si. En la actualidad, con frecuencia,  nos sentimos aislados, estresados y rodeados de hostilidad. Por esta razón es muy importante que actuemos de modo empático.

Frecuentemente las personas confundimos la amabilidad con ser agradables. A primera vista ambas palabras pueden parecer sinónimos, ya que un acto amable es agradable y ser agradable puede ser visto como una forma de amabilidad, pero la diferencia real entre alguien que es amable y alguien que es agradable radica en la intención que está detrás de la acción.

Ser agradable es hacer algo placentero o agradable, como un toque amistoso en el hombro o cuando mantenemos la puerta abierta para que pase el otro. Consiste en actuar con educación.

Pero la amabilidad no es solo una acción superficial, es una elección consciente. Es mostrarnos benevolentes, humanos y generosos.

Cuando  observamos a alguien demostrar coraje moral, realizar un acto heroico, experimentamos una profunda admiración. Asimismo cuando estamos ante un acto amable o bondadoso sentimos un fenómeno que los psicólogos llaman de “elevación” que va a hacer que deseamos imitar el comportamiento que acabamos de ver , lo que nos lleva a estar menos centrados en nosotros mismos y a ayudar más a los que nos rodean. Cuando vemos a alguien echar una mano a otro en el trabajo nos inspira a hacer lo mismo, generando una reacción en cadena de amabilidad que nos inspira para ayudar a los demás.

Investigaciones sobre este efecto de “elevación” realizadas por Jonathan Haidt y sus colaboradores han mostrado que cuando los participantes en las mismas observaban actos de amabilidad y luego se les preguntaba si se sentían inclinados a hacer algo, la respuesta más frecuente era que deseaban ser más generosos y amables.

En un estudio realizado en 2010 en el que se analizaban los sentimientos de los profesionales con respecto a sus jefes se encontró que los líderes que actuaban con justicia  y con el deseo de poner los intereses de sus equipos sobre los propios solían  despertar un sentimiento de “elevación” en sus seguidores y, como resultado, los empleados comenzaban a considerar a sus jefes de forma positiva, lo que conducía a un incremento de la amabilidad y del deseo de ayudar a sus compañeros y de la lealtad hacia la organización.

La realidad es que observar a un compañero ayudar a otro hace que nosotros queramos hacer lo mismo. Ya que casi todos los individuos  inherentemente deseamos formar parte de una comunidad en la que las personas se traten unas a otras con respeto y amabilidad, el contemplar como un jefe o un compañero realiza un pequeño acto bondadoso nos devuelve la esperanza de que un mundo más amable es posible y, por tanto tendemos a actuar con amabilidad.

Al extenderse la amabilidad por toda la organización, con los compañeros ayudándose unos a otros, surge un efecto  bola de nieve y el entorno laboral  se vuelve más respetuoso y menos basado en el temor y los empleados no solo ofrecen un mejor servicio al cliente espontáneamente, también desarrollan mejores relaciones entre ellos.

En la actualidad los miembros de la  generación Z son unos de los principales movilizadores del cambio en el entorno laboral. Muchos han comenzado sus carreras profesionales en un paisaje laboral dramáticamente alterado por la pandemia y tienen diferentes necesidades y expectativas que los pertenecientes a generaciones previas.

En el estudio realizado por Deloitte Digital en 2023 (ya mencionado en una entrada anterior): “Hey bosses. Here is what generation Z actually wants at work”, la paciencia era la característica más importante que esperaban de sus líderes. La empatía ocupaba el segundo lugar ( mientras los jefes la relegaban al quinto puesto). En esta encuesta solo el 35% de los pertenecientes  a la generación Z sentía que su jefe mostraba empatía.

El primer paso en nuestro camino hacia un liderazgo más empático es distinguir la empatía de la simpatía. Brené Brown mantiene que la empatía alimenta la conexión, mientras la simpatía conduce a la desconexión porque es la respuesta que damos cuando no queremos mostrarnos vulnerables ante los problemas del otro. Según Brown la empatía es sentir con las personas y no para las personas que es lo que la simpatía hace. Por ejemplo, ante un compañero estresado porque siente el peso de un importante proyecto con un plazo límite cada vez más cerca la respuesta empática de un compañero sería escuchar , transmitir que  no está solo y que se puede apoyar en él. La respuesta centrada en la simpatía sería algo parecido a “Lo siento mucho,  espero que te vaya bien”

Schwantes recomienda que para ser más empáticos nos hagamos las siguientes preguntas:

1.- ¿He reconocido y trabajado mis propios miedos sobre el cambio?

2.- ¿Escojo el pensamiento racional para evitar mi respuesta emocional?

3.- ¿Me siento cómodo articulando verbalmente mis emociones a los demás?

4.- ¿Soy capaz de gestionar mis propias emociones para poder escuchar más atentamente a las emociones que otros están experimentando?

5.- ¿Tengo  lo que es necesario para apoyar emocionalmente  a mi equipo durante las transformaciones en la organización?

Según Jamil Zaki, que considera a la empatía como un superpoder para el entorno laboral, cuando los jefes y las organizaciones son percibidas como empáticas sus empleados se sienten más satisfechos en sus trabajos y asumen más riesgos creativos. Van a experimentar menos burnout y se muestran más resilientes al enfrentarse a la adversidad.

También , como muestra una encuesta de Gallup realizada en 2022 a más de 15.000 empleados estadounidenses, los trabajadores que se sienten cuidados tienden a permanecer en sus organizaciones y a no buscar nuevos trabajos.

Aunque no existe el líder perfecto, es en el ámbito de la comunicación interpersonal en el que la naturaleza humana tiende a fallar y dónde se pueden mejorar las habilidades de liderazgo. En cualquier día los directivos y líderes deben tratar con profesionales con distintos tipos de personalidades  y navegar por escenarios complicados que afectan las vidas de las personas. La respuesta en la forma en que se comunican y las palabras que escogen decir puede complicarse por la impredecible naturaleza de las reacciones humanas. Por tanto es esencial utilizar un estilo empático  apropiado en las interacciones con las personas para asegurar el éxito.

Los líderes con frecuencia se sienten obligados a ofrecer soluciones a los problemas, pero cuando se trata de retos emocionales o personales a los que se enfrentan los empleados es más adecuado generar empatía dándoles espacio para hablar y sentirse escuchados. También, hay que evitar las respuestas automáticas o generales que parece que sirven para todo. Cada profesional es diferente y sus problemas requieren soluciones individualizadas.

El autor propone las siguientes formas de practicar un liderazgo empático:

1.- Utilizar la escucha activa

Cuando interactuemos con un compañero o subordinado podemos utilizar la escucha activa e intentar comprender cómo se está sintiendo esa persona ( no cómo nos sentiríamos nosotros en esa situación).

2.- Mostrar verdadero interés por los demás

Dedicar tiempo a entender y conocer las necesidades, intereses y metas  individuales de cada miembro del equipo y procurar encajar sus tareas de forma que contribuyan tanto a su satisfacción como a su desempeño.

3.- Practicar y fomentar ver las cosas con perspectiva

Considerar las experiencias y perspectivas de nuestros empleados, utilizarlas para resolver problemas, para gestionar conflictos y para promover la innovación.  

4.- Mantener comunicación abierta

Con el fin de  generar confianza dentro del equipo, facilitando así el que sus miembros compartan  sus necesidades de apoyo.

5.- Considerar la empatía como un valor cultural

Explicar a los miembros del equipo que dedicar tiempo y atención a los demás promueve la empatía, que a su vez incrementa el desempeño de los equipos.

 

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

PILARES DEL AUTOLIDERAZGO

 


Andrew Bryant en People Management del pasado 18 de febrero plantea que ser capaces de liderarnos a nosotros mismos, antes de liderar a los demás, impulsa la inteligencia emocional, las habilidades de  resolución de problemas y la creatividad, que son las capacidades  más necesarias para prosperar ante el empuje de las nuevas tecnologías.

El autoliderazgo o la práctica de intencionadamente influir en nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones para alcanzar nuestros objetivos, no es una habilidad “blanda”, es el fundamento sobre el que el resto de las capacidades de liderazgo se deben asentar.

En la práctica el autoliderazgo se apoya en tres pilares interconectados. Estos son:

1.- Autoconciencia, tanto interna: conocer nuestras propias narrativas, valore sy reacciones y externa: comprender cómo los demás nos perciben.

2.- Autoregulación. Consiste, no en suprimir emociones, sino en desarrollar la capacidad de elegir nuestra respuesta en lugar de estar secuestrados por nuestras reacciones habituales. Es la diferencia de ser un pasajero en nuestra propia vida o ser el conductor de la misma.

3.- Autoaprendizaje o compromiso de seguir creciendo continuamente. En un mundo en el que la vida media de las habilidades profesionales está disminuyendo rápidamente, la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender es lo que Carol Dweck llama operar con un patrón mental de crecimiento.

Estamos viviendo una disrupción tecnológica extraordinaria. La inteligencia artificial puede procesar la información más rápidamente que cualquier persona, así como gestionar cualquier tarea rutinaria cognitiva con gran eficacia. Muchos profesionales se están preguntando qué es lo que queda que puedan hacer ellos y la respuesta es aquello que más importa. Esta es la gran contradicción de nuestros tiempos: cuantas más cosas hace la inteligencia artificial, más valiosas se vuelven las capacidades humanas que nos distinguen. La inteligencia emocional, la resolución de problemas y la habilidad para inspirar y para conectar se están convirtiendo en las fuentes primarias de ventajas competitivas. Y, todas ellas requieren del autoliderazgo como su sistema operativo.

El reto del liderazgo ha cambiado de centrarse en la gestión de la productividad al liderazgo 4.0 que consiste en la orquestación sistemática del potencial humano y de la inteligencia artificial para crear valor, al tiempo que se preserva lo que nos hace irreemplazables como humanos. Requiere líderes que puedan crear entornos donde la creatividad humana y las capacidades de la inteligencia artificial se amplifiquen entre sí.

El autor, tras estudiar a cientos que han hecho esta transición con éxito, ha encontrado que siguen 6 principios: inspirar, guiar, nutrir, integrar, transformar y evaluar.

Las investigaciones de MCKinsey han identificado 56 habilidades fundamentales para el trabajo en el futuro. Tres cuartas partes de ellas se pueden englobar dentro del autoliderazgo, habilidades interpersonales y flexibilidad cognitiva. El dominio de los aspectos digitales es importante pero son los elementos humanos los que diferenciarán a aquellos que prosperan de los que solo sobreviven.

El autoliderazgo se puede aprender. es una práctica que podemos desarrollar a través de nuestra atención diaria. Comienza por hacer una pausa entre el estímulo y la respuesta. Viktor Frankl escribió que en una pausa reside nuestra capacidad de elegir. Podemos, por ejemplo, estableciendo al comienzo del día un propósito sobre cómo queremos ser en ese día y al final del mismo revisar lo que hemos hecho, analizando cuando hemos respondido con una elección y no una reacción y reflexionando sobre lo que ha desencadenado mis patrones reactivos.

En su núcleo el liderazgo es una conversación, en ocasiones con algún miembro del equipo que necesita guía o para alinear a la organización alrededor de un propósito compartido, por ejemplo. Pero la conversación más importante es la que mantenemos con nosotros mismos. Si no somos capaces de liderarnos a nosotros mismos, será imposible liderar a los demás.

Las organizaciones que van a prosperar no van a ser aquellas que cuenten con la inteligencia artificial más sofisticada, sino aquellas que desarrollen “autolíderes”a todos sus niveles: personas que sepan pensar con eficacia, comportarse de forma congruente y relacionarse de manera empática, así como que no solo se adapten al cambio sino que ayuden a los demás a transformarse a través de éste.