Paul Vanderbroeck, en Big Think del pasado 9 de febrero, plantea
que al hablar de liderazgo siempre se recalca la importancia de la estrategia,
la ejecución, la visión y la influencia carismática, pero uno de los fallos que
cometen hasta los líderes más destacados
se centra no en lo que hacen , sino en lo que no han percibido. Esto es en las
corrientes emocionales que les rodean, los murmullos que están escondidos
detrás de los halagos.
Esta fue la trampa
fatal en la que cayó Julio César, a pesar de haber conquistado naciones,
remodelado Roma y reescrito lo que era el liderazgo. Su trágico y repentino
final a manos de sus seguidores fue debido no a su arrogancia o a luchas de poder
sino a su falta de inteligencia emocional.
El ascenso de Julio
César fue espectacular. Su carrera ofrece numerosas lecciones sobre influencia,
reputación y comportamiento humano en entornos grandes y competitivos. Al
examinar cómo se desarrolló su carrera emergen unos patrones. Comenzó
trabajando como abogado, pero aunque era un brillante orador, no conseguía
convencer a los que tomaban las decisiones. Cambión, entonces, hacia una
carrera política, ganando varias elecciones para distintos puestos gracias a su buen desempeño y visibilidad.
Pero, no conseguía poner a los miembros del Senado de su lado, porque sus
argumentos racionales, aunque elocuentemente presentados, eran derrotados por
los de sus oponentes que conseguían tocar la fibra irracional y los intereses
de los senadores. Más tarde como general
pensaba que había conquistado Galia, se sorprendió ante una revuelta masiva en
el territorio de Hispania.
César como era
brillante consiguió superar estos contratiempos, pero con mucha dificultad. En
Roma contraatacó construyendo una organización política que le permitía evitar
al Senado, haciendo que la población votase sus propuestas. En el campo militar
su brillante liderazgo y su ejército leal le permitieron vencer las situaciones
que podían amenazar sus victorias. Asimismo su fortalezas de agilidad,
innovación, organización y ejecución, puntos clave de sus éxitos, le salvaron
del desastre. Lo que no hizo fue hacer una pausa y reflexionar sobre lo que
había salido mal para aprender de ello.
Cuando finalmente
venció todas las resistencias y se convirtió en el único líder de Roma planteó
una serie de planes para la reforma del imperio que eran sensatos, pero
pretendió implementarlos con grandes prisas y sin mucha consideración por su
aceptación por los demás. Como nadie hablaba sobre ellos asumió que todos
estaban de acuerdo, mientras en realidad se estaba organizando una coalición de
importantes grupos de interés, que en algunos caso se sentían ignorados o
agraviados o estaban preocupados por su futuro político o en otros creían que César
quería reemplazar la república por una monarquía. Éste no era consciente del
descontento que estaba surgiendo y todo terminó cuando fue asesinado.
La ausencia de inteligencia
emocional fue clave para este resultado. En el caso de Julio César supuso:
1.- No percibir las
corrientes subterráneas emocionales que se estaban produciendo entre los
miembros de los diversos stakeholders. César fracasó a la hora de anticipar que
éstos toman decisiones basadas en más factores que los argumentos racionales y
que tenía que ganar no solo sus mentes sino, también, sus corazones.
2.- No ser consciente
de que un cambio de rol ocasiona un cambio de expectativas con respecto al
líder. César continuó utilizando las mismas fortalezas al convertirse en el
único gobernador de roma que había utilizado para llegar hasta allí y descuidó
el conseguir que los demás aceptasen su programa de cambio.
La historia de César
muestra a los líderes actuales que.
a).- La inteligencia emocional no es opcional. Interpretar
la situación, detector el descontento, tener la antena puesta para percibir los
malentendidos con y entre los seguidores no solo es fundamental para obtener
apoyos, sino también para prevenir resistencias que pueden hacer peligrar
nuestro éxito.
b).- No medir solo lo que hacemos, sino
, también, cómo se sienten los demás con ello. Por ejemplo a través de
encuestas, reuniones o visitas sorpresa.
c).- Adaptar el estilo al cambiar el
rol. Al asumir un nuevo rol, especialmente tras una promoción es crucial ser
conscientes no solo de cómo han cambiado nuestros objetivos, sino , también de
las expectativas de los grupos de interés. Así podremos adaptar nuestro estilo
de liderazgo para asegurar que continuamos siendo eficaces e influyentes.
Los líderes modernos
deben mantenerse vigilantes y atentos antes las correintes emocionales
subterráneas de su entorno. La influencia sin confianza puede conducir a
aislamiento y el poder sin empatía puede invitar a la rebelión. La pregunta que
hay que hacer constantemente no es solo. ¿Me están escuchando?, sino, también:
¿estoy escuchando lo que me están diciendo, particularmente cuando no me lo
están diciendo?. Julio César no lo hizo y sabemos lo que ocurrió.






