Jeffrey Hull y Margaret Moore en “The science of leadership. Nine ways to
expand your impact” condensan los aspectos más destacados de
las investigaciones sobre el liderazgo en 9 capacidades distintivas. Las tres primeras: liderazgo consciente, liderazgo
auténtico y liderazgo ágil las hemos
analizado en entradas anteriores. La cuarta es:
IV.- LIDERAZGO RELACIONAL
El líder relacional se centra en cultivar relaciones
de alta calidad. Con respeto busca la sintonía y crea confianza al empatizar
con las experiencias de los demás a través de la escucha de alta calidad. Procura
entender los pensamientos y emociones de las personas y lo que es significativo e
importante. Acepta y disculpa las limitaciones y errores de los demás y
encuentra la mejor forma de ayudarles sin ningún interés personal, ni de
dominación o control.
La empatía es la base de las relaciones de alta
calidad en el trabajo y en cualquier otro entorno. Mientras la empatía
cognitiva implica entender las perspectivas y pensamientos de los otros, la empatía
emocional requiere el deseo de reconocer y resonar con estados emocionales
ambiguos, tales como la ansiedad y el miedo. Reconocer las emociones no trata
de que deban resolverse inmediatamente, sino que se identifican y se admiten.
Al hacerlo se crea un espacio para que los equipos se sientan escuchados y
valorados.
Es importante centrarse en las relaciones de los
líderes a múltiples niveles ( diádicas, de equipo o de la organización, por
ejemplo). Las buenas relaciones se van a obtener a través de la escucha
adecuada, la empatía, la confianza, la seguridad psicológica y las conexiones. Poner
a las personas primero resulta complicado para muchos líderes porque éstos están
sometidos a muchas demandas, como la necesidad de conseguir que se hagan las
cosas, mantener el rumbo hacia las metas, etc. Resulta más sencillo pasar por
alto a las personas para dedicarse a las tareas y metas, especialmente en
situaciones de presión o de estrés, en lugar de primero conectar como seres
humanos que comparten el momento presente.
Relacionarse con los demás como líderes es un
ejercicio de agilidad mental que implica moverse de la corteza frontal,
centrada en las tareas , a la conexión centrada en el corazón y la empatía.
La inteligencia emocional en el campo del liderazgo
tiene un componente llamado gestión de las relaciones. Daniel Goleman en su
libro sobre inteligencia emocional en el liderazgo habla de cómo los buenos
líderes utilizan las habilidades relacionales para influir e inspirar a los
demás: “Las personas tienden a ser muy eficaces manejando relaciones cuando
pueden entender y controlar sus propias emociones y pueden empatizar con los
sentimientos de los demás….Estas personas son unas persuasoras expertas, una manifestación de
autoconocimiento, autoregulación y empatía combinadas…..La motivación cuando es
visible públicamente las hace ser excelentes colaboradoras, su pasión
por el trabajo se extiende a los demás y les dirige a buscar soluciones.”
Helen Riess , investigadora sobre la empatía, señala
que la historia de la empatía comenzó con la palabra alemana einfühlung, que es
es el sentimiento de resonancia emocional que sentimos ante una obra de arte. Más tarde Theodore Lipps amplió su significado para incluir la resonancia con otra persona. El filósofo
Martin Buber llevó la empatía un paso más adelante, más allá de la resonancia
humana hacia la expresión de respeto y preocupación. Resulta que la resonancia
con el otro se muestra como la imitación de actividad neuronal, como si
nosotros estuviésemos experimentando algo de lo que el otro experimenta
Guowei Jian en “From empathic leader to empathicleadership practice", amplia el rol de la empatía más allá de los momentos de
comprensión de las perspectivas del otro (empatía cognitiva) y de cómo se sienten (empatía emocional) a
una empatía que es un proceso continuo por el que las relaciones se desarrollan
y sostienen. Empatía sería relacionarse y relacionarse sería empatía. Este
proceso de dos sentidos de relación y empatía es virtuoso porque integra las
auténticamente buenas intenciones de la generosidad ( prestar la atención sin
distracciones), de cuidado ( preocupación o atención vigilante) y de responsabilidad
( sentirse responsable del bienestar del otro en el trabajo).
Jeffrey Yip y Colin Fisher han analizado diversos
estudios sobre la escucha en las organizaciones y concluyen que la escucha de
alta calidad reduce la ansiedad y la actitud defensiva, aclara sus actitudes y
genera más revelaciones y nuevas perspectivas. Los mejores oyentes se
consideran mejores líderes y más influyentes.
Existe un coste para las personas que escuchan bien y
es el esfuerzo cognitivo y motivacional que dedican a escuchar, lo que puede
pasar factura, especialmente en situaciones con gran carga emocional. Escuchar
a las personas desahogarse es particularmente costoso para los que escuchan.
Los coaches marcan unos límites al desahogo, permitiendo unos pocos momentos
para las quejas y críticas, para pasar, después, a la detección de fortalezas y
a la generación de nuevas perspectivas.
Una creencia falsa que es difícil que los líderes
ignoren, es la de que el tiempo empleado en escuchar a sus profesionales, si
están frustrados o estresados, es un tiempo perdido. Es un gran error. Emplear solo
unos pocos momentos para mostrar nuestra dedicación, por ejemplo estando
disponibles, apoyando y mostrándose pendientes sinceramente de los esfuerzos y luchas del
equipo, va a hacer que el líder sea más influyente.
Las personas que saben escuchar bien se centran en el
mensaje del otro (prestan atención), adoptan el marco de referencia cognitivo y
emocional del otro ( le comprenden), con una actitud benevolente ( de acuerdo
con los propios valores) de ayudar al otro para que pueda ver y resolver los
problemas por él mismo.
Los comportamientos de los que saben escuchar incluyen
la escucha reflexiva, reflejar emociones (por ejemplo: “Pareces preocupado”),
hacer preguntas relevantes, pedir aclaraciones o repeticiones cuando sea
necesario, mostrar una actitud no crítica moralmente, utilizar el silencio con
eficacia, hacer preguntas sensibles y mostrar señales verbales y no verbales de
nuestro interés.
Comportamientos malos para la escucha son: cambiar el
tema de la conversación, utilizar un tono que transmita impaciencia,
interrumpir, ofrecer un consejo no solicitado, realizar otra tarea como mirar
al móvil, mostrar signos de desinterés físicos o elevar las cejas para mostrar
escepticismo. Estas señales de escasa escucha indican que el que debería estar
escuchando no respeta al otro y que está preparando su respuesta, en
lugar de estar centrado en el mensaje de su interlocutor.
Los autores recomiendan las siguientes prácticas para
lograr desarrollar las capacidades para escuchar bien:
1.- Las tres P de la escucha:
a).- Presencia (liderazgo consciente)
Prepararnos para escuchar bien: hacer una pausa para
serenarnos, para estar presentes y más disponibles mentalmente, emocionalmente
y físicamente. Apartar o dejar atrás cualquier distracción (móviles, etc…).
Utilizar un tono de voz cálido y tranquilo. Ya sea en vídeo o en persona,
prestar atención a nuestro lenguaje corporal, postura, contacto visual y
expresión facial. Dedicar más tiempo a escuchar ( aproximadamente el 80% del
tiempo), que a hablar. Hacer preguntas abiertas y dejar tiempo para el
silencio.
b).- Perspectiva (liderazgo ágil)
Prepararnos para mostrarnos abiertos y curiosos,
reflexionar sobre de dónde venimos antes de comenzar la conversación. Preguntarnos
si tenemos una posición fuerte u opinión sobre el tema. Si lo tenemos debemos
dejar a un lado reflexivamente nuestros sentimientos para aceptar y explorar,
con curiosidad la posición del otro.
c).- Propósito ( liderazgo
auténtico)
Reflexionar sobre nuestros porqués ( el propósito) y sobre el mejor rol a utilizar para servir a éste. Preguntarnos
si será de más ayuda actuar como un mentor, un profesor, un consejero, un
amigo, etc. Tenemos muchas formas de ayudar. Decidir el mejor rol a emplear,
más allá del de líder, y las causas es un enfoque útil. Luego podemos ser
transparentes y abiertos sobre nuestro propósito y rol, lo que va a reforzar la
confianza y el apoyo percibido.
2.- Aclarar y guiar el camino
Esta práctica va dirigida a que podamos ayudar de
forma efectiva , evitando caer en la trampa de la microgestión:
a).- Escoger el momento adecuado
Practicar para prestar atención a cuál es el
momento adecuado para implicarnos para aconsejar o hacer de coaches. Demasiado pronto
puede parecer controlador o dominante y demasiado tarde asfixiante para los
subordinados. Si mantenemos relaciones sólidas con nuestro equipo es bueno
hacer explícito que estamos disponibles para apoyarles y pedirles que nos hagan
saber cuándo pueden necesitarnos.
b).- Explicar qué el rol del líder
es ayudar
Al estar en una posición de poder como líder, puede
que no siempre sea obvio para los subordinados que nuestra intención como
líderes es ayudar. Explicitar esta intención puede reforzar el sentido de
autonomía y de seguridad psicológica de los miembros del equipo. No se trata de
tomar el control, de tratar de rescatar ni de forzar nuestra autoridad, sino de
ofrecer apoyo, cuando sea necesario.
c).- Comprender las necesidades de
las personas
Prestar especial atención a entender lo que necesitan
los individuos a los que tratamos de ayudar. Cada persona es única. Algunos
agradecerán más apoyo, coaching o implicación. Otros pueden desear saber que
estamos dispuestos a apoyar, pero prefieren ellos tomar la iniciativa y
buscarnos solo cuando necesiten realmente nuestra ayuda.






