Jon Miller y Drew Keller en la edición de julio-agosto de Harvard Business Review plantean que los líderes siempre han vivido con estrés, pero que las
tensiones actuales hacen que lo sientan de forma especialmente aguda. Muchos
ejecutivos refieren que las presiones se amontonan desde numerosos frentes,
desde la incertidumbre económica, a la disrupción tecnológica o la volatilidad
geopolítica.
Los autores han estudiado estas fuentes de estrés durante los últimos seis
años y la tendencia es que las presiones a las que se enfrentan los líderes se
han incrementado y son hoy más elevadas que durante la pandemia. Mientras
pequeños brotes de estrés pueden afinar nuestra capacidad de centrarnos,
niveles elevados y sostenidos de estrés socavan la calidad de las decisiones y
erosionan el bienestar. Con el tiempo el estrés estrecha nuestra perspectiva,
ocasiona pensamientos reactivos e incrementa la posibilidad de que cometamos
costosos errores de juicio.
Aunque no existen dos líderes que tengan la misma respuesta biopsicológica
ante el estrés, emergen patrones consistentes. Miller y Keller han desarrollado
un marco de trabajo que los agrupa en 6 tipos principales de respuestas. Está
basado en el trabajo de Richard Lazarus y Susan Folkman que observaron que
cuando las personas están en situaciones de alto riesgo o muy desafiantes deciden rápidamente si éstas representan una oportunidad o una amenaza. Han
combinado estas ideas con la investigación de James Gross sobre regulación
emocional, que distingue entre líderes que regulan de forma dinámica sus
emociones y continuamente reevalúan o se replantean sus reacciones y aquellos
que controlan sus emociones hasta que las crisis terminan. Sintetizando estos
conceptos con su propia experiencia el modelo posiciona las respuestas al
estrés a lo largo de dos espectros: si los líderes reaccionan con calma o con
acción rápida y si enfocan las crisis como una oportunidad o una amenaza.
Los seis patrones de respuesta son:
I.- EL LÏDER FARO
Proyecta claridad y serenidad. En una crisis mantiene un ritmo pausado,
regulando sus respiración, bajando el tono de su voz y manteniéndose centrado
en el horizonte, no solo en la crisis que tiene delante. El estrés desencadena
su orientación hacia la estabilidad sobre la rapidez y su primera evaluación
rápida de la nueva situación va a ser reconocida con más frecuencia como una
oportunidad que como una amenaza. En lugar de actuar con prisas tiende a
mantener la calma y a guiar de forma pausada a los demás a través de la ambigüedad.
En situaciones de lata presión este tipo de liderazgo crea las condiciones
que promueven la seguridad psicológica, donde las personas pueden expresar sus
opiniones libremente, admitir sus errores y manifestar sus incertidumbres sin
el temor a ser humillados o castigados. Este liderazgo sereno mantiene a los
equipos centrados y previene el contagio emocional del miedo.
Los líderes faro son capaces de enfrentarse a riesgos ocultos, pero su
calma puede parecer a algunos como signo de indiferencia o distanciamiento y
los equipos en ocasiones pueden interpretar el silencio del líder ante
situaciones críticas como indecisión. En episodios prolongados de estrés su
tendencia hacia la estabilidad puede caer en la inercia y pueden fallar a la
hora de enfrentarse a malas noticias, pudiendo no responder con la suficiente
rapidez o asumir demasiadas cosas ellos mismos.
Los autores sugieren las siguientes estrategias adaptativas para los líderes
faro:
Durante una crisis el primer paso que deben dar es explicar sus intenciones.
Pueden decir, por ejemplo, que están manteniendo la calma para poder pensar
claramente, no porque todo esté bien. Luego
deben invitar a sus equipos a que compartan sus emociones y manifestar
las suyas. Pueden preguntar cómo están afrontando la situación, lo que
legitimará el estrés que puedan estar sintiendo todos en lugar de reprimirlo,
reforzando así la seguridad psicológica. Finalmente deben tomar decisiones visibles,
aunque sean pequeñas para mostrar que no están cayendo en la inercia o la
indecisión.
II.- EL LÍDER ALQUIMISTA
Estos líderes consideran las presiones no como una amenaza sino como un catalizador para
el crecimiento, tratando las turbulencias como la materia prima para la
reinvención, una señal de que la lógica antigua ya no encaja. Externamente son
estables, pero internamente son cinéticos. Piensan de formas que les permiten
conectar puntos que otros todavía no ven. Buscan posibilidades nuevas. Reed Hastings,
cofundador de Netflix captó la mezcla de optimismo y realismo que tienen los
alquimistas cuando dijo: “Hay que ser brutalmente sinceros en relación con el
corto plazo……y optimistas y confiados con el largo plazo”.
Bajo incertidumbre prolongada los alquimistas pueden pasar de ser creativos
a caóticos, persiguiendo la novedad por la novedad o agotando a los equipos con
giros constantes.
Los autores sugieren las siguientes estrategias adaptativas para los líderes
alquimistas:
Al encontrarse bajo presión deben centrarse y saber las razones por las que
están efectuando una transformación, porque la justificación de porque pueden
no es suficiente, y definir el problema que el cambio pretende solucionar. Deben
establecer una cadencia regular para los cambios: ciclos de “empujar y parar” y
de invención y consolidación. Finalmente deben moderar su tendencia hacia
la reinvención y creatividad por medio de la colaboración con equipos
pragmáticos que puedan organizar y ejecutar las transformaciones con habilidad.
III.- EL LÍDER BOMBERO
Prospera bajo presión y prefiere actuar con decisión y rapidez a efectuar un análisis
prolongado. Cuando surge una crisis se mueve con rapidez, irradiando urgencia y
moviliza a los demás. No solo responde ante el estrés de forma muy dinámica
sino que tiende a considerarlo como una oportunidad. La presión no le paraliza, le estimula. Con frecuencia alimentado por la adrenalina le restablece un sentimiento de empoderamiento, en
lugar de congelarle como a los demás. En el corto plazo esta energía
puede ser muy valiosa para tomar decisiones y manejar la complejidad.
Mientras el alquimista utiliza el estrés para despertar la creatividad y
explorar nuevas posibilidades, el bombero lo utiliza para desencadenar acciones
inmediatas. El alquimista pregunta: ¿Qué puede hacer esto posible?, el bombero
pregunta: ¿Qué tenemos que hacer ahora mismo? Ambos transforman la presión en
energía, pero uno canalizándola hacia la experimentación y el otro hacia la
ejecución.
El bombero encarna el “liderazgo in extremis”, un término acuñado por
investigadores de la academia militar de West Point, para describir la toma de
decisiones en situaciones de amenazas e incertidumbre. Como Karl Weick, que
popularizó la historia de unos soldados que se perdieron en los Alpes y
encontraron su camino de vuelta a su campamento con un plano de los Pirineos,
decía: “Cuando estás perdido, cualquier mapa antiguo sirve”.
Bajo presiones prolongadas la respuesta inmediata del bombero puede
convertirse en un problema ya que las decisiones pueden ser impulsivas. Cuando
está equilibrado el bombero representa lo mejor del liderazgo firme: valor,
inmediatez, el deseo de actuar donde otros dudan. Pero el gran liderazgo se
mide no solo por las llamas apagadas, sino, también por lo que se consigue
preservar y por los fuegos futuros evitados.
Los autores sugieren las siguientes estrategias adaptativas para los líderes
bombero:
En una crisis este tipo de líderes debe realizar una pausa antes de actuar
para regular su sistema nervioso y aclarar su intención a sus equipos. Luego
deben implicar a otros en sus decisiones. De esta forma se va a distribuir la
carga cognitiva de una forma que les ayude a sostener su energía en el tiempo y
evitar el burnout. Finalmente deben mantener revisiones rápidas de la situación
una vez que ha pasado la urgencia inmediata para preguntarse qué ha funcionado
y qué no lo ha hecho, así como lo que parecía productivo y luego no lo había
sido.
IV.- EL LÍDER ESTOICO
Lidera a través de la disciplina y el autocontrol. Cuando la presión se dispara se vuelve
analítico, anclándose en principios y razones y esforzándose en crear
estabilidad. Muestra una respuesta serena ante el estrés para gestionar su
volatilidad interna. Percibe el estrés como una amenaza, al contrario que el
faro, y mira hacia adentro, para agudizar el enfoque y minimizar las reacciones emocionales. Su
estilo bajo presión es calmado, deliberado y racional al máximo.
Ante las crisis de forma natural enlentece sus reacciones, regula sus
emociones y reintroduce un orden. Su disciplina puede preservar la coherencia
estratégica cuando los demás están descontrolados. Pero, tratar las emociones
como una distracción puede hacer que parezca que se apartan justo cuando las
conexiones humanas son vitales. Su deseo de mantenerse racionales puede hacer
que ahonden más en los datos y procesos produciendo decisiones técnicamente
exactas pero emocionalmente vacías.
Los autores sugieren las siguientes estrategias adaptativas para los líderes
estoicos:
En una crisis lo primero que tienen que hacer es regularse ellos mismos,
calmando sus respuestas emocionales, sin suprimirlas. Pueden abrir una
discusión sobre el clima emocional articulando lo que la tensión del momento
puede estar señalando, diciendo, por ejemplo: “Me parece que se está creando ambiente
de frustración, vamos a explorar las razones”. Luego deben mostrar empatía y finalmente
reconocer sus propias emociones. Para esto último pueden mantener una conversación con un
coach o compañero para transformar el estrés en una fuente de conocimiento en
lugar de en una carga silenciosa.
V.- EL LÍDER DIPLOMÁTICO
Lidera con tacto. Alivia las tensiones a través del diálogo y mantiene a
los equipos conectados cuando el estrés amenaza con dividirlos. Para estos líderes una crisis es un test social y
estratégico. Bajo presión promueven la conexión social, desactivando el conflicto,
manteniendo la confianza y “leyendo” las señales interpersonales tan
cuidadosamente como otros leen los datos financieros.
Bajo estrés su inteligencia social les ayuda a mantener unidos equipos que
sin ellos se podrían fracturar. Perciben la tensión antes de que aflore y la suavizan
al facilitar lo que los psicólogos llaman regulación relacional, que ocurre
cuando las conexiones ayudan a las personas a gestionar sus emociones. En
situaciones de estrés mantenido pueden buscar el consenso, evitando abordar el conflicto
directamente y siendo demasiado cautos y ocasionando retrasos en la toma de
decisiones.
Los autores sugieren las siguientes estrategias adaptativas para los líderes
diplomáticos:
El primer paso en una crisis debe ser hacer que las tensiones salgan a la
superficie, diciendo claramente lo que los demás perciben pero no manifiestan,
nombrando la situación incómoda de forma que cree un espacio para la sinceridad
sin culpabilización. Se puede hacer esto a través de debates, premortems o
ejercicios con la participación de abogados del diablo. Finalmente deben ser
claros a la hora de manifestar su postura. Su empatía ayuda a los demás a
regularse, pero en tiempos de estrés las personas también necesitan objetivos
bien definidos y una dirección clara.
VI.- EL LÍDER CONTROLADOR
Lidera con control. Responde ante el estrés imponiendo
estructura y manteniendo el sistema unido cuando los demás están sobrepasados. Destaca a la hora de gestionar múltiples demandas coherentemente. Responde ante el
estrés de forma dinámica pero lo considera como una amenaza y su instinto bajo
presión es convertir la ambigüedad en prioridades claras y canalizar la energía
hacia una ejecución disciplinada. Suele tener un círculo interior de
confianza, por lo que corre el peligro de no considerar las voces ajena s al mismo, dejando a los
equipos sintiéndose excluidos o poco informados.
Los autores sugieren las siguientes estrategias adaptativas para los líderes
controladores:
El reto para ese tipo de líderes es aprender que el desempeño mantenido
depende no solo de la resistencia, sino de saber cuando hay que liberar
presiones, ampliar la lente y dejar que los demás ayuden a llevar la carga. Su
primer paso en una crisis debe ser soltar presión, utilizando la reflexión, el
feedback y dejando espacio para la recuperación para poder resetearse. Deben,
también de forma rutinaria, hacer un zoom hacia fuera, propiciando cambios
sistemáticos y regulares en la perspectiva sobre sus equipos para que su organización
no funcione con una visión de túnel. Finalmente deben ser un modelo de
resiliencia, considerando que nadie es indestructible y que los equipos captan
las señales emitidas desde la cúpula directiva. Por tanto los líderes deben
hacer que sea visible que el descanso y la renovación son parte de un buen
desempeño en situaciones de alta presión.
Las crisis raramente se anuncian con claridad. Aparecen súbitamente y
demandan que los líderes interpreten con frecuencia información incompleta en
situaciones de alta presión. En estos momentos los patrones de respuesta ante
el estrés influyen en lo que los líderes perciben, la rapidez con la que
responden y en dónde se encuentran sus puntos ciegos. Prepararse para
decisiones de alto riesgo requiere, por tanto, comprender cómo vamos a
reaccionar cuando la presión se eleve, basándonos en el tipo de liderazgo ante
el estrés. Para identificar el propio se puede realizar la encuesta en
stressintelligence.org/test.
Los líderes que de forma consistente transforman la presión en desempeño no
se quedan atascados en una forma exclusiva de respuesta, consideran el
liderazgo bajo estrés como algo que se puede practicar y refinar,
experimentando con los distintos estilos, valorando cómo va evolucionando la
situación y recalibrándola.

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