Marcel Schwantes en “Humane
Leadership. Lead with radical love , be
s kick-ass boss”, plantea, como hemos visto en la entrada anterior, la necesidad
de ser paciente para ser un buen líder en el mundo actual. Un aspecto fundamental para ser pacientes es
practicar la escucha activa.
La escucha paciente, a
través de la escucha activa ofrece la posibilidad de escuchar sin juicios a
alguien con quien no estamos de acuerdo y evitar reaccionar directamente. Las
personas que escuchan activamente tardan en enfadarse, por lo que su conducta
es racional y estable.
Schwantes recomienda utilizar
siete técnicas para desarrollar nuestras
capacidades de escucha activa. Éstas son:
1.-
Estar presente. Independientemente de lo que estemos
haciendo debemos parar y conceder a la otra persona nuestra atención plena.
2.-
Escuchar para entender primero. Durante las
conversaciones la mayoría de las personas que ocupan un puesto de
responsabilidad e influencia tienden a preparar contraargumentos que se alineen
con su propia perspectiva. Para evitarlo hay que aparcar los pensamientos
propios e intentar comprender lo que está pasando con la otra personas.
3.-
Practicar el silencio. De esta forma nos permitimos estar
cómodos con lo desconocido, mantenernos en un segundo plano y en el momento y
dejar que nuestros verdaderos sentimientos emerjan. No debemos confundir el
silencio con la tensión. Si ésta existe las percepciones del tiempo se
distorsionan. Debemos utilizar un “silencio paciente” para ayudar a que la conversación
fluya naturalmente y las dos partes puedan procesar las cosas sin presión.
4.-
Reflexionar. Evitar asumir que hemos entendido
completamente la perspectiva y emociones de nuestro compañero o empleado. Una forma
de asegurarnos de que están en la misma sintonía reflejando lo que hemos
escuchado consiste en parafrasear los puntos clave. Esta técnica ayuda a aclarar
cualquier malentendido y muestra a la otra parte que estamos escuchando activamente.
5.-
Aclarar. Cuando nos enfrentemos a una conversación con el
potencial para escalar la tensión, debemos diluirla pidiendo a la otra parte
ayuda para aclarar lo que está diciendo. Por ejemplo: “Me gustaría poder
entender mejor tu problema ¿podrías ayudarme?
6.-
Resumir para resaltar los puntos clave discutidos. De esta
manera confirmamos el punto de vista de la otra persona y aseguramos que ambas
partes tienen claro cuáles son sus responsabilidades y posibles acciones de
seguimiento.
7.-
Compartir nuestro punto de vista. Debemos recordar que
en la escucha activa primero debemos entender a la otra persona y luego
conseguir que nos entiendan. Al ir conociendo mejor el punto de vista del otro podemos ir introduciendo nuestras ideas, sentimientos y
sugerencias. Desde este momento la conversación puede centrarse en resolver
problemas. Cuestiones a considerar pueden ser qué es lo que nos ha intentad decir o,
qué es lo que no sabemos y qué nuevos enfoques se pueden tomar.
El autor
propone seguir el siguiente PLAN DE
ACCIÓN para ayudar a los líderes a establecer una cultura que valore la
paciencia:
ACCIÓN 1: IDENTIFICAR LOS POSIBLES DESENCADENANTES DE NUESTRA
IMPACIENCIA
Debemos
elaborar un listado de aquellos lugares, hechos y personas que ponen a prueba
nuestra paciencia y con los que tenemos que ejercitar más paciencia. De esta
forma podremos evitar situaciones desencadenantes, desarrollar y practicar
técnicas cognitivas de reevaluación y monitorizar nuestro progreso hacia la
meta de la paciencia. Una vez que hemos recopilado la lista de desencadenantes
podremos desarrollar estrategias para
gestionar las reacciones impacientes.
ACCIÓN 2: REFLEXIONAR
1.- Centrar nuestra mente, durante 10
minutos. Para ello buscar un lugar tranquilo, preferentemente a primera hora de
la mañana, lejos de ruidos y distracciones. Reflexionar sobre las cosas
positivas en nuestra vida y sobre nuestro propósito en el mundo. Este pequeño
ritual nos permitirá sentir que tenemos más control durante el día.
2.- Tener un ritual de gratitud.
Cultivar la gratitud puede reducir significativamente el estrés.
Investigaciones de psicología experimental han mostrado que las personas que son capaces de
sentir mayor gratitud son más pacientes.
Una forma
de cultivar la gratitud consiste en registrar los pequeños triunfos cotidianos,
reflexionando con los ojos cerrados sobre las buenas cosas de la vida durante
un minuto. Luego abrir los ojos y pensar durante los dos minutos siguientes en
tres cosas por las que estamos agradecidos que nos hayan ocurrido el día
anterior.
3.- Respirar conscientemente
Durante
cinco minutos inspirar profundamente y exhalar durante más tiempo que el que
dedicamos a la inhalación. Debemos observar como el aire entra y sale. Esto
permite que nuestra mente se centre en una cosa a la vez y que comencemos el
día con una mente serena, en calma y alerta, lo que facilitará nuestras
interacciones con los miembros de nuestro equipo.
4.- Valorar
Cuando nos
encontremos atascados en un proceso de toma de decisiones podemos hacer una
pausa y reflexionar sobre qué opción se alinea mejor con las expectativas de
los demás y con los altos estándares que nos hemos marcado para nosotros
mismos. Como parte del proceso de reflexión buscar mentores o personas de
confianza y explicarles nuestra línea de acción actual y seguir reflexionando.
Finalmente podemos apoyarnos en nuestra experiencia y valores y preguntarnos
qué tipo de impacto quiero dejar en el mundo. Cuando estemos luchando con una
decisión debemos recordar considerarla en relación con lo que verdaderamente
nos importa a nosotros y a los que nos rodean.
ACCIÓN 3: ENLENTECER
1.- Pensar antes de actuar. Cuando las
situaciones son estresantes cosas como tomar decisiones o pasar por encima de
alguien pueden resultar convenientes, pero pueden crear muchos problemas
posteriores. Por tanto debemos pensar de forma crítica y emocional considerando
a los demás para poder tomar la decisión correcta, no la que nos puede parecer
más fácil.
2.- Reducir el ritmo. En lugar de correr hacia la meta centrándonos exclusivamente en
los resultados, cuando terminemos una tarea enlentecer nuestra mente para
resistir la urgencia de dedicarnos a la siguiente tarea o a tomar la siguiente
decisión , siempre en un perpetuo estado de urgencia.
3.- Dejar que nuestra mente vague. Durante una reunión de trabajo, en lugar de centrarnos solo en la agenda del día, debemos dedicar tiempo
a mirar a nuestro alrededor y a prestar atención. Observar si nuestros
compañeros parecen estar interesados o desinteresados y si la conversación se
está encaminando en la dirección correcta.
a).- Un
enfoque consiste en la divagación mental o en los pensamientos errantes. Nuestros
pensamientos, sentimientos y atención vagan durante unos minutos para ver
hacia dónde van.
b).-
Enlentecer nuestros movimientos para enlentecer nuestra mente. Por ejemplo si
una reunión es fuera de la oficina, irnos del trabajo pronto para poder pasear
y reflexionar sobre cómo van las cosas.
4.- Disfrutar los momentos. Debemos
recordar disfrutar los momentos. Utilizar técnicas como mindfulness, que trata
de que estemos presentes e inmersos en el aquí y ahora o pequeños rituales como
saborear un café por la mañana mientras observamos como amanece. Un pequeño
ritual nos puede ayudar a construir la paciencia necesaria para afrontar los
momentos inesperados en los que las cosas no salen como esperamos o llevan más
tiempo del deseado.
ACCIÓN 4: PRACTICAR EL AUTO-CONTROL
1.- Tomar perspectiva. Para ello
si estamos atascados en un conflicto debemos valorar la situación, escuchar a
distintas voces sin juzgar, procesar la información y evitar reaccionar
impulsivamente. Una vez que vemos las cosas claras ya podremos determinar las
líneas de acción a seguir.
2.- Hacer pausas de seis segundos. Cuando las cosas se complican y, por ejemplo, los insultos
vuelan, podemos utilizar la técnica de los seis segundos. Se basa en que las
sustancias químicas en nuestro cerebro y cuerpo responsables de las emociones
normalmente se mantienen durante seis segundos, Durante una discusión acalorada
si podemos hacer una pausa breve, el torrente de sustancias químicas que se
están produciendo se van enlenteciendo. Esta pausa nos ayuda a rápidamente
valorar los pros y contras de diversas acciones antes de decir algo
desagradable, por ejemplo, de lo que luego nos vamos a arrepentir. Después de
una pausa de seis segundos podemos responder de una forma más constructiva y
reflexiva.
3.- Ser un ejemplo de positividad. En entornos muy conflictivos y tóxicos es útil promover emociones
positivas para procurar que las partes abandonen sus armas, se relajen,
escuchen activamente y de forma paciente se impliquen en una resolución de
problemas respetuosa.
ACCIÓN 5: SIMPLIFICAR NUESTRO DÍA
Las
personas impacientes con frecuencia son perfeccionistas y practicantes de
la multitarea, lo cual les mantiene en
un estado de ansiedad y desorden constantes. El autor recomienda dedicar cinco
minutos para contestar las siguientes preguntas para preparar nuestro día.
1.- ¿Qué es
lo que nos puede hacer que crezcamos personal o profesionalmente y que nos haga
ser mejores personas hoy?
2.- ¿Qué es
lo que nos puede producir más energía y animar hoy?
3.- ¿Qué es
lo que puede facilitar que podamos tener un día muy productivo hoy?
Debemos
asegurarnos de que escribimos nuestras respuestas antes de ir a l trabajo y que
las tenemos visibles durante todo el día para recordarnos que procurar alcanzar
estas metas nos va a mantener en un estado mental positivo durante el día.

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