domingo, 1 de febrero de 2026

LIDERAZGO HUMANO: LA IMPORTANCIA DE LA PACIENCIA II



Marcel Schwantes en “Humane Leadership. Lead with radical love , be s kick-ass boss”, plantea, como hemos visto en la entrada anterior, la necesidad de ser paciente para ser un buen líder en el mundo actual.  Un aspecto fundamental para ser pacientes es practicar la escucha activa.

La escucha paciente, a través de la escucha activa ofrece la posibilidad de escuchar sin juicios a alguien con quien no estamos de acuerdo y evitar reaccionar directamente. Las personas que escuchan activamente tardan en enfadarse, por lo que su conducta es racional y estable.

Schwantes recomienda utilizar siete técnicas para desarrollar nuestras capacidades de escucha activa. Éstas son:

1.- Estar presente. Independientemente de lo que estemos haciendo debemos parar y conceder a la otra persona nuestra atención plena.

2.- Escuchar para entender primero. Durante las conversaciones la mayoría de las personas que ocupan un puesto de responsabilidad e influencia tienden a preparar contraargumentos que se alineen con su propia perspectiva. Para evitarlo hay que aparcar los pensamientos propios e intentar comprender lo que está pasando con la otra personas.

3.- Practicar el silencio. De esta forma nos permitimos estar cómodos con lo desconocido, mantenernos en un segundo plano y en el momento y dejar que nuestros verdaderos sentimientos emerjan. No debemos confundir el silencio con la tensión. Si ésta existe las percepciones del tiempo se distorsionan. Debemos utilizar un “silencio paciente” para ayudar a que la conversación fluya naturalmente y las dos partes puedan procesar las cosas sin presión.

4.- Reflexionar. Evitar asumir que hemos entendido completamente la perspectiva y emociones de nuestro compañero o empleado. Una forma de asegurarnos de que están en la misma sintonía reflejando lo que hemos escuchado consiste en parafrasear los puntos clave. Esta técnica ayuda a aclarar cualquier malentendido y muestra a la otra parte que estamos escuchando activamente.

5.- Aclarar. Cuando nos enfrentemos a una conversación con el potencial para escalar la tensión, debemos diluirla pidiendo a la otra parte ayuda para aclarar lo que está diciendo. Por ejemplo: “Me gustaría poder entender mejor tu problema ¿podrías ayudarme?

6.- Resumir para resaltar los puntos clave discutidos. De esta manera confirmamos el punto de vista de la otra persona y aseguramos que ambas partes tienen claro cuáles son sus responsabilidades y posibles acciones de seguimiento.

7.- Compartir nuestro punto de vista. Debemos recordar que en la escucha activa primero debemos entender a la otra persona y luego conseguir que nos entiendan. Al ir conociendo mejor el punto de vista del otro podemos ir introduciendo nuestras ideas, sentimientos y sugerencias. Desde este momento la conversación puede centrarse en resolver problemas. Cuestiones a considerar pueden ser qué es lo que nos ha intentad decir o, qué es lo que no sabemos y qué nuevos enfoques se pueden tomar.

El autor propone seguir el siguiente PLAN DE ACCIÓN para ayudar a los líderes a establecer una cultura que valore la paciencia:

ACCIÓN 1: IDENTIFICAR LOS POSIBLES DESENCADENANTES DE NUESTRA IMPACIENCIA

Debemos elaborar un listado de aquellos lugares, hechos y personas que ponen a prueba nuestra paciencia y con los que tenemos que ejercitar más paciencia. De esta forma podremos evitar situaciones desencadenantes, desarrollar y practicar técnicas cognitivas de reevaluación y monitorizar nuestro progreso hacia la meta de la paciencia. Una vez que hemos recopilado la lista de desencadenantes podremos  desarrollar estrategias para gestionar las reacciones impacientes.

ACCIÓN 2: REFLEXIONAR

1.- Centrar nuestra mente,  durante 10 minutos. Para ello buscar un lugar tranquilo, preferentemente a primera hora de la mañana, lejos de ruidos y distracciones. Reflexionar sobre las cosas positivas en nuestra vida y sobre nuestro propósito en el mundo. Este pequeño ritual nos permitirá sentir que tenemos más control durante el día.

2.- Tener un ritual de gratitud. Cultivar la gratitud puede reducir significativamente el estrés. Investigaciones de psicología experimental han mostrado que las personas que son capaces de sentir mayor gratitud son más pacientes.

Una forma de cultivar la gratitud consiste en registrar los pequeños triunfos cotidianos, reflexionando con los ojos cerrados sobre las buenas cosas de la vida durante un minuto. Luego abrir los ojos y pensar durante los dos minutos siguientes en tres cosas por las que estamos agradecidos que nos hayan ocurrido el día anterior.

3.- Respirar conscientemente

Durante cinco minutos inspirar profundamente y exhalar durante más tiempo que el que dedicamos a la inhalación. Debemos observar como el aire entra y sale. Esto permite que nuestra mente se centre en una cosa a la vez y que comencemos el día con una mente serena, en calma y alerta, lo que facilitará nuestras interacciones con los miembros de nuestro equipo.

4.- Valorar

Cuando nos encontremos atascados en un proceso de toma de decisiones podemos hacer una pausa y reflexionar sobre qué opción se alinea mejor con las expectativas de los demás y con los altos estándares que nos hemos marcado para nosotros mismos. Como parte del proceso de reflexión buscar mentores o personas de confianza y explicarles nuestra línea de acción actual y seguir reflexionando. Finalmente podemos apoyarnos en nuestra experiencia y valores y preguntarnos qué tipo de impacto quiero dejar en el mundo. Cuando estemos luchando con una decisión debemos recordar considerarla en relación con lo que verdaderamente nos importa a nosotros y a los que nos rodean.

ACCIÓN 3: ENLENTECER

1.- Pensar antes de actuar. Cuando las situaciones son estresantes cosas como tomar decisiones o pasar por encima de alguien pueden resultar convenientes, pero pueden crear muchos problemas posteriores. Por tanto debemos pensar de forma crítica y emocional considerando a los demás para poder tomar la decisión correcta, no la que nos puede parecer más fácil.

2.-  Reducir el ritmo. En lugar de correr hacia la meta centrándonos exclusivamente en los resultados, cuando terminemos una tarea enlentecer nuestra mente para resistir la urgencia de dedicarnos a la siguiente tarea o a tomar la siguiente decisión , siempre en un perpetuo estado de urgencia.

3.- Dejar que nuestra mente vague. Durante una reunión de trabajo, en lugar de  centrarnos solo  en la agenda del día, debemos dedicar tiempo a mirar a nuestro alrededor y a prestar atención. Observar si nuestros compañeros parecen estar interesados o desinteresados y si la conversación se está encaminando en la dirección correcta.

a).- Un enfoque consiste en la divagación mental o en  los pensamientos errantes. Nuestros pensamientos, sentimientos y atención vagan durante unos minutos para ver hacia dónde van.

b).- Enlentecer nuestros movimientos para enlentecer nuestra mente. Por ejemplo si una reunión es fuera de la oficina, irnos del trabajo pronto para poder pasear y reflexionar sobre cómo van las cosas.

4.- Disfrutar los momentos. Debemos recordar disfrutar los momentos. Utilizar técnicas como mindfulness, que trata de que estemos presentes e inmersos en el aquí y ahora o pequeños rituales como saborear un café por la mañana mientras observamos como amanece. Un pequeño ritual nos puede ayudar a construir la paciencia necesaria para afrontar los momentos inesperados en los que las cosas no salen como esperamos o llevan más tiempo del deseado.

ACCIÓN 4: PRACTICAR EL AUTO-CONTROL

1.- Tomar perspectiva. Para ello si estamos atascados en un conflicto debemos valorar la situación, escuchar a distintas voces sin juzgar, procesar la información y evitar reaccionar impulsivamente. Una vez que vemos las cosas claras ya podremos determinar las líneas de acción a seguir.

2.- Hacer pausas de seis segundos. Cuando las cosas se complican y, por ejemplo, los insultos vuelan, podemos utilizar la técnica de los seis segundos. Se basa en que las sustancias químicas en nuestro cerebro y cuerpo responsables de las emociones normalmente se mantienen durante seis segundos, Durante una discusión acalorada si podemos hacer una pausa breve, el torrente de sustancias químicas que se están produciendo se van enlenteciendo. Esta pausa nos ayuda a rápidamente valorar los pros y contras de diversas acciones antes de decir algo desagradable, por ejemplo, de lo que luego nos vamos a arrepentir. Después de una pausa de seis segundos podemos responder de una forma más constructiva y reflexiva.

3.- Ser un ejemplo de positividad. En entornos muy conflictivos y tóxicos es útil promover emociones positivas para procurar que las partes abandonen sus armas, se relajen, escuchen activamente y de forma paciente se impliquen en una resolución de problemas respetuosa. 

ACCIÓN 5: SIMPLIFICAR NUESTRO DÍA

Las personas impacientes con frecuencia son perfeccionistas y practicantes de la  multitarea, lo cual les mantiene en un estado de ansiedad y desorden constantes. El autor recomienda dedicar cinco minutos para contestar las siguientes preguntas para preparar nuestro día.

1.- ¿Qué es lo que nos puede hacer que crezcamos personal o profesionalmente y que nos haga ser mejores personas hoy?

2.- ¿Qué es lo que nos puede producir más energía y animar hoy?

3.- ¿Qué es lo que puede facilitar que podamos tener un día muy productivo hoy?

Debemos asegurarnos de que escribimos nuestras respuestas antes de ir a l trabajo y que las tenemos visibles durante todo el día para recordarnos que procurar alcanzar estas metas nos va a mantener en un estado mental positivo durante el día.

 

 

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