domingo, 25 de enero de 2026

LIDERAZGO HUMANO:LA IMPORTANCIA DE LA PACIENCIA I



Marcel Schwantes en “Humane Leadership. Lead with radical love , be s kick-ass boss”, que estamos comentando, plantea que vivimos en una sociedad que valora la gratificación inmediata, en la que tomamos decisiones apresuradas de las que luego nos arrepentimos y en la que revisamos nuestras redes sociales numerosas veces en una hora buscando “me gusta” y “compartir” para validar nuestros posts y comentarios. Nos falta paciencia y demandamos las cosas sin mucha consideración por las necesidades y el bienestar de los demás.

La paciencia es la característica básica de liderazgo que abre el camino para la cultura del “Amor en Acción”. La paciencia concede  a los individuos el tiempo y el espacio para aprender, cometer errores y mejorar sin miedo a los juicios o repercusiones. En el caso de los líderes facilita que escuchen atentamente, fomenten un diálogo abierto y la solución de problemas colectiva. Y, son los líderes pacientes los que evitan las reacciones impulsivas y toman decisiones bien meditadas tras valorar cuidadosamente todas las opciones.

En entornos organizacionales de alta presión actuar con un “sentido de urgencia” es considerado con frecuencia como una señal de fortaleza. Un pensamiento convencional en el mundo de los negocios dicta que si esperamos demasiado tiempo para recoger más datos, prestar atención a los detalles, dedicar más tiempo para preparar una reunión o buscar más feedback, el momento crítico de una decisión se evaporará. En la cúpula de las organizaciones las presiones a los líderes son mayores, por parte de los accionistas, las juntas directivas, los medios y el público para cumplir sus expectativas, lo que suele conducir a la toma de decisiones en el momento, sin tiempo de reflexión, con resultados con frecuencia deficientes .

En tiempos de crisis, como ocurrió durante la pandemia del COVID, puede parecer que cada situación es una emergencia y que la elección lógica consiste en acelerar las cosas, lo que puede conducir a un mayor caos y confusión. Desgraciadamente la paciencia no es una práctica común y un líder que procesa con calma las decisiones complicadas y es lento a la hora de impulsar recibe menos atención y reconocimiento que un jefe “carismático” que presenta una imagen de autoridad pero apresurado y poco solvente en sus decisiones.

David Sluss ha publicado una absorbente investigación sobre la paciencia en la que define a ésta como: “la tendencia a actuar con calma al enfrentarnos a la frustración y adversidad”. La paciencia es activa, no pasiva, Se trata de actuar con calma ante la adversidad, no de esperar con calma. Existe una acción tras ella, pero ésta es una acción consciente y reflexionada, no impulsiva.

En el caso del COVID, por ejemplo, los líderes que eligieron responder con paciencia simplemente priorizaron el trabajo que necesitaba ser realizado. Analizaron sus objetivos y se preguntaron qué tenían que hacer en el momento para mantenerse fuertes ante la adversidad. Su paciencia mantuvo sus organizaciones funcionando, pero su nuevo lema fue: “ir lento, para poder ir rápido”

En un artículo publicado en Harvard Business Review, ("Becoming a more patient leader") , Sluss resumia su investigación y mencionaba como ejemplo a los equipos SEAL de la Armada estadounidense, que a pesar de la necesidad que tienen de ofrecer respuestas rápidas, estas fuerzsa especiales  de élite, enfocan sus misiones con un sorprendente grado de paciencia metódica a la hora de planificar y ejecutar sus acciones. Con más de 60 años de experiencia en la resolución de situaciones de alta presión han descubierto que trabajar serenamente y fluidamente minimiza los errores y la necesidad de repeticiones y nuevos intentos, con lo que las misiones se aceleran. Sluss plantea que los líderes deben entender la diferencia que existe entre rapidez operacional (moverse con prisas) y rapidez estratégica ( reducir el tiempo que tardamos en ofrecer valor).

La lección de liderazgo que podemos obtener es que si dedicamos tiempo a hacer las cosas tranquilamente y con eficiencia vamos a ser más rápidos y eficientes a largo plazo. Es un recordatorio de que en el ocasiones caótico mundo de los líderes mantener la compostura y la precisión puede conducir a mejores resultados. El lema de SEAL no trata solo de la rapidez, sino del uso inteligente y estratégico del tiempo y del esfuerzo. Es como si dijesen: “ No confundas rapidez con temeridad, tómate tu tiempo, hazlo bien y te encontrarás moviéndote a la velocidad del éxito”.

El entorno laboral está sometido a una serie de desafíos, plazos y presiones. Realizar las tareas corriendo o forzándonos en exceso puede conducir a burnout y a estrés. Al adoptar un enfoque más reflexivo los líderes pueden crear un entorno que valore el bienestar mental. Animar a los miembros del equipo a no apresurarse y al tiempo, asegurando un entorno laboral sereno, puede contribuir a crear  una cultura más sana. Es un recordatorio de que un entorno laboral sereno y en calma promueve la eficiencia y la resiliencia mental, permitiendo a  las personas navegar a través de los retos con un patrón mental más preciso y centrado.

El problema de la impaciencia es que es contagiosa. Los psicólogos llaman a este fenómeno de “contagio emocional”. Es como si fuese una “infección” social de sentimientos. Se presenta cuando las emociones y estados de ánimo de una persona se extienden por los que la rodean. Esto ocurre porque los seres humanos estamos programados para captar e imitar las emociones de aquellos que tenemos cerca.

La práctica de la paciencia no consiste en cambiar lo que pasa a nuestro alrededor, sino en cómo nos adaptamos a nuestro entorno, lo que implica utilizar nuestra capacidad de auto-regulación.

Los psicólogos describen la auto-regulación como el acto de reducir la frecuencia e intensidad de los impulsos fuertes por medio de la gestión de la carga del estrés y de la recuperación. Consiste, por tanto, en el proceso de controlar nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones para  alcanzar un resultado deseado. La clave se encuentra en darnos cuenta de que tenemos el poder de influir en la forma en la que percibimos y reaccionamos a las situaciones que nos rodean.

Los individuos con gran capacidad de auto-regulación son más productivos y están mejor equipados para manejar las situaciones desagradables, inesperadas  y complicadas a que nos somete la vida.

Debra R Comer y Leslie Sekerka han revisado exhaustivamente  la literatura existente sobre este tema y han encontrado que la autoregulación es el eje para el desarrollo de la paciencia. Especialmente recalcan dos técnicas:

a).- Selección de la situación. Consiste en tomar medidas para evitar ponernos en situaciones que vayan a poner a prueba nuestra paciencia. En el entorno laboral puede ser complicado utilizarla en espacios de trabajo abiertos, sin la posibilidad de aislamiento de ruidos o comentarios, por ejemplo.

b).- Reformulación de la situación para buscar una respuesta más paciente. Por ejemplo si esperamos a alguien y se retrasa, en lugar de enfadarnos emplear ese tiempo para hacer otras tareas pendientes. Nos permite modificar la situación cuando las cosas no salen como las hemos planificado y prevenir las emociones negativas.

Con la paciencia guiando nuestro camino el autocontrol nos va a alejar de decisiones impulsivas y nos va a poner  en la senda adecuada para alcanzar nuestras metas.  Mientras la auto-regulación se ocupa de gestionar nuestras emociones, pensamientos y acciones como un capitán navegando por aguas tumultuosas, el autocontrol se ocupa de decir no a tentaciones o reacciones inmediatas, como el resistir a un pastel. Ambas son vitales para nuestra salud mental y bienestar y para la forma en la que lideramos a los demás, existiendo ocasiones en las que la auto-regulación necesita dosis masivas de auto-control.

Los líderes responden de formas diferentes durante una crisis. Algunos se muestran sólidos como una roca, se mantienen serenos, abiertos, optimistas y son una fuente de luz para el equipo. Otros reaccionan mal, con arrebatos de ira, señalan a los demás como responsables y actúan de manera impulsiva realizando elecciones equivocadas que hacen que la moral y la productividad desciendan radicalmente.

Uno de los obstáculos principales que se derivan de la falta de auto-control es la ira o indignación sin filtros. La ira es una emoción humana muy poderosa. Es también muy normal, por lo que expresarla no supone que estemos “rotos” por dentro. Solo debe ser expresada de una forma sana y constructiva. Existe un momento y un lugar para la indignación apropiada y todos debemos aprender cómo gestionarla.

Si miramos hacia atrás y analizamos sus causas raíz nos daremos cuenta de que nuestra ira es una reacción ante aquello que nos está perturbando, generalmente algo sin resolver, situado por ejemplo,  en el fondo de nuestros sentimientos de ansiedad, de preocupación, de miedo al fracaso, de humillación o de  indefensión. Exhibiciones inapropiadas pueden acabar con la cultura de la organización, hacer que la confianza disminuya y conseguir  que el compromiso de nuestros colaboradores descienda estrepitosamente. Si no está bien gestionada puede convertirse en nuestro peor enemigo y sabotear nuestra capacidad de liderar bien.

La pregunta que está detrás del auto-control es la siguiente: ¿Puedo gestionar mis emociones y comportamiento para alcanzar un resultado positivo?. Daniel Goleman dice lo siguiente sobre los líderes con auto-control: “Aquellos que mantienen el control sobre sus emociones son las personas que pueden mantener un entorno seguro y justo. En éste, el nivel de situaciones dramáticas es muy bajo y la productividad muy alta. Los profesionales de alto rendimiento acuden a estas organizaciones y no están dispuestos a abandonarlas”.

Los líderes con altos niveles de autocontrol responden en lugar de reaccionar, de forma que son capaces de dar un paso hacia atrás y crear un espacio para considerar la situación desde todos los ángulos y decidir el mejor enfoque para manejar las cosas. Esto requiere paciencia, ya que ésta va a permitir procesar la situación que favorezca tener distintas perspectivas y evite las reacciones apresuradas.

La paciencia en el entorno laboral tiene una serie de beneficios, como por ejemplo, la posibilidad de mejorar  el desempeño al hacer que las relaciones interpersonales sean más agradables. Según investigaciones de Christine Pearson y de Christine Porath, cunado los compañeros en el trabajo se muestran pacientes unos con otros tienden a tratarse con cortesía y sensibilidad, con lo que las relaciones son más colaborativas y productivas. Más aún ser lo suficientemente paciente como para reconocer las necesidades y puntos de vista de los demás puede facilitar el buen trabajo en equipo. El primer paso consiste en mostrarnos abiertos e inclusivos ante las diferentes perspectivas.

Adoptar la perspectiva de otros es clave para alentar la creatividad, ya que cuando los empleados están movidos por el genuino deseo de ayudar a otros, están reforzando y recargando su motivación intrínseca. Adam Grant y James Berry en sus investigaciones han encontrado que la “motivación prosocial” fortalece la relación entre motivación interna y pensamiento creativo y que  la perspectiva juega un papel crucial en esta ecuación. Al ser nuestro entorno laboral cada vez más complejo y apresurado las investigaciones nos dicen que cuando los empleados se ponen en el lugar del otro es más probable que tengan ideas novedosas que beneficien verdaderamente a todos.

Se ha observado, también, que los individuos pacientes tienden a manejar las situaciones y personas que les rodean con una mayor serenidad y cuidado lo que hace milagros en los entornos sometidos a un exceso de presión. Asimismo en las interacciones personales en el trabajo desarrollar paciencia ayuda a tratar a personas irritantes con calma y compostura sin volvernos demasiado frustrados, lo que es bueno para nuestra salud mental.

En un estudio realizado por Deloitte digital en el que encuestaban a 2000 jóvenes dela generación Z y a 600 jefes procedentes de las generaciones Baby-boomers, X y Millennials, para examinar las relaciones laborales entre los profesionales de la generación Z y sus jefes, se les pedía a los jóvenes que  dijesen qué  características consideraban más importantes en su relación con sus jefes.. Se les ofrecían 12 opciones para elegir: vulnerabilidad, paciencia, transparencia, sentido del humor, empatía, disponibilidad, amplia experiencia, antecedentes similares, identidad similar, aceptación de su identidad, intereses similares y puntos de vista políticos similares. Los participantes debían elegir y puntuar 5 de las 12 opciones. La paciencia fue la opción más seleccionada. La razón puede ser que los jóvenes de la generación Z piensan que su desempeño no va a estar a la altura demandada si los líderes no crean las condiciones necesarias, de una manera reflexiva, para que aprendan, crezcan y tengan éxito en sus roles.


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