Jeffrey Hull y Margaret Moore en “The science of leadership.
Nine
ways to expand your impact” condensan los aspectos más destacados de las
investigaciones sobre el liderazgo en 9 capacidades distintivas, mencionadas brevemente
en una entrada anterior.
Vamos a ir analizándolas en
profundidad:
I.-
LIDERAZGO CONSCIENTE
Como líderes
conscientes nos mostramos serenos, estables y objetivos. Como resultado veremos
las cosas con claridad, incluyendo cómo nos vemos a nosotros mismos. Por tanto, tendremos
un alto nivel de autoconciencia, podremos reflexionar sobre nuestros estados
emocionales y ser capaces de dejarlos a un lado para estar completamente presentes en cada
momento. Seremos capaces de vernos a nosotros y a los demás de forma objetiva y
sin juicios y así, podremos ser conscientes de las fortalezas, limitaciones y
oportunidades de crecimiento. Reconoceremos, también, nuestras sombras como líderes, que
son estados de agitación basados en el miedo en los que utilizamos en exceso
nuestras fortalezas o evitamos actuar,
especialmente ante situaciones de estrés. Al dedicar tiempo a sentir
autocompasión y luego procesar y trascender los estados bajo la "sombra", los
transformamos en estados de calma y fortaleza.
Por tanto, un líder
consciente se muestra sereno, estable, presente y objetivo, no excesivamente
activo y reactivo. Ve las cosas con claridad, incluyendo a sí mismo. Ser
consciente implica estar despierto a lo que está sucediendo, observando las
cosas de manera objetiva.
El punto de partida del
liderazgo consciente consiste en cuestionar de forma objetiva nuestro yo
interno. Es complicado porque esta autoconciencia debe anteponerse a los
procesos automáticos de nuestro cerebro. El trabajo de la neurocientifica Lisa Feldman Barret, sobre cómo se forman las emociones, revela que la forma automática del cerebro
para procesar información no está diseñada para percibir y experimentar la
realidad externa e interna.
El cerebro está
diseñado para monitorizar, evaluar y predecir continuamente. Para hacerlo se
centra en rastrear nuestros recursos internos, habilidades y deseos, junto a
las demandas siempre cambiantes de todos los dominios de nuestra vida. Los cálculos
de nuestra mente se basan enteramente en nuestras pasadas experiencias,
codificadas en nuestras memorias y aprendizajes. Sin una intervención
consciente nuestra mente no se va a centrar en detectar la realidad en el
momento presente o en observarnos a nosotros mismos de forma objetiva.
Nuestro cerebro manda
mensajes a nuestro ser consciente en forma de emociones. Nuestras emociones no
son creadas en nuestra mente como respuestas directas a la realidad actual. Son
construidas para avisarnos de cómo lo estamos haciendo y cómo debemos actuar
después, basándose en predicciones sobre lo que puede pasar. Nuestro torrente
continuo de emociones crea una realidad interna, un flujo continuo de actividad
emocional.
David Vago y David Silbersweig
han desarrollado un marco de conciencia plena o mindfulness que tiene una serie
de pasos y que ayuda a trascender
nuestras emociones agitadas y nuestras “sombras” en nuestro liderazgo, que
distorsionan y sesgan las percepciones de nuestra mente sobre nosotros, sobre
otras personas y sobre el mundo.
Este marco deriva de un
amplio estudio sobre las redes cerebrales que intervienen en los distintos
estadios de mindfulness. Los neurocientíficos utilizan el término red cerebral
para describir una determinada actividad o proceso cerebral que consiste en una
red de neuronas interconectadas, que los estudios sobre imágenes cerebrales han
mostrado que están asociadas a una determinada actividad cerebral.
Los pasos del marco de
conciencia plena son:
PRIMER
PASO: PREPARACIÓN
En esta fase estabilizamos
y preparamos a nuestra mente para la integración.
1.- Sintonización
mental. Imaginamos que tenemos un sintonizador mental en nuestro cerebro que
podemos utilizar para sintonizar hacia arriba y hacia abajo diversas redes cerebrales.
2.- Descanso de
pensamiento. Sintonizamos hacia abajo nuestras redes frontales, responsables de
pensar y juzgar. De esta forma no estaremos ni analizándonos ni juzgándonos.
3.- Separación de las
emociones. Sintonizamos hacia arriba nuestra red cerebral de conciencia sobre
nuestras emociones, que nos va a separar de las emociones que nos han surgido.
En lugar de sentir emociones fuertes las observamos. Por ejemplo, en lugar de
sentirnos enfadados, percibimos un sentimiento de enfado.
4.- Focalización de nuestra
atención. Sintonizamos hacia arriba nuestra red de atención y la centramos como
si fuese un foco de luz que podemos mover dentro de nuestra mente, que estrechamos o ampliamos según nuestros deseos.
5.- Centrarnos en
experimentar. Ponemos nuestro foco de
atención en redes en la parte trasera de nuestro cerebro que estén abiertas y
receptivas y recogen la información sensorial. Nos centramos en tener
experiencias, no en pensar o sentir, sobre nuestra actividad mental y
emocional.
SEGUNDO
PASO: CONCIENCIACIÓN
Ahora que nuestra mente
está estable y receptiva podemos experimentar nuestro estado de “sombras”. Para
ello podemos recordar un incómodo estado de excitación emocional ocasionado por
un reto de liderazgo. Los pasos a seguir son:
1.- Experimentar en su
totalidad el agitado estado emocional de nuestra mente y nuestro cuerpo. Sintonizar
hacia arriba el volumen emocional. Dejar que se eleve y expanda, como si fuese
una nube de emociones, para elevarse y salir fuera. Mantenernos observando y
neutrales y dentro de lo posible,
procurar mantener hacia abajo las redes de pensamiento y juicios.
2.- Poner un nombre a
nuestro estado emocional. Describir el estado de excitación de forma detallada.
Puede ser un estado de irritación e impaciencia o de irritación y decepción.
Cuanto más exhaustivos seamos en nuestra descripción más podrá distanciarse nuestra
mente y aflojar la sujeción a la que nos somete el ruido de nuestro ego.
TERCER
PASO. REGULACIÓN
Este es el momento de
regular nuestra “sombra”. Para ello seguimos estos pasos.
1.- Autocompasión.
Sintonizar hacia arriba la amabilidad hacia nuestro estado de excitación.
Sentir compasión por nuestra humanidad compartida ya que no somos ni el primer
ni el último líder en sentirnos de esta forma.
2.- Aceptación. Sintonizar
hacia arriba la aceptación para aceptar que ese estado de agitación es un paso necesario,
aunque sea desagradable, en el camino del liderazgo.
3.- Entender el
propósito. Comprender que el propósito
del estado de excitación no es desestabilizarnos, sino ofrecer una alternativa
sana de integración en un estado nuevo, sereno y hasta más sabio.
CUARTO
PASO: TRASCENDENCIA
Ahora ha llegado el
momento de trascender a nuestra “sombra”. Para ello debemos:
1.- Expandir nuestras
perspectivas. Buscar, generar y dar la bienvenida a una amplia variedad de
puntos de vista, visiones y perspectivas sobre la situación que nos está
agitando o perturbando.
2.-
Dejar de lado. Cambiar el canal de sintonización trasladando nuestro foco a
otras actividades como relajación, dormir bien, hacer ejercicio o pasear. De
esta forma estamos concediendo a nuestra mente el espacio que necesita para
automáticamente desarrollar su función natural de integración, al no estar
centrada en nuestro estado de agitación.
3.-
Percibir cuando sentimos un cambio. El incómodo estado se ha relajado o
difuminado, tal vez tras una noche de descanso o después de una conversación
generativa o una sesión de coaching o un paseo. La integración es un paseo
suave.
Como
podemos observar la integración es un proceso de crecimiento natural. Podemos confiar
en que la integración nos libere del ruido de nuestro ego y que incremente nuestra
conciencia y objetividad. Podremos
liderar con mayor placer y menor estrés.
El
foco central del liderazgo consciente es poder contemplarnos a nosotros mismos
y a lo que nos influye de forma objetiva, con la interferencia mínima de
nuestro ruidoso ego.
Los
elementos orientados al yo de la inteligencia emocional se muestran en los
líderes conscientes. Regulan su comportamiento y por tanto, cómo se presentan
ante los demás, lo que va a determinar, a su vez, cómo son percibidos por los
demás. Los líderes que tienen un ego o identidad fuerte en ocasiones carecen de
la percepción de cómo son vistos por los demás. Y pueden tener un sentimiento
inflado y poco realista de ellos mismos. Pueden creer que su ego es tranquilo y
adecuado, pero su comportamiento, al menos en algunas ocasiones, puede revelar
ansiedad e inseguridad. El cuerpo expresa el verdadero estado interior de su
dueño, mostrando el estado interior de éste en una visión de “pantalla completa”.
Los
buenos líderes están abiertos al feedback y escuchan atentamente cuando alguien
les cuenta cómo lo están haciendo. Preferentemente esa persona debe ser un
mentor, compañero o coach de confianza que les ofrezca seguridad psicológica (
elemento importante del liderazgo relacional). Los seguidores pueden aportar
feedback valioso si confían en su líder. Este feedback puede ayudar al líder a
ser consciente de que puede que no esté siendo tan consciente como piensa que lo están siendo.
Como conclusión los
autores destacan que.
a).- Como líderes conscientes
debemos mostrarnos serenos, estables y objetivos, viendo las cosas con
claridad, incluyéndonos a nosotros mismos.
b).- Como líderes
conscientes observamos nuestros estados emocionales y seleccionamos los que son
buenos para actuar: como por ejemplo, para poder crear, esforzarnos, persistir o o tomar un descanso
y los que pensamos no son adecuados, como por ejemplo los estados de agitación
o reactividad. dejando estos últimos aparte.
c).- En común con el
resto de los líderes podremos mostrar “sombras" en nuestro liderazgo, estados de
ego excesivo o de evitación debidos al estrés, preocupaciones o miedos, que
pueden actuar como desestabilizadores.
d).- Para convertirnos
en líderes más conscientes podemos implementar el marco de atención plena. Autoconciencia,
auto regulación y autotrascendencia.
e).- Nuestro ego de
líderes se tranquiliza con la experiencia, integración y madurez. Entonces
nuestra objetividad se incrementa y el liderazgo nos parece más sencillo.

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