Sally Clarke en
FastCompany del pasado 11 de mayo plantea que el perfeccionismo puede hacer que
los líderes caigan en la rumiación. Ésta es uno de los riesgos que más se pasan
por alto a los que se pueden enfrentar los líderes, así como uno de los más frecuentes
y contagiosos. Cuando los líderes se dedican a rumiar se erosiona su bienestar,
su juicio y el clima psicológico de sus equipos.
En psicología al hablar
de rumiación se hace referencia al pensamiento repetitivo, indeseado, centrado
en el pasado, intrusivo y negativo. Puede convertirse en un círculo vicioso de “¿Por
qué he hecho….? o ¿Y si? que aporta muy
poco aprendizaje. El perfeccionismo, los estresores incesantes y los retos no
predecibles pueden amplificar la rumiación.
Parece que nos ofrece
alivio ya que un ciclo constante de preocupación, análisis, revivir detalles y reproducción
de distintos escenarios puede ofrecer a
nuestras mentes un sentimiento de control y propósito en tiempos en los que nos
parece que ambos están ausentes en nuestras vidas. Para muchos de nosotros se
torna en una estrategia protectora.
Pero, esta estrategia
puede terminar diezmando las cualidades que necesitamos cultivar para liderar y
funcionar de forma óptima, ya que bloquea los recursos cognitivos que los líderes
necesitan más: una memoria funcionante, y la atención y flexibilidad cognitiva.
Rumiación relacionada con el trabajo conduce a un gran agotamiento y sensación
negativa de bienestar psicológico con el tiempo, lo que perjudica el
pensamiento claro y el juicio.
Fisiológicamente la
rumiación impide la recuperación, puesto que en lugar de desconectar el sistema
nervioso se mantiene en un estado de amenaza. Las hormonas del estrés se
mantienen elevadas lo que altera el sueño. El impacto de la rumiación rara vez
se detienen en el líder exclusivamente. El impacto en su sistema nervioso crea
un clima de microestrés que daña la moral del equipo y la cohesión. Los líderes
que están mentalmente preocupados tienen dificultades para mantenerse centrados
en el momento presente. En lugar de eso están distraídos, irritables e
indecisos, lo que tiene un efecto nocivo en la cultura del equipo.
Con el tiempo este
efecto se manifiesta de forma sutil pero profunda, en forma de decisiones
retrasadas, revisión constante de temas o “aparcamiento” de ideas que nunca van
a abandonar este estado. Los miembros de los equipos comienzan a imitar el la
rumiación y la hipervigilancia como mecanismos de afrontamiento, lo que reduce la
innovación y la creatividad porque las personas pasan más tiempo imaginando
problemas que resolviéndolos. En relación con la cultura los equipos se vuelven
más cautos, las tensiones interpersonales se mantienen y la seguridad
psicológica declina.
La autora propone
seguir las siguientes estrategias (basadas en investigaciones) para ayudar a
cambiar el estilo de pensamiento de los líderes para que prioricen el bienestar
y modelen hábitos sanos para sus equipos.
1.-Programar “tiempos
para la preocupación” con límites para tomar decisiones. Reservar 10 a 15
minutos para de forma deliberada pensar sobre un asunto conflictivo, escribir
opciones concretas y finalizar con un paso “mínimo”. El tiempo limitado y
estructurado para pensar en preocupaciones reduce la rumiación y apoya un
pensamiento más centrado en hallar soluciones.
2.- Utilizar “micropausas”
de mindfulness para cambiar nuestra relación con nuestros pensamientos. Prácticas
como tres respiraciones lentas, estiramientos, mover los hombros o hacer una
meditación corta entre reuniones ayudan a interrumpir la rumiación al desviar
la atención hacia sensaciones físicas. Solo unos pocos minutos pueden romper el
patrón mental y reducir los riegos de estrés y burnout.
3.- Proteger el tiempo
para desconexión real psicológica después del horario laboral. Crear zonas
específicas de “no trabajo” e intencionalmente realizar actividades como
ejercicio físico o hobbies para recargar nuestra perspectiva y capacidades
cognitivas.
4.- Realizar movimientos
breves para descargar tensiones. Ponernos de pie y caminar de forma rápida
durante 2 o 3 minutos, subir escaleras o estiramientos dinámicos sirven para
rebajar las tensiones y para mejorar nuestro desempeño cognitivo, ayudándonos a
volver al asunto que nos preocupa con una mente más serena y una perspectiva
más clara.
5.- Normalizar el
pensar en voz alta con personas de confianza. Compartir ciclos de rumiación con
un coach, mentor o terapeuta y pedirles que nos ayuden para distinguir entre
reflexión y rumiación para alterar los patrones repetitivos e introducir perspectivas
alternativas.

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