domingo, 1 de noviembre de 2026

¿CÓMO EVITAN LOS SUPEREQUIPOS LAS DISTRACCIONES Y SON MÁS CREATIVOS?

 


Ron Friedman en “Superteams. The science and secrets of high performing teams”, que estamos comentando,  plantea que la mayor parte de los profesionales ansían tener tiempo sin interrupciones en el trabajo para poder centrarse, pensar en profundidad y hacer progresos reales. Pero estos momentos se están volviendo cada vez más escasos. En los últimos años las distracciones en el entorno laboral se han disparado, fracturando nuestro foco y haciendo que cada vez sea más difícil conseguir hacer las tareas que tenemos encomendadas.

Como ejemplos, tenemos que la mayor parte de las personas en el trabajo emplean horas diariamente a leer sus correos o a atender reuniones que se han hecho más largas y frecuentes desde la pandemia. En el momento actual el profesional medio dedica 18 horas a la semana a reuniones, que en muchas ocasiones no incrementan la productividad. Como muestra, en un reciente estudio realizado por el MIT , el 70% de los trabajadores encuestados decían que las reuniones interferían y les impedían completar tareas importantes y el 92% las consideraban improductivas.

Por tanto, podemos pensar que no es la creciente cantidad de trabajo el problema, sino la naturaleza insidiosa y “asesina” de la capacidad de centrarnos de la comunicación constante. Nuestras mentes no están creadas para el cambio continuo de tareas. Cada vez que trasladamos nuestra atención de una tarea a otra estamos pagando un pequeño impuesto mental que nos hace ligeramente menos efectivos. Al cambiar de tareas parte de nuestra mente está todavía atascada en lo último que hemos estado haciendo, lo que nos deja con menos poder mental para lo que viene después.

No resulta sorprendente, pues, que el manejar muchos mensajes a la vez, el exceso de reuniones y las numerosas tareas conduzcan a la aparición de más errores. Estos errores pueden ir de los más leves como mayores fallos a la hora de redactar,  a los más contraproducentes como una memoria más débil, mayor tiempo para completar una tarea o menor productividad diaria o a los catastróficos como pueden ser errores de prescripción por parte de los médicos o errores de los pilotos durante el vuelo.

Otro problema es el tiempo que nos cuesta volver a centrarnos. Se ha comprobado que  después de una interrupción breve tardamos de media 25 minutos en recobrar nuestra atención completa. Esto ocurre porque no solemos ir directamente de vuelta al trabajo, deambulamos comprobando el correo, echando un vistazo a nuestros móviles, etc. En otras palabras las distracciones no solo nos enlentecen, también crean más distracciones.

Cuando pensamos en las dificultades de centrarnos en el trabajo tendemos a pensar en distracciones externas. Pero si somos sinceros una razón importante de que encontramos difícil centrarnos está en las distracciones internas que generamos nosotros mismos. Gloria Mark tiene una teoría para este autosabotaje: nuestras mentes se quedan enganchadas a la estimulación. Tras muchas interrupciones dejamos de esperar a que llegue la siguiente y vamos en su búsqueda y, cuanto más seamos interrumpidos por los demás, más nos interrumpiremos a nosotros mismos.

Trabajar de esta forma nos pasa factura ya que absorbe nuestra energía, eleva nuestro estrés y acelera el burnout. Con el tiempo la seguridad en nosotros mismos se resiente y eventualmente nuestra salud se verá afectada.

Con frecuencia confundimos dónde trabajamos con las razones por las que el trabajo va bien. Es un error fácil de cometer porque la localización influye en lo mucho que podemos llegar a hacer.

Trabajar desde casa  tiene muchas ventajas y ofrece a los trabajadores un mayor control sobre  innumerables pequeñas decisiones que hacen que el trabajo sea más cómodo. Existe también la ventaja de no tener que perder tiempo en los desplazamientos hasta el lugar de trabajo, lo que supone también un ahorro de dinero. Diversas investigaciones muestran que las personas suelen reinvertir un 40% aproximadamente de ese tiempo ahorrado en el trabajo.

Pero los equipos que trabajan en remoto o en entornos híbridos se encuentran con inconvenientes significativos como el feedback retrasado y menor cohesión y confianza entre sus miembros lo que perjudica el desempeño del equipo. Estos equipos también tienen dificultades a la hora de compartir información, en parte porque comunicar con los compañeros es más complicado y requiere un mayor esfuerzo.

Los estudios que comparan la productividad de los trabajadores con presencia física o en remoto no ofrecen unos resultados claros y los equipos de alto desempeño se encuentran tanto trabajando en remoto como en una oficina. Es más importante cómo trabaja el equipo que dónde lo hace.

Hay que considerar, también, que muchas estrategias dirigidas a reforzar la productividad individual pueden dañar el desempeño del equipo. Por ejemplo, si una persona unilateralmente se muestra poco accesible, para no perder su concentración, el equipo paga un precio por la falta de coordinación al estancarse las conversaciones, retrasarse las decisiones o atascarse los proyectos. El trabajo muy concentrado de un profesional puede convertirse  en un cuello de botella para otro.

Asimismo, no solo la coordinación sufre, también se resiente la confianza. Retrasos inesperados y barreras en la comunicación no solo frenan la energía sino que  hacen que parezcamos poco fiables.

Cuando adoptamos medidas para aislarnos de los demás para poder concentrarnos mejor, si no están bien pensadas, pueden hacer que nos consideren egoístas. Esto ocurre, por ejemplo, si nos ponemos unos auriculares en un entorno colaborativo puede parecer que estamos mandando el mensaje de que preferiríamos estar en otro sitio o apagar el correo electrónico puede comunicar que creemos que el trabajo que tenemos que realizar es más importante que nuestros compañeros, y que no queremos que éstos nos molesten. Puede que no sea ésta nuestra intención, pero si no tenemos cuidado y ese es el mensaje que van a captar nuestros compañeros de equipo puede deteriorar nuestra relación con ellos.

Por otro lado, la soledad es necesaria para los avances creativos. Graham Wallas en 1926 fue uno de los primeros investigadores en plantear la pregunta: “¿De dónde vienen las grandes ideas?” y en su libro: “The art of Thought” propone que el proceso creativo  tiene cuatro pasos a seguir y ofrece una hoja de ruta para ir hacia delante si nos encontramos atascados.

El primer paso es la Preparación. Debemos comenzar por identificar y definir el problema, investigar de forma consciente y recopilar toda la información, datos y perspectivas posibles relacionados con el reto. 

El segundo paso es el de Incubación.  Es una etapa de desconexión voluntaria e inconsciente del problema. Se aparta la atención consciente de la tarea mientras la mente sigue procesando la información en segundo plano (a menudo ocurre durante el descanso, al pasear  o al dormir).

El tercer paso es el de la Iluminación. En él se produce el  momento:  «Eureka» cuando la idea o solución surge de forma repentina y clara tras el periodo de reposo.

El cuarto y último paso es el de la Verificación. Es la fase de análisis crítico, evaluación, desarrollo, depuración y puesta a prueba de la idea para comprobar si es viable y funcional.

Para ser creativos Wallas defendía que necesitamos mirar hacia fuera y luego hacia dentro. El mundo exterior nos facilita inspiración, ideas y esquemas. Pero para que surjan nuevas ideas necesitamos dedicar tiempo a que el subconsciente trabaje. Es solo entonces cuando combinaciones nuevas y soluciones innovadoras salen a la superficie. Estas etapas del modelo de Wallas no se producen si estamos en grupo.

El simple hecho es que las soluciones creativas rara vez surgen a través de la comunicación constante. Con mayor frecuencia son el producto de trabajar de forma separada y de luego juntarse.

Los supererequipos no consiguen mejores resultados estando todo el tiempo juntos. Hacen más cosas cuando equilibran adecuadamente el trabajo individual centrado y la colaboración con un propósito.

En las investigaciones del autor sobre los superequipos ha encontrado tres prácticas específicas que ayudan a los supereqquipos a mantener este equilibrio. Juntas forman lo que llama: “Foco colaborativo”.

Éste es un enfoque del trabajo en equipo que empodera a los miembros del equipo para que puedan realizar un trabajo en el que se sientan bien concentrados, sin sentirse culpables por aislarse,  durante su horario laboral. Está basado en el entendimiento compartido de que cuando los miembros del equipo tienen la libertad y flexibilidad para trabajar sin disrupciones, todo el equipo se va a beneficiar. Supone un contraste evidente con el patrón mental de “yo a lo mío” que se encuentra en la mayoría de las recomendaciones sobre como incrementar la   productividad y que puede ayudar a que una persona haga más, como hemos comentado, pero el equipo pague un precio por ello.

Los superequipos fomentan el “foco colaborativo” :

1.- Designando tiempo para el trabajo enfocado o concentrado

Los superequipos no solo hablan de la importancia de poder trabajar bien concentrados, sino que lo incluyen en sus agendas, por ejemplo bloqueando tiempo  libre de reuniones cada semana o para trabajar sin tener que consultar los mensajes.

En 2022 un estudio publicado en MIT Sloan Management Review en el que se entrevistaba a ejecutivos de 76 compañías que habían adoptado la política de días libres de reuniones en el último año, mostró que la productividad se había incrementado en un 7!% , el estrés había bajado en un 57%, la claridad de las comunicaciones había mejorado, los trabajadores se sentían que confiaban más en ellos y menos microgestionados y su satisfacción creció en un 52%.

Pero la solución no está en prohibir las reuniones en su totalidad, ya que investigaciones han mostrado que hacerlo tiene un coste. Con el tiempo los equipos sin reuniones tienen conexiones sociales más débiles, más problemas de comunicación y menor compromiso entre sus miembros.

Los investigadores sobre el tema piensan que la semana de trabajo ideal debe contar con dos días reservados a reuniones y tres días de trabajo enfocado libre de distracciones.

2.- Consiguiendo que las comunicaciones constantes sean innecesarias

Existen tres prácticas que ayudan a los equipos a mantenerse alineados sin el río de e mails o reuniones. Son:

a).- Crear procedimientos documentados que expliquen cómo se deben abordar las tareas clave.

b).- Utilizar un sistema de gestión de tareas. Herramientas como Asana, Basecampy Monday permiten a los miembros del equipo saber quién está haciendo qué, y qué queda por hacer, con solo un vistazo. Esta transparencia reduce la necesidad de interrumpir a alguien solo para mantenernos informados.

c).- Establecer expectativas claras sobre cómo usar las herramientas de comunicación.

Los superquipos marcan guías sencillas que aclaran qué canales usar y cuándo para que los mensajes importantes lleguen a tiempo y el trabajo bien enfocado se mantenga protegido.

3.- Empoderan a sus profesionales para que puedan proteger su tiempo

Los líderes, para ello, pueden fomentar el que se trabaje en una sola tarea en cada momento, dejar que los miembros del equipo decidan y sepan cuando necesitan tiempo sin interrupciones y cancelen reuniones recurrentes que no aporten valor añadido.

Los miembros de los superequipos no tienen que escoger entre la concentración en su trabajo y la colaboración. Hacen ambas cosas lo cual es una de las principales razones de su éxito.