Alyson Meister , Nele Dael y David Bach en hbr.org del pasado 11 de junio plantean que la esperanza no
es optimismo sino una fuerza motivadora orientada a una meta que liga acciones
presentes a un futuro deseado, a pesar de que los resultados sean inciertos .
Articular una visión
para alcanzar un futuro deseado es una tarea central del líder pero solo la
visión rara vez moviliza el esfuerzo sostenido en condiciones de incertidumbre
o disrupción. En esas condiciones, que prevalecen hoy en día, la diferencia
entre el compromiso de los empleados y la falta del mismo depende más de si el
futuro deseado parece posible y valioso. En otras palabras si inspira
esperanza.
Ésta según
investigaciones psicológicas implica dos procesos mentales interrelacionados:
a).- Pensamiento de
agencia ( teoría de la esperanza de C.R.Snyder) voluntad que alimenta la creencia
en nuestra propia capacidad. Se refiere a la creencia o convicción de que tenemos
la energía, la voluntad y la motivación para alcanzar nuestras metas. Es el
componente que te impulsa a actuar,
b).- Pathways thinking
es la capacidad de crear rutas para llegar a nuestras metas.
Estos procesos juntos
crean un estado motivacional positivo que hace que las personas sigan avanzando
hacia sus metas aunque surjan obstáculos.
Otra diferencia con el
optimismo es que el optimista cree que las cosas pueden ir mejor mientras que la persona con esperanza cree que puede
hacer las cosas mejor y dice cómo piensa hacerlo.
Los líderes no pueden
inspirar esperanza solo porque hablen sobre ella, deben cultivarla y para ello
tienen que entender algo esencial sobre la esperanza: es una fuerza dinámica
que puede tomar distintas formas, algunas positivas y otras negativas.
Los autores sugieren
que existen dos factores principales que determinan la forma en la que se
presenta la esperanza: la aspiración que concierne el futuro al que las
personas están invitadas a trabajar hacia él y la credibilidad que se refiere a
cómo ese futuro se alinea con la realidad sentida. Según estos dos factores se sobreponen
emergen distintos tipos de esperanza.
Unas pueden conducir al crecimiento, compromiso o estabilidad, mientras otras
pueden erosionar la confianza y generar ansiedad.
1.-
ESPERANZA INFLADA (ALTA ASPIRACIÓN, BAJA CREDIBILIDAD)
Surge normalmente
cuando los líderes sienten la presión para reafirmar o inspirar rápidamente
pero carecen de los recursos o la claridad para trasladar lo que dicen en acciones
eficaces. Este tipo de esperanza mira hacia un futuro deseable pero el mensaje
que transmite el líder carece de credibilidad. El resultado es un espejismo:
las aspiraciones son articuladas sin caminos viables, recursos suficientes o
reconocimiento de los límites, junto con un optimismo que parece impuesto, más
que compartido.
Aunque suele ser bien
intencionada crea una brecha entre lo que se promete y lo que las personas
perciben como posible. Con el tiempo esta brecha se va incrementando
erosionando la confianza.
2.-
ESPERANZA VACÍA (BAJA ASPIRACIÓN Y BAJA CREDIBILIDAD)
No ofrece un futuro
atractivo ni un relato creíble del presente. La comunicación es vaga y
emocionalmente desapegada, dejando a las personas sin orientación y motivación.
Los líderes evitan el compromiso, se apoyan en lenguaje técnico o se mantienen
en silencio durante periodos de alta incertidumbre. El resultado es una espiral
mortal en la que se genera ansiedad y la motivación se evapora.
3.-
ESPERANZA ESTABILIZADORA (BAJA ASPIRACIÓN, ALTA CREDIBILIDAD)
Es incremental. En
lugar de fomentar una visión ambiciosa o
transformadora, los líderes que la utilizan anclan a las personas en el
presente. Priorizan la conservación de la confianza. El énfasis está en la
realidad, el cuidado y la seguridad psicológica y en ayudar a las personas y a
las organizaciones a afrontar la incertidumbre sin proyectar resultados
optimistas que todavía no pueden ser asegurados.
Los líderes que la
transmiten admiten que todavía no tienen respuestas claras. Se centran en ir
haciendo progresos paso a paso. Mantienen la continuidad en prioridades y
rutinas clave, con frecuencia en medio de un mar de cambios y de disrupciones.
4.-
ESPERANZA MOVILIZADORA (ALTA ASPIRACIÓN Y ALTA CREDIBILIDAD)
Combina una visión
atractiva del futuro con una ejecución creíble y realista. Es particularmente
efectiva cuando cambios significativos o transformaciones son necesarias y se
puede generar suficiente impulso para acometerlas.
Los líderes que la utilizan
como una fuerza movilizadora argumentan las razones por las que el cambio es
necesario, pero reconocen las dificultades, las incertidumbres y el coste que conlleva.
Integran los retos y las restricciones en la narrativa del progreso. Reconocen lo que es duro mientras explican las
razones por las que merece la pena hacerlo. Son explícitos sobre lo que es
conocido, desconocido y todavía descubriéndose y hablan con convicción, que
está apoyada en acciones consistentes.
Estas cuatro formas de
esperanza no son tipos fijos de liderazgo. La esperanza varía con el contexto,
el momento y la capacidad organizacional. Los líderes deben tener como meta el
transmitir esperanza que estabilice o movilice. En periodos de disrupción aguda
pueden optar por la esperanza estabilizadora como la respuesta más eficaz y en
momentos de renovación por la esperanza movilizadora. En ambos casos la meta
debe ser alinear aspiración y credibilidad lo que requiere una calibración
cuidadosa. Tres prácticas son particularmente importantes:
a).- Fundamentar el presente
La credibilidad
comienza con una presentación sincera de las condiciones presentes. Reconocer
las incertidumbres, límites y demandas en competencia, sin apresurarnos a resolverlas
es una señal de realismo y respeto. Los líderes deben mantenerse en contacto
con las percepciones de las personas a través de evaluaciones de la cultura y
de conversaciones con compañeros de confianza que les faciliten feedback
honesto.
b).-
Establecer aspiraciones que encajen en el momento
Las aspiraciones deben
ayudar a que las personas salgan de su zona de confort sin perder el sentido de
lo que es posible. Esto implica con frecuencia escoger un horizonte temporal
adecuado, por ejemplo estabilizar el próximo semestre antes de proyectar lso
cinco años próximos, y ser explícitos sobre lo que “mejor” va a significar en
términos concretos.
c).-
Trasladar la esperanza a agencia y caminos
la esperanza se
transforma en duradera cuando las personas pueden ver cómo los esfuerzos se conectan
con los resultados. Aclarar quién es responsable de cada paso, definir rutas
posibles hacia delante y articular cómo se va a adaptar el liderazgo si las
condiciones cambian puede ayudar a convertir las creencias en acciones
mantenidas.





