Shawn Achor en “The power of beliefs. How
strengthening seven core beliefs predicts greater success and a better life”,
plantea que las creencias moldean la lente a través de la que vemos el mundo y
para bien, o para mal, influyen en lo que nos pasa y configuran nuestra realidad.
En 1955 un anestesista
del Harvard Medical School, Harvey Beecher, publicó un estudio en The Journal of
the American Medical Association que tuvo un gran impacto en el mundo médico:
The powerful placebo”. En él sugería que drogas falsas o intervenciones que el
paciente creía que eran reales, creaban unos cambios cuantificables, distintos
de los observados en aquellos pacientes que no recibían ningún tratamiento. En
los quince estudios que realizó con más de 1000 participantes con distintas enfermedades,
el grupo placebo, mostraba beneficios en un 35% de las ocasiones comparados con
el grupo control. Beecher, por tanto, había comenzado el proceso de cuantificar
el impacto de las creencias en los resultados. Décadas más tarde los placebos
siguen sirviendo como buenos ejemplos de cómo las creencias pueden cambiar
nuestros resultados.
60 años después de que
se empezase a medir el efecto placebo los investigadores empezaron a detectar la
emergencia de otro efecto aún más llamativo. En 2011 un grupo de investigadores
franceses presentó un análisis integral de docenas de estudios sobre la
epilepsia infantil. En lugar de centrarse exclusivamente en la eficiencia de
los medicamentos empleados en estos pacientes, los investigadores siguieron,
también, a los grupos placebo. Para su sorpresa encontraron que en esos estudios se observaba
que el efecto placebo se había incrementado significativamente con el tiempo.
En 1990 el 10% de los pacientes que tomaban un placebo referían una mejora en
la frecuencia de las crisis. Veinte años más tarde un poco más del 20% de los
pacientes mencionaban una mejora en la frecuencia de las crisis. El placebo
parecía que había doblado su eficacia en dos décadas. Similares resultados mostró
otro estudio que analizaba el dolor y concluía que desde el año 2000 el impacto
de los placebos se ha incrementado y el dolor de todo tipo ha disminuido.
Cientos de estudios posteriores han demostrado una tendencia similar.
El mecanismo interno
que explique las razones por las que los placebos funcionan sigue siendo un
misterio. Algunos científicos opinan que cuando creemos que hemos recibido un
tratamiento se calma nuestro sistema nervioso parasimpático y esto nos cura o
que la creencia de que estamos siendo curados nos da confianza para ser más
activos, lo que a su vez ayuda a curarnos. De cualquier forma las creencias
tienen un efecto cuantificable.
Las creencias, por
alguna razón, están siendo cada vez más poderosas y tiene un mayor impacto en
el mundo moderno. Esta idea puede chocar porque para muchas personas el
concepto de modernidad va asociado y definido como el progreso de la
ciencia y tecnología, por ejemplo, sobre
cosas como unas simples creencias y muchas argumentan que con la inteligencia
artificial y con la manipulación de imágenes, vídeo, etc, que ésta facilita ,
vivimos en un mundo en el que ya es difícil creer en algo. Pero cuando se analiza el impacto de las
creencias en nuestra salud vemos que su poder está creciendo, pero no se
detiene en nuestra salud, sino que están interviniendo en nuestros resultados en
numerosos aspectos de nuestras vidas de nuevas y extraordinarias formas.
En los deportes existe la
ventaja jugar en casa o factor campo, que
son los beneficios que surgen por jugar en el propio estadio o campo. En el
caso del fútbol, globalmente, los equipos tienen un 30% de probabilidades de
perder en casa y un 45% de ganar. Se ha observado que esa ventaja no se produce
si no existen fans. Una explicación sugiere que la ventaja no procede de la
localización física del campo, sino de la creencia del equipo de que no está
solo y que las personas están junto a ellos, apoyándoles y no contra ellos.
El descubrimiento de
esta ventaja es otra nueva prueba de que si cambiamos las creencias de una
persona, podemos observar un impacto cuantificable en sus tasas de éxito,
independientemente de su formación, fortalezas, genes y entorno. Nuestras
creencias importan.
Otro poder que tienen
las creencias es que son humanas. La inteligencia artificial no tiene deseos,
si le preguntamos algo siempre nos va a decir lo mismo, no posee, tampoco, la
determinación, ambición o fe que permite a alguien creer que puede elevarse
sobre las probabilidades y alcanzar lo inesperado. No siente la ambición ni la
fe desafiante que nos dice que nuestro comportamiento importa, aunque los datos
digan lo contrario. La llegada de la inteligencia artificial nos ha ofrecido
una visión de la habilidad única humana de creer en algo más allá de los
números o datos. Creer requiere la capacidad de tener esperanza, de visualizar
una realidad más allá de lo probable o de comprometernos con una visión a pesar
de la incertidumbre.
Las creencias se pueden
definir como las lentes a través de las que nuestra mente procesa el mundo y
opta por un camino. Al preguntar a las personas sobre sus creencias normalmente
responden con sus creencias políticas o religiosas, pero la realidad es que
tenemos un número ilimitado de creencias sobre numerosos temas, como por
ejemplo, que vamos a vivir hasta jubilarnos o que una criptomoneda tiene un
valor.
Nuestra mente asigna
significados en patrones complicados e interconectados que intentan dar un
sentido o procesar nuestra experiencia con, por ejemplo, la riqueza, la seguridad, el progreso, las
relaciones, los distintos colores o cualquier cosa de nuestras vidas. Las
creencias son la razón por las que comemos los alimentos que comemos, nos
vestimos de determinada forma y tenemos las relaciones que tenemos. Estas interconexiones
de significados forman la lente especial a través de la que vemos el mundo y
tomamos decisiones.
Las creencias no son
hechos, son inherentemente subjetivas. Por ejemplo alguien que objetivamente
está rodeado de muchas personas que le quieren puede creer que está solo y la
percepción subjetiva, no los números o hechos, va a moldear su realidad.
La lente a través de la
que vemos el mundo va a predecir no solo nuestra experiencia del presente,
sino, también, la trayectoria de nuestro futuro, por lo que si fortalecemos las
creencias predictivas más positivas podremos mejorar nuestro bienestar,
felicidad y posibilidades de éxito. Cuando analizamos y comprendemos el
significado que nuestra mente asigna a partes de nuestro mundo, tendremos el
poder de responder conscientemente en lugar de inconscientemente, Por ejemplo,
investigadores han descubierto que las píldoras naranjas hacen que las personas
se sientan llenas de energía mientras que las verdes hacen que nos sintamos más
calmados aunque no haya ningún medicamento en las píldoras. Nuestras mentes no
solo responden a las sustancias químicas, responden a los significados. Solo
una simple creencia sobre un color puede modificar nuestra biología.
Cuando creemos, por
ejemplo, que nuestro trabajo tiene un sentido diversos estudios han mostrado un
incremento del 31 % en la productividad y un descenso del 33% de los impactos
negativos del estrés o si creemos que estamos cerca de la línea de meta nuestro
cuerpo libera un 30% de recursos ocultos que estaba almacenando como reserva. Las
creencias positivas no solo garantizan los resultados sino que nos impulsan
hacia ellos.
En los últimos veinte
años las tasas de depresión se han duplicado en todos los grupos de edad,
incluyendo niños, por lo que parece que ser humanos se está convirtiendo en
algo cada vez más difícil. El autor argumenta que en las pasadas dos décadas
investigaciones muestran un ascenso de los “Cuatro Jinetes” del mundo moderno:
el burnout, la ansiedad, la soledad y la depresión. Por ejemplo, un estudio
publicado en Nature encontraba que desde la década de los noventa la depresión
a nivel mundial se ha incrementado en un 60%. Las tasas de ansiedad han
aumentado más de un 50% en USA desde 2010, un informe de Harvard de 2021 sobre
conexión social indicaba que un 36% de estadounidenses, incluyendo un 61% de
adultos jóvenes experimentaban un
sentimiento de soledad importante y actualmente más de un 25% de los adultos
estadounidenses están recibiendo medicación para tratar estados de ansiedad o
depresión. Gallup, a su vez, en sus investigaciones, ha hallado que existen
unos niveles históricos de falta de compromiso en el trabajo. Todo lo anterior
nos indica que no somos más felices que antes.
Achor plantea que este
ascenso de los “Cuatro Jinetes” modernos
se debe a que a lo largo de la historia nuestras creencias han sido moldeadas
fundamentalmente por la comunidad, la religión y la ocupación. En la actualidad
nos hemos desconectado de ellas creando una condición cultural y social que el
autor llama la “Gran Deriva”. La fractura de nuestras comunidades, entornos
laborales y estructuras de creencias en los últimos veinte años ha hecho que sintamos
que nos faltan anclajes y como resultado nuestras creencias más importantes han
comenzado a ir a la deriva.
La consecuencia de esta
“Gran deriva” no es solo la ausencia de esperanza, sino la presencia de unas
creencias alternativas profundamente negativas y con frecuencia dañinas: la
vida es una competición de suma cero, la
valía está ligada exclusivamente a la productividad individual y estamos solos
en nuestras luchas y esfuerzos. Cuando antes los rituales compartidos y las
narrativas colectivas mitigaban ansiedades existenciales, su ausencia ha permitido
la extensión del nihilismo y el
hiperindividualismo.
La raíz de estos
problemas son siete creencias :
1.- Mi comportamiento
no importa
2.- Me estoy perdiendo
algo
3.- Yo no importo
4.- No tengo lo
suficiente
5.- Estoy solo
6.- Este trabajo no
tiene sentido
7.- No hay nada más
grande que yo
Reconstruir un
sentimiento de significado y pertenencia requiere algo más que resiliencia
personal. Tiene que producirse un nuevo despertar hacia las creencias clave que
nos elevan en lugar de deprimirnos y que nos conectan en lugar de separarnos y
dividirnos. El autor propone para ello, fruto de su experiencia e
investigaciones, promover siete creencias clave, que son el antídoto de las
negativas. Éstas son:
1.- Mi conducta importa
2.- Estoy agradecido
3.- Importo
4.- Tengo algo que
ofrecer
5.- No estoy solo
6.- Este trabajo tiene
un sentido
7.- Existe algo mayor
que yo
Fortalecer aunque solo
sea una de estas creencias tiene implicaciones masivas. Estudios diversos han
mostrado que fortalecer estas creencias clave puede potenciar la duración de la
vida en 7,5 años, incrementar la supervivencia en el cáncer, hacer que las
tasas de burnout desciendan en un 50% y otros numerosos efectos beneficiosos.





