Marcel Schwantes en “Humane Leadership. Lead with radical love , be s kick-ass boss”, que estamos comentando, plantea que vivimos en una sociedad que valora la gratificación inmediata, en la que tomamos decisiones apresuradas de las que luego nos arrepentimos y en la que revisamos nuestras redes sociales numerosas veces en una hora buscando “me gusta” y “compartir” para validar nuestros posts y comentarios. Nos falta paciencia y demandamos las cosas sin mucha consideración por las necesidades y el bienestar de los demás.
La
paciencia es la característica básica de liderazgo que abre el camino para la
cultura del “Amor en Acción”. La paciencia concede a los individuos el tiempo y el espacio para
aprender, cometer errores y mejorar sin miedo a los juicios o repercusiones. En
el caso de los líderes facilita que escuchen atentamente, fomenten un diálogo
abierto y la solución de problemas colectiva. Y, son los líderes pacientes los
que evitan las reacciones impulsivas y toman decisiones bien meditadas tras
valorar cuidadosamente todas las opciones.
En entornos
organizacionales de alta presión actuar con un “sentido de urgencia” es
considerado con frecuencia como una señal de fortaleza. Un pensamiento
convencional en el mundo de los negocios dicta que si esperamos demasiado
tiempo para recoger más datos, prestar atención a los detalles, dedicar más
tiempo para preparar una reunión o buscar más feedback, el momento crítico de
una decisión se evaporará. En la cúpula de las organizaciones las presiones a
los líderes son mayores, por parte de los accionistas, las juntas directivas,
los medios y el público para cumplir sus expectativas, lo que suele conducir a
la toma de decisiones en el momento, sin tiempo de reflexión, con resultados
con frecuencia deficientes .
En tiempos
de crisis, como ocurrió durante la pandemia del COVID, puede parecer que cada
situación es una emergencia y que la elección lógica consiste en acelerar las
cosas, lo que puede conducir a un mayor caos y confusión. Desgraciadamente la
paciencia no es una práctica común y un líder que procesa con calma las
decisiones complicadas y es lento a la hora de impulsar recibe menos atención y
reconocimiento que un jefe “carismático” que presenta una imagen de autoridad
pero apresurado y poco solvente en sus decisiones.
David Sluss
ha publicado una absorbente investigación sobre la paciencia en la que define a
ésta como: “la tendencia a actuar con calma al enfrentarnos a la frustración y
adversidad”. La paciencia es activa, no pasiva, Se trata de actuar con calma
ante la adversidad, no de esperar con calma. Existe una acción tras ella, pero
ésta es una acción consciente y reflexionada, no impulsiva.
En el caso
del COVID, por ejemplo, los líderes que eligieron responder con paciencia
simplemente priorizaron el trabajo que necesitaba ser realizado. Analizaron sus
objetivos y se preguntaron qué tenían que hacer en el momento para mantenerse
fuertes ante la adversidad. Su paciencia mantuvo sus organizaciones
funcionando, pero su nuevo lema fue: “ir lento, para poder ir rápido”
En un
artículo publicado en Harvard Business Review, ("Becoming a more patient leader") , Sluss resumia su investigación y
mencionaba como ejemplo a los equipos SEAL de la Armada estadounidense, que a
pesar de la necesidad que tienen de ofrecer respuestas rápidas, estas fuerzsa
especiales de élite, enfocan sus misiones con un sorprendente grado de paciencia
metódica a la hora de planificar y ejecutar sus acciones. Con más de 60 años de
experiencia en la resolución de situaciones de alta presión han descubierto que
trabajar serenamente y fluidamente minimiza los errores y la necesidad de
repeticiones y nuevos intentos, con lo que las misiones se aceleran. Sluss
plantea que los líderes deben entender la diferencia que existe entre rapidez
operacional (moverse con prisas) y rapidez estratégica ( reducir el tiempo que
tardamos en ofrecer valor).
La lección
de liderazgo que podemos obtener es que si dedicamos tiempo a hacer las cosas
tranquilamente y con eficiencia vamos a ser más rápidos y eficientes a largo
plazo. Es un recordatorio de que en el ocasiones caótico mundo de los líderes
mantener la compostura y la precisión puede conducir a mejores resultados. El
lema de SEAL no trata solo de la rapidez, sino del uso inteligente y
estratégico del tiempo y del esfuerzo. Es como si dijesen: “ No confundas
rapidez con temeridad, tómate tu tiempo, hazlo bien y te encontrarás moviéndote
a la velocidad del éxito”.
El entorno
laboral está sometido a una serie de desafíos, plazos y presiones. Realizar las
tareas corriendo o forzándonos en exceso puede conducir a burnout y a estrés.
Al adoptar un enfoque más reflexivo los líderes pueden crear un entorno que
valore el bienestar mental. Animar a los miembros del equipo a no apresurarse y al tiempo, asegurando un entorno laboral sereno, puede contribuir a crear una cultura más sana. Es un recordatorio de
que un entorno laboral sereno y en calma promueve la eficiencia y la
resiliencia mental, permitiendo a las
personas navegar a través de los retos con un patrón mental más preciso y
centrado.
El problema
de la impaciencia es que es contagiosa. Los psicólogos llaman a este fenómeno
de “contagio emocional”. Es como si fuese una “infección” social de
sentimientos. Se presenta cuando las emociones y estados de ánimo de una
persona se extienden por los que la rodean. Esto ocurre porque los seres humanos
estamos programados para captar e imitar las emociones de aquellos que tenemos cerca.
La práctica
de la paciencia no consiste en cambiar lo que pasa a nuestro alrededor, sino en
cómo nos adaptamos a nuestro entorno, lo que implica utilizar nuestra capacidad
de auto-regulación.
Los
psicólogos describen la auto-regulación como el acto de reducir la frecuencia e
intensidad de los impulsos fuertes por medio de la gestión de la carga del
estrés y de la recuperación. Consiste, por tanto, en el proceso de controlar
nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones para alcanzar un resultado deseado. La clave se
encuentra en darnos cuenta de que tenemos el poder de influir en la forma en la
que percibimos y reaccionamos a las situaciones que nos rodean.
Los
individuos con gran capacidad de auto-regulación son más productivos y están
mejor equipados para manejar las situaciones desagradables, inesperadas y complicadas a que nos somete la vida.
Debra R Comer y Leslie Sekerka han revisado exhaustivamente la literatura existente sobre este tema y han
encontrado que la autoregulación es el eje para el desarrollo de la paciencia.
Especialmente recalcan dos técnicas:
a).- Selección de la situación.
Consiste en tomar medidas para evitar ponernos en situaciones que vayan a poner
a prueba nuestra paciencia. En el entorno laboral puede ser complicado
utilizarla en espacios de trabajo abiertos, sin la posibilidad de aislamiento
de ruidos o comentarios, por ejemplo.
b).- Reformulación de la situación para buscar una respuesta más paciente. Por ejemplo si esperamos a
alguien y se retrasa, en lugar de enfadarnos emplear ese tiempo para hacer
otras tareas pendientes. Nos permite modificar la situación cuando las cosas no
salen como las hemos planificado y prevenir las emociones negativas.
Con la
paciencia guiando nuestro camino el autocontrol nos va a alejar de decisiones
impulsivas y nos va a poner en la senda adecuada para alcanzar nuestras metas. Mientras la auto-regulación se ocupa de
gestionar nuestras emociones, pensamientos y acciones como un capitán navegando
por aguas tumultuosas, el autocontrol se ocupa de decir no a tentaciones o
reacciones inmediatas, como el resistir a un pastel. Ambas son vitales para
nuestra salud mental y bienestar y para la forma en la que lideramos a los
demás, existiendo ocasiones en las que la auto-regulación necesita dosis
masivas de auto-control.
Los líderes responden
de formas diferentes durante una crisis. Algunos se muestran sólidos como una
roca, se mantienen serenos, abiertos, optimistas y son una fuente de luz para
el equipo. Otros reaccionan mal, con arrebatos de ira, señalan a los demás como
responsables y actúan de manera impulsiva realizando elecciones equivocadas que
hacen que la moral y la productividad desciendan radicalmente.
Uno de los obstáculos
principales que se derivan de la falta de auto-control es la ira o indignación
sin filtros. La ira es una emoción humana muy poderosa. Es también muy normal,
por lo que expresarla no supone que estemos “rotos” por dentro. Solo debe ser
expresada de una forma sana y constructiva. Existe un momento y un lugar para
la indignación apropiada y todos debemos aprender cómo gestionarla.
Si miramos hacia atrás
y analizamos sus causas raíz nos daremos cuenta de que nuestra ira es una reacción
ante aquello que nos está perturbando, generalmente algo sin resolver, situado por
ejemplo, en el fondo de nuestros sentimientos
de ansiedad, de preocupación, de miedo al fracaso, de humillación o de indefensión.
Exhibiciones inapropiadas pueden acabar con la cultura de la organización, hacer
que la confianza disminuya y conseguir que el compromiso de nuestros colaboradores
descienda estrepitosamente. Si no está bien gestionada puede convertirse en
nuestro peor enemigo y sabotear nuestra capacidad de liderar bien.
La pregunta que está
detrás del auto-control es la siguiente: ¿Puedo gestionar mis emociones y
comportamiento para alcanzar un resultado positivo?. Daniel Goleman dice lo
siguiente sobre los líderes con auto-control: “Aquellos que mantienen el
control sobre sus emociones son las personas que pueden mantener un entorno
seguro y justo. En éste, el nivel de situaciones dramáticas es muy bajo y la
productividad muy alta. Los profesionales de alto rendimiento acuden a estas
organizaciones y no están dispuestos a abandonarlas”.
Los líderes con altos
niveles de autocontrol responden en lugar de reaccionar, de forma que son
capaces de dar un paso hacia atrás y crear un espacio para considerar la
situación desde todos los ángulos y decidir el mejor enfoque para manejar las
cosas. Esto requiere paciencia, ya que ésta va a permitir procesar la situación
que favorezca tener distintas perspectivas y evite las reacciones apresuradas.
La paciencia en el entorno
laboral tiene una serie de beneficios, como por ejemplo, la posibilidad de
mejorar el desempeño al hacer que las
relaciones interpersonales sean más agradables. Según investigaciones de Christine Pearson y de Christine Porath, cunado los compañeros en el trabajo se muestran
pacientes unos con otros tienden a tratarse con cortesía y sensibilidad, con
lo que las relaciones son más colaborativas y productivas. Más aún ser lo
suficientemente paciente como para reconocer las necesidades y puntos de vista de los demás puede facilitar el buen trabajo en equipo. El primer paso consiste
en mostrarnos abiertos e inclusivos ante las diferentes perspectivas.
Adoptar la perspectiva
de otros es clave para alentar la creatividad, ya que cuando los empleados
están movidos por el genuino deseo de ayudar a otros, están reforzando y
recargando su motivación intrínseca. Adam Grant y James Berry en sus
investigaciones han encontrado que la “motivación prosocial” fortalece la
relación entre motivación interna y pensamiento creativo y que la perspectiva juega
un papel crucial en esta ecuación. Al ser nuestro entorno laboral cada vez más
complejo y apresurado las investigaciones nos dicen que cuando los empleados se
ponen en el lugar del otro es más probable que tengan ideas novedosas que
beneficien verdaderamente a todos.
Se ha observado, también,
que los individuos pacientes tienden a manejar las situaciones y personas que
les rodean con una mayor serenidad y cuidado lo que hace milagros en los
entornos sometidos a un exceso de presión. Asimismo en las interacciones
personales en el trabajo desarrollar paciencia ayuda a tratar a personas
irritantes con calma y compostura sin volvernos demasiado frustrados, lo que es
bueno para nuestra salud mental.
En un estudio realizado
por Deloitte digital en el que encuestaban a 2000 jóvenes dela generación Z y a
600 jefes procedentes de las generaciones Baby-boomers, X y Millennials, para
examinar las relaciones laborales entre los profesionales de la generación Z y
sus jefes, se les pedía a los jóvenes que dijesen qué características consideraban más
importantes en su relación con sus jefes.. Se les ofrecían 12 opciones para
elegir: vulnerabilidad, paciencia, transparencia, sentido del humor, empatía,
disponibilidad, amplia experiencia, antecedentes similares, identidad similar,
aceptación de su identidad, intereses similares y puntos de vista políticos
similares. Los participantes debían elegir y puntuar 5 de las 12 opciones. La
paciencia fue la opción más seleccionada. La razón puede ser que los jóvenes de
la generación Z piensan que su desempeño no va a estar a la altura demandada si
los líderes no crean las condiciones necesarias, de una manera reflexiva, para
que aprendan, crezcan y tengan éxito en sus roles.




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