Adam Grant, en su último libro: “Vibe. The secrets of strong connections in a lonelyworld”, recien publicado, nos revela cómo podemos forjar relaciones más
estrechas, con mayor rapidez, mientras se mantienen en el tiempo.
Una
vibra “ ( “vibes” o energía o atmósfera o sensación intuitiva que transmite una
persona, un lugar o una situación sin
necesidad de explicarlo con lógica.), identifica la calidad de la conexión
entre las personas. La raíz latina es vibratio y cuando “vibramos” estamos
sintonizados en un ritmo. Es más que un sentimiento: los neurocientíficos puede
observar nuestro ritmo cardiaco y nuestras ondas cerebrales sincronizándose.
Las conversaciones fluyen con energía, las ideas florecen, el tiempo vuela y el
resultado es más que una atracción mutua, es una transformación mutua.
Cuando
no conseguimos establecer esta sincronía cometemos errores. Diversos estudios
muestran como los pilotos tienen potencialmente mayores posibilidades de
cometer errores catastróficos si no han volado previamente juntos o como se
incrementan las tasas de mortalidad de los pacientes de los cirujanos cuando
éstos operan con equipos nuevos.
En
ocasiones esta sincronía se produce instantáneamente y sin esfuerzo, como
ocurre cuando nos sentamos al lado de una persona que no conocemos en una
fiesta y en pocos minutos parece como si la conociésemos de toda la vida. Pero
en otras ocasiones independientemente de lo intensamente que lo intentemos no
podemos generar esa sintonía. Este es uno de los grandes misterios de la vida
social: ¿Por qué podemos establecer una buena sintonía con unas personas y con
otras no?
La
falta de conexión entre las personas es uno de los problemas más importantes de
nuestra época. Por ejemplo, en Estados Unidos la soledad se ha ido
incrementando desde la década de los setenta del siglo pasado. En la actualidad
el estadounidense medio se siente más
solo que una persona tipo en Europa. La proporción de personas en Estados
Unidos que no tienen amigos cercanos se ha cuadriplicado desde 1990 a 2020.
Investigaciones muestran que la mayoría de las personas preferimos interactuar
con un extraño que comparta nuestra ideología política, que con un amigo que no
lo haga. Cada vez un mayor número de adultos se está apoyando en asistentes virtuales (chatbots) para mantener conversaciones, conectar u
obtener ayuda emocional.
Nos
sentimos solos porque echamos de menos conectar con los demás, porque cada vez
tenemos más problemas para interactuar. Sustituir las conversaciones cara a
cara por pantallas digitales puede alterar nuestra capacidad de leer y captar
señales sociales y emocionales. Las habilidades sociales se pueden considerar
como músculos que sin un entrenamiento regular se atrofian. Este hecho se ha
comprobado, por ejemplo en el caso de astronautas cuando vuelven de su
aislamiento en el espacio, con prisioneros al salir de celdas de aislamiento y
en la población en general tras la pandemia. Al disminuir los centros de culto
o los comunitarios existen menores oportunidades de ejercitar esos músculos.
Pero
las habilidades sociales en declive son solo parte del problema. Las normas
sociales también pueden constreñir nuestras relaciones. En todas las culturas
existen rutinas y guiones que gobiernan las interacciones, como por ejemplo
preguntar a un extraño lo que hace y no lo que le gustaría hacer, hablar con
los compañeros del tiempo y no de sus familias. Los sociólogos llaman a estas
interacciones rituales de interacción y
pueden crear o romper la sintonía (vibe). Los rituales de interacción exitosos pueden impulsar y cementar nuestras conexiones,
pero cuando son fallidos o forzados pueden eliminar instantáneamente la
sintonía y buenas vibraciones.
Hasta
pequeños rituales pueden revelar mucho sobre nuestras conexiones. Por ejemplo,
existe evidencia de que podemos predecir el éxito de un equipo de baloncesto
solo observando las veces en que se produce contacto físico entre los jugadores
después de los partidos importantes. Cuantas más veces los jugadores de la NBA
choquen las palmas, los puños o se den abrazos de oso después de un partido en
los meses de octubre y noviembre, mejores resultados van a tener como equipo en
el mes de abril y durante el resto de la temporada. Este hábito sutil es un
signo de que existe sintonía entre ellos.
Las
personas solemos categorizar a las relaciones considerando los distintos
dominios de nuestras vidas: los clasificamos como amigos, familiares, vecinos o
compañeros de trabajo, fundamentalmente. Estos términos describen cómo estamos
conectados, pero revelan poco sobre el por qué. No consiguen captar cómo
algunos compañeros se convierten en amigos y cuando algunos amigos nos parece
que son como de la familia.
Grant
en sus investigaciones, al revisar evidencias sobre una gran cantidad de
culturas, ha descubierto que solemos conectar con las personas en cuatro
diferentes niveles. Podemos
sintonizar como:
A).-
ASOCIADOS
Los
lazos que nos unen son transaccionales. Nuestra primera razón para comunicar es
intercambiar recursos. La interacción se basa en la reciprocidad. Algunos
asociados pueden ser los vecinos si, por ejemplo, llegamos a acuerdos con ellos para recoger y
llevar a los niños a actividades extraescolares. Los asociados pueden incluir
también, por ejemplo, a un pariente lejano, médico, al que recurrimos cuando tenemos algún problema médico o el programador que gestiona nuestra página web. La unión se produce por necesidades compatibles.
B).-
ALIADOS
Son
relaciones basadas en un propósito, al compartir una misión. Podemos por
ejemplo, ser voluntarios en la misma organización, rezar juntos o lanzar una
startup juntos. El autor considera entre sus aliados a los miembros de su
equipo de podcaat, a los estudiantes de su laboratorio de investigación o a los primeros
lectores de su libros que le dan el
feedback antes de su lanzamiento. Están unidos por metas compatibles.
C).-
COLEGAS
Son
los aliados para la diversión y el ocio con los que compartimos las mismas
formas de disfrutar y divertirnos. Básicamente nos gusta hacer las mismas cosas
juntos como ir de compras, hacer deporte, ver una película o ir de fiesta juntos,
etc. Están unidos por intereses compatibles.
D).- COMPAÑEROS O ACOMPAÑANTES
Son
las conexiones basadas en el cuidado. Confiamos y nos apoyamos unos en los
otros para el apoyo emocional. Grant considera a su mujer y a sus hijos, a un
grupo de mentores y a los amigos que le quedan del colegio, como sus
acompañantes más cercanos. La unión se produce por el afecto profundo que
sienten unos por otros y por compartir valores compatibles.
Distintas
longitudes de onda en la sintonía que se produce en cada caso implican
distintas prioridades. En el caso de asociados y aliados el foco central está
en el resultado de la interacción. Nuestras conexiones sentimos que merecen la
pena mientras solucionamos un problema o alcanzamos una meta juntos. Con los
colegas y acompañantes estamos viviendo el momento y cuando nuestro tiempo
juntos es delicioso o significativo la sintonía es gratificante
independientemente del resultado.
Conectamos
en diferentes longitudes de onda por distintas razones. Normalmente nos
convertimos en asociados o colegas basándonos en la conveniencia, por ejemplo
cuando nos encontramos en situaciones en las que podemos intercambiar favores o
descubrir hobbies. Ganamos aliados y acompañantes basándonos en compromisos.
Elegimos juntarnos con personas que están en un camino común y confiar en las
personas que tiene principios similares a los nuestros. Esto explica las
razones por las que muchas personas tienen discusiones acaloradas con sus
padres o hijos, ya que se espera que sean compañeros pero como no escogemos a nuestros
parientes de sangre, no siempre compartimos la química necesaria para ello.
Conocer
el propósito tras nuestros vínculos nos ayuda a establecer elecciones y evitar
conflictos al clarificar cómo encajan las distintas personas en nuestras vidas.
Podemos llamar a los colegas y aliados para compartir buenas noticias, pero los
compañeros son los más adecuados para comentar las mala.
Considerar
las diferentes longitudes de onda nos ofrece nuevas formas de sintonizar y nos
facilita la gestión de las relaciones que ya tenemos. No tenemos tiempo para
convertir a todas las personas que nos encontramos en algo más que asociados,
pero podemos mantener una buena química con los asociados si ambos sabemos que
nuestros intercambios son pragmáticos y que no esperamos que se conviertan en
aliados y compañeros, solo que nos ayuden a resolver, por ejemplo, el problema
de localizar a un buen fontanero ante una fuga de agua nocturna.
De
la misma manera no necesitamos que nuestros compañeros de trabajo se conviertan
en colegas o acompañantes. Muchas personas se sienten incómodas si su jefe
trata de ser su amigo. Algunos antropólogos mantienen que no podemos gestionar
más de cinco personas en nuestro círculo más íntimo. Puesto que las relaciones
muy estrechas son difíciles de hacer y de mantener, la mayor parte de las
personas no tienen una larga lista de acompañantes, pero no existe un límite en
relación con el número de aliados o colegas.
Cada
longitud de onda añade algo único a nuestras vidas. Estudios con más de 50000
participantes en todo el mundo han mostrado que somos más felices cuando
tenemos un portafolio equilibrado de interacciones. Distintas relaciones nos
ayudan a sentirnos valorados de diferentes maneras: la soledad es causada por la
ausencia de acompañantes, la falta de diversión por la ausencia de colegas y la
falta de rumbo o propósito por la ausencia de aliados.
Asociados,
aliados, colegas y acompañantes son tipos de conexiones pero también modos de
interacción. Establecemos un ritual de aliados
cuando jugamos un partido de dobles de
tenis con nuestra pareja de juego
o un ritual de colegas cuando quedamos con alguien para tomar unas copas,
por ejemplo. Interactuar como colegas o acompañante no quiere decir que seamos colegas o
compañeros, pero puede significar que podemos ir hacia ese tipo de relación.
Sintonizamos
cuando nos movemos en la misma longitud de onda. La alineación crea la química
que eleva la energía en nuestras interacciones, lo que facilita el camino hacia
la cercanía y el estrechamiento de lazos.
Estar
en diferente longitud de onda crea interferencias. No resulta agradable que las
personas intenten imponernos sus formas de conectar. Por ejemplo, un compañero
de colegio puede sugerir hacer negocios con nosotros sin darse cuenta que el
llevarse bien no es sinónimo de querer trabajar con esa persona o un compañero
de trabajo nos puede contar sus problemas personales sin ser consciente de que
ser compañero de trabajo no implica ser consejero sentimental.
Investigaciones muestran que tanto en las interacciones personales como
profesionales estar en diferentes longitudes de onda constituye una receta para
sentirse decepcionado o hasta traicionado.
Parte
del proceso de crecer y madurar consiste en aprender que los colegas con los
que vamos de juerga no siempre están preparados para ser los compañeros con los
que compartir nuestras penas y llorar sobre sus hombros.






