Jonathan B. Smith y Derek Gaunt en “Fight less, win
more. How
master negotiators influence hearts, minds and deals”, que estamos comentando,
plantean que en toda negociación importante debemos buscar los “cisnes negros”
de la otra parte.
El término “cisne
negro” fue utilizado por primera vez por Juvenal, poeta romano, para describir
algo mítico, algo que no existe. En esa época nadie en Roma había visto un
cisne negro y la idea de que podían existir cisnes que no fuesen blancos parecía absurda.
Pero aproximadamente
1600 años después, exploradores descubrieron cisnes negros en Australia. Lo que
parecía imposible, en realidad no lo era. Más recientemente el economista
Nassim Nicholas Taleb ha utilizado a los “cisnes negros” para describir a los
aparentemente impredecibles hechos que pueden surgir en los mercados
financieros y que antes de que ocurran nadie es capaz de predecirlos o de
pensar que son posibles, estando completamente fuera del radar, como ocurría
con los cisnes negros de Australia. Solo de forma retrospectiva entendemos cómo
estos eventos han podido ocurrir y aprendemos las habilidades necesarias para
predecirlos y prevenirlos en el futuro.
En el caso de una
negociación un “cisne negro” es una información que si sale a la luz es capaz
de cambiar el diálogo y, finalmente los resultados.
Un “cisne negro” nos
recuerda que nos sabemos todo, y más importante aún que no sabemos qué es lo
que no sabemos. Nos fuerza a abandonar nuestras presunciones previas y a
recalibrar cuál es nuestra comprensión de lo que está realmente ocurriendo. Un
“cisne negro” puede considerarse que es una pequeña parte de información que
tiene un gran impacto en nuestra perspectiva de la situación.
Cada vez que comenzamos
una conversación tenemos una visión incompleta ya que no podemos saber todo lo
que hay que saber sobre los pensamientos, sentimientos y circunstancias de la
otra parte, aunque ésta no nos esté ocultando o reteniendo información de forma
intencionada. Es imposible que una persona aunque sea colaboradora y sincera
nos revele espontáneamente todos los aspectos, hasta los más nimios, que pueden
intervenir en nuestra comprensión de la situación, No podemos leer la mente de
los demás y no poseemos todas las piezas del puzle. Por tanto, nuestra misión
en cada conversación consiste en buscar esas piezas de información que nos
faltan.
Los expertos
negociadores no comienzan una conversación tratando de obtener toda la
información posible, mientras ellos facilitan lo mínimo. Su objetivo es
descubrir lo que realmente está pasando. Una negociación exitosa no es
necesariamente un camino hacia la victoria. Es un viaje que nos tiene que
llevar de la suposición al conocimiento.
El objetivo es, pues,
llegar a encontrar la verdad sobre lo que la otra parte desea y necesita, sobre lo
que teme perder y sobre lo que está dispuesta y no dispuesta a hacer.
Puede ser que esa
verdad no nos guste. Si deseamos un si y la verdad es un no, podemos sentirnos
tentados a seguir presionando para intentar conseguir el resultado que deseamos
y sentirnos frustrados y pensar que estamos haciendo algo mal. Pero tenemos que
tener en cuenta que ninguna habilidad o truco va a hacer que alguien nos diga
que si cuando no están interesados en llegar a un acuerdo con nosotros. Por
esto nuestra meta no debe ser intentar conseguir el resultado que deseamos,
sino conocer la verdad. De esta forma encontraremos que nunca vamos a poder ser
capaces de alcanzar un acuerdo con la otra parte y es mejor que nos separemos
de forma amistosa, antes de perder más tiempo, o se revelará un camino claro
para una colaboración mutua beneficiosa. . Cualquiera de estos resultados se
puede considerar como un triunfo. Lo único que es un fracaso es no llegar a
entender totalmente la perspectiva de nuestro interlocutor. Si no la
comprendemos no se sentirá comprendido, no construiremos una confianza
sincera y no seremos capaces de descubrir el mejor camino hacia delante.
Para poder entender
completamente a nuestro interlocutor, como hemos comentado, es necesario
descubrir sus “cisnes negros”.
Es importante
recalcar que no existe una situación en
la que no se esconda información. Intencionadamente o no la otra parte siempre
va a estar omitiendo partes del puzle. Estos “pequeños bocados” de información que nos se dicen pueden hacer
que los resultados cambien a nuestro favor o al menos, ahorrarnos tiempo,
esfuerzos y estrés.
Los “cisnes negros”
nunca vuelan solos. En cualquier conversación sensible nos podemos encontrar
probablemente de tres a cinco. Una vez que descubramos uno, debemos seguir
indagando. Pueden estar relacionados unos con otros o no tener una conexión
entre sí.
La clave para
descubrirlos se encuentra en la curiosidad y en olvidar lo que pensamos que
queremos. Nuestras metas no importan en ese momento, ya que pensar en ellas no
nos va a ser de ayuda. Nuestro único trabajo consiste en obtener información de
la otra parte y escuchar atentamente para poder reconocer realmente el
significado de lo que nos está contando.
Puede parecernos una
locura la idea de dejar de lado nuestras metas, aunque sea de forma temporal,
pero es absolutamente crucial que lo hagamos. Cuando estamos centrados en lo
que queremos nuestro patrón mental es inflexible y tenemos visión de túnel.
Solo podemos ver un camino delante de nosotros y nos mantendremos en él
independientemente de los obstáculos que vayan a ir surgiendo en el camino.
Vemos solo lo que queremos ver. Pero si nos quitamos las gafas que nos ciegan
y miramos alrededor puede que podamos
ver que existen otros caminos que nos lleven a nuestro destino deseado y son
más sencillos de recorrer o hasta puede que encontremos un destino mucho mejor
que el que teníamos en mente.
Existe otro aspecto
beneficioso de la curiosidad. Cuando nos mostramos realmente curiosos no
podemos sentirnos enfadados, frustrados o temerosos. Estos estados de ánimo son
casi incompatibles con la curiosidad. Las emociones negativas nos ponen en un
modo defensivo y cuando las experimentamos nuestra mente se cierra y se centra
en protegernos de posibles amenazas y cuando nos sentimos amenazados no podemos
pensar con claridad ni tomar las mejores
decisiones.
La curiosidad es el
estado opuesto. Es un estado en el que estamos abiertos, serenos, con la cabeza
clara y receptivos a nuevas informaciones. Este es el estado de ánimo que tenemos
que tener durante una negociación y descubrir “cisnes negros” nos va a ayudar a
mantenernos en esta situación.
Conocer los posibles
“cisnes negros” nos va a permitir entender el comportamiento de la otra parte
durante una negociación. Por ejemplo, cuando parece que está haciendo unas
demandas aparentemente irracionales, en lugar de enfadarnos y pensar que es
impresentable o que no nos respeta, podemos mantener la calma e intentar
averiguar a qué presiones está sometida por otras personas y qué puede hacerse
para satisfacer a éstas.
Buscar “cisnes negros”
es similar a buscar trufas. Se trata de desenterrar pequeñas piezas de
información muy valiosa que explique el comportamiento de la otra parte,
especialmente cuando se está comportando de una forma que nos parece
inapropiada, confusa o injusta. Estas pequeñas piezas de información pueden no
tener nada que ver con el asunto que estamos tratando, pero tener mucho que ver
con cómo se está sintiendo nuestro interlocutor durante la conversación.
Por ejemplo, en una
negociación en la que la otra parte está intentando bajar mucho los precios,
tenemos que preguntarnos cuál es la motivación para ese comportamiento: puede
ser que esté esperando una promoción y la estén observando y los términos del
acuerdo pueden ser determinantes para obtener el ascenso o no o tiene otras
motivaciones ligadas a la consecución de un acuerdo favorable para su empresa.
Existen “cisnes negros”
que no se van a descubrir si no permitimos que la conversación se expanda más
allá del acuerdo en cuestión. Con
frecuencia nuestro interlocutor espera, consciente o inconscientemente, que
descubramos y reconozcamos estos hechos cruciales. Frecuentemente cuando
ponemos al descubierto un “cisne negro” y lo comentamos nuestro interlocutor se
suele volver más colaborador.
Al buscar “cisnes
negros” debemos preguntarnos:
a).- Bajo qué presión,
plazos internos, presupuesto, expectativas de desempeño o cosas que tengan que
demostrar, se encuentra la otra parte.
b).- Cuál es su estado
psicológico y por qué, qué está pasando en su vida personal y profesional y qué
es lo que ha podido vivir ya en el día de hoy.
c).- Qué le ha pasado
en situaciones similares en el pasado, qué presunciones puede estar haciendo
sobre nosotros y nuestros motivos.
d).- Qué nos hemos
perdido que pueda explicar lo que estamos viendo.
El mejor consejo, según
los autores, es considerar la detección de “cisnes negros” como un juego lo que
nos pone en un estado en el que sentimos curiosidad, nos mantenemos serenos y
centrados en la otra persona, lo que maximiza nuestras oportunidades de obtener
nuestra meta, conseguir conocer la verdad detrás de la conducta del otro.
Cuando nos encontremos
con un “cisne negro” debemos reconocerlo en voz alta, para dejar saber a la
otra parte que les hemos escuchado y que reconocemos la importancia de lo que
nos han contado. No debemos mostrarnos impacientes. Todos estamos condicionados
para buscar una gratificación instantánea pero no debemos caer en esa trampa.
Debemos dedicar tiempo para entender a nuestro interlocutor y construir la
confianza necesaria para poder colaborar más fácilmente a largo plazo. Por tanto
tenemos que animar a la otra parte a que nos hable de cosas que nos pueden
parecer irrelevantes, como su situación laboral, su vida personal, sus
experiencias pasadas, etc. Si nos apresuramos corremos el riesgo de perder la
oportunidad de descubrir información valiosa que puede volverse a nuestro
favor, aunque solo sea para llegar a conocer antes la verdad.





