Shawn Achor en “The power of beliefs. How strengthening seven core beliefs predicts greater success and a better
life”, plantea como hemos comentado en una entrada anterior, que nuestras acciones
están moldeadas por nuestras creencias aunque éstas sean espurias.
Las supersticiones,
por ejemplo, son creencias que influyen en nuestros comportamientos y, en el
caso de muchos atletas profesionales, éstos piensan que les cambian sus
resultados. Michael Jordan, por ejemplo, creía que sus pantalones de deporte de
la universidad de Carolina del Norte (UCN) le ayudaban a ganar y cada vez que
jugaba un partido con su equipo de los Bulls los llevaba debajo de los de su
nuevo equipo. Como eran más largos que los de los Bulls pidió que éstos fueran más amplios para impedir que se
viesen los de la UNC, consiguiendo que cambiase la moda de los pantalones para
jugar al baloncesto. Otro ejemplo es el
de Serena Williams que no se cambiaba de calcetines en un torneo si iba ganando.
Por tanto, podemos pensar que igual que los placebos nos pueden hacer sentir
mejor, las supersticiones pueden hacer que juguemos mejor. Las creencias
moldean la realidad.
Algunas de estas
creencias erróneas o defectuosas son inocuas, otras son peligrosas y , por
ejemplo, pueden dañar nuestra salud como creer que fumar no tiene riesgos para
nuestra salud y la de los que nos rodean, y otras pueden llegar a ser
beneficiosas como en el caso de los placebos. Lo importante es ser conscientes
de que la lente a través de la cual vemos el mundo va a predecir lo que va a
ocurrir y tiene, por tanto, una gran influencia en nuestros éxitos futuros,
bienestar y felicidad.
Lo que sabemos con certeza, basado en décadas de investigaciones es que esta lente oculta ayuda a predecir la trayectoria de nuestra vida. Es un predictor de nuestros ingresos futuros, de la calidad de nuestras relaciones, de la amplitud de nuestros éxitos y de nuestra longevidad. Esto implica que debemos desechar, aparcar u olvidar nuestras creencias negativas y fortalecer las que ayudan a nuestras vidas.
David Hetch, investigador del
Instituto de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Londres, para investigar
sobre el optimismo, utilizó dispositivos de seguimiento ocular con sensores que
siguen la mirada y encontró que los ojos de los optimistas, y por tanto sus
mentes, escaneaban inconscientemente buscando información, palabras e imágenes positivas, mientras que los ojos de
los pesimistas buscaban lo negativo.
Neurocientíficos
han publicado en Nature que la dopamina no solo eleva nuestro estado de ánimo,
llena nuestra mente de energía para poder perseguir las metas y aprovechar las
oportunidades, Contemplar el mundo a través de una lente positiva cambia la
neuroquímica de nuestro cerebro, permitiéndonos captar posibilidades percibidas.
Más aún cuando nuestra mente piensa que pueden pasarnos cosas buenas asigna
recursos futuros para buscar y analizar nuevas oportunidades que pueda
capitalizar. Cuando asumimos que no nos van a pasar cosas buenas, no merece la
pena buscarlas. El autor y profesor en Oxford ,CS Lewis defendía la idea de que
hay personas que buscan milagros y los encuentran y otras que no creen en los
milagros y , por tanto, nunca los ven.
Las creencias
cambian nuestro camino porque cambian el camino que vemos. Con frecuencia
ocurre que estamos mirando a las cosas incorrectas. Por esta razón la forma y
calidad de nuestra lente importa mucho. Si la lente es optimista incrementa las
posibilidades no solo de encontrar oportunidades que otros no detectan, sino
que van a poder actuar en relación con ellas. El mismo mundo, creencias
distintas y resultados diferentes.
Las creencias negativas también pueden cegarnos y hacer que no veamos nuestro potencial de
cambio y el de los demás. La pregunta que nos tenemos que hacer es si estamos
viendo claramente el mundo o fuentes como las redes sociales y los programas de
noticias sensacionalistas están impidiendo que veamos aspectos importantes de
nuestras vidas. En ocasiones estamos siendo alimentados con creencias negativas
que son falsas pero que a pesar de ello influyen en nosotros y nos moldean.
Este efecto se conoce como nocebo. Mientras el placebo es la creencia positiva
que se traduce en resultados positivos, el nocebo es la creencia negativa que
se traduce en resultados negativos. Y estamos inundados, en la actualidad, de
nocebos.
Steven Pinker argumenta que mientras, en la actualidad, creemos que el mundo se está
volviendo cada vez más oscuro y peor, esta creencia no se apoya en la realidad.
Por ejemplo la pobreza extrema está en los niveles más bajos de la historia
humana: el número global de personas viviendo en pobreza extrema ha descendido
del 90% en 1820 a menos del 10% en la actualidad. Vivimos más que nunca, la
mortalidad infantil está en mínimos históricos y la lista de hechos similares
es interminable.
Nuestras fuentes de
información moldean nuestra lente. Nos convertimos en aquello que escuchamos y
leemos, ya que nos cambia en formas inconscientes. Un ejemplo es el síndrome
del estudiante de medicina. Durante los estudios de medicina al estudiar continuamente
enfermedades, inconscientemente el estudiante puede empezar a pensar que tiene
los síntomas de muchas de ellas. En un estudio publicado en The Journal of Nervous and Mental Disease , el 70% de los estudiantes de medicina sentían que
experimentaban síntomas de las enfermedades que estaban estudiando.
Las creencias
negativas pueden alterar nuestra habilidad para crear un futuro positivo al
presentar un presente catastrófico y haciendo que no podamos ver un camino
hacia delante. Las creencias, por tanto, pueden transformar nuestra trayectoria
para que vayamos hacia arriba o hacia abajo. Un ejemplo de ello lo tenemos en el resultado de décadas de investigación sobre “priming” (imprimación o activación) y la
amenaza de estereotipo.
Un “prime” consiste
en la activación de una creencia en nuestra mente. Describe el
fenómeno por el cual la exposición a un estímulo (una palabra, imagen o sonido)
influye inconscientemente en nuestra respuesta o comportamiento ante un
estímulo posterior.
La amenaza de estereotipo hace referencia a la ansiedad o el rendimiento
disminuido que experimenta una persona al recordar un estereotipo negativo
asociado a su grupo (de género, raza, edad, etc.), lo que termina perjudicando
su desempeño. Es, por tanto, un efecto psicológico por el que los individuos
tienen un rendimiento bajo en una tarea cuando están “activados” por la
creencia de que personas como ellos normalmente tienen un desempeño pobre en
esa tarea.
Un ejemplo es el estudio de los
investigadores Steven Spencer, Claude Steele y Diane Quinn, en el que en un
grupo de mujeres participante en el mismo se seleccionaron aleatoriamente a la
mitad y se les pidió que leyeran un artículo sobre cómo las mujeres tenían
malos resultados en los tests de matemáticas. Al otro 50% se les pidió que
leyeran un artículo sobre matemáticas. Ambos grupos realizaron inmediatamente
después un test de matemáticas. En conjunto las mujeres que habían sido “activadas”
negativamente obtuvieron peores resultados
que las que habían leído el artículo neutral.
Estas creencias falsas no operan
solo en relación con el género o la raza. Si, por ejemplo, en una conferencia
escuchamos que existe una nivel elevado de burnout en el trabajo , tendremos
más probabilidades de empezar a mostrar señales de agotamiento. O si tenemos 50
años y leemos que las personas de cincuenta años corren más lentamente,
correremos más lentamente. por tanto, deberíamos hacer una pausa y reflexionar sobre
las fuentes a las que estamos expuestos, por la influencia que como vemos
pueden tener sobre nosotros.
Las creencias negativas pueden ser
nefastas y hasta malvadas porque al “activar” a alguien con esas creencias
podemos crear comportamientos que confirmen esa creencia. Pero, las creencias
positivas pueden contrarrestar y trascender un mundo negativo. Diversos
estudios han mostrado que si se imprime una creencia positiva, como por
ejemplo, las mujeres son buenas en matemáticas, las mujeres en dichos grupos, en
los diferentes estudios obtienen mejores resultados en las pruebas de
matemáticas que las de los grupos control. Por tanto no debemos olvidar lo
poderosas que pueden llegar a ser las creencias positivas.
Otro hallazgo, más oculto, de estas
investigaciones, es que en los estudios sobre estereotipos de amenaza en
relación con las mujeres y las matemáticas, leer un artículo sobre un
estereotipo negativo galvaniza e impulsa a un 10% de las mujeres para obtener
mejores resultados que los que hubiesen tenido sin ese impulso. Algunas
personas cuando se les dice que no van a poder hacer o lograr algo se motivan y
alcanzan mejores resultados de los que hubiesen tenido en oras condiciones.
La razón por la que esto ocurre es
que estas personas han fortalecido una creencia clave: “Puedo hacer
cualquier cosa si pongo mi mente en ello” y esta creencia sobre ellas mismas se
muestra más fuerte que el efecto de las creencias de los demás sobre su
potencial. Este tipo de creencia fortalecida sobre nosotros mismos se conoce como “creencia
fundamental o distintiva” y, cuando se activa, su efecto se magnifica. Al
despertar una creencia de este tipo las creencias negativas de los demás se
neutralizan.
Las creencias cambian nuestra
experiencia sobre el presente y la trayectoria de nuestro futuro por lo que es
importante fortalecer las creencias correctas. Cuanto más conscientemente
fortalezcamos las creencias adecuadas, más conscientemente estaremos diseñando
nuestro futuro.
Cuando rechazamos las falsas
creencias que nos frenan e impiden avanzar, nos abrimos a convertir nuestras
creencias positivas verdaderas en creencias fundamentales que mejoran de forma
dramática nuestras vidas, hasta en un mundo que nos puede parecer muy incierto
y oscuro.








