Paul Thorton en
SmartBrief on Leadership del pasado 5 de febrero plantea que si observamos que
existe una falta de alineación en nuestros equipos su causa sea, probablemente,
que nuestras palabras y acciones como líderes no están alineadas, lo que
erosiona la confianza.
Antes de alinear
nuestros equipos y organizaciones debemos alinearnos nosotros, ya que pueden
existir discrepancias entre lo que creemos y cómo nos comportamos. Estas
desalineaciones se muestran en conversaciones, reacciones, decisiones y hábitos
y si no se abordan pueden silenciosamente minar la confianza, confundir a los
empleados y debilitar nuestra credibilidad.
Entre las
desalineaciones entre palabras y conducta más frecuentes tenemos:
1.- “Soy un buen comunicador”
Los líderes con
frecuencia asumen que sus mensajes son claros porque ellos los entienden. Pero
los empleados regularmente se encuentran ante expectativas poco claras,
detalles que faltan y prioridades que entran en conflicto.
2.- “Yo valoro a mis
profesionales”
Todos los líderes dicen
esto y se lo creen. Pero valorar a las personas se demuestra con acciones.
Cuando los líderes no piden la opinión de los demás, dominan las conversaciones
o descuidan momentos para actuar como coaches, sus acciones realmente
contradicen sus palabras. Cuando esto ocurre los empleados no se sienten
importantes.
3.- “ Yo soy un
pensador estratégico”
Muchos líderes creen
que los son, pero dedican casi todo su tiempo a reaccionar ante asuntos
urgentes, asistir a reuniones y a “apagar fuegos”. Como resultado las cuestiones
estratégicas más importantes quedan sin resolver. Los empleados se sienten
intranquilos, ya que todo es urgente, las prioridades cambian constantemente y
la dirección a largo plazo sigue siendo poco clara.
4.- “Yo estoy abierto
al feedback”
La mayor parte de los
líderes aceptan en principio esta idea pero rara vez buscan feedback. Cuando
surge suelen ponerse a la defensiva y desechan la perspectiva del empleado. Con
el tiempo éstos aprenden que el feedback sincero no es bien recibido y solo ofrecen alabanzas.
5.- “Yo empodero a las
personas”
Los líderes a todos los
niveles entienden la importancia de empoderar a sus profesionales, pero bajo
presión, vuelven a la costumbre de marcar la dirección. Las instrucciones
detalladas, la supervisión constante y la microgestión hacen que las personas
se sientan inseguras e inadecuadas y, con el tiempo dejan de pensar por sí
mismas y esperan que les digan lo que tienen que hacer.
6.- “Yo hago
responsables a las personas”
Todos los líderes
quieren hacer esto, pero para mantener la armonía evitan las conversaciones
complicadas, toleran conductas deficientes y excusan el bajo desempeño. Los profesionales
con un alto desempeño lo notan y les parece injusto, con lo que con el tiempo
se van descomprometiendo y va surgiendo el resentimiento silencioso.
7.- “Yo promuevo la
toma de riesgos”
Muchos líderes dicen
esto pero responden con dureza cuando los experimentos fallan. Cuando ante los
errores la respuesta es el enfado y la culpa los empleados aprenden rápidamente
que es más seguro hacer lo que hacen siempre que arriesgarse a hacer algo nuevo.
8.- “Yo soy justo y
objetivo”
Todos los líderes
piensan que esto es verdad, pero los favoritismos son frecuentes. Por ejemplo,
algunos profesionales son los primeros elegidos para trabajos clave, consiguen
mayor tiempo de participación en discusiones importantes o son tratados con
menos dureza cuando cometen errores.
Evitar lo anteriormente
expuesto hará que seamos mejores líderes. Debemos comenzar por reconocer
nuestras desalineaciones y evaluar sinceramente dónde nuestras acciones no
coinciden con nuestras intenciones. Para ello es de utilidad solicitar feedback
sincero de nuestros compañeros, mentores o familiares y amigos.
Posteriormente debemos
comprometernos a realizar determinados cambios de comportamiento. Podemos, por
ejemplo, escribir qué comportamientos vamos a cambiar y comentarlo con alguna
persona de confianza a la que vamos a pedir feedback de nuestros progresos.

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