domingo, 21 de junio de 2026

EL PODER DE LAS CREENCIAS

 


Shawn Achor en “The power of beliefs. How strengthening seven core beliefs predicts greater success and a better life”, plantea que las creencias moldean la lente a través de la que vemos el mundo y para bien, o para mal, influyen en lo que nos pasa y configuran nuestra realidad.

En 1955 un anestesista del Harvard Medical School, Harvey Beecher, publicó un estudio en The Journal of the American Medical Association que tuvo un gran impacto en el mundo médico: The powerful placebo”. En él sugería que drogas falsas o intervenciones que el paciente creía que eran reales, creaban unos cambios cuantificables, distintos de los observados en aquellos pacientes que no recibían ningún tratamiento. En los quince estudios que realizó con más de 1000 participantes con distintas enfermedades, el grupo placebo, mostraba beneficios en un 35% de las ocasiones comparados con el grupo control. Beecher, por tanto, había comenzado el proceso de cuantificar el impacto de las creencias en los resultados. Décadas más tarde los placebos siguen sirviendo como buenos ejemplos de cómo las creencias pueden cambiar nuestros resultados.

60 años después de que se empezase a medir el efecto placebo los investigadores empezaron a detectar la emergencia de otro efecto aún más llamativo. En 2011 un grupo de investigadores franceses presentó un análisis integral de docenas de estudios sobre la epilepsia infantil. En lugar de centrarse exclusivamente en la eficiencia de los medicamentos empleados en estos pacientes, los investigadores siguieron, también, a los grupos placebo. Para su sorpresa  encontraron que en esos estudios se observaba que el efecto placebo se había incrementado significativamente con el tiempo. En 1990 el 10% de los pacientes que tomaban un placebo referían una mejora en la frecuencia de las crisis. Veinte años más tarde un poco más del 20% de los pacientes mencionaban una mejora en la frecuencia de las crisis. El placebo parecía que había doblado su eficacia en dos décadas. Similares resultados mostró otro estudio que analizaba el dolor y concluía que desde el año 2000 el impacto de los placebos se ha incrementado y el dolor de todo tipo ha disminuido. Cientos de estudios posteriores han demostrado una tendencia similar.

El mecanismo interno que explique las razones por las que los placebos funcionan sigue siendo un misterio. Algunos científicos opinan que cuando creemos que hemos recibido un tratamiento se calma nuestro sistema nervioso parasimpático y esto nos cura o que la creencia de que estamos siendo curados nos da confianza para ser más activos, lo que a su vez ayuda a curarnos. De cualquier forma las creencias tienen un efecto cuantificable.

Las creencias, por alguna razón, están siendo cada vez más poderosas y tiene un mayor impacto en el mundo moderno. Esta idea puede chocar porque para muchas personas el concepto de modernidad va asociado y definido como el progreso de la ciencia  y tecnología, por ejemplo, sobre cosas como unas simples creencias y muchas argumentan que con la inteligencia artificial y con la manipulación de imágenes, vídeo, etc, que ésta facilita , vivimos en un mundo en el que ya es difícil creer en algo.  Pero cuando se analiza el impacto de las creencias en nuestra salud vemos que su poder está creciendo, pero no se detiene en nuestra salud, sino que están interviniendo en  nuestros resultados en numerosos aspectos de nuestras vidas de nuevas y extraordinarias formas.

En los deportes existe la ventaja  jugar en casa o factor campo, que son los beneficios que surgen por jugar en el propio estadio o campo. En el caso del fútbol, globalmente, los equipos tienen un 30% de probabilidades de perder en casa y un 45% de ganar. Se ha observado que esa ventaja no se produce si no existen fans. Una explicación sugiere que la ventaja no procede de la localización física del campo, sino de la creencia del equipo de que no está solo y que las personas están junto a ellos, apoyándoles y no contra ellos.

El descubrimiento de esta ventaja es otra nueva prueba de que si cambiamos las creencias de una persona, podemos observar un impacto cuantificable en sus tasas de éxito, independientemente de su formación, fortalezas, genes y entorno. Nuestras creencias importan.

Otro poder que tienen las creencias es que son humanas. La inteligencia artificial no tiene deseos, si le preguntamos algo siempre nos va a decir lo mismo, no posee, tampoco, la determinación, ambición o fe que permite a alguien creer que puede elevarse sobre las probabilidades y alcanzar lo inesperado. No siente la ambición ni la fe desafiante que nos dice que nuestro comportamiento importa, aunque los datos digan lo contrario. La llegada de la inteligencia artificial nos ha ofrecido una visión de la habilidad única humana de creer en algo más allá de los números o datos. Creer requiere la capacidad de tener esperanza, de visualizar una realidad más allá de lo probable o de comprometernos con una visión a pesar de la incertidumbre.

Las creencias se pueden definir como las lentes a través de las que nuestra mente procesa el mundo y opta por un camino. Al preguntar a las personas sobre sus creencias normalmente responden con sus creencias políticas o religiosas, pero la realidad es que tenemos un número ilimitado de creencias sobre numerosos temas, como por ejemplo, que vamos a vivir hasta jubilarnos o que una criptomoneda tiene un valor.

Nuestra mente asigna significados en patrones complicados e interconectados que intentan dar un sentido o procesar nuestra experiencia con, por ejemplo,  la riqueza, la seguridad, el progreso, las relaciones, los distintos colores o cualquier cosa de nuestras vidas. Las creencias son la razón por las que comemos los alimentos que comemos, nos vestimos de determinada forma y tenemos las relaciones que tenemos. Estas interconexiones de significados forman la lente especial a través de la que vemos el mundo y tomamos decisiones.

Las creencias no son hechos, son inherentemente subjetivas. Por ejemplo alguien que objetivamente está rodeado de muchas personas que le quieren puede creer que está solo y la percepción subjetiva, no los números o hechos, va a moldear su realidad.

La lente a través de la que vemos el mundo va a predecir no solo nuestra experiencia del presente, sino, también, la trayectoria de nuestro futuro, por lo que si fortalecemos las creencias predictivas más positivas podremos mejorar nuestro bienestar, felicidad y posibilidades de éxito. Cuando analizamos y comprendemos el significado que nuestra mente asigna a partes de nuestro mundo, tendremos el poder de responder conscientemente en lugar de inconscientemente, Por ejemplo, investigadores han descubierto que las píldoras naranjas hacen que las personas se sientan llenas de energía mientras que las verdes hacen que nos sintamos más calmados aunque no haya ningún medicamento en las píldoras. Nuestras mentes no solo responden a las sustancias químicas, responden a los significados. Solo una simple creencia sobre un color puede modificar nuestra biología.

Cuando creemos, por ejemplo, que nuestro trabajo tiene un sentido diversos estudios han mostrado un incremento del 31 % en la productividad y un descenso del 33% de los impactos negativos del estrés o si creemos que estamos cerca de la línea de meta nuestro cuerpo libera un 30% de recursos ocultos que estaba almacenando como reserva. Las creencias positivas no solo garantizan los resultados sino que nos impulsan hacia ellos.

En los últimos veinte años las tasas de depresión se han duplicado en todos los grupos de edad, incluyendo niños, por lo que parece que ser humanos se está convirtiendo en algo cada vez más difícil. El autor argumenta que en las pasadas dos décadas investigaciones muestran un ascenso de los “Cuatro Jinetes” del mundo moderno: el burnout, la ansiedad, la soledad y la depresión. Por ejemplo, un estudio publicado en Nature encontraba que desde la década de los noventa la depresión a nivel mundial se ha incrementado en un 60%. Las tasas de ansiedad han aumentado más de un 50% en USA desde 2010, un informe de Harvard de 2021 sobre conexión social indicaba que un 36% de estadounidenses, incluyendo un 61% de adultos jóvenes  experimentaban un sentimiento de soledad importante y actualmente más de un 25% de los adultos estadounidenses están recibiendo medicación para tratar estados de ansiedad o depresión. Gallup, a su vez, en sus investigaciones, ha hallado que existen unos niveles históricos de falta de compromiso en el trabajo. Todo lo anterior nos indica que no somos más felices que antes.

Achor plantea que este ascenso de los  “Cuatro Jinetes” modernos se debe a que a lo largo de la historia nuestras creencias han sido moldeadas fundamentalmente por la comunidad, la religión y la ocupación. En la actualidad nos hemos desconectado de ellas creando una condición cultural y social que el autor llama la “Gran Deriva”. La fractura de nuestras comunidades, entornos laborales y estructuras de creencias en los últimos veinte años ha hecho que sintamos que nos faltan anclajes y como resultado nuestras creencias más importantes han comenzado a ir a la deriva.  

La consecuencia de esta “Gran deriva” no es solo la ausencia de esperanza, sino la presencia de unas creencias alternativas profundamente negativas y con frecuencia dañinas: la vida  es una competición de suma cero, la valía está ligada exclusivamente a la productividad individual y estamos solos en nuestras luchas y esfuerzos. Cuando antes los rituales compartidos y las narrativas colectivas mitigaban ansiedades existenciales, su ausencia ha permitido la extensión  del nihilismo y el hiperindividualismo.

La raíz de estos problemas son siete creencias :

1.- Mi comportamiento no importa

2.- Me estoy perdiendo algo

3.- Yo no importo

4.- No tengo lo suficiente

5.- Estoy solo

6.- Este trabajo no tiene sentido

7.- No hay nada más grande que yo

Reconstruir un sentimiento de significado y pertenencia requiere algo más que resiliencia personal. Tiene que producirse un nuevo despertar hacia las creencias clave que nos elevan en lugar de deprimirnos y que nos conectan en lugar de separarnos y dividirnos. El autor propone para ello, fruto de su experiencia e investigaciones, promover siete creencias clave, que son el antídoto de las negativas. Éstas son:

1.- Mi conducta importa

2.- Estoy agradecido

3.- Importo

4.- Tengo algo que ofrecer

5.- No estoy solo

6.- Este trabajo tiene un sentido

7.- Existe algo mayor que yo

Fortalecer aunque solo sea una de estas creencias tiene implicaciones masivas. Estudios diversos han mostrado que fortalecer estas creencias clave puede potenciar la duración de la vida en 7,5 años, incrementar la supervivencia en el cáncer, hacer que las tasas de burnout desciendan en un 50% y otros numerosos efectos beneficiosos.

 

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