Ashley C Jordan en
Pshycology Today del pasado 28 de mayo plantea que la mayor parte de los
profesionales, debido a múltiples causas como por ejemplo crisis económicas con
despidos, reestructuraciones debidas a adquisiciones o un nuevo jefe cuyas
políticas y procedimientos chocan con las del departamento que debe liderar,
han experimentado entornos laborales que están lejos de ser ideales. El
problema es que la moral baja es como un virus que se extiende rápidamente y
puede ser difícil de contener una vez se instala.
Adicionalmente una vez
que la moral es baja existen pocos incentivos para sentirse comprometidos o
para hacer nuestro mejor trabajo. La productividad se resiente, exacerbando
potencialmente problemas dentro de la organización y creando un ciclo de
feedback negativo, expresión de la insatisfacción de los empleados y ocasionando
unos resultados pobres.
Según Ronald Heifetz y
sus compañeros del Harvard Kennedy School la solución puede tener más matices
de los que originalmente podemos pensar. Uno de los mayores errores de
liderazgo en estas situaciones consiste en tratar el problema como un reto
técnico. Un reto técnico es aquel que tiene soluciones conocidas.
Pero con frecuencia los
retos son adaptativos que son aquellos cuya solución no es conocida inmediatamente y que con frecuencia requieren
enfoques novedosos, perspectivas distintas y mayor aportación de otras personas.
Si la moral está baja
porque se han producido despidos y la seguridad laboral está en cuestión ningún
procedimiento o política nueva va a
ayudar a solucionar el problema de un
día para otro, sino que va a llevar tiempo.
Afortunadamente los
investigadores sobre el tema ofrecen un camino para navegar las situaciones
donde una solución clara puede no existir. Éste es el siguiente:
1.-
HACER UNA PAUSA
Resistir la urgencia de
hacer cambios inmediatamente. Remediar desafíos adaptativos complejos en el
entorno laboral requiere tiempo. Comenzar realizando una evaluación sincera de
la situación. Heifetz utiliza la analogía de un salón de baile, que es donde
ocurre la acción, pero el mejor primer movimiento es dar un paso hacia atrás e
ir de la sala de baile al balcón. Desde esta posición podremos observar el
problema desde un punto de vista más elevado. Cuando no estamos en medio de la
acción determinadas dinámicas que intervienen en el problema pueden hacerse
visibles. Esto no quiere decir que debamos abandonar el baile ya que deberemos
volver al salón para responder, decidir y gestionar. Pero debemos dedicar un
tiempo para dar un paso hacia atrás y
retirarnos momentáneamente.
2.- EMPODERAR A LOS
PROFESIONALES
Los retos adaptativos
los resuelven mejor las personas que los están viviendo, no los líderes
actuando para hacerlo. Una de las mejores cosas que puede hacer un líder es
crear un entorno en el que los profesionales se sientan cómodos expresando sus
ideas, ya que éstos son los que mejor conocen los sistemas o tecnologías que
utilizan. Los directivos con frecuencia están muy alejados de las realidades
cotidianas. Los empleados de primera fila con frecuencia están mejor
posicionados para describir lo que sucede y para sugerir cambios que sean
beneficiosos.
3.-
ACEPTAR LA INCOMODIDAD
Intentar ir analizando
distintas partes de un problema puede resultar muy incómodo. Pero es un error
que los líderes comiencen a lanzar soluciones al problema antes de que éste se
comprenda y diagnostique adecuadamente. Heifetz y sus compañeros se refieren a
esta zona productiva de desequilibrio como “un estado que crea la suficiente
incomodidad para inducir el cambio pero no tanto que induzca a la lucha, la
huida o la congelación”.
Desde esta perspectiva si
elevamos la temperatura demasiado rápido los empleados pueden entrar en una
respuesta inducida por el miedo que conduce a resultados improductivos. Pero si
no enchufamos el calor aunque sea un poquito existe poca motivación para el
cambio. Los líderes hábiles permiten que las personas estén en una zona
incómoda durante el tiempo suficiente para que el verdadero aprendizaje y la
adaptación se produzcan, sin permitir que ese disconfort se torne destructivo.
Elevar la moral baja es
un reto complejo que no tiene una solución fácil que encaje en todos los casos.
Pero los líderes más eficaces son aquellos que no tratan de resolver los
problemas adaptativos con soluciones técnicas. Dan un paso hacia atrás para
contemplar la situación en su totalidad, hablan directamente con las personas
implicadas y de forma reflexiva sopesan las opciones, en lugar de poner “tiritas” en un tema , que así
va a resurgir por otro lado.
Quizás lo más
importante es que utilizan su influencia para crear una cultura de pertenencia,
una en la que las personas se sientan seguras de poder señalar los problemas,
de mostrar su desacuerdo con las decisiones y de dar voz a sus opiniones. Al
proactivamente incluir puntos de vista diversos, fomentando la participación de
todos y al pensar de forma crítica en soluciones innovadoras, los líderes
tienen más oportunidades de tener éxito.

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