Jon Gordon en “The power of positive leadership” plantea que los líderes se enfrentan a todo tipo
de desafíos, adversidades, negatividades e intereses. Que habrá momentos en que
sientan que no pueden más y días en los que su visión les parezca más una
fantasía que una realidad. Para superarlo es esencial hacerlo desde un
liderazgo positivo.
Utilizar un estilo de liderazgo
positivo no significa pretender que la
vida esté llena de unicornios y arco iris. El liderazgo positivo no trata de
una positividad falsa o tóxica. Es la esencia real que hace que los grandes
líderes sean grandes. Los pesimistas no cambian el mundo. A través de la
historia vemos que son los optimistas, los creyentes, los soñadores, los que
actúan y los líderes positivos los que tienen un mayor impacto y cambian el
mundo. Los líderes positivos son los que elevan a las personas a las
organizaciones y el desempeño. El futuro pertenece a aquellos que creen en él
y que tienen las creencias, la
positividad y el optimismo para vencer los retos para crearlo.
Los líderes positivos
invierten su tiempo y energía en movilizar una cultura positiva. Crean y
comparten una visión del camino que tienen por delante. Lideran con optimismo y
abordan y transforman la negatividad que, con mucha frecuencia, sabotea los
equipos y organizaciones. Afrontan la batalla, superan la negatividad, afrontan
la adversidad y continúan moviéndose hacia delante. Dedican toda su energía y
esfuerzos a unir y conectar su organización e invierten en relaciones que
verdaderamente ayudan a construir grandes equipos. Creen en sus principios, en
su gente en el trabajo en equipo y en el futuro. Creen en lo que es posible,
por lo que actúan, conectan, crean, construyen y transforman sus equipos y
organizaciones y, así, cambian el mundo.
El trabajo más importante
de un líder es impulsar y movilizar la cultura y, no una cultura cualquiera. Deben
crear una cultura positiva que transmita energía a los profesionales, que
promueva las relaciones y el trabajo en equipo, que facilite que las personas
aprendan y crezcan y ofrezca oportunidades para que las personas realicen su
mejor trabajo. La cultura lo es todo. Mueve expectativas y creencias. Las expectativas
y creencias movilizan los comportamientos, éstos a los hábitos y los hábitos
crean el futuro.
Crear y movilizar la
cultura no se puede delegar. Crear una cultura , según Gordon, comienza con dos
preguntas en relación con la organización:
·
¿Qué queremos representar?
·
¿Por qué queremos ser conocidos?
Una vez tengamos la respuesta
a esas preguntas deberemos, como líderes, buscar personas que encajen con esa
cultura, sepan lo que representa y la
defiendan.
Crear una cultura
positiva, de alto desempeño requiere algo más que palabras. Todas las
organizaciones declaran que tienen una misión, pero solo las grandes cuentan
con personas que la incorporan en sus vidas profesionales, ya que las
declaraciones sobre la misión son inútiles si no se actúa de acuerdo con ella No importan los valores principales escritos en las webs y paredes de las
organizaciones si sus profesionales no los viven todos los días en el trabajo.
El líder positivo no
solo debe mostrar el camino y hablar sobre ello, debe liderar el camino. debe
vivir su cultura y saber que es una
extensión de quién es como líder. Su cultura está definida por él y es creada
por la esencia suya. Si no es un ejemplo y vive los valores, la cultura no
tomará vida. Lo mismo ocurre en el caso de las personas que forman sus equipos
y su organización. Todos crean la cultura. Los líderes definen qué representa
la cultura de la organización y los profesionales que la integran definen si la
apoyan o no. La cultura empieza con el líder viviéndola e inspirando y empoderando
a los demás a que la vivan también.
Como líder la energía
que éste pone en su equipo y cultura va a determinar su calidad.
Investigaciones realizadas en la Universidad de Harvard apoyan la idea de que
las emociones que sentimos son contagiosas y afectan a las personas que nos
rodean. El equipo va a captar los buenos y malos estados de ánimo del líder. La
actitud, energía y liderazgo son contagiosos y tienen un gran impacto en la
cultura de la organización. Las grandes culturas y equipos se construyen a
través de una energía positiva contagiosa, por lo que es esencial que el líder
comparta estos sentimientos. Esto implica que el líder transmita el amor, la
pasión, la positividad y el propósito que siente por su equipo , organización y
misión. Cuando Winston Churchill estaba liderando Gran Bretaña durante la II
Guerra Mundial en su lucha por su supervivencia contra Hitler, las personas
comentaban que parecía 20 años más joven que antes de la guerra. Durante las
horas más oscuras del conflicto Churchill estaba lleno de energía ante la
aparentemente imposible tarea que tenía delante de él y de su país, e inspiró a
su nación con pasión y con energía contagiosa. Sus famosos discursos y palabras
eran una manifestación de su fuerza y convicción internas.
Siendo la cultura tan
importante los líderes no suelen centrarse en ella porque es difícil de
cuantificar. Podemos medir ventas, beneficios, costes, pérdidas, etc, pero no
es fácil medir la salud y fortaleza de la cultura de una organización. Crear
una cultura también. es complicado, requiere mucho tiempo, esfuerzo, y energía
para sostenerla. Es más sencillo medir el fruto de un árbol que cultivar sus raíces.
El mundo valora a los líderes por sus resultados y esto hace que se centren
solo en los resultados o utilizando el símil del árbol en sus frutos ignorando sus
raíces. Pero sabemos que si nos centramos en los frutos e ignoramos las raíces
el árbol muere. Si queremos obtener el fruto debemos invertir en la raíz. La cultura es la raíz y el foco se debe poner
en el proceso que alimenta y produce el fruto.
Centrarse en la raíz es
un patrón mental y un proceso que se debe seguir continuamente. Un líder y su
equipo se deben centrar en el proceso, la cultura, las conexiones, las
relaciones y todas aquellas pequeñas cosas que hacen que tengan éxito y
obtengan resultados increíbles.
Los fracasos y las dificultades
hacen que, en ocasiones, los líderes se centren mucho en el resultado en lugar
de en el proceso, al preocuparse por el futuro, al sentir presiones y las
críticas de personas, que pueden estar dentro o fuera de la organización, lo
que puede hacer que pierdan su claridad y foco. El éxito puede volverles
arrogantes y complacientes, mientras el fracaso puede hacer que pierdan de
vista lo que más importa y el proceso que puede llevarles al éxito.
Un líder positivo ve lo
que es posible y luego toma los pasos necesarios para reunir y unir a las
personas necesarias para crearlo. Cualquier invento, proyecto, creación y
transformación comienza por una idea, una imaginación, una visión de lo que es
posible. La historia muestra que si lo podemos visionar lo podemos crear. Si tenemos
una visión podemos intentar llegar a tener el poder de hacer que ocurra. Los líderes
positivos aprovechan el poder de una visión y encuentran una vía para seguir
adelante. Pero para reunir a las personas y conseguir que les sigan deben ser
capaces de articular y comunicar su visión de una forma sencilla, clara,
atrevida y atractiva, como por ejemplo IBM: "Construyamos un planeta mejor”.
La visión que un líder
positivo crea y comparte sirve como una estrella del norte que señala y
moviliza a todos los profesionales de una organización en la dirección
correcta. El líder debe continuamente señalar a esta estrella para recordar a
todos que hacia allí es hacia dónde tienen que ir.
Compartir una visión y
una estrella del norte es importante porque todos necesitamos una. Todos
tenemos que tener algo en lo que confiar y por lo que trabajar. Como humanos
tenemos el deseo innato de ser grandes y hacer algo grande. Tenemos el anhelo
de mejorar y crear un futuro mejor y más brillante, pero, con frecuencia, el
miedo nos contiene, el estrés nos debilita, los obstáculos interfieren y la
adversidad puede hacer que queramos ceder. Un líder que comparte una visión y
un camino hacia delante es un repartidor de esperanza, es alguien que cree en
lo imposible, un defensor de lo que es posible y un coach que guía e inspira a
su equipo para continuar mejorando y marchando hacia delante.
Un líder positivo debe
llevar en su camino un telescopio y un microscopio. El telescopio ayuda a
mantener la vista puesta en la visión y el microscopio ayuda a enfocar las
cosas que debe hacer en el corto plazo
para poder alcanzar la visión que le muestra el telescopio. Si solo cuenta con
el telescopio estará todo el tiempo pensando en la visión y soñando con el
futuro, sin dar los pasos necesarios para llegar a él. Si solo cuenta con el
microscopio trabajará duro todos los días pero los desafíos y contratiempos
seguramente le frustrarán y desanimarán, porque pierde de vista el objetivo
final. El líder necesita sacar su telescopio con frecuencia para recordar él
mismo y a su equipo hacia dónde van y deberá mirar diariamente por su
microscopio para centrarse en lo que es más importante y para poder abordar todos sus
compromisos. Ambos, el telescopio y el microscopio, le ayudarán a él y a su
equipo a llegar a donde quieren ir.
Un sencillo ejercicio
que pueden realizar los líderes consiste en pedirles que escriban su visión
para su equipo y una acción en la que se van a centrar ya para ser mejores
líderes. También pueden hacerlo con los miembros de sus equipos, pidiendo que cada
uno identifique su visión y una acción a realizar para alcanzarla.
Para comprender la
importancia de mantener la visión viva podemos considerar a los corredores de
maratón. En la primera milla casi nadie abandona la carrera. En la ´última ocurre
lo mismo, porque aunque los corredores están agotados saben que están muy cerca
de la línea de meta y su mente ya la contempla, tienen una visión de hacia
dónde están yendo y siguen corriendo hacia ella. . La mayor parte de los corredores
abandonan a la mitad de la carrera, que es cuando se sienten ya cansados
físicamente y mentalmente extenuados. Han llegado lejos, pero todavía les queda
un largo camino. Pierden la visión y se rinden.
Por eso es importante
realizar el siguiente ejercicio, muy parecido al mencionado anteriormente, con
cada persona que depende directamente del líder y luego cada persona debe hacerlo con
las que dependen de ella. Consiste en mantener una conversación individual en
la que el líder comparte su visión y le pide a la otra persona que le diga lo
que ésta significa para ella, ya que para que una visión tome vida es necesario
que tenga un significado a nivel individual. Una vez que cada persona del
equipo ha identificado lo que la visión significa para ella hay que preguntar
cuál es la visión personal y cómo ésta puede contribuir a la visión global de
la organización. También tiene que preguntar cómo puede ayudarles en su camino.
Si el líder mantiene
una conversación como ésta abierta y sincera con cada miembro de su equipo y
continua comunicando y discutiendo las visiones personales y organizacionales
durante el año, verá como la visión toma vida. Cuando las personas saben cómo
están contribuyendo a una visión y un propósito importante en su trabajo y
sienten que sus responsables se preocupan por ellos, el desempeño se incrementa,
como muestran diversas investigaciones.

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