miércoles, 11 de marzo de 2026

APOYAR A LOS MANDO S INTERMEDIOS NO ELIMINARLOS

 


Kara Glassman en SmartBrief on Leadership del pasado 6 de marzo plantea que muchas organizaciones están aplanando sus estructuras, reduciendo los niveles de mandos intermedios y dejando que la inteligencia artificial absorba la coordinación y el seguimiento siempre que sea posible. En teoría este enfoque puede parecer eficiente puesto que conduce a menores niveles, ejecución más rápida y a menores costes.

Pero, al hacerlo se pierde de vista que los mandos intermedios son el tejido conectivo de la cultura en las organizaciones y cuando los eliminan o reducen éstas no solo pierden capacidades, pierden coherencia.

Los mandos intermedios se mueven en la intersección entre la estrategia y la realidad. Pueden ver cuando las prioridades colisionan, dónde se rompen los sistemas y dónde se están poniendo a prueba los valores en situaciones de presión. Pero a pesar de todo esto cada vez más son considerados como prescindibles o intercambiables y muchos son despedidos, ahogados por el exceso de trabajo o promocionados sin el adecuado apoyo. Según McKinsey & Company el rol de los  mandos intermedios se encuentra entre los más sobrecargados en las organizaciones actuales ya que se espera que obtenga resultados, apoyen el bienestar y movilicen el cambio, todo al mismo tiempo y, con frecuencia, sin las herramientas de autoridad para la toma de decisiones necesarias para poder hacer todo.

Cuando los mandos intermedios son tratados como costes a eliminar en lugar de una capacidad a desarrollar no puede sorprender que las cultura se fracture, el compromiso decaiga y el potencial no se desarrolle.

Para la mayor parte de los empleados la cultura no es la visión o los valores que figuran en “las paredes”. Es la experiencia cotidiana de trabajar con su equipo y con sus jefes. Éstos hacen que el trabajo sea claro o caótico, que el feedback contribuya a incrementar su seguridad en sí mismos o a erosionarla y que la presión sea aceptable o excesiva. Las investigaciones de Gallup han mostrado que el compromiso sube o baja dependiendo de la calidad de liderazgo cotidiano y no de las declaraciones de propósito.

Cuando las organizaciones no invierten o eliminan mandos intermedios las consecuencias son predecibles: la cultura se vuelve inconsistente, la presión deja de ser amortiguada y se empieza a transmitir hacia abajo, con lo que el burnout se incrementa. Cuando las organizaciones se saltan el nivel de los mandos intermedios minan el lugar donde la cultura se vive realmente.

Más allá de la ejecución y resultados los mandos intermedios deben mostrarse decididos, pero empáticos, firmes pero adaptables y responsables por resultados que con frecuencia no controlan. Absorben las presiones que vienen desde arriba, mientras protegen  a sus equipos, sin contar con la autoridad formal para cambiar lso sistemas que originaron las presiones.

Con el tiempo estas presiones sobre su identidad erosionan tanto la cultura como la capacidad y potencial y los mandos intermedios dejan de considerarse a si mismos como líderes que pueden intervenir en el significado y crecimiento y empiezan a considerar su rol como uno de contención.

Cuando se sienten apoyados:

a).- La claridad sustituye al caos ya que van a traducir la estrategia en prioridades realistas.

b).- La presión se transmite y no se amortigua porque los mandos intermedios están equipados para absorber, reformular y secuenciar las demandas.

c).- La seguridad psicológica se incrementa.

d).- El crecimiento y el feedback se normalizan porque los mandos intermedios tienen el tiempo suficiente para ellos.

e).- la inclusión se convierte en algo más que en una declaración porque las expectativas se pueden abordar más consistentemente, reduciendo la variabilidad en las expereincias en los distintos equipos.

El resultado de invertir en los mandos intermedios es una cultura más cálida y un desempeño más perdurable.

Apoyar a los mandos intermedios requiere:

1.- Aclarar lo que una buena dirección significa para la organización. Ir más allá de las competencias. Ser explícito en relación con los comportamientos que los mandos intermedios deben priorizar y los cambios que pueden realizar.

2.- Invertir en apoyo continuado no solo en formaciones esporádicas. Sesiones de coaching, de reflexiones entre compañeros y de solución de problemas en tiempo real son más eficaces que los workshops. Los mandos intermedios necesitan espacio para pensar no solo herramientas para ejecutar.

3.- Reducir la ambigüedad sobre su identidad. Dejar claro que serán evaluados no solo por sus resultados, sino también por cómo lideran a sus equipos, desarrollan su talentos y mantienen los estándares culturales.

4.- Adaptar su autoridad a sus responsabilidades. Si son responsables del compromiso, desempeño y bienestar deben tener influencia real sobre las prioridades, recursos y plazos.

5.- Medir el impacto de lso mandos intermedios de forma explícita. Lo que se mide y recompensa señala lo que realmente importa.

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