Alexandra Roulet en
INSEADKnowledge del pasado 16 de marzo plantea que tal como decía Franklin D.
Roosevelt, el valor no es la ausencia de miedo sino la estimación de que existe
algo más importante que el miedo.
El miedo es inevitable
en el liderazgo. El peso de la responsabilidad por el desempeño y el sustento
de las personas en una organización, especialmente en épocas en las que la
siguiente crisis parece que no está muy alejada, puede parecer abrumadora. La
pregunta que debemos hacernos es cómo los líderes deben responder ante ese
temor.
Cuando los tiempos se
vuelven complicados los instintos con frecuencia nos traicionan. La respuesta
común ante la incertidumbre con
frecuencia consiste en rodearnos de personas y perspectivas similares a
nosotros. Resulta tentador buscar consenso y eliminar las fricciones trabajando
solo con personas que piensen como nosotros. Pero este instinto nos puede
conducir a caídas.
El mundo es diverso,
complejo y multifacético y si no aprovechamos la diversidad en nuestras
organizaciones, van a surgir puntos ciegos. y, por ejemplo, dejar de entender a nuestros stakeholders, a
nuestros equipos o a segmentos del mercado.
No hay duda de que
abrazar la diversidad puede resultar incómodo ya que implica abordar
perspectivas que pueden cuestionar nuestras presunciones y enlentecer nuestra
toma de decisiones.
En una organización
cohesionada la diversidad se incorpora y las personas con diferentes
perspectivas se unen con un propósito compartido y se muestran más resilientes
ante la incertidumbre, pudiendo capear los temporales y mantenerse motivados porque
entienden que lo que hacen importa. Encontrar un significado a su trabajo
incrementa el desempeño y fomenta la cohesión.
La cohesión también requiere
confianza profunda entre los empleados y sus líderes. Investigaciones muestran
que la confianza se construye sobre dos pilares: desempeño e integridad.
Obtener resultados es importante pero también se debe mostrar un comportamiento
ético de forma consistente, porque éste es el que va a sostener a la confianza
durante las crisis, cuando los resultados van a sufrir inevitablemente.
Los grupos de interés
(inversores, empelados, clientes y comunidad) deben entender no solo lo que
hace el líder sino porqué, cuáles son los principios que guían sus decisiones y
cómo los mantienen aunque las circunstancias cambien, cunado parecen
inconvenientes y cuándo parece que existen otros caminos que pueden parecer más
expeditivos.
Esta transparencia en
relación con los principios genera predictibilidad. Cuando las personas entienden
nuestro marco para la toma de decisiones pueden confiar en nosotros en los
malos y en los buenos tiempos y cuando hechos imprevistos conducen a resultados
decepcionantes pueden ver que nos hemos mantenido fieles a los valores
declarados. Esta consistencia es la que transforma a un directivo competente en
un líder sobresaliente.
La maximización del
desempeño debe mantenerse como uno de los principios que nos guían pero un
liderazgo sobresaliente requiere ir más allá, por medio de la articulación de
un conjunto de valores que incluyan cómo
tratamos a las personas, cómo nos comprometemos con nuestras comunidades, cómo
utilizamos los recursos y qué es lo que estamos dispuestos a sacrificar.
Todo líder debe
preguntarse cuál quiere que sea su legado, cómo y por qué quiere ser recordado.
Si somos recordados solo por obtener los resultados cuatrimestrales o por maximizar
el valor para los stakeholders no han actuado para ser recordados como grandes líderes.
El miedo en el
liderazgo con frecuencia surge de centrarse en resultados que no se pueden
controlar en su totalidad. Los mercado fluctúan, las crisis con frecuencia
surgen y nuestros mejores propósitos pueden fallar. Pero podemos mantenernos
fieles a nuestros principios, podemos controlar si construimos organizaciones
que abracen la diversidad y fomenten el propósito. Podemos controlar si
actuamos con integridad, porque como líderes esto importa más que el mismo
miedo.

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