domingo, 1 de marzo de 2026

LIDERAZGO HUMANO: LA AMABILIDAD , CLAVE PARA UN BUEN LIDERAZGO I

 


Marcel Schwantes en “Humane Leadership. Lead with radical love , be s kick-ass boss”, que estamos comentando, plantea que la amabilidad, como la paciencia, parece que son conductas poco comunes en  el mundo de los negocios. Con frecuencia se considera como una obligación moral, que no todos sienten que deben cumplir. Existen muchas razones por las que es escasa. Entre ellas:

a).- La búsqueda incansable de beneficios, que lleva a la creencia de que la amabilidad puede ser un lujo o un riesgo. El foco en “el dinero es el rey” ha eclipsado la importancia de las conexiones humanas, en las que reside la amabilidad.

b).- La falta de tiempo. Todo el mundo está tan ocupado en reuniones, plazos y cosas que hacer sin fin que casi no tienen tiempo para un gesto amable. En la vorágine de productividad la  amabilidad, con frecuencia, se olvida.

c).- La verdadera causa raíz de la escasez de amabilidad se extiende más allá del mundo de las organizaciones. Incluye la rotura de los lazos sociales, un espectro político que empuja a las personas hacia puntos de vista ideológicos extremos, racismo, conflictos armados, islamofobia, antisemitismo, …., así como una renuencia general a preocuparnos por los demás. Cuando la empatía y la compasión se desarrolló vivíamos en tribus muy unidas en las que casi todos sus miembros mantenían relaciones significativas unos con otros , lo que facilitaba el cuidado de las personas entre si. En la actualidad, con frecuencia,  nos sentimos aislados, estresados y rodeados de hostilidad. Por esta razón es muy importante que actuemos de modo empático.

Frecuentemente las personas confundimos la amabilidad con ser agradables. A primera vista ambas palabras pueden parecer sinónimos, ya que un acto amable es agradable y ser agradable puede ser visto como una forma de amabilidad, pero la diferencia real entre alguien que es amable y alguien que es agradable radica en la intención que está detrás de la acción.

Ser agradable es hacer algo placentero o agradable, como un toque amistoso en el hombro o cuando mantenemos la puerta abierta para que pase el otro. Consiste en actuar con educación.

Pero la amabilidad no es solo una acción superficial, es una elección consciente. Es mostrarnos benevolentes, humanos y generosos.

Cuando  observamos a alguien demostrar coraje moral, realizar un acto heroico, experimentamos una profunda admiración. Asimismo cuando estamos ante un acto amable o bondadoso sentimos un fenómeno que los psicólogos llaman de “elevación” que va a hacer que deseamos imitar el comportamiento que acabamos de ver , lo que nos lleva a estar menos centrados en nosotros mismos y a ayudar más a los que nos rodean. Cuando vemos a alguien echar una mano a otro en el trabajo nos inspira a hacer lo mismo, generando una reacción en cadena de amabilidad que nos inspira para ayudar a los demás.

Investigaciones sobre este efecto de “elevación” realizadas por Jonathan Haidt y sus colaboradores han mostrado que cuando los participantes en las mismas observaban actos de amabilidad y luego se les preguntaba si se sentían inclinados a hacer algo, la respuesta más frecuente era que deseaban ser más generosos y amables.

En un estudio realizado en 2010 en el que se analizaban los sentimientos de los profesionales con respecto a sus jefes se encontró que los líderes que actuaban con justicia  y con el deseo de poner los intereses de sus equipos sobre los propios solían  despertar un sentimiento de “elevación” en sus seguidores y, como resultado, los empleados comenzaban a considerar a sus jefes de forma positiva, lo que conducía a un incremento de la amabilidad y del deseo de ayudar a sus compañeros y de la lealtad hacia la organización.

La realidad es que observar a un compañero ayudar a otro hace que nosotros queramos hacer lo mismo. Ya que casi todos los individuos  inherentemente deseamos formar parte de una comunidad en la que las personas se traten unas a otras con respeto y amabilidad, el contemplar como un jefe o un compañero realiza un pequeño acto bondadoso nos devuelve la esperanza de que un mundo más amable es posible y, por tanto tendemos a actuar con amabilidad.

Al extenderse la amabilidad por toda la organización, con los compañeros ayudándose unos a otros, surge un efecto  bola de nieve y el entorno laboral  se vuelve más respetuoso y menos basado en el temor y los empleados no solo ofrecen un mejor servicio al cliente espontáneamente, también desarrollan mejores relaciones entre ellos.

En la actualidad los miembros de la  generación Z son unos de los principales movilizadores del cambio en el entorno laboral. Muchos han comenzado sus carreras profesionales en un paisaje laboral dramáticamente alterado por la pandemia y tienen diferentes necesidades y expectativas que los pertenecientes a generaciones previas.

En el estudio realizado por Deloitte Digital en 2023 (ya mencionado en una entrada anterior): “Hey bosses. Here is what generation Z actually wants at work”, la paciencia era la característica más importante que esperaban de sus líderes. La empatía ocupaba el segundo lugar ( mientras los jefes la relegaban al quinto puesto). En esta encuesta solo el 35% de los pertenecientes  a la generación Z sentía que su jefe mostraba empatía.

El primer paso en nuestro camino hacia un liderazgo más empático es distinguir la empatía de la simpatía. Brené Brown mantiene que la empatía alimenta la conexión, mientras la simpatía conduce a la desconexión porque es la respuesta que damos cuando no queremos mostrarnos vulnerables ante los problemas del otro. Según Brown la empatía es sentir con las personas y no para las personas que es lo que la simpatía hace. Por ejemplo, ante un compañero estresado porque siente el peso de un importante proyecto con un plazo límite cada vez más cerca la respuesta empática de un compañero sería escuchar , transmitir que  no está solo y que se puede apoyar en él. La respuesta centrada en la simpatía sería algo parecido a “Lo siento mucho,  espero que te vaya bien”

Schwantes recomienda que para ser más empáticos nos hagamos las siguientes preguntas:

1.- ¿He reconocido y trabajado mis propios miedos sobre el cambio?

2.- ¿Escojo el pensamiento racional para evitar mi respuesta emocional?

3.- ¿Me siento cómodo articulando verbalmente mis emociones a los demás?

4.- ¿Soy capaz de gestionar mis propias emociones para poder escuchar más atentamente a las emociones que otros están experimentando?

5.- ¿Tengo  lo que es necesario para apoyar emocionalmente  a mi equipo durante las transformaciones en la organización?

Según Jamil Zaki, que considera a la empatía como un superpoder para el entorno laboral, cuando los jefes y las organizaciones son percibidas como empáticas sus empleados se sienten más satisfechos en sus trabajos y asumen más riesgos creativos. Van a experimentar menos burnout y se muestran más resilientes al enfrentarse a la adversidad.

También , como muestra una encuesta de Gallup realizada en 2022 a más de 15.000 empleados estadounidenses, los trabajadores que se sienten cuidados tienden a permanecer en sus organizaciones y a no buscar nuevos trabajos.

Aunque no existe el líder perfecto, es en el ámbito de la comunicación interpersonal en el que la naturaleza humana tiende a fallar y dónde se pueden mejorar las habilidades de liderazgo. En cualquier día los directivos y líderes deben tratar con profesionales con distintos tipos de personalidades  y navegar por escenarios complicados que afectan las vidas de las personas. La respuesta en la forma en que se comunican y las palabras que escogen decir puede complicarse por la impredecible naturaleza de las reacciones humanas. Por tanto es esencial utilizar un estilo empático  apropiado en las interacciones con las personas para asegurar el éxito.

Los líderes con frecuencia se sienten obligados a ofrecer soluciones a los problemas, pero cuando se trata de retos emocionales o personales a los que se enfrentan los empleados es más adecuado generar empatía dándoles espacio para hablar y sentirse escuchados. También, hay que evitar las respuestas automáticas o generales que parece que sirven para todo. Cada profesional es diferente y sus problemas requieren soluciones individualizadas.

El autor propone las siguientes formas de practicar un liderazgo empático:

1.- Utilizar la escucha activa

Cuando interactuemos con un compañero o subordinado podemos utilizar la escucha activa e intentar comprender cómo se está sintiendo esa persona ( no cómo nos sentiríamos nosotros en esa situación).

2.- Mostrar verdadero interés por los demás

Dedicar tiempo a entender y conocer las necesidades, intereses y metas  individuales de cada miembro del equipo y procurar encajar sus tareas de forma que contribuyan tanto a su satisfacción como a su desempeño.

3.- Practicar y fomentar ver las cosas con perspectiva

Considerar las experiencias y perspectivas de nuestros empleados, utilizarlas para resolver problemas, para gestionar conflictos y para promover la innovación.  

4.- Mantener comunicación abierta

Con el fin de  generar confianza dentro del equipo, facilitando así el que sus miembros compartan  sus necesidades de apoyo.

5.- Considerar la empatía como un valor cultural

Explicar a los miembros del equipo que dedicar tiempo y atención a los demás promueve la empatía, que a su vez incrementa el desempeño de los equipos.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario