miércoles, 25 de febrero de 2026

PILARES DEL AUTOLIDERAZGO

 


Andrew Bryant en People Management del pasado 18 de febrero plantea que ser capaces de liderarnos a nosotros mismos, antes de liderar a los demás, impulsa la inteligencia emocional, las habilidades de  resolución de problemas y la creatividad, que son las capacidades  más necesarias para prosperar ante el empuje de las nuevas tecnologías.

El autoliderazgo o la práctica de intencionadamente influir en nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones para alcanzar nuestros objetivos, no es una habilidad “blanda”, es el fundamento sobre el que el resto de las capacidades de liderazgo se deben asentar.

En la práctica el autoliderazgo se apoya en tres pilares interconectados. Estos son:

1.- Autoconciencia, tanto interna: conocer nuestras propias narrativas, valore sy reacciones y externa: comprender cómo los demás nos perciben.

2.- Autoregulación. Consiste, no en suprimir emociones, sino en desarrollar la capacidad de elegir nuestra respuesta en lugar de estar secuestrados por nuestras reacciones habituales. Es la diferencia de ser un pasajero en nuestra propia vida o ser el conductor de la misma.

3.- Autoaprendizaje o compromiso de seguir creciendo continuamente. En un mundo en el que la vida media de las habilidades profesionales está disminuyendo rápidamente, la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender es lo que Carol Dweck llama operar con un patrón mental de crecimiento.

Estamos viviendo una disrupción tecnológica extraordinaria. La inteligencia artificial puede procesar la información más rápidamente que cualquier persona, así como gestionar cualquier tarea rutinaria cognitiva con gran eficacia. Muchos profesionales se están preguntando qué es lo que queda que puedan hacer ellos y la respuesta es aquello que más importa. Esta es la gran contradicción de nuestros tiempos: cuantas más cosas hace la inteligencia artificial, más valiosas se vuelven las capacidades humanas que nos distinguen. La inteligencia emocional, la resolución de problemas y la habilidad para inspirar y para conectar se están convirtiendo en las fuentes primarias de ventajas competitivas. Y, todas ellas requieren del autoliderazgo como su sistema operativo.

El reto del liderazgo ha cambiado de centrarse en la gestión de la productividad al liderazgo 4.0 que consiste en la orquestación sistemática del potencial humano y de la inteligencia artificial para crear valor, al tiempo que se preserva lo que nos hace irreemplazables como humanos. Requiere líderes que puedan crear entornos donde la creatividad humana y las capacidades de la inteligencia artificial se amplifiquen entre sí.

El autor, tras estudiar a cientos que han hecho esta transición con éxito, ha encontrado que siguen 6 principios: inspirar, guiar, nutrir, integrar, transformar y evaluar.

Las investigaciones de MCKinsey han identificado 56 habilidades fundamentales para el trabajo en el futuro. Tres cuartas partes de ellas se pueden englobar dentro del autoliderazgo, habilidades interpersonales y flexibilidad cognitiva. El dominio de los aspectos digitales es importante pero son los elementos humanos los que diferenciarán a aquellos que prosperan de los que solo sobreviven.

El autoliderazgo se puede aprender. es una práctica que podemos desarrollar a través de nuestra atención diaria. Comienza por hacer una pausa entre el estímulo y la respuesta. Viktor Frankl escribió que en una pausa reside nuestra capacidad de elegir. Podemos, por ejemplo, estableciendo al comienzo del día un propósito sobre cómo queremos ser en ese día y al final del mismo revisar lo que hemos hecho, analizando cuando hemos respondido con una elección y no una reacción y reflexionando sobre lo que ha desencadenado mis patrones reactivos.

En su núcleo el liderazgo es una conversación, en ocasiones con algún miembro del equipo que necesita guía o para alinear a la organización alrededor de un propósito compartido, por ejemplo. Pero la conversación más importante es la que mantenemos con nosotros mismos. Si no somos capaces de liderarnos a nosotros mismos, será imposible liderar a los demás.

Las organizaciones que van a prosperar no van a ser aquellas que cuenten con la inteligencia artificial más sofisticada, sino aquellas que desarrollen “autolíderes”a todos sus niveles: personas que sepan pensar con eficacia, comportarse de forma congruente y relacionarse de manera empática, así como que no solo se adapten al cambio sino que ayuden a los demás a transformarse a través de éste.

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