Andrew Bryant en People Management del pasado 18 de febrero plantea que ser capaces de liderarnos a
nosotros mismos, antes de liderar a los demás, impulsa la inteligencia
emocional, las habilidades de resolución
de problemas y la creatividad, que son las capacidades más necesarias para prosperar ante el empuje
de las nuevas tecnologías.
El autoliderazgo o la
práctica de intencionadamente influir en nuestros propios pensamientos,
sentimientos y acciones para alcanzar nuestros objetivos, no es una habilidad “blanda”,
es el fundamento sobre el que el resto de las capacidades de liderazgo se deben
asentar.
En la práctica el autoliderazgo se apoya en tres pilares
interconectados. Estos son:
1.-
Autoconciencia, tanto interna: conocer nuestras
propias narrativas, valore sy reacciones y externa: comprender cómo los demás
nos perciben.
2.-
Autoregulación. Consiste, no en suprimir emociones,
sino en desarrollar la capacidad de elegir nuestra respuesta en lugar de estar
secuestrados por nuestras reacciones habituales. Es la diferencia de ser un
pasajero en nuestra propia vida o ser el conductor de la misma.
3.-
Autoaprendizaje o compromiso de seguir creciendo
continuamente. En un mundo en el que la vida media de las habilidades
profesionales está disminuyendo rápidamente, la capacidad de aprender,
desaprender y volver a aprender es lo que Carol Dweck llama operar con un
patrón mental de crecimiento.
Estamos viviendo una
disrupción tecnológica extraordinaria. La inteligencia artificial puede
procesar la información más rápidamente que cualquier persona, así como
gestionar cualquier tarea rutinaria cognitiva con gran eficacia. Muchos
profesionales se están preguntando qué es lo que queda que puedan hacer ellos y
la respuesta es aquello que más importa. Esta es la gran contradicción de
nuestros tiempos: cuantas más cosas hace la inteligencia artificial, más
valiosas se vuelven las capacidades humanas que nos distinguen. La inteligencia
emocional, la resolución de problemas y la habilidad para inspirar y para
conectar se están convirtiendo en las fuentes primarias de ventajas
competitivas. Y, todas ellas requieren del autoliderazgo como su sistema
operativo.
El reto del liderazgo
ha cambiado de centrarse en la gestión de la productividad al liderazgo 4.0 que
consiste en la orquestación sistemática del potencial humano y de la
inteligencia artificial para crear valor, al tiempo que se preserva lo que nos
hace irreemplazables como humanos. Requiere líderes que puedan crear entornos
donde la creatividad humana y las capacidades de la inteligencia artificial se
amplifiquen entre sí.
El autor, tras estudiar
a cientos que han hecho esta transición con éxito, ha encontrado que siguen 6
principios: inspirar, guiar, nutrir, integrar, transformar y evaluar.
Las investigaciones de
MCKinsey han identificado 56 habilidades fundamentales para el trabajo en el
futuro. Tres cuartas partes de ellas se pueden englobar dentro del
autoliderazgo, habilidades interpersonales y flexibilidad cognitiva. El dominio
de los aspectos digitales es importante pero son los elementos humanos los que
diferenciarán a aquellos que prosperan de los que solo sobreviven.
El autoliderazgo se
puede aprender. es una práctica que podemos desarrollar a través de nuestra
atención diaria. Comienza por hacer una pausa entre el estímulo y la respuesta.
Viktor Frankl escribió que en una pausa reside nuestra capacidad de elegir.
Podemos, por ejemplo, estableciendo al comienzo del día un propósito sobre cómo
queremos ser en ese día y al final del mismo revisar lo que hemos hecho,
analizando cuando hemos respondido con una elección y no una reacción y
reflexionando sobre lo que ha desencadenado mis patrones reactivos.
En su núcleo el
liderazgo es una conversación, en ocasiones con algún miembro del equipo que
necesita guía o para alinear a la organización alrededor de un propósito
compartido, por ejemplo. Pero la conversación más importante es la que
mantenemos con nosotros mismos. Si no somos capaces de liderarnos a nosotros
mismos, será imposible liderar a los demás.
Las organizaciones que
van a prosperar no van a ser aquellas que cuenten con la inteligencia
artificial más sofisticada, sino aquellas que desarrollen “autolíderes”a todos
sus niveles: personas que sepan pensar con eficacia, comportarse de forma
congruente y relacionarse de manera empática, así como que no solo se adapten
al cambio sino que ayuden a los demás a transformarse a través de éste.

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