miércoles, 18 de febrero de 2026

LECCIONES DE LIDERAZGO DE LA CAÍDA DE JULIO CÉSAR

 


Paul Vanderbroeck,  en Big Think del pasado 9 de febrero, plantea que al hablar de liderazgo siempre se recalca la importancia de la estrategia, la ejecución, la visión y la influencia carismática, pero uno de los fallos que cometen hasta los líderes  más destacados se centra no en lo que hacen , sino en lo que no han percibido. Esto es en las corrientes emocionales que les rodean, los murmullos que están escondidos detrás  de los halagos.

Esta fue la trampa fatal en la que cayó Julio César, a pesar de haber conquistado naciones, remodelado Roma y reescrito lo que era el liderazgo. Su trágico y repentino final a manos de sus seguidores fue debido no a su arrogancia o a luchas de poder sino a su falta de inteligencia emocional.

El ascenso de Julio César fue espectacular. Su carrera ofrece numerosas lecciones sobre influencia, reputación y comportamiento humano en entornos grandes y competitivos. Al examinar cómo se desarrolló su carrera emergen unos patrones. Comenzó trabajando como abogado, pero aunque era un brillante orador, no conseguía convencer a los que tomaban las decisiones. Cambión, entonces, hacia una carrera política, ganando varias elecciones para distintos puestos  gracias a su buen desempeño y visibilidad. Pero, no conseguía poner a los miembros del Senado de su lado, porque sus argumentos racionales, aunque elocuentemente presentados, eran derrotados por los de sus oponentes que conseguían tocar la fibra irracional y los intereses de los senadores.  Más tarde como general pensaba que había conquistado Galia, se sorprendió ante una revuelta masiva en el territorio de Hispania.

César como era brillante consiguió superar estos contratiempos, pero con mucha dificultad. En Roma contraatacó construyendo una organización política que le permitía evitar al Senado, haciendo que la población votase sus propuestas. En el campo militar su brillante liderazgo y su ejército leal le permitieron vencer las situaciones que podían amenazar sus victorias. Asimismo su fortalezas de agilidad, innovación, organización y ejecución, puntos clave de sus éxitos, le salvaron del desastre. Lo que no hizo fue hacer una pausa y reflexionar sobre lo que había salido mal para aprender de ello.

Cuando finalmente venció todas las resistencias y se convirtió en el único líder de Roma planteó una serie de planes para la reforma del imperio que eran sensatos, pero pretendió implementarlos con grandes prisas y sin mucha consideración por su aceptación por los demás. Como nadie hablaba sobre ellos asumió que todos estaban de acuerdo, mientras en realidad se estaba organizando una coalición de importantes grupos de interés, que en algunos caso se sentían ignorados o agraviados o estaban preocupados por su futuro político o en otros creían que César quería reemplazar la república por una monarquía. Éste no era consciente del descontento que estaba surgiendo y todo terminó cuando fue asesinado.

La ausencia de inteligencia emocional fue clave para este resultado. En el caso de Julio César supuso:

1.- No percibir las corrientes subterráneas emocionales que se estaban produciendo entre los miembros de los diversos stakeholders. César fracasó a la hora de anticipar que éstos toman decisiones basadas en más factores que los argumentos racionales y que tenía que ganar no solo sus mentes sino, también, sus corazones.

2.- No ser consciente de que un cambio de rol ocasiona un cambio de expectativas con respecto al líder. César continuó utilizando las mismas fortalezas al convertirse en el único gobernador de roma que había utilizado para llegar hasta allí y descuidó el conseguir que los demás aceptasen su programa de cambio.

La historia de César muestra a los líderes actuales que.

a).- La inteligencia emocional no es opcional. Interpretar la situación, detector el descontento, tener la antena puesta para percibir los malentendidos con y entre los seguidores no solo es fundamental para obtener apoyos, sino también para prevenir resistencias que pueden hacer peligrar nuestro éxito.

b).- No medir solo lo que hacemos, sino , también, cómo se sienten los demás con ello. Por ejemplo a través de encuestas, reuniones o visitas sorpresa.

c).- Adaptar el estilo al cambiar el rol. Al asumir un nuevo rol, especialmente tras una promoción es crucial ser conscientes no solo de cómo han cambiado nuestros objetivos, sino , también de las expectativas de los grupos de interés. Así podremos adaptar nuestro estilo de liderazgo para asegurar que continuamos siendo eficaces e influyentes.

Los líderes modernos deben mantenerse vigilantes y atentos antes las correintes emocionales subterráneas de su entorno. La influencia sin confianza puede conducir a aislamiento y el poder sin empatía puede invitar a la rebelión. La pregunta que hay que hacer constantemente no es solo. ¿Me están escuchando?, sino, también: ¿estoy escuchando lo que me están diciendo, particularmente cuando no me lo están diciendo?. Julio César no lo hizo y sabemos lo que ocurrió.

 

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