Roxie Nafousi en “Confidence. Eight
steps to knowing your worth” plantea que la confianza o seguridad en uno mismo
es la fuerza invisible que moldea nuestras elecciones, guía nuestras acciones y
finalmente determina cómo vivimos nuestras vidas. Es lo que nos permite soñar a
lo grande, asumir riegos y construir una vida que realmente amemos. Pero para
muchos de nosotros puede parecernos escurridiza, algo reservado para otras personas,
aunque se puede cultivar, nutrir y hacer que crezca.
La confianza en uno
mismo se puede definir de varias formas. En algunos casos como la capacidad de
creer en nuestras habilidades, juicios y cualidades. En otros se define como la
confianza de una persona en su capacidad para gestionar tareas y retos de forma
eficaz y otros lo hacen como el sentimiento de seguridad y fe en uno mismo.
Para la autora
comprende todas estas cosas y mucho más ya que la verdadera confianza en uno
mismo está enraizada en un inamovible sentimiento de la propia valía. Implica apreciar nuestro valor
inherente, aceptándonos y valorando, por tanto, cómo somos, confiando y
respetándonos y acogiendo nuestras fortalezas e imperfecciones. La seguridad en
uno mismo significa creer sin ninguna duda que merecemos todo el amor, éxito y
cosas buenas que la vida nos puede ofrecer.
Con frecuencia su
significado se puede confundir y considerar que consiste en ser la voz más alta
o que está ligada a un sentimiento de superioridad. Pero la verdadera seguridad
en uno mismo no tiene nada que ver con esto, ni en intentar sobresalir sobre
los demás. Por el contrario es una forma de movernos por el mundo con un
propósito y certeza. Es la voz dentro de nosotros que nos dice que merecemos la
pena y la creencia que independientemente de lo que nos acontezca podremos
manejar la situación.
Si carecemos de esta
confianza la baja autoestima puede infiltrar todos los aspectos de nuestras
vidas y afectar nuestras relaciones, nuestra carrera profesional, nuestras
ambiciones y la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Nos hace
retroceder cuando debemos ir hacia delante y conformarnos con menos cuando podemos
aspirar a más en las distintas facetas de nuestras vidas..
Diversas
investigaciones muestran que muchas dolencias mentales incluyendo depresión,
trastornos de la alimentación y ansiedad están relacionadas con baja
autoestima. En el entorno laboral tenemos, por ejemplo, el síndrome del
impostor, que ocasiona que profesionales con mucho talento sientan que son un
fraude, dudando constantemente de sus capacidades y temiendo que su éxito sea
inmerecido.
La confianza en uno
mismo puede ser cultivada, no es un rasgo fijo e inalterable y cuanta más
confianza tengamos en nosotros mismos más creeremos en nuestro potencial
Tenemos problemas para confiar en nosotros mismos
fundamentalmente por:
1.-
NUESTRAS MENTES
La mente humana está
programada para centrarse en lo negativo más que en lo positivo. Esto es lo que
los psicólogos conocen como el “sesgo de la negatividad” . Este rasgo evolutivo
tenía sentido en el caso de nuestros antepasados que necesitaban estar muy
alerta ante las amenazas a la supervivencia a la que estaban expuestos, como
los depredadores. Las experiencias negativas con frecuencia indicaban peligro inmediato por lo que nuestros cerebros
evolucionaron para priorizarlas.
En la actualidad, sin
embargo, no tenemos que enfrentarnos frecuentemente con depredadores que
amenacen nuestras vidas, sino, por ejemplo, con jefes complicados, comentarios desagradables
o presiones de las redes sociales. El problema surge porque nuestras mentes con
frecuencia luchan para diferenciar entre amenazas reales y estresores
cotidianos. Esto nos lleva a reaccionar en exceso ante una crítica o feedback
negativo, como si nuestra supervivencia estuviese en riesgo.
Como resultado vamos a
recordar e internalizar con más facilidad los contratiempos que a celebrar nuestros
logros. El sesgo de negatividad que antes nos protegía, ahora nos atrapa en ciclos
de dudas, amplificando nuestros miedos e inseguridades.
2.-
NUESTRA INFANCIA
Nuestra educación en la
infancia tiene un efecto profundo en la forma en la que nos vemos como adultos.
Aunque nuestra infancia no haya sido traumática, ciertas experiencias pueden
dejarnos huellas en nuestra seguridad en nosotros mismos.
El Dr. Gabor Maté,
conocido por su labor sobre experiencias traumáticas, ha ayudado a ampliar la
definición de éstas para incluir no solo las experiencias evidentemente
traumáticas, sino, también, aquellos eventos, aparentemente menores que
impactan en el sentimiento de nuestra propia valía-.Describe el trauma no como
el evento en sí mismo, sino como la forma en que éste impacta en la psique de
la persona. Por ejemplo, hemos podido ser criticados con frecuencia por ser demasiado
desordenados o escandalosos lo que puede
hacer que creamos que ciertas partes de nosotros mismos no son aceptables.
Hasta los refuerzos
positivos pueden tener efectos insospechados y no pretendidos. Si somos
constantemente alabados por ser listos o guapos podemos haber aprendido,
quizás, que nuestro valor solo se apoya en esas cualidades, creando un frágil
sentimiento de valía que va a depender de la validación externa.
Es importante, por
tanto, reconocer como algunas experiencias tempranas han podido influir
profundamente en nuestra confianza en nosotros mismos y cómo han moldeado la narrativa
que vamos a tener sobre nosotros mismos en nuestra etapa adulta.
3.-
NUESTROS COMPAÑEROS Y AMIGOS
La necesidad de sentir
que pertenecemos es una parte fundamental de ser humanos. Según la jerarquía,
por ejemplo, de necesidades de Maslow el
sentirnos queridos y aceptados es una de nuestras necesidades centrales.
Nuestra supervivencia, en la antigüedad, dependía de formar parte de un grupo,
nuestra tribu, por lo que el instinto de encajar está tan fuertemente arraigado
en nosotros. No es sorprendente, por tanto, que los compañeros ejerzan un
impacto significativo sobre la confianza en nosotros mismos.
Esta necesidad de
pertenencia empieza muy pronto. En la infancia nos volvemos muy conscientes de
nuestras diferencias y la escuela es un terreno abonado para las comparaciones.
Las experiencias de burlas, ser dejados aparte o de luchar por encajar pueden
dejar cicatrices duraderas. Al crecer el deseo de pertenecer nunca nos abandona
y el temor al rechazo o exclusión con frecuencia interfiere negativamente en
nuestra habilidad para sentir confianza en nosotros mismos.
4.-
LA SOCIEDAD Y LA CULTURA
La sociedad siempre ha
dictado lo que merece la pena, tiene valor, es deseable o bello y estos ideales
están cambiando constantemente. Cada pieza de cultura que consumimos, ya sea
cine, literatura, música, etc, contribuye a nuestra percepción de lo que es
deseable y lo que no lo es.
Aunque en la sociedad
actual se están dando pasos para lograr y respetar una mayor diversidad, las redes
sociales han ampliado la presión para compararnos con otros. Nos encontramos
bombardeados por imágenes filtradas de supuestas perfecciones que ponen en
evidencia nuestros defectos percibidos. La exposición constante a estas vidas
idealizadas puede hacer que nos sintamos inadecuados, minando el sentido de
nuestra propia valía personal.
Teniendo todo lo
anterior en cuenta es crucial que recordemos que no debemos mostrarnos
demasiado duros con respecto a nosotros mismos.
La autora propone
seguir un camino para vencer las
barreras que están dañando nuestro sentimiento de valía personal a través
de 8 pasos
Paso
1: Dominar nuestros pensamientos
Nuestros pensamientos
moldean nuestras creencias y, nuestras creencias moldean nuestra realidad.
Paso
2: Actuar con un propósito
Las acciones dicen más
sobre nosotros que las palabras.
Paso
3: Dejar de querer gustar a todos
No tenemos que buscar
ser queridos por todos. A nosotros no nos gustan todas las personas.
Paso
4: Liberarnos de las comparaciones
Las comparaciones son
los ladrones de la seguridad en uno mismo.
Paso
5: Reconocer nuestros logros
Honrar y respetar quienes somos, apreciar quienes somos y sentirnos orgullosos de en quien nos estamos convirtiendo.
Paso
6: Hacer cosas que nos cuesten
El coraje no es la
ausencia del miedo, sino la disposición a actuar a pesar de éste.
Paso
7: Ayudar a los demás
Cuando damos algo a los
demás llenamos nuestra alma de propósito.
Paso
8: Mostrar la mejor versión de nosotros mismos.
Nos debemos a nosotros
mismos el llegar a ser todo lo que hemos soñado que deseamos ser.

¿Qué esperan realmente los subordinados de su líder?
ResponderEliminarDesde mi experiencia y reflexión sobre los materiales revisados, considero que los subordinados esperan de su líder algo mucho más profundo que simplemente "dar órdenes" o "evaluar resultados". En primer lugar, esperan un líder que escuche genuinamente. Como señalan Aluja y Ángel (s.f.), el silencio organizacional es uno de los mayores enemigos de la visión compartida; muchos empleados callan por miedo a represalias o a perder su empleo. Un líder que no genera espacios seguros para la expresión sincera está condenando a su equipo a la apatía y al acatamiento superficial.
En segundo lugar, los subordinados esperan coherencia entre el discurso y la acción. No basta con que el líder "hable" de visión compartida; necesita vivirla. Cuando un líder actúa de manera congruente con los valores y la visión, inspira confianza y compromiso genuino. En cambio, cuando hay incoherencia, se genera desilusión y el equipo se limita a "cumplir" sin aportar creatividad ni pasión.
En tercer lugar, esperan ser tomados en cuenta en la construcción del futuro. Como lo expresa Villacrés (2004), citado por Díaz y Rosas (s.f.), la visión compartida es el "resultado de la libre convicción de que nuestra visión personal está alineada con la visión del grupo". Esto implica que el líder no impone, sino que integra. Los subordinados quieren sentir que su opinión importa, que su trabajo tiene propósito y que no son solo "engranajes" de una máquina, sino parte activa de un proyecto común.
Finalmente, los subordinados esperan un líder que los desarrolle, no que los controle. El dominio personal, como lo plantea Senge (1990/1992), es fundamental para la organización inteligente. Un líder que invierte en el crecimiento de su gente, que reconoce sus talentos y los impulsa a ser mejores, genera lealtad y energía positiva. Por el contrario, el líder que solo exige resultados sin brindar herramientas ni acompañamiento, genera frustración y rotación.
En síntesis, los subordinados no buscan un jefe que "lo sepa todo" o que imponga una visión desde arriba. Buscan un líder que escuche, que sea coherente, que los incluya y que los desarrolle. Porque, como bien lo expresan los autores, una organización alineada solo es posible cuando hay compromiso genuino, y ese compromiso nace de relaciones de confianza y respeto mutuo.
Referencia
Aluja, A. y Ángel, C. R. (s.f.). La visión compartida como generadora del direccionamiento de la organización. Universidad de la Sabana.
Díaz Borda, K. y Rosas Jiménez, D. M. (s.f.). La visión compartida como disciplina fundamental para llegar a una organización alineada. Universidad de la Sabana.