Joel Salinas, en PsychologyToday del pasado 19 de marzo, plantea que el término narcisista se está utilizando
actualmente en muchas conversaciones y en artículos sobre autoayuda que
intentan explicar en qué consiste, diagnosticarlo o exponerlo, pero que esta tendencia corre el
riesgo de simplificar un concepto que es complejo, ya que puede confundir tres
cosas muy distintas:
a).- El desorden
clínico de personalidad narcisista (NPD), una alteración mental relativamente
rara.
b).- Tendencias
narcisistas o características que pueden surgir en ocasiones en personalidades
que se pueden considerar normales.
c).- Ensimismamiento
cotidiano, que son los comportamientos que nos desagradan cuando las personas
muestran poca empatía o consideración.
Independientemente del
diagnóstico tratar con personas con estos rasgos nos pueden hacer sentir
manipulados y dejarnos exhaustos y con
el sentimiento de no ser escuchados.
Para protegernos de ellas, mientras nos mantenemos fieles a nuestros valores,
el autor sugiere que empleemos la resiliencia en situaciones de conflictos.
En su libro “Conflict resilience: negotiating disagreement without giving up or giving in” Salinas junto
a Bob Bordone, introducen un enfoque para tratar con personas complicadas,
especialmente aquellas con rasgos narcisistas, fruto de sus investigaciones y experiencias,
que consiste en que la clave para gestionar estas interacciones se encuentra en
emplear dos técnicas: la escucha profunda y la asertividad eficaz.
En lugar de caer en un
ciclo de frustración y evitación podemos entrenarnos para mantenernos centrados,
valorar nuestras necesidades y redirigir las conversaciones hacia resultados
productivos.
Aunque el trastorno de
personalidad narcisista afecta solo a un 1% aproximadamente de la población,
muchas personas muestras rasgos narcisistas. En el estudio: “Gray matter abnormalities inpatients with narcissistic personality disorder” los investigadores han
encontrado que los individuos con tendencias narcisistas con frecuencia tienen un
volumen reducido de materia gris en la región de la insula anterior izquierda,
la región del cerebro ligada a la empatía, la autoconciencia y la regulación
emocional. Están programados para centrarse intensamente en sus propias
necesidades y con frecuencia tienen dificultades para ponerse en le lugar del
otro. Ansían la validación externa porque sus cerebros están escaneando
continuamente buscando el “alimento” emocional que procede de la admiración.
El autor propone las siguientes estrategias
resilientes para tratar a personas con las características comentadas:
1.- Escucha profunda para desarmar sus defensas y disminuir la necesidad de dominio del
narcisista. El procurar reflejar sus palabras diciendo por ejemplo: “Parece
como si esa situación fue muy complicada para ti”, puede ayudar a que se
sientan escuchados y reducir su necesidad de escalar el conflicto o manipular.
No implica estar de acuerdo con ellos. Es una
forma de gestionar estratégicamente la conversación para mantener el control
sobre nuestra respuesta.
2.- Asertividad eficaz para mantener nuestra postura sin escalar. Los individuos narcisistas con
frecuencia fuerzan los límites, haciendo que sea necesario que afirmemos
nuestras necesidades clara y serenamente. En lugar de explicar en exceso o
sobrejustificarnos (lo que invita al debate), debemos intentar ofrecer una
respuesta firme pero neutral. Como, por ejemplo: “ Entiendo tu perspectiva,
pero la mía es distinta y necesito priorizar lo que funciona para mí en este
momento.”
Ser asertivo no significa mostrarnos agresivos,
sino exponer cuáles son nuestras necesidades para mantener las oportunidades de
ser escuchados mientras mantenemos nuestro auto-respeto.
3.- Establecer límites y reforzarlos.. Los límites son como las vallas mentales, cuanto
más los impongamos más fuertes se tornan nuestros caminos neuronales del
autocontrol. Si una conversación se descontrola hacia la culpa o la
manipulación podemos redirigirla, por ejemplo, diciendo: “Te escucho, pero
vamos a centrarnos en aquello que nos permita seguir hacia delante”.
Si persisten debemos abandonar la conversación.
La resiliencia incluye saber cuándo el desconectar es la mejor opción.
4.- No interiorizar sus
críticas. Los narcisistas con
frecuencia atacan a los demás para proteger la frágil imagen que tienen de sí
mismos. Si nos sentimos indignos después de una interacción, debemos hacer una
pausa. Sus palabras dicen más de sí mismos que de nosotros. Practicar la
autocompasión que activa la insula cerebral puede ayudarnos a mantenernos
firmes en nuestra verdad.
5.- Ser conscientes de cuando tenemos que marcharnos. La resiliencia ante el conflicto
no significa que toleremos el daño, abuso o manipulación. Si cada interacción
altera negativamente nuestra calidad de vida o nos deja emocionalmente
exhaustos debemos valorar si seguir comprometidos nos sirve para algo o nos
está perjudicando. Elegir marcharnos no implica rendirnos, sino recuperar
nuestra energía, marcando límites claros y firmes y rechazando quedar atrapados
en un ciclo de daño.
Debemos preguntarnos si la persona es capaz de
mantener un compromiso con buena fe. Si de forma consistente nos manipulan o
desechan nuestra perspectiva ningún intento de negociación nos va a conducir a
un cambio significativo. Cuando un patrón de daño surge la elección más
resiliente ante el conflicto es desvincularnos.
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