Barrie Conchie y Sarah Dalton en “The five talents
that really matter. How great leaders drive extraordinary
performance”, proponen, como hemos comentado en una entrada anterior, un modelo de liderazgo basado en los cinco
talentos que son fundamentales para un liderazgo excepcional. El primero es.
I.-
MARCAR LA DIRECCIÓN
Consiste en la forma en
la que los líderes evalúan las metas y oportunidades, deciden qué hacer y
planifican el camino a seguir.
Los mejores líderes
miran hacia delante e intentan anticipar, mientras recogen datos y se van adaptando
a las necesidades que van surgiendo. Existen dos aspectos críticos a la hora de
diseñar el camino:
a).- El destino. Tiene
que ser un lugar al que merezca la pena llegar y que proporcione un sentimiento
de logro al alcanzarlo.
b).- La ruta escogida.
Debe ser interesante, el viaje tiene que ser gratificante.
Prestar atención al
dónde y al cómo es una función esencial del liderazgo. Los buenos líderes lo hacen
adecuadamente.
1.- Definiendo el
significado y el propósito.
2.- Comunicando lo que
importa.
3.- Equilibrando el
pensamiento y la acción.
4.- Marcando objetivos
y realizando intercambios
1.-
Definir el significado y el propósito
Los líderes de alto desempeño
son capaces de ver el futuro con una enorme claridad y articulan una imagen
atractiva sobre cómo se crea valor y sobre cómo cada rol individual y líder
contribuye a la eficacia de la organización.
Establecer una
dirección , aunque sea un destino específico, tiene el potencial de alinear a
las personas con un líder y de desarrollar un compromiso compartido que es igualmente
importante para todos. Es la articulación de una visión la que tiene el
potencial de diferenciar un líder y una
organización de otra. Con tantas compañías compitiendo en mercados que se
superponen unos a otros, con productos y servicios similares, la dirección y el
destino específico puede ser lo único en que se diferencian unas de otras.
Una dirección fuerte en
el nivel de liderazgo de una organización genera cohesión hacia un estado
futuro. Esto atrae a las personas que no trabajan en organizaciones solo por la
compensación o para satisfacer alguna necesidad de adquirir experiencias, por
ejemplo técnicas, sino , también porque creen en el propósito que la
organización está intentando conseguir. Su trabajo, por tanto, sienten que
tiene un significado real e importante y es tarea de los líderes fomentar y
desarrollar esto.
En las encuestas Gallup
sobre compromiso se plantea la pregunta: “¿La misión y el propósito de tu
compañía hace que sientas que tu trabajo es importante?” y los
investigadores de Gallup han podido observar que no es el conocimiento de la
misión y propósito de la organización lo que es importante (aunque sea un buen
punto de partida). Lo fundamental es el que el profesional pueda expresar este
conocimiento a través del valor que crean en su propio trabajo.
Conseguir esto es
complicado porque con demasiada frecuencia los líderes se centran demasiado en
una comunicación demasiado táctica sobre el qué, cómo y cuándo y lideran y
gestionan a través de tareas, proyectos y actividades. Valoran a las personas
que están ocupadas en la creencia de que esto les hace más productivas.
Fundamentalmente se
equivocan al considerar la psicología de la motivación humana al centrarse en tareas y proyectos,
dejando sin contestar las preguntas más relevantes: “¿Por qué estoy aquí en vez
de en otro lugar?, ¿Mis contribuciones son percibidas y valoradas?, ¿Estoy
marcando una diferencia? o ¿es mi trabajo significativo para los demás?” Los
líderes excepcionales se aseguran de que estas preguntas tengan respuestas de
una forma que genere mayores niveles de compromiso.
2.-
Comunicar lo que importa
Los autores destacan
cinco principios importantes derivados de sus investigaciones sobre significado
y propósito desde una perspectiva de liderazgo, que establecen un marco para
comunicarse con los empleados que les motiva y alinea sus contribuciones en el
trabajo con algo bueno, algo que tiene un significado e importancia para ellos.
Los líderes de más alto desempeño siguen y recomiendan estos principios:
a).-
Dedicación total a un trabajo que beneficie a los demás.
Estar totalmente dedicado a un trabajo o a actividades al servicio de los demás
sirve para predecir que ese líder puede articular una proposición clara del valor del trabajo que se hace en la
organización. Clave para este principio es la creencia de que hacer cosas en
beneficio de los demás hace que las personas sientan que sus vidas son más
ricas y más valiosas.
b)-
Inquebrantables creencias éticas y sobre integridad.
Mostrar unos valores claros, consistentes y sólidos sobre la ética, la integridad
y la forma correcta de tratar a los
demás hace que el propósito sea evidente a través de las interacciones diarias.
c).-
Inversión en relaciones cercanas y
próximas. Ser consciente de las razones por las que los demás
acuden a nosotros para consejo y guía. Detectar si son exclusivamente laborales o si
exponen sus sentimientos y considerar si por el rol que desempeñamos estamos trazando
una línea artificial que nos separa relacionalmente de aquellos a los que
lideramos.
d).-
Ayudar a los demás a ver y sentir lo que sea posible. Enganchar a los demás a través de historias
atractivas que dibujen imágenes en sus mentes. Los líderes con frecuencia
olvidan que la “visión” trata menos de metas y objetivos y más de lo que
podemos ver y sentir.
e).-
Hacer que toda interacción cuente. Trabajar duro para
conseguir que tras cada reunión y cada interacción las personas abandonen nuestra
presencia sintiéndose más positivos, más comprometidos y más motivados.
3.-
Equilibrar el pensamiento y la acción
Los líderes con un
nivel de talento elevado reflexionan pausadamente sobre la oportunidad o
problema a la que se enfrentan y valoran los riesgos y buscan posibles
oportunidades ocultas antes de tomar una decisión.
La idea del pensamiento
racional, en un tiempo la creencia principal sobre el razonamiento humano, resulta bastante curiosa ya que los humanos no somos nada racionales, lo que es
conocido desde que el filósofo italiano, Baruch Spinoza, en el siglo XVII, sugirió la primacía de las emociones en el control de la mente
humana. No solo la mente está dirigida por las emociones, sino que el cerebro
es el órgano más perezoso del cuerpo. Por tanto pensar es difícil, por lo que
muchos individuos se decantan por un razonamiento más instintivo.
Con facilidad podemos
caer en seis trampas cognitivas que
debemos procurar evitar. Éstas son las siguientes:
a).-
Un exceso de confianza en la forma de resolver problemas que hemos utilizado en
el pasado y el riesgo del reconocimiento de patrones.
Las personas solemos
reflexionar menos sobre una situación si nos parece familiar o nos hemos
encontrado con algo similar antes. Categorizamos los problemas como de un
determinado tipo y, si hemos tenido una experiencia previa, tenemos ya una
memoria grabada sobre lo que tenemos que hacer para abordarlos. Pero, los
problemas de un determinado tipo rara vez exhiben las mismas características,
por lo que las soluciones “prefijadas” con frecuencia no se ajustan a lo que es
necesario y nuestras mentes perezosas no lo captan.
b).-
La intuición que puede moldear las percepciones sobre lo que es posible y
viable.
Es muy sencillo engañar
a nuestras mentes, lo que nos lleva a que es más fácil que implementemos ideas
que nos vengan a la mente con facilidad. Nassim Nicholas Taleb, en su libro: “The black swan: the impact of the highly improbable” , afirmaba que los humanos nos
engañamos constantemente construyendo endebles historias sobre el pasado y
creyendo que son ciertas.
c).- El exceso de concentración que nos
puede llevar a pasar por alto detalles críticos y errores.
Nuestra mente encuentra
mucha dificultad para cambiar entre tareas cognitivamente demandantes, de la
misma forma que una persona concentrándose mucho en su trabajo puede ser, en
ocasiones, difícil de distraer. Este fenómeno se agrava si la tarea es muy
demandante físicamente, mientras problemas en nuestro razonamiento compiten
para obtener recursos.
d).-
El estado de ánimo positivo puede hacer que la vigilancia disminuya.
Si nuestro estado de
ánimo es bueno tenemos menos tendencia a pensar en profundidad y tomamos decisiones basadas en la opción más
sencilla. Por el contrario cuando estamos en una situación de estrés tendemos a
mantenernos más alerta y somos más capaces de identificar errores, pero puede
ocurrir que al concentrarnos en estos aspectos no percibamos otros factores
importantes.
e).-
El riesgo de una mayor susceptibilidad a creer mentiras que son repetidas con
frecuencia o sin parar.
Diversas
investigaciones sugieren que la repetición de afirmaciones falsas lleva a que
muchas personas las crean. Este engaño puede ser también producto de otro
hallazgo: las cosas que se repiten con frecuencia se consideran de una forma
más positiva
g).-
La falsa sensación de inmunidad ante los prejuicios.
Salomon Asch descubrió
el “efecto de la primacía” que mostraba la forma en la que la primera imagen o
palabra en una serie predecía cómo podía
pensar o sentir una persona. En su investigación usó una serie de palabras para
describir a una persona cualquiera: “inteligente, trabajadora, impulsiva, crítica,
terca y envidiosa”, por ejemplo y luego utilizaba las mismas palabras para
describir a otra persona pero cambiando el orden: “envidiosa, terca, crítica, impulsiva,
trabajadora e inteligente”. Encontró que
las personas percibían a la primera persona como una persona capaz con ciertas
limitaciones, pero que no oscurecían sus méritos y a la segunda persona como
problemática, cuyas habilidades eran obstaculizadas por sus dificultades
serias. Asch también demostró lo susceptibles que somos los individuos a las
opiniones del grupo cuando estamos en minoría.
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