miércoles, 2 de mayo de 2012

LIDERAZGO Y CULTURA DE SEGURIDAD EN LOS CENTROS SANITARIOS


La Joint Commission, organización americana dedicada a la acreditación de centros sanitarios,   en una de sus alertas centinela habla del papel de los líderes en el desarrollo de una cultura de seguridad y plantea lo siguiente:

Las organizaciones sanitarias no han desarrollado todavía la política de  seguridad de “cero defectos” que se ha implantado en otras empresas de alto riesgo como las de la aviación. Pero se están dando pasos y los líderes están empezando a aplicar las lecciones aprendidas de la industria para reducir los riesgos y fortalecer las defensas para garantizar la seguridad del paciente en las organizaciones sanitarias.

Una cultura de seguridad se manifiesta por las creencias, actitudes y valores de los profesionales de una organización en relación a su preocupación por garantizar la seguridad de los pacientes. Está presente en la estructura, prácticas, controles y políticas de la misma y está enraizada profundamente en el comportamiento de sus miembros.

Para fomentar la creación de esta cultura los líderes deben considerar como una prioridad a la hora de la toma de decisiones el garantizar la seguridad  y deben apoyar las iniciativas necesarias a todos los niveles, tanto clínicos como administrativos de la organización.

Factores como comunicación deficiente, formación insuficiente y falta de conformidad y seguimiento de los procedimientos establecidos juegan un papel importante en aumentar el riesgo de la producción de efectos adversos.

Los líderes deben intervenir para corregir esas deficiencias si quieren contribuir a la creación de una cultura de seguridad, tomando las decisiones que sean necesarias procurando tomar siempre decisiones que puedan ser consideradas justas por los miembros de la organización para evitar caer en una cultura del miedo al castigo o penalización indiscriminada ante los errores.

Las acciones que se toman ante un efecto adverso pueden ser administrativas o disciplinarias, así como relacionadas a garantizar la seguridad. Pero estas acciones no sólo deben ser justas sino que deben ser percibidas como justas, para evitar disuadir sobre futuras notificaciones. Una cultura justa no es aquella en la que no se exigen responsabilidades. Es aquella que tiene un sistema claro y transparente para evaluar los errores y separar los actos que son intachables de aquellos que no lo son en su totalidad o parcialmente. Los actos censurables serán susceptibles de las acciones disciplinarias que se hayan establecido coherentemente para su aplicación a todos los colectivos de la organización.

Entre las actuaciones que los líderes deben evitar para conseguir crear una cultura de seguridad destacan:

1.- Falta de apoyo al profesional que ha cometido un acto no censurable dentro del marco de un efecto adverso. El cuidado de la "segunda víctima" (el profesional afectado por el efecto adverso) es fundamental y no se debe desaprovechar su conocimiento sobre lo ocurrido para tomar las medidas oportunas para evitar su recurrencia y mitigar los daños que se hayan podido producir.

2.- Eximir a profesionales influyentes de la necesidad de actuar conforme a las políticas de calidad y seguridad de la organización. Esta  permisividad es interpretada muy negativamente por el resto de los profesionales y puede condicionar su comportamiento, erosionando la credibilidad del líder.

El capítulo dedicado al liderazgo en el Manual de Estándares de la Joint Commission establece que todos los líderes en los centros (entendiendo por líderes a los directivos y a los responsables de los servicios asistenciales) deben crear una cultura de seguridad a través  de la generación de un clima de confianza e imparcialidad que estimule la notificación de incidentes y efectos adversos, facilitando los recursos necesarios para garantizar la seguridad, analizando los indicadores al respecto y desarrollando planes que aseguren y mejoren la seguridad, fundamentalmente de los procesos que plantean más riesgo.

La Joint Commission hace una serie de recomendaciones de actuación  a los líderes con esa finalidad:

1.- Definir y establecer una cultura de seguridad en la organización que incluya un código de conducta, al respecto, de obligado cumplimiento, para  todos los profesionales que trabajen en el centro.

2.- Desarrollar una política de transparencia en relación con todos los efectos adversos para crear un entorno en el que los profesionales puedan hablar sin temor a represalias de las vulnerabilidades reales o percibidas de la organización y de apoyo para notificar éstas y los posibles fallos

3.- Introducir los indicadores de seguridad como una parte importante de la evaluación del desempeño de todos los directivos del nivel que sean de la organización.
4.- Garantizar un trato justo a las "segundas víctimas" y que reciban la ayuda oportuna.

5.- Establecer y comunicar la política referida a los comportamientos susceptibles de requerir acciones disciplinarias y el plazo en que dichas acciones van a tener lugar.

6.- Fomentar la realización de análisis de causa-raíz de los efectos adversos y comprobar que las conclusiones son conocidas por todos los miembros de los equipos directivos implicados para que puedan tomar las acciones correctoras pertinentes.

7.- Realizar reuniones y rondas de seguridad  con los profesionales para conocer la visión de estos sobre los problemas con los que se encuentran para garantizar la seguridad.

8.- Establecer incentivos relacionados con la mejora de la seguridad y con la utilización de la medicina basada en la evidencia.

9.- Priorizar las acciones a efectuar para promover las barreras necesarias para garantizar la seguridad  y dedicar los recursos necesarios para su implementación.

10.- Utilizar los conocimientos y la experiencia de los profesionales para desarrollar medidas de seguridad.

11.- Medir regularmente el compromiso de los líderes con la seguridad por medio de la realización de encuestas de clima y otras técnicas de análisis.

12.- Reconocer y recompensar  los esfuerzos tanto de los profesionales como de los directivos encaminados a mejorar y garantizar la seguridad del paciente.

13.- Solicitar la opinión y las sugerencias de los pacientes sobre cómo creen ellos que puede incrementarse su seguridad

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