lunes, 9 de noviembre de 2015

EL PREJUICIO DEL INTERÉS PERSONAL: EL EFECTO TOLSTOI


En el boletín del 26 de octubre de Farnam Street, Shane Parrish plantea que el prejuicio del interés personal afecta todo, desde cómo contemplamos  y filtramos la información a cómo evitamos el dolor. Interviene en nuestros instintos de autoconservación y nos ayuda a racionalizar nuestras elecciones.

Nuestra autoestima juega un papel importante en nuestro bienestar personal y felicidad. Se ha demostrado que las personas con un alto nivel de autoestima son más felices, tienen menos problemas interpersonales, ceden menos ante las presiones de sus compañeros y tienen mayores éxitos en las distintas facetas de su vida. Por tanto existe una fuerte motivación para preservar una auto- imagen positiva y consistente, pero con frecuencia se presentan situaciones en que ésta se ve dañada, como por ejemplo ante un despido, el fin de una relación de pareja…, y nos enfrentamos a la necesidad de reparar los daños.

Bajo la influencia del prejuicio del interés personal nos podemos encontrar alejándonos de los hechos y modificándolos para que se conviertan en aceptables. Aunque esta tendencia normalmente es inocua y episódica, existen casos en los que se convierte en extrema y dejan a la persona con poca capacidad para valorar las situaciones de forma objetiva.



CharlieMunger, en su conferencia “The psychology of human misjudgement” reflexiona sobre las tendencias extremas que muestran los criminales en las novelas de Tolstoi. Sus mecanismos de defensa se pueden dividir en dos tipos distintivos: niegan haber cometido algún crimen o consideran que su crimen es justificable debido a todas las penalidades que han sufrido. Munger llama a estos dos casos EL EFECTO TOLSTOI:

1.- EVITAR LA REALIDAD POR MEDIO DE LA NEGACIÓN.

La negación ocurre cuando nos encontramos ante una realidad y decidimos ignorarla. Por ejemplo si observamos que ha aparecido un lunar un poco extraño, sentimos ansiedad, pero decidimos olvidarnos de él. Semanas después si vemos que ha aumentado de tamaño actuamos y vamos al médico.

En estos casos una dosis pequeña de negación puede servirnos para absorber la información lentamente y pensar en los pasos que vamos a dar. Pero si la negación se convierte en una medida prolongada para asumir asuntos conflictivos los problemas se amplificarán y sufriremos las consecuencias. Éstas pueden ser de distintos tipo, siendo la más suave la incapacidad para seguir adelante con sus vidas.

Munger recomienda el evitar las oportunidades de deslizarse hacia una adicción, ya que la distorsión de la realidad que experimentan las mentes de los drogadictos les lleva a creer que se mantienen en una condición buena aunque su situación se deteriore.

2.- RACIONALIZAR NUESTRAS ELECCIONES.

Una forma menos severa de distorsión de la realidad es nuestra tendencia a racionalizar las elecciones que hacemos.

La mayoría de nosotros tenemos un concepto positivo de nosotros mismos y creemos que somos competentes, morales e inteligentes e intentamos en muchas ocasiones hacer lo que sea para preservar esta imagen personal, por ejemplo cuando practicamos  comportamientos que no son consistentes con nuestra imagen personal y utilizamos frases como “no decir la verdad no es mentir”, “no tuve tiempo”, “otros son peores”, con las que intentamos justificar unas acciones un tanto dudosas.

Esta tendencia en parte se explica por el motor que mueve la auto-justificación y que se llama disonancia cognitiva. Es el estado de tensión que se produce cuando tenemos dos hechos contrapuestos en nuestras mentes, tales como: “fumar es nocivo” y “fumo dos paquetes de cigarrillos al día”.

La disonancia nos preocupa en todas las circunstancias pero se puede volver insoportable si nuestro auto-concepto se puede ver amenazado por ella, ya que, normalmente, intentamos vivir nuestras vidas de forma que sean consistentes y tengan un sentido. Es más dolorosa cuando hacemos hago que es inconsistente con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Al ser ésta razonablemente positiva nuestros esfuerzos  dirigidos a reducir la disonancia se centrarán en conservar esta auto-imagen positiva.

La reducción de la disonancia funciona como un termostato, manteniendo nuestra autoestima en un nivel alto. Esta es la razón por la que normalmente no somos conscientes de nuestras auto-justificaciones, las pequeñas mentiras que nos contamos a nosotros mismos para evitar reconocer que hemos cometido errores o decisiones absurdas.

Nuestras convicciones sobre quiénes somos nos acompañan siempre y constantemente estamos interpretando las cosas que nos suceden a través del filtro de estas creencias. Cuando son violadas, aunque sea por una buena experiencia nos sentimos incómodos. Esta es una de las razones, por las que, como han demostrado diversas investigaciones, las personas que presentan una baja autoestima o que sencillamente creen que son incompetentes en un área no se muestran excesivamente satisfechos cuando hacen algo bien en ese ámbito y por el contrario se sienten con frecuencia como fraudes. Por ejemplo si una mujer no se considera atractiva y empieza a ser cortejada seriamente por un hombre guapo, se sentirá momentáneamente muy contenta, pero después puede surgir la disonancia y plantearse qué puede estar viendo en ella y pensará que tan pronto descubra cómo es la abandonará.
La forma más evidente de acallar la disonancia es por el abandono de la conducta conflictiva, pero, por ejemplo, el fumador que ha intentado abandonar el hábito y ha fallado puede intentar acallar su conciencia convenciéndose de que fumar no es tan malo. Si hemos suspendido nuestra conciencia moral en una ocasión y hemos racionalizado las malas elecciones, podemos sentir que tenemos permiso para repetirlas en el futuro y caemos en el  CÍRCULO VICIOSO DE LA AUTO-JUSTIFICACIÓN.

Carol Tavris y Elliot Aronson en su libro “Mistakes were made (but not by me): Why we justify foolish beliefs, Bad decisions and hurtful acts” explican este círculo vicioso de elecciones con la analogía de una pirámide, a través del  siguiente ejemplo:

Dos estudiantes idénticos en lo referente a sus actitudes, habilidades y salud psicológica, que son razonablemente honestos y mantienen la misma actitud hacia el hacer trampas: piensan que no es algo bueno, pero que existen peores crímenes en el mundo, se enfrentan a un examen que determinará si entran en la universidad. Ambos se quedan en blanco ante un pregunta crucial del examen, con lo que el fracaso acecha, pero tienen la oportunidad de hacer trampas porque pueden copiar de otros compañeros. Los dos luchan contra la tentación y uno cede y el  otro no. Cada uno gana algo importante, pero con un coste: el primero gana la posibilidad de acceder a estudios superiores pero pierde su integridad, mientras que el segundo mantiene su integridad pero pierde esta ocasión de acceder a estudios superiores.

La pregunta es la siguiente: ¿Cómo se sienten con respecto a hacer trampas la siguiente semana? Cada estudiante ha tenido tiempo suficiente para justificar sus acciones. El que cedió a la tentación pensará que al fin y al cabo copiar no es un crimen muy grande y que todo el mundo lo hace sin ningún problema y por otro lado era necesario para poder seguir con su carrera futura. El que resistió a la tentación decidirá que hacer trampas es más inmoral de lo que pensaba inicialmente. Al terminar de intensificar sus niveles de auto-justificación habrán ocurrido dos cosas:

a).- Se han distanciado mucho en sus creencias.

b).- Han interiorizado sus creencias y están convencidos de que siempre han pensado de esa forma.



Es como si ambos  hubiesen comenzado en lo alto de una pirámide separados sólo por pocos milímetros y al finalizar su proceso de justificación de sus acciones individuales se encontrasen a los pies de la pirámide cada uno en un vértice. El que no hizo trampas considerará que el otro es inmoral y este último pensará que su compañero es en exceso puritano.

Este ejemplo ilustra la razón por la que las personas que vencen las tentaciones pueden llegar a despreciar a aquellos que no lo hacen. Esta metáfora de la pirámide se puede aplicar en la mayoría de las decisiones que implican elecciones morales u opciones de vida: probar drogas o no, engañar a la pareja o no,….Cuando la persona en lo alto de la pirámide duda porque existen beneficios y costes en ambas elecciones sentirá una necesidad especial de justificar la elección que tome. Cuando se encuentra en los pies de la pirámide esa ambivalencia se habrá transformado en certeza y se sentirá muy distante de aquellas personas que hayan tomado una ruta distinta.

Si consideramos el famoso experimento de Stanley Milgram (comentado en entradas anteriores) en el que dos tercios de los 3000 participantes en el mismo administraron  descargas eléctricas de una intensidad peligrosas para la vida de las personas que las recibían sirve, también para ilustrar el fenómeno de la auto-justificación. Imaginemos que nos piden que sometamos a alguien, por el bien de la ciencia, a una corriente potencialmente letal y muy dolorosa. Lo normal es que nos neguemos a ello, pero si el investigador nos dice que está interesado en los efectos del castigo sobre el aprendizaje y que lo que tenemos que hacer es suministrar una pequeña corriente eléctrica a la otra persona, aceptaremos y cuando poco a poco nos piden que vayamos incrementando la intensidad lo haremos, si no somos capaces de marcar límites.

Las implicaciones de esta investigación son importantes ya que si no somos capaces de poner los límites nosotros, las circunstancias y los hábitos decidirán por nosotros. Todos hacemos tonterías en ocasiones, no podemos evitarlo, pero no estamos predestinados a vivir una vida de negación o de justificación de nuestros actos, siempre tenemos la posibilidad de corregir nuestras tendencias cuando las detectamos.

Una mejor comprensión de la forma en que trabaja nuestra mente es un primer paso para romper el hábito de la auto-justificación. Lleva tiempo, auto-reflexión y determinación para llegar a analizar objetivamente nuestro comportamiento y sus causas, pero merece la pena.

A nivel personal Munger sugiere que tenemos que aceptar dos hechos:

1.- El mal desempeño es signo de un mal comportamiento y tiende a aumentar y a generar más daños, como si se cumpliese la Ley de Gresham ( el principio según el cual, cuando en un país circulan simultáneamente dos tipos de monedas de curso legal, y una de ellas es considerada por el público como "buena" y la otra como "mala", la moneda mala siempre expulsa del mercado a la buena. En definitiva, cuando es obligatorio aceptar la moneda por su valor facial, y el tipo de cambio se establece por ley, los consumidores prefieren ahorrar la buena y no utilizarla como medio de pago).

2.- En sectores con alto nivel de exigencias, como los equipos deportivos, las excusas y el mal comportamiento no nos llevarán muy lejos.

A nivel institucional Charlie Munger propone construir una cultura justa y meritocrática, unida a una gestión de personas que fomente las actitudes morales y siempre que sea posible acabe con los peores infractores.  


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