miércoles, 22 de junio de 2016

GENGIS KHAN. LA VOLUNTAD DE APRENDER


En el blog de Farnam Street correspondiente al 19 de junio su autor  comenta la historia de Gengis Khan y cómo su actitud abierta al aprendizaje fue la base de su éxito, tal como se recoge en el nuevo libro de Ryan HolidayEgo is the enemy”.

La leyenda de Gengis Khan se ha transmitido a lo largo del tiempo: un conquistador bárbaro, sediento de sangre que aterrorizó al mundo civilizado. La imagen que tenemos es la de él y su horda de mongoles viajando a través de Asia y Europa, insaciables, arrasando todo lo que encontraban a su paso y eliminando no sólo a las personas sino a las culturas y que desaparecieron de la historia porque no fueron capaces de construir nada que se mantuviese a lo largo del tiempo.

Este enfoque no responde a la realidad ya que no sólo Gengis Khan fue una de las mayores mentes militares que han existido, sino que era un estudiante perpetuo cuyas asombrosas victorias fueron, con frecuencia, resultado de su habilidad de absorber las mejores tecnologías, prácticas e innovaciones de cada cultura con la que entraban en contacto.

Bajo su liderazgo los mongoles se mostraron tan despiadados en absorber y apropiarse  lo mejor de cada cultura con la que se encontraban como en la conquista en sí. Gengis Khan no nació siendo un genio, sino que como uno de sus biógrafos decía su éxito se debió a “un pragmático ciclo persistente de aprendizaje, adaptación a través de la experimentación y revisión constante impulsado por una fuerza de voluntad extraordinariamente disciplinada y centrada”.


Fue uno de los más grandes conquistadores porque estaba más abierto al aprendizaje que cualquier otro conquistador a lo largo de la historia. Sus primeras victorias destacables se originaron al reorganizar a sus unidades militares en grupos de diez. Esta idea la adquirió de las tribus turcas vecinas y de esta forma, sin proponérselo, introdujo a los mongoles en el sistema decimal. Posteriormente su imperio en expansión les llevó a entrar en contacto con otra “tecnología” con la que no se habían encontrado hasta entonces: las ciudades amuralladas. En los asedios al imperio Tangut Khan aprendió a luchar contra ciudades fortificadas y las estrategias críticas para el asedio de las mismas. Más tarde con la ayuda de ingenieros chinos enseñó a sus soldados a construir  catapultas para derrumbar las murallas. En sus campañas contra los Jurched aprendió la importancia de ganarse los corazones y las mentes. Al trabajar con los sabios y con la familia real de las tierras que conquistaba fue capaz de dirigir y mantener el control de muchos territorios. En cada país o ciudad que conquistaba llamaba a sus mejores astrólogos, escribas, pensadores, doctores y consejeros para que ayudasen a sus tropas y a sus esfuerzos.

El imperio Mongol  destacó por la libertad religiosa y por su amor a las nuevas ideas y a las convergencias entre culturas.  Llevó los limones a China y los noodles chinos a Occidente, extendió el uso de alfombras persas, la tecnología minera alemana, la forma de trabajar el metal de los franceses y el Islam, por ejemplo.

En nuestro trabajo nos encontramos siempre con nuevas situaciones y problemas. El físico John Wheeler que ayudó a desarrollar la bomba de hidrógeno en una ocasión observó: “Al crecer la isla de nuestros conocimientos también lo hace la orilla de nuestra ignorancia”. En otras palabras si lo aplicamos al caso de Gengis Khan cada victoria y avance que le hacía más inteligente también le exponía a situaciones con las que no se había encontrado nunca.  Se necesita humildad para ser consciente de que sabemos menos cuando cada vez estamos aprendiendo más. Consiste en recordar a Sócrates cuya sabiduría se apoyaba en el hecho de que sabía que no sabía casi nada. Cada logro, con frecuencia, viene acompañado  de la presión creciente para pretender que sabemos más de lo que sabemos.

No importa lo que hayamos logrado hasta el momento actual debemos seguir siendo estudiantes. Si no estamos todavía aprendiendo estaremos muriendo. No es suficiente con aprender al principio de nuestras vidas, debemos hacerlo a lo largo de nuestra vida. Debemos aprender de todos y de todo.

Con demasiada frecuencia, convencidos de nuestra propia inteligencia, nos mantenemos en zonas de confort que nos asegura que no nos sintamos estúpidos y que no tengamos que reconsiderar lo que sabemos. También nos lleva a ocultar nuestra percepción de las debilidades de nuestro entendimiento hasta que podemos encontrarnos con que es demasiado tarde para cambiar.

Todos nos enfrentamos a una amenaza cuando nos vamos perfeccionando en distintas materias. Es el ego que puede hacer que sintamos que todo lo sabemos y que no tenemos que seguir aprendiendo siempre. La solución para no caer no es cómoda y consiste en ponernos en situaciones en las que podemos ser la persona que menos sabe de un tema o en aquellas que se van a cuestionar nuestros conocimientos por personas expertas.


Peter Drucker mantenía que no es suficiente simplemente con querer aprender. Al progresar las personas deben entender los mecanismos que les llevan a hacerlo y diseñar procesos que les faciliten la formación continua. Si no lo hacemos caeremos en la ignorancia autoimpuesta.  


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