domingo, 12 de abril de 2026

DECIR NO ES DIFÍCIL: LA IMPORTANCIA DE PONER LÍMITES



Jefferson Fisher en “The next conversation. Argue less, talk more”, que estamos comentando, plantea que decir no es difícil. Cuando somos niños lo hacemos con facilidad, pero cuando vamos creciendo aprendemos que decir no tiene un coste. Decir no ante las presiones de compañeros puede hacer que nos sintamos aislados, a nuestros padres o profesores puede acarrear un castigo, etc.

Por tanto, para evitar estas consecuencias cedemos para que no haya problemas y todos estén contentos, aunque nosotros no lo estemos. Priorizamos el confort y los deseos de los demás sobre los nuestros, con frecuencia a expensas de lo que verdaderamente deseamos nosotros. Con el tiempo esta actitud se convierte en un patrón que nos puede generar estrés y resentimiento.

Aprender a decir que no supone no solo el reclamar nuestro poder para tomar decisiones que respondan a nuestras necesidades, sino también redescubrir la libertad de escoger sin miedo. Nos sentiremos más felices, más sanos y más auténticos en relación a cómo verdaderamente somos.

Por ejemplo, cuando recibimos una invitación que no deseamos aceptar, tenemos que pensar que no estamos negociando con la otra persona, sino que estamos negociando con nosotros mismos. Nuestra paz mental no es negociable. Debemos tener la suficiente seguridad en nosotros mismos para responder aceptando si eso es lo que queremos o no haciéndolo si no lo deseamos.

Lo importante es rechazar la invitación de la forma adecuada. Si respondemos: “Gracias por la invitación, pero no puedo” , el problema es que en la secuencia de comenzar con un agradecimiento y finalizar con el no, encontramos demasiado tentador buscar una justificación o una excusa para acabar la frase: “Gracias por la invitación, pero no puedo porque tengo que…….”

Otro problema con esta secuencia es que  invita a que la otra persona nos pregunte el por qué o comience a indagar , porque parece que cuando dices “no puedo” esperas que el otro muestre preocupación o interés y responda con ¿Por qué ¿ ¿Qué pasa? Y uno de los principales problemas de esta secuencia es que nos obliga a decir “pero”: “Gracias, pero…..” y de esta forma nuestra afirmación previa de gratitud se debilita.

Fisher recomienda para que empecemos a tener confianza a la hora de decir no a invitaciones sencillas que sigamos los siguientes pasos:

Primer paso: decir no

“No puedo”

“No voy a poder o no voy a ser capaz de “

“Necesito decir no/voy a pasar”

Paso 2: Mostrar gratitud

“Gracias por invitarme/por incluirme/por pensar en mí”

“Es muy amable por tu parte/significa mucho para mí”

“Agradezco que me lo pidas”

“Me siento halagada/honrada”

Paso 3: Mostrar amabilidad

“Parece que va a ser un momento maravilloso”

“Confío que vaya bien/¡sé que será genial¡”

“He oído cosas buenas de ….”

“Espero que estés bien/que te vaya bien”

Esta secuencia funciona por diversas razones: primero porque comienza con el no, el no es directo. Segundo porque nivelamos el no con gratitud, que reconoce el valor del gesto y hace que sea innecesario el utilizar el pero en la respuesta. Finalmente al terminar nuestra respuesta con una afirmación amable, estamos haciendo que en lugar de preguntar “¿Por qué no?  La otra parte sienta más deseos de decir algo parecido a “te echaremos de menos".

El autor avisa que si a pesar de todo nos piden una justificación, una razón por la que hemos dicho que no, no tenemos porque ceder y dar una explicación salvo que sea alguien en quien confiemos o que nos sintamos cómodos con ser abiertos. Por ejemplo en el escenario de una invitación para tomar un café, que hemos rechazado,  si nuestro compañero nos pregunta las razones detrás de nuestra negativa, debemos responder repitiendo nuestra respuesta: “No puedo”. En este punto esta respuesta será más fría ya que no necesitamos excusarnos ni justificarnos cuando estamos eligiendo lo que consideramos que es lo adecuado para nosotros.

Debemos aceptar los sentimientos de decepción y no dejar que afecten nuestra seguridad en nosotros mismos. Forman parte del proceso de reclamar nuestras necesidades y de recuperar nuestra libertad. Debemos entender que cuando sentimos que estamos decepcionando a otra persona el 98% se debe al ego y el  2% a la realidad.

Esto es porque parte de nuestros  sentimientos de decepción se deben a que nos queremos convencer de que nuestra presencia es tan deseada que la otra persona se sentirá muy desilusionada si decimos que no. Pero rara vez somos tan importantes.

El problema surge ante las conversaciones complicadas. En estos casos es posible que sea necesario recurrir a los límites y entonces tenemos que saber cómo comunicarlos de forma asertiva.

Normalmente nos referimos a los límites en el sentido de no permitir cruzar una línea, pero son más que líneas, deben ser un perímetro que nos rodee. Los límites informan sobre lo que es importante para nosotros, lo que valoramos profundamente ( nuestra familia, nuestra salud, nuestra carrera, nuestro bienestar, el respeto a nosotros mismos, etc). Por ejemplo si nuestra familia es nuestra prioridad principal es un valor, no un límite o barrera, y dejamos que los demás lo perciban si rechazamos ir a un evento importante por cuidar a nuestros hijos.

Nuestras acciones y elecciones definen los límites y las barreras alrededor de lo que valoramos. Son las que informan a los demás lo que es importante para nosotros. La importancia de nuestra familia  no se convierte en una barrera hasta que no comenzamos a hacer elecciones intencionadas que informan a los demás de que no se les permite entrar. Tenemos que dejar que los otros sepan qué está permitido y qué no.

 Los beneficios de los límites son innumerables: son fundamentales para las relaciones sanas, la comunicación sincera y el auto- respeto. Al construir barreras no solo protegemos nuestro bienestar emocional y mental, también educamos a los demás para que respeten nuestras necesidades y límites. Ayudan a prevenir el burnout y el resentimiento al asegurarnos de que asignamos nuestro tiempo y energía a lo que verdaderamente nos importa. Nos permiten efectuar elecciones alineadas con nuestros valores y prioridades, fomentando nuestra autonomía y libertad.

Debemos recoger nuestros límites en un “manual” que incluya todos los “no” que queremos sean automáticos. Este manual va a instruir a la otra persona en detalle cómo operamos y cuáles son nuestros límites. En él debemos hacer una lista numerada , un conjunto de instrucciones sobre cómo vamos a actuar en nuestra siguiente conversación. Por ejemplo: “No voy a responder ante las faltas de respeto, “No voy a dejar que los otros decidan cómo debo pensar o cómo debo sentirme”  , “No rechazo mi intuición por considerarla irrelevante”, “No voy a comprometer mi paz mental en aras del apaciguamiento” o “No participo en cotilleos ni en asesinatos del carácter de los demás". Encontraremos que el acto de escribir estos propósitos nos da seguridad.

Una vez que conocemos el valor que deseamos proteger y tenemos listo nuestro manual es tiempo de afirmar nuestro límite. Esto implica comunicárselo  a la otra persona. Para ello.

1.- Comenzar con el límite

Comenzar con una afirmación “Yo” y luego insertar nuestro límite. Utilizar yo deja claro que es nuestro límite, nuestra elección. Podemos decir, por ejemplo: “Yo no acepto cómo me estás tratando”, “Yo no trabajo los fines de semana” o “Yo no bebo alcohol” .

Los límites no tienen que comenzar siempre con yo no , pueden también redireccionar conversaciones, redirigir el foco en algo y clarificar nuestro interés por una conversación constructiva. Por ejemplo:

a).- El límite de la presencia: “Estoy aquí porque me importas” para volver a centrar una conversación cuando la otra parte trata de introducir un tema no relacionado o distraernos del tema central.

b).- El límite del propósito: “Estoy aquí para hablar de lo que me dijiste la semana pasada” para volver a centrar la conversación cuando intentan introducir temas pasados o atacar nuestro carácter.

c).- El límite de la integridad. “No voy a hacer eso contigo o no voy a ir allí contigo”, para mostrarnos firmes cuando la otra parte busca obtener una reacción emocional o propone algo extraño-

Una vez que hemos declarado nuestro límite no debemos justificarlo ni explicarlo. La otra parte es la que debe decidir si van a respetarlo o no.

2.- Añadir la consecuencia

Si la otra parte deja claro que no va a respetar nuestro límite, debemos añadir una consecuencia, informando sobre lo que va a pasar si continúan sobrepasándolo. Existen dos pasos:

a).- El primero es condicional: “ Si continuas…..”

b).- El segundo es la acción: “Voy a ….”

Por ejemplo: “Yo no acepto la forma en la  que me tratas. Si continuas tratándome así voy a finalizar la conversación”, “Yo no trabajo los fines de semana, si continuas programando actividades los fines de semana buscaré otro trabajo que respete mi compromiso con mi familia” o “Yo no bebo alcohol. Si continuas presionándome para que beba me marcharé”

3.- Seguir adelante

Esta es la parte más difícil. Las consecuencias se deben cumplir, por lo que si los demás continúan ignorando nuestros límites deberemos hacer lo que hemos comunicado, y por tanto en los ejemplos mencionados: abandonar la conversación, buscar un nuevo trabajo o dejar la fiesta e ir con amigos que respeten nuestras elecciones. Estamos mostrando que hacemos lo que decimos.

Los límites no siempre van a gustar a todos , pero nos respetarán por ellos. Tenemos que procurar que no sean excesivos, para que no dificulten la convivencia con nosotros. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario