Martin Seligman en Big Think del pasado ocho de septiembre plantea que la autoeficacia o confianza o
creencia que tiene una persona en su propia capacidad para ejecutar acciones y
lograr metas específicas puede, según décadas de investigaciones, ser
fortalecida por medio de unas pocas y sorprendentes estrategias sencillas.
Albert Bandura, el
padre del concepto de autoeficacia, definía la eficacia como la creencia en
nuestra capacidad para ejecutar comportamientos que producirían resultados
específicos. No se trata de tener la habilidad concreta, sino de creer que
podemos tenerla y tener éxito. En primer lugar la ideología que tengamos influye
en nuestra eficacia. Si creemos que la gracia de Dios arbitrariamente hace todo
o el destino o la casualidad o el sistema, nuestra propia eficacia será baja.
Si, por otro lado, creemos en el poder de la voluntad humana o hasta en la
cooperación con Dios, nuestra eficacia será más elevada.
Más allá de la
ideología Bandura identificó diversas formas prácticas de construir la
autoeficacia, entre las que destacan:
1.-
Empezar poco a poco y dejar que el éxito llegue en cascada
La fuente más potente
de eficacia es la maestría (la experiencia directa del éxito en tareas
desafiantes). Se ha comprobado que el tamaño del éxito no importa tanto como
pensamos porque nuestra mente registra el que terminemos algo, no su magnitud.
Esto ocurre porque cada
tarea completada, independientemente de lo trivial que sea, envía una señal a
nuestro cerebro: “ Me propuse hacer algo y lo he conseguido”. Esta señal es la
que construye la eficacia, no la importancia del logro. Por esta razón si nos
sentimos paralizados ante una habitación en completo desorden, no debe tratar
de limpiar todo de golpe. Debemos comenzar, por ejemplo por lavar una taza de
café. No porque una taza limpia importe , sino porque completar esa acción con
frecuencia desencadena una cascada y una taza lleva a otra lo que lleva a
limpiar la encimera y el resto de la habitación. Cada micro-éxito es como una
pieza de dominó.
2.-
Contemplar cómo alguien como nosotros tiene éxito
Ver a otros triunfar en
tareas similares impulsa nuestra propia eficacia siempre que atendamos a los
detalles correctos. La clave se encuentra en la similitud. Si ellos pueden
hacerlo yo también podré, pero siempre que se parezcan a nosotros en cosas
significativas y si entendemos cómo lo han hecho y no solo que lo han hecho.
Esta estrategia
funciona porque cuando observamos a alguien similar a nosotros superar un
obstáculo nuestra mente hace una inferencia automática: “Si alguien como yo lo
ha logrado, la tarea puede ser posible para personas como yo”.
Pero la observación
exclusivamente no es suficiente, tenemos que estudiar su enfoque, las acciones
específicas que realizó esa persona o que hizo cuando se atascó. Por esta razón
debemos cultivar las relaciones con personas que persiguen metas similares.
3.-
Reformular el fracaso
Fracasaremos, pero la
cuestión se centra en la historia que nos contemos a nosotros mismos sobre las
causas del fracaso. Las personas con alta eficacia atribuyen los fallos a
factores controlables, como no prepararse adecuadamente o utilizar la
estrategia equivocada. Las personas con eficacia baja atribuyen los fallos a
limitaciones fijas, como ausencia de talento o ser estúpidos. La diferencia
entre estas dos explicaciones determina si volvemos a intentarlo o nos
rendimos.
Si imaginamos que
estamos en una entrevista de trabajo y no hemos conseguido el puesto al que
aspirábamos podemos concluir que no somos buenos en las entrevistas o que no
somos el tipo de persona que desean, con lo que estamos identificando una
deficiencia intrínseca permanente y no podemos hacer nada. Si, por el
contrario, concluimos que no habíamos estudiado lo suficientemente bien la
compañía o necesitamos practicar cómo responder bien a determinadas preguntas,
hemos identificado un error que podemos corregir. La eficacia sobrevive porque
el camino hacia delante es claro: analizar más, practicar más. El resultado
objetivo es idéntico: no conseguimos el trabajo, pero el resultado psicológico
es distinto: una interpretación nos bloquea, mientras la otra nos lleva a
seguir intentándolo mejor preparados.
Por esta razón debemos
analizar lo que hemos aprendido de los contratiempos en lugar de centrarnos en
lo que ha ido mal. La pregunta correcta no es: ¿Por qué soy así? , sino: ¿Qué
voy a hacer diferente la próxima vez?
4.-
Reformular nuestras señales corporales
La tristeza, la
ansiedad, la fatiga y la enfermedad física minan nuestras creencias sobre
nuestra eficacia por la manera en la que las podemos interpretar. Por ejemplo
cuando nuestro corazón late con fuerza y las palmas de nuestras manos están
sudorosas antes de una presentación nuestra mente se pregunta qué es lo que
significa. Si lo interpretamos como que tenemos miedo porque no somos capaces
nuestra eficacia cae y nuestro desempeño se resiente. Si por el contrario lo
interpretamos como mi cuerpo está movilizando energía porque es importante,
nuestra eficacia se mantiene y nuestro desempeño mejora.
Esto ocurre porque
nuestro cuerpo produce respuestas similares ante las amenazas y los retos. La interpretación
que le demos determina el estado psicológico en el que entramos: de evidencia
de incapacidad a preparación para la acción. Nuestro cuerpo nos está dando
energía, la cuestión es cómo la tratamos: como un aliado o como un enemigo.

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