domingo, 25 de octubre de 2026

"VIBE": CUÁLES SON LOS SECRETOS DE LAS CONEXIONES PERSONALES

 


Adam Grant, en su último libro: “Vibe. The secrets of strong connections in a lonelyworld”, recien publicado, nos revela cómo podemos forjar relaciones más estrechas, con mayor rapidez, mientras se mantienen en el tiempo.

Una vibra “ ( “vibes” o energía o atmósfera o sensación intuitiva que transmite una persona, un lugar  o una situación sin necesidad de explicarlo con lógica.), identifica la calidad de la conexión entre las personas. La raíz latina es vibratio y cuando “vibramos” estamos sintonizados en un ritmo. Es más que un sentimiento: los neurocientíficos puede observar nuestro ritmo cardiaco y nuestras ondas cerebrales sincronizándose. Las conversaciones fluyen con energía, las ideas florecen, el tiempo vuela y el resultado es más que una atracción mutua, es una transformación mutua.

Cuando no conseguimos establecer esta sincronía cometemos errores. Diversos estudios muestran como los pilotos tienen potencialmente mayores posibilidades de cometer errores catastróficos si no han volado previamente juntos o como se incrementan las tasas de mortalidad de los pacientes de los cirujanos cuando éstos operan con equipos nuevos.

En ocasiones esta sincronía se produce instantáneamente y sin esfuerzo, como ocurre cuando nos sentamos al lado de una persona que no conocemos en una fiesta y en pocos minutos parece como si la conociésemos de toda la vida. Pero en otras ocasiones independientemente de lo intensamente que lo intentemos no podemos generar esa sintonía. Este es uno de los grandes misterios de la vida social: ¿Por qué podemos establecer una buena sintonía con unas personas y con otras no?

La falta de conexión entre las personas es uno de los problemas más importantes de nuestra época. Por ejemplo, en Estados Unidos la soledad se ha ido incrementando desde la década de los setenta del siglo pasado. En la actualidad el estadounidense  medio se siente más solo que una persona tipo en Europa. La proporción de personas en Estados Unidos que no tienen amigos cercanos se ha cuadriplicado desde 1990 a 2020. Investigaciones muestran que la mayoría de las personas preferimos interactuar con un extraño que comparta nuestra ideología política, que con un amigo que no lo haga. Cada vez un mayor número de adultos se está apoyando en  asistentes virtuales (chatbots)  para mantener conversaciones, conectar u obtener ayuda emocional.

Nos sentimos solos porque echamos de menos conectar con los demás, porque cada vez tenemos más problemas para interactuar. Sustituir las conversaciones cara a cara por pantallas digitales puede alterar nuestra capacidad de leer y captar señales sociales y emocionales. Las habilidades sociales se pueden considerar como músculos que sin un entrenamiento regular se atrofian. Este hecho se ha comprobado, por ejemplo en el caso de astronautas cuando vuelven de su aislamiento en el espacio, con prisioneros al salir de celdas de aislamiento y en la población en general tras la pandemia. Al disminuir los centros de culto o los comunitarios existen menores oportunidades de ejercitar esos músculos.

Pero las habilidades sociales en declive son solo parte del problema. Las normas sociales también pueden constreñir nuestras relaciones. En todas las culturas existen rutinas y guiones que gobiernan las interacciones, como por ejemplo preguntar a un extraño lo que hace y no lo que le gustaría hacer, hablar con los compañeros del tiempo y no de sus familias. Los sociólogos llaman a estas interacciones rituales de interacción  y pueden crear o romper la sintonía (vibe). Los rituales de  interacción  exitosos  pueden impulsar y cementar nuestras conexiones, pero cuando son fallidos o forzados pueden eliminar instantáneamente la sintonía y buenas vibraciones.

Hasta pequeños rituales pueden revelar mucho sobre nuestras conexiones. Por ejemplo, existe evidencia de que podemos predecir el éxito de un equipo de baloncesto solo observando las veces en que se produce contacto físico entre los jugadores después de los partidos importantes. Cuantas más veces los jugadores de la NBA choquen las palmas, los puños o se den abrazos de oso después de un partido en los meses de octubre y noviembre, mejores resultados van a tener como equipo en el mes de abril y durante el resto de la temporada. Este hábito sutil es un signo de que existe sintonía entre ellos.

Las personas solemos categorizar a las relaciones considerando los distintos dominios de nuestras vidas: los clasificamos como amigos, familiares, vecinos o compañeros de trabajo, fundamentalmente. Estos términos describen cómo estamos conectados, pero revelan poco sobre el por qué. No consiguen captar cómo algunos compañeros se convierten en amigos y cuando algunos amigos nos parece que son como de la familia.

Grant en sus investigaciones, al revisar evidencias sobre una gran cantidad de culturas, ha descubierto que solemos conectar con las personas en cuatro diferentes niveles.  Podemos sintonizar como:

A).- ASOCIADOS

Los lazos que nos unen son transaccionales. Nuestra primera razón para comunicar es intercambiar recursos. La interacción se basa en la reciprocidad. Algunos asociados pueden ser los vecinos si, por ejemplo,  llegamos a acuerdos con ellos para recoger y llevar a los niños a actividades extraescolares. Los asociados pueden incluir también, por ejemplo, a un pariente lejano, médico, al que recurrimos cuando tenemos algún problema médico o el programador que gestiona nuestra página web. La unión se produce por necesidades compatibles.

B).- ALIADOS

Son relaciones basadas en un propósito, al compartir una misión. Podemos por ejemplo, ser voluntarios en la misma organización, rezar juntos o lanzar una startup juntos. El autor considera entre sus aliados a los miembros de su equipo de podcaat, a los estudiantes de su laboratorio de investigación o a los primeros  lectores de su libros que le dan el feedback antes de su lanzamiento. Están unidos por metas compatibles.

C).- COLEGAS

Son los aliados para la diversión y el ocio con los que compartimos las mismas formas de disfrutar y divertirnos. Básicamente nos gusta hacer las mismas cosas juntos como ir de compras, hacer deporte, ver una película o ir de fiesta juntos, etc. Están unidos por intereses compatibles.

 D).- COMPAÑEROS O ACOMPAÑANTES

Son las conexiones basadas en el cuidado. Confiamos y nos apoyamos unos en los otros para el apoyo emocional. Grant considera a su mujer y a sus hijos, a un grupo de mentores y a los amigos que le quedan del colegio, como sus acompañantes más cercanos. La unión se produce por el afecto profundo que sienten unos por otros y por compartir valores compatibles.

Distintas longitudes de onda en la sintonía que se produce en cada caso implican distintas prioridades. En el caso de asociados y aliados el foco central está en el resultado de la interacción. Nuestras conexiones sentimos que merecen la pena mientras solucionamos un problema o alcanzamos una meta juntos. Con los colegas y acompañantes estamos viviendo el momento y cuando nuestro tiempo juntos es delicioso o significativo la sintonía es gratificante independientemente del resultado.

Conectamos en diferentes longitudes de onda por distintas razones. Normalmente nos convertimos en asociados o colegas basándonos en la conveniencia, por ejemplo cuando nos encontramos en situaciones en las que podemos intercambiar favores o descubrir hobbies. Ganamos aliados y acompañantes basándonos en compromisos. Elegimos juntarnos con personas que están en un camino común y confiar en las personas que tiene principios similares a los nuestros. Esto explica las razones por las que muchas personas tienen discusiones acaloradas con sus padres o hijos, ya que se espera que sean compañeros pero como no escogemos a nuestros parientes de sangre, no siempre compartimos la química necesaria para ello.

Conocer el propósito tras nuestros vínculos nos ayuda a establecer elecciones y evitar conflictos al clarificar cómo encajan las distintas personas en nuestras vidas. Podemos llamar a los colegas y aliados para compartir buenas noticias, pero los compañeros son los más adecuados para comentar las mala.

Considerar las diferentes longitudes de onda nos ofrece nuevas formas de sintonizar y nos facilita la gestión de las relaciones que ya tenemos. No tenemos tiempo para convertir a todas las personas que nos encontramos en algo más que asociados, pero podemos mantener una buena química con los asociados si ambos sabemos que nuestros intercambios son pragmáticos y que no esperamos que se conviertan en aliados y compañeros, solo que nos ayuden a resolver, por ejemplo, el problema de localizar a un buen fontanero ante una fuga de agua nocturna.

De la misma manera no necesitamos que nuestros compañeros de trabajo se conviertan en colegas o acompañantes. Muchas personas se sienten incómodas si su jefe trata de ser su amigo. Algunos antropólogos mantienen que no podemos gestionar más de cinco personas en nuestro círculo más íntimo. Puesto que las relaciones muy estrechas son difíciles de hacer y de mantener, la mayor parte de las personas no tienen una larga lista de acompañantes, pero no existe un límite en relación con el número de aliados o colegas.

Cada longitud de onda añade algo único a nuestras vidas. Estudios con más de 50000 participantes en todo el mundo han mostrado que somos más felices cuando tenemos un portafolio equilibrado de interacciones. Distintas relaciones nos ayudan a sentirnos valorados de diferentes maneras: la soledad es causada por la ausencia de acompañantes, la falta de diversión por la ausencia de colegas y la falta de rumbo o propósito por la ausencia de aliados.

Asociados, aliados, colegas y acompañantes son tipos de conexiones pero también modos de interacción. Establecemos un ritual de aliados  cuando jugamos un partido de dobles de   tenis con nuestra pareja de juego o un ritual de colegas cuando quedamos con alguien para tomar unas copas, por ejemplo. Interactuar como colegas o acompañante  no quiere decir que seamos colegas o compañeros, pero puede significar que podemos ir hacia ese tipo de relación.

Sintonizamos cuando nos movemos en la misma longitud de onda. La alineación crea la química que eleva la energía en nuestras interacciones, lo que facilita el camino hacia la cercanía y el estrechamiento de lazos.

Estar en diferente longitud de onda crea interferencias. No resulta agradable que las personas intenten imponernos sus formas de conectar. Por ejemplo, un compañero de colegio puede sugerir hacer negocios con nosotros sin darse cuenta que el llevarse bien no es sinónimo de querer trabajar con esa persona o un compañero de trabajo nos puede contar sus problemas personales sin ser consciente de que ser compañero de trabajo no implica ser consejero sentimental. Investigaciones muestran que tanto en las interacciones personales como profesionales estar en diferentes longitudes de onda constituye una receta para sentirse decepcionado o hasta traicionado.

Parte del proceso de crecer y madurar consiste en aprender que los colegas con los que vamos de juerga no siempre están preparados para ser los compañeros con los que compartir nuestras penas y llorar sobre sus hombros.

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