domingo, 16 de enero de 2022

LA INFLUENCIA INVISIBLE

 


Vanessa Bohns en “You have more influence than you think. How we underestimate our power of persuasion, and why it matters”, plantea que normalmente no somos conscientes del impacto que tenemos sobre los demás y tendemos a subestimar la influencia que ejercemos.

Las personas subestimamos lo bien que un sencillo cumplido puede hacer que se sientan los demás y sobreestimamos lo molesto que puede ser el que un extraño nos exprese su admiración. Este fenómeno va más allá de los halagos superficiales ya que las personas , también, subestiman  lo que los demás aprecian y lo bien que se sienten cuando expresamos gratitud por el gran impacto que tienen sobre nuestras vidas y sobreestimamos lo incómodos que les podemos hacer sentir. En este sentido los psicólogos sociales Amit Kumar y Nicholas Epley realizaron un estudio que confirma este fenómeno, en el que pedían a los participantes que escribiesen cartas de gratitud a las personas más destacadas en sus vidas. Antes de enviarlas se les  pedía que intentasen acertar si los que las iban a recibir se iban a sentir bien o incómodos al leerlas. Los investigadores después contactaron con los receptores de esas cartas y les preguntaron lo que sintieron al leerlas, confirmando que se sentían muy bien al hacerlo.

La realidad nos muestra que mientras nos movemos atropelladamente por nuestras vidas cotidianas, no viendo más allá de nuestras propias narices, vamos dejando nuestro propio reguero de impacto en las numerosas personas con las que nos encontramos a lo largo del día.   Y solemos ser ajenos a dicho impacto.

Esta revelación implica que por un lado tener influencia es más fácil de lo que pensamos y por otro que en alguna ocasión hemos podido influir en alguien sin intentarlo de formas que hubiésemos deseado no hacerlo.

Erica Boothby, junto a los investigadores de Yale, Margaret Clark y John Bargh han acuñado el término “ la ilusión del manto de invisibilidad” para describir la invisibilidad que con frecuencia sentimos a lo largo de nuestra vida diaria, como por ejemplo al viajar en metro o pasear por el parque, mientras observamos a las personas que nos rodean, pero sintiéndonos nosotros invisibles como si nos cubriese una capa invisible. Pero los demás nos observan más de lo que creemos.

Mientras escaneamos el mundo solo vemos a una serie de personas mirando fijamente al techo o a sus manos y no nos damos cuenta de que en cuanto no les miremos es posible que fijen sus miradas en nosotros. En otro estudio Boothby y sus colaboradores preguntaron a los participantes si cuando casualmente mantenían contacto visual con alguien que no conocían pensaban si era porque ellos estaban mirando a esas personas o porque esas personas les estaban mirando a ellos. La mayor parte de los participantes (76%) pensaban que los demás les miraban porque los les estaban previamente mirando. Lo mismo ocurría si se les pedía que opinasen en un contexto de una cena con amigos. Aunque no lo creamos éstos suelen fijarse en nosotros y desearían saber lo que estamos pensando más de lo que creemos.

Esto es importante porque si no somos conscientes del grado en el que los demás nos perciben no podremos saber el impacto que podemos tener sobre ellos.

Otro fenómeno frecuente es el “efecto foco” por el que las personas pensamos que los demás se fijan más en nosotros cuando nos sentimos incómodos por algo, como por ejemplo una mancha en la ropa o una camiseta con un logo o dibujo muy impactante.

Boothby y sus compañeros, en otra serie de estudios, han analizado la forma en que compartir una experiencia con alguien tiene un impacto en nuestra propia experiencia de ese hecho. Solo con sentarnos y escuchar música con otra persona o mirar un cuadro sin hablar, gesticular o realizar cualquier intento de influir en el otro puede tener un impacto sobre esa persona. Uno de los estudios consistió en reclutar participantes bajo el pretexto de realizar un test de sabores. A los seleccionados se les decía que tenían que valorar los sabores de dos tipos de chocolate, uno detrás de otro. Lo que no sabían es que los dos trozos de chocolates eran iguales. Los investigadores esperaban que las respuestas fuesen distintas cuando probasen en solitario los chocolates que cuando los probasen con otro participante al mismo tiempo. Lo que encontraron es que cuando lo hacían junto a otra persona decían que el chocolate les gustaba más y que tenía más sabor que cuando lo hacían de forma individual.

Otro hallazgo fue que no solo la experiencia era más placentera al compartir sino que el efecto se amplificaba. Este hecho se producía, también, cuando la experiencia se consideraba poco placentera, como al comer chocolate muy amargo, aunque los investigadores tuviesen cuidado de que no se produjese ningún contacto entre los participantes. Este fenómeno se puede explicar a través de una teoría que  sugiere que es fruto de un proceso de “mentalización”: si sabemos que alguien está haciendo lo mismo que nosotros, como por ejemplo comer chocolate, mientras experimentamos la delicia del chocolate estamos imaginando simultáneamente cómo la otra persona esta experimentando la delicia del chocolate. Con lo que es la delicia al cuadrado.

Otra investigación realizada por Garriy  Shteynberg y sus colaboradores encontró que nuestras mentes parecen ir a toda marcha de esta forma cuando pensamos que estamos evaluando algo que otros están evaluando simultáneamente. Si sabemos que otros miembros de nuestro grupo social están leyendo el mismo libro que nosotros o viendo la misma película tendemos a prestar más atención, a recordar más aspectos y a evaluar más cuidadosamente el libro o película mientras intentamos averiguar cuál puede ser la opinión del grupo. La energía mental extra que gastamos mientras lo hacemos puede a su vez influenciar nuestra propia actitud sobre lo que estamos valorando, aunque no tengamos ninguna información sobre las opiniones de los demás.

La mentalización es algo que hacemos instintivamente cuando estamos con otras personas. Sentimos una curiosidad natural por los demás y tratamos de descubrir lo que pasa dentro de sus cabezas, lo que están pensando y cómo están reaccionando ante algo. Por tanto, tenemos que ser conscientes que lo mismo pasa con los que nos rodean por lo que puede que estén, también, procurando averiguar qué es lo que pensamos nosotros. Esto significa que no solo los demás notan nuestra presencia más de lo que pensamos sino que observan lo que hacemos y se preguntan por qué lo hacemos y qué estamos pensando. Este proceso de intentar entender lo que hacemos puede hacer que piensen y sientan de manera diferente en nuestra presencia ya que no solo afecta la forma en la que la otra persona experimenta el mundo cuando estamos cerca sino que, también, puede cambiar su forma de pensar.

La influencia es bidireccional por lo que no hay que olvidar otra forma interesante de influencia invisible que es la que poseen las audiencias. Tendemos a pensar que la persona que está dirigiendo o domina  un encuentro o reunión, la que habla más es la que tiene todo el poder e influencia. Pero la realidad es que ésta persona tiene las mismas preocupaciones que los demás y quiere saber lo que los demás piensan de ella, si les gusta y quieren ser eficaces. Para ello prestan atención a su audiencia, comprobando sus respuestas y procuran ganar su aprobación en parte diciéndoles lo que quieren escuchar.

Anhelar la aprobación de nuestras audiencias es un deseo natural, pero da a las audiencias mucho poder. Solo con escuchar atentamente lo que alguien nos dice podemos ejercer un impacto en la forma en la que el orador decide hablar sobre un tema. Todos expresamos las cosas de la forma en que pensamos que puede ser atractiva para nuestra audiencia, sea un local lleno de extraños o una charla íntima con un amigo cercano. Exponemos nuestras opiniones de una manera más extrema a un amigo que sabemos que está de acuerdo con nosotros y de una forma más suave a un extraño que no sabemos cómo piensa. Los psicólogos llaman a este fenómeno   “sintonización con la audiencia” y se produce aunque no tengamos ningún motivo ulterior para hacerlo, aunque la razón más frecuente sea que deseamos gustar a la audiencia, que se ría de nuestras bromas o que nos vote, por ejemplo.

Es un hecho que la mayor parte de las personas tienden a apreciar a aquellos con puntos de vista similares. Por esta razón sintonizamos nuestros mensajes no solo para reflejar los presuntos conocimientos de nuestra audiencia sino sus presuntas opiniones. Si por ejemplo sabemos que el restaurante en el que cenamos ayer es el favorito de alguien tendemos a hablar de los aspectos más positivos de la comida con esa persona, lo que no haríamos si pensásemos que no le gustaba. Establecer intereses comunes pensamos que es una forma de lograr gustar a una persona.

Las audiencias no solo influyen en los mensajes a los que son expuestas, sino que, también, lo hacen sobre las creencias de los mensajeros que las transmiten. Podemos pensar que cuando las personas buscan la sintonía con sus audiencias no creen en lo que están diciendo. Aunque si es verdad que pueden en un principio no creer en lo que están diciendo, una vez que lo han dicho parece que empiezan a creer en ello. Este fenómeno se conoce como el efecto “decir es creer”.

Aprovechar el poder de formar parte de una audiencia puede ser, por tanto, una estrategia de influencia eficaz aunque subestimada. Al invitar a las personas a que hablen con nosotros adquirimos el poder de convertirnos en su audiencia, de hacer que nos tengan que convencer y potencialmente convencerles a ellos en el proceso.

Otro fenómeno del comportamiento que se extiende de una persona a otra como si fuese una enfermedad infecciosa es el conocido como “contagio del comportamiento”. Es un concepto del que se ha hablado desde hace siglos al observar los investigadores “brotes” de hábitos específicos de comer, estilos y hasta “epidemias” de suicidios en distintas poblaciones. Se atribuye a la tendencia humana de reproducir lo que vemos.

La importancia que tiene este fenómeno para nosotros y para la influencia que tenemos es que cualquier acción que acometamos, ya sea instalar un panel solar o casarnos en un destino exótico, por ejemplo, va a tener dos efectos:

a).- Directo: al instalar un panel solar tiene un efecto positivo para reducir  la huella de carbono que dejamos nosotros. Si invitamos a 100 personas a volar a Hawái para nuestra boda seremos directamente responsables de las emisiones de carbono requeridas para que los invitados lleguen a Hawái. Pero los efectos directos de estas acciones son realmente muy pequeños, ya que un panel solar o una boda son como una gota en el océano, lo cual puede ser muy frustrante si queremos hacer un cambio para lograr algo bueno.

b).- Indirecto: es el efecto más importante ya que, por ejemplo, al instalar un panel solar estamos propiciando el que otras personas de nuestro entorno hagan lo mismo al ver nuestro ejemplo, o que en relación con la boda en destinos lejanos otras personas de nuestro círculo social deseen imitarnos. En estos casos las decisiones ya parecen ser menos triviales.

Lo que ocurre con más frecuencia es que subestimamos nuestra mayor capacidad de influencia que es el impacto indirecto de nuestras acciones a través de la tendencia de otras personas de observarlas y copiarlas.  

miércoles, 12 de enero de 2022

6 CLAVES PARA LA ADAPTACIÓN DE LOS LÍDERES AL ENTORNO LABORAL EN 2022

 


Ally Mac Donald en MIT Sloan Management Review del pasado 28 de diciembre recoge las estrategias y competencias que expertos colaboradores de la publicación recomiendan a los líderes que adopten en el presente año para adaptarse al entorno laboral actual. Estas son:

I.- ADOPTAR UN LIDERAZGO INCLUSIVO

Implica que todos los miembros del equipo son tratados con equidad, por lo que experimentan un sentimiento de pertenencia y de ser valorados. Asimismo significa asegurar que todos pueden mostrar su verdadera identidad en el trabajo y que se les ofrecen todos los recursos necesarios para que puedan desarrollar todo su potencial.

II.- CULTIVAR UNA MEJOR COLABORACIÓN EN LOS EQUIPOS

Al ser el entorno laboral cada vez más híbrido y estar más hiperconectado los directivos necesitarán crear redes entre los equipos y unidades  que movilicen el desempeño, la innovación y el compromiso. Cada vez con más frecuencia el desempeño se realizará a través de redes que se formarán con rapidez, por lo que los líderes tendrán que mejorar la forma en que cultivan estas redes con especial atención al patrón de colaboración, a la calidad de las interacciones y a la efectividad de las conexiones que unen sus equipos a los ecosistemas en los que residen.

III.- MOSTRAR CURIOSIDAD POR LO DESCONOCIDO Y CREAR UN ESPACIO PARA EL DIÁLOGO

Los directivos han sido entrenados para centrarse en un asunto, localizar una respuesta y dirigir lo que tienen que hacer los empleados, pero recientemente se está observando un cambio en las expectativas de éstos, que esperan que sus líderes asuman un papel más activo en áreas como el cambio climático e igualdad de los géneros. No es posible que los directivos tengan las respuestas a estos problemas y esperar que guíen a sus profesionales utilizando su perspectiva parcial no tienen sentido. Lo que deben hacer es buscar el diálogo con humildad, sabiendo como ejercitar el poder, mostrando una insaciable curiosidad por lo que no ven y no saben. Para fomentar la innovación, el aprendizaje y el desarrollo de las personas los directivos deben crear espacios para el diálogo.

IV.- EVITAR QUE LOS PREJUICIOS ENTORPEZCAN EL DESARROLLO DE LOS PROFESIONALES

Entre ellos hay que combatir proactivamente la tendencia  que se produce especialmente en los casos de trabajo híbrido de medir inintencionadamente y recompensar el acceso en lugar del desempeño. Una forma de contrarrestar este sesgo consiste en redactar listas y revisarlas dos veces para que en lugar de delegar tareas u ofrecer oportunidades de crecimiento a la primera persona que le venga a la mente, el líder debe preparar una lista que incluya a todos los miembros de su equipo para poder determinar quién es la persona que se puede adaptar mejor a la tarea que tiene en mente.

V.- FOMENTAR EL RESPETO A TRAVÉS DE LA CONSTRUCCIÓN DE RELACIONES

La mayor parte de las personas consideramos el trabajo como algo más que la forma de conseguir dinero, lo cual no quiere decir que esto no sea importante, pero con frecuencia se recurre a estos factores transaccionales, como la remuneración económica,  como una forma de retener y atraer a los profesionales. Pero las personas necesitan , también, sentirse respetadas, valoradas y reconocidas por medio de relaciones interpersonales positivas. Los directivos que obtendrán más éxitos serán aquellos que demuestren interés genuino por saber qué es aquello que los profesionales consideran que tienen un significado, lo que puede comenzar preguntándoles qué es lo que piensan. No existe un sustituto válido a la construcción de conexiones humanas positivas y ninguna acción es más poderosa que la de prestar atención.

VI.- PROMOVER COACHING ENTRE COMPAÑEROS Y EL LIDERAZGO EN LOS EQUIPOS

En los últimos dos años se ha añadido mucho estrés a la labor de los directivos, especialmente en lo relacionado con el bienestar social y emocional de sus equipos. Esto ha conducido a unos niveles históricos de burnout entre los líderes y sus equipos ya que sus necesidades como individuos no se han contemplado. Muchas de estas necesidades sociales y emocionales se pueden canalizar  a través de las relaciones entre compañeros, permitiendo a los directivos   priorizar las necesidades de los equipos sin “quemarse”. Los compañeros pueden ser capaces de expresar mejor empatía y comprensión, solucionar problemas y dedicar tiempo. Como directivos en lugar de procurar solucionar la necesidad puede ser más eficaz montar los sistemas que ayuden al equipo a ayudarse unos a otros.

domingo, 9 de enero de 2022

CÓMO CONSTRUIR UNA CULTURA DE APRENDIZAJE

 


Adam Grant, en “Think again. The power of knowing what you don´t know”, que estamos comentando, plantea que “repensar” no es solo una habilidad individual, sino que depende en gran medida en la cultura de la organización y se va a presentar con más frecuencia si ésta es de aprendizaje, donde el crecimiento sea el valor central y los ciclos de repensar sean una rutina. En las culturas de aprendizaje la norma es que las personas sean conscientes de lo que no saben, cuestionen las prácticas existentes y mantengan curiosidad e interés por probar nuevas rutinas. Las evidencias muestran que en las culturas de aprendizaje las organizaciones innovan más y cometen menos errores.

Hace unos años una ingeniera reconvertida en profesora de management Amy Edmondson comenzó a preocuparse por la prevención de los errores médicos. Para ello comenzó por entrevistar a los profesionales de un hospital para conocer el grado de seguridad psicológica que experimentaban en sus equipos (si podían asumir riesgos sin el miedo de ser castigados por ello). Luego reunió los datos sobre una serie de errores médicos cometidos por cada equipo, rastrando los que tuvieron resultados más serios, como es el caso de las dosis potencialmente fatales al suministrar los fármacos equivocados. Encontró, para su sorpresa, que cuanto más psicológicamente seguro se sentía un equipo más tasas de errores cometía.

La explicación parecía orientarse hacia una excesiva complacencia dentro de los equipos debido a la seguridad psicológica. Cuando la confianza arraiga profundamente en un equipo, sus miembros puede que no sientan la necesidad de cuestionar a sus compañeros o de revisar su propio trabajo.

Pero Edmonson enseguida reconoció una gran limitación en los datos con los que había trabajado: los errores eran notificados por aquellos que los cometían. Para obtener una medida no sesgada de los errores utilizó a un observador encubierto a las unidades. Cuando analizó los nuevos datos estos mostraron que los equipos con mayor grado de seguridad psicológica eran los que notificaban más errores pero cometían menos errores. Al admitir libremente sus fallos eran capaces de identificar la causa de los mismos y eliminarlos. Por el contrario en los equipos psicológicamente inseguros las personas ocultaban sus errores para evitar penalizaciones, lo que dificultaba el diagnóstico de las causas raíz y la prevención de futuros problemas, con lo que seguían repitiendo los mismos fallos.

Desde entonces las investigaciones sobre la seguridad psicológica han florecido. Por ejemplo en el proyecto Aristóteles de Google para descubrir los factores que distinguían a los equipos de alto rendimiento el más importante se observó que no era quién componía el equipo sino la seguridad psicológica que había en el mismo.  

En los últimos años la seguridad psicológica se ha convertido en una frase de moda en muchos entornos laborales, pero aunque los líderes pueden entender su significado, con frecuencia, malinterpretan lo que es exactamente y cómo crearla. Edmonson advierte que no se trata de relajar estándares, ni hacer que las personas estén cómodas, ni ser siempre agradables u ofrecer halagos indiscriminados. Consiste en promover un clima de respeto, confianza y actitud abierta en el que las personas pueden plantear sus dudas y sugerencias sin miedo a las represalias, lo que constituye el fundamento de una cultura de aprendizaje.

En las culturas centradas en el desempeño el énfasis en los resultados con frecuencia mina la seguridad psicológica. Cuando vemos que las personas son castigadas por sus errores, nos preocupamos por probar nuestra competencia y por proteger nuestras carreras. Aprendemos a limitar nuestros comportamientos y nos “mordemos la lengua” para no verbalizar nuestras preguntas y preocupaciones. En ocasiones, esto es debido a la distancia con el poder que nos lleva a temer cuestionar a los máximos directivos de la organización.  La presión para mostrar nuestra conformidad con la autoridad es real y aquellos que osen desviarse corren el riesgo de obtener una respuesta negativa. En las culturas centradas en el desempeño, también, nos censuramos a nosotros mismos en presencia de expertos que parece que conocen todas las respuestas, especialmente si carecemos confianza en nuestros propios conocimientos.

SEGURIDAD PSICOLÓGICA

CUANDO ESTÁ PRESENTE

CUÁNDO ESTÁ AUSENTE

Los errores son oportunidades de aprendizaje

Los errores se consideran como amenazas a sus carreras

 

Los profesionales están dispuestos a asumir riesgos y a equivocarse

Los profesionales no están dispuestos a arriesgarse

 

Los profesionales defienden sus ideas en las reuniones

Los profesionales guardan sus ideas para sí mismos

 

Los profesionales comparten sus esfuerzos

Los profesionales solo comparten sus fortalezas

 

Los profesionales confían en sus compañeros y en sus supervisores

Los profesionales temen a sus compañeros y supervisores

 

Los profesionales sienten que pueden destacar y ser reconocidos

Los profesionales sienten que “sus cabezas pueden ser cortadas”

 

 

La pregunta que debemos hacernos con frecuencia a nosotros mismos y a los demás es: ¿Cómo sabemos? Su poder radica en su franqueza al ser una forma de expresión, sin ningún juicio asociado, de duda y curiosidad que no pone a nadie a la defensiva.

Hace unos años el autor fue llamado por los líderes de  la Fundación Bill y Melinda Gates para ver si les podía ayudar para crear seguridad psicológica en la fundación. Éstos estaban preocupados por si la presión por presentar análisis irrefutables estaba desanimando a los profesionales a la hora de asumir riesgos, por lo que se agarraban a estrategias seguras de progreso incremental en lugar de arriesgarse a realizar experimentos osados que podían tener un mayor impacto a la hora de abordar algunos de los problemas más fastidiosos del mundo.

Cambiar la cultura de una organización completa puede resultar un reto abrumador, mientras que cambiar la cultura de un equipo es más sencillo. Comienza modelando los valores que queremos promover, identificando y alabando a los que los ejemplifican y construyendo una coalición de compañeros comprometidos con el cambio.

El consejo estándar para los directivos para la creación de seguridad psicológica es que sean un modelo de actitud abierta y de inclusión, que pidan feedback sobre cómo pueden mejorar. Para probar su eficacia Grant ha realizado estudios planteando 2 enfoques:

a).- En muchas compañías se asignaba aleatoriamente a una serie de directivos  que pidiesen críticas constructivas a sus equipos. En las siguientes semanas los equipos notificaban mayor nivel de seguridad psicológica, pero este efecto no era duradero. Algunos directivos que pedían feedback no estaban contentos con lo que escuchaban y se ponían a la defensiva. Otros pensaban que el feedback era inútil o que no se podía tener en cuenta, lo que no les animaba a seguir solicitando feedback de sus equipos y los equipos, por tanto, tampoco querían seguir ofreciendo feedback.

b).- Otro grupo de directivos adoptó un enfoque diferente, uno que tenía un efecto menos inmediato en la primera  semana pero que conducía a ganancias sostenibles sobre seguridad psicológica un año más tarde.En lugar de pedirles que buscasen feedback se les encargó que compartiesen sus experiencias pasadas al recibir feedback y sus futuros objetivos de desarrollo. El autor aconsejó a los directivos que contasen a sus equipos alguna experiencia en la que se beneficiaron de la crítica constructiva  e identificasen las áreas en las que estaban trabajando para mejorar en el momento actual.

Al admitir algunas de sus imperfecciones en voz alta los directivos demostraban que podían aceptar y mantenerse abiertos al feedback. Normalizaban la vulnerabilidad , logrando que sus equipos se sintiesen más cómodos al reconocer sus propios esfuerzos. Los profesionales ofrecían un feedback más útil porque sabían las áreas que sus directivos querían mejorar. Esto motivaba a los directivos a instaurar prácticas que mantuviesen sus puertas abiertas: charlas con un café para plantear cualquier cuestión, reuniones semanales individuales o reuniones mensuales con el equipo en el que cada miembro compartiese su desarrollo, por ejemplo.

La creación de seguridad psicológica no puede ser un hecho aislado o una tarea a tachar en una lista de cosas que hacer. Al discutir sus debilidades muchos de los directivos del  estudio se sentían incómodos y ansiosos al principio. Muchos de los miembros de sus equipos se sentían sorprendidos por la vulnerabilidad manifestada y no sabían cómo reaccionar. Algunos se mostraban escépticos ya que pensaban que sus jefes podían estar buscando alabanzas o comentarios que les hiciesen parecer buenos. El cambio solo se producía con el tiempo cuando los directivos demostraban repetidamente humildad y curiosidad.

En el caso de la Fundación Gates Grant quería ir un paso más adelante y en lugar de procurar que los directivos comentasen  a sus propios equipos la forma en que habían sido previamente criticados propuso que los altos directivos compartiesen sus experiencias con toda la organización. Melinda Gates se ofreció a ser la primera en participar. Su  equipo recopiló, para ello, críticas de encuestas al personal y las imprimió en unas tarjetas que mostraron a Melinda Gates en directo frente a una cámara para que las leyera y ver su reacción y respuesta. Posteriormente para medir el impacto seleccionaron aleatoriamente tres grupos de empleados,  unos visionaron esta grabación, otros un vídeo de Melinda explicando la cultura que quería crear y otro de control. El primer grupo se vió que era el que tenía una mayor al aprendizaje ya que se sentían más inspirados a mostrar sus debilidades y a trabajar para superarlas.

Se necesita tener seguridad en uno mismo para mostrar humildemente que somos una obra en progreso y que nos preocupamos por mejorar. Si este patrón mental se extiende por toda la organización puede ofrecer a los profesionales el coraje y la libertad para expresar sus ideas.  Pero los patrones mentales no son suficientes para transformar una cultura. Aunque la seguridad psicológica erradica el miedo de cuestionar la autoridad no necesariamente nos motiva para cuestionar esa autoridad. Para construir una cultura de aprendizaje necesitamos crear un tipo especial de responsabilidad que conduzca a que las personas vuelvan a pensar sobre las buenas prácticas en su organización.

En las culturas de desempeño los profesionales se aferran a las buenas prácticas. El riesgo es que una vez que hemos declarado que una rutina es la mejor se puede congelar en el tiempo. Predicamos sobre sus virtudes y dejamos de cuestionar sus vicios, no sintiendo curiosidad por detectar dónde es imperfecta y dónde se puede mejorar. El aprendizaje organizacional debe ser una actividad continuada pero las mejores prácticas implican que se ha llegado a un punto final y que ya no es necesario.

Centrarse en los resultados puede ser bueno para el desempeño en el corto plazo pero puede ser un obstáculo para el aprendizaje a largo plazo. Los investigadores sociales han encontrado que si solo se responsabiliza a las personas de si los resultados son un éxito o un fracaso éstas seguirán manteniendo cursos de acción incorrectos. Alabar y recompensar  exclusivamente los resultados resulta peligroso porque nutre el exceso de confianza en estrategias pobres, incentivando a las personas a seguir haciendo las cosas como las han hecho siempre. Los profesionales solo cuando un decisión de alto impacto va horriblemente mal están dispuestos a parar y reexaminar sus prácticas.

No tendríamos que esperar a que algo vaya mal para determinar si una decisión era acertada ya que al tiempo que se analizan las responsabilidades por los resultados se puede hacer, también, del proceso evaluando con cuanto cuidado se han considerado distintas opciones a la hora de tomar decisiones. Un buen proceso se basa en una reflexión profunda y en repensar, permitiendo a las personas expresar opiniones independientes. Investigaciones muestran que cuando tenemos que explicar los fundamentos de nuestras decisiones en tiempo real pensamos de forma más crítica y procesamos las posibilidades con mayor rigor.

La responsabilidad sobre los procesos puede parecer lo contrario a la seguridad psicológica , pero son conceptos independientes. Amy Edmonson ha encontrado que cuando existe seguridad psicológica sin responsabilidad las personas tienden a mantenerse en sus zonas de confort y cunado existe la responsabilidad pero no la seguridad psicológica la personas tienden a mantenerse silenciosas en una zona de ansiedad. Al combinar las dos se crea una zona de aprendizaje.

miércoles, 5 de enero de 2022

7 FORMAS DE NO CAER EN LA PROCRASTINACIÓN

 


Manfred F. R. Kets de Vries en INSEAD Knowledge del pasado 21 de diciembre plantea que aunque procrastinar puede ofrecernos alivio ante tareas desagradables éste es solo momentáneo. Retrasar el abordar algo solo empeora la situación, que es más frecuente de lo que pensamos: por ejemplo en Estados Unidos se estima que el 20% de la población adulta son procrastinadores crónicos.

Existen unas señales que permiten detector a los procrastinadores. Entre estas tenemos que son personas que se sienten desbordadas cuando se les asigna una tarea, que ante un encargo complicado se centran primero en las actividades no esenciales que se deben acometer, que se distraen con facilidad, esperan hasta el último momento para terminar las cosas, que no suelen finalizar los proyectos a tiempo, que confían en que si ignoran un atarea esta se volatilizará, que buscan excusas para no hacer algo, que suelen llegar tarde a sus compromisos y que suelen tener una larga lista de cosas pendientes de hacer.

Procrastinar consiste no solo en dejar las cosas por hacer ya que es un fallo de auto – regulación. Contribuye a la aparición de varias emociones negativas, especialmente de vergüenza y culpa. Para los procrastinadores extremos estas emociones negativas sirven como razones añadidas para incrementar las demoras y eventualmente este comportamiento contraproducente se convierte en una forma de auto – sabotaje.

Con el tiempo puede llegar a comprometer las relaciones tanto personales como profesionales y conduce a un sentimiento de resentimiento ante la persona por parte de los amigos, compañeros o familiares.

Las personas pueden procrastinar por muchas razones tanto conscientes como inconscientes, como, por ejemplo, el temor a que no les guste la tarea, o a hacerlo mal o a sentirse superados por su complejidad.

En términos generales ciertos tipos de personalidad tienden con más facilidad a adoptar esta conducta como es el caso de las personas con trastornos de conducta obsesiva. compulsiva o que sufren el síndrome de déficit de atención/hiperactividad.  También pueden influir otros factores como el de la rebeldía por el que si la persona tiene problemas con la autoridad, por ejemplo,  el dejar que una fecha de entrega no se cumpla puede ser una forma de añadir melodrama a sus vidas.  

Los procrastinadores pueden al principio experimentar un sentimiento de control al no actuar, pero rápidamente se extingue y surge la sensación de falta de control sobre sus vidas cuando las limitaciones de tiempo comienzan a restringir sus posibilidades de ejecutar la tarea con éxito. Sus errores se pueden agravar por el autoengaño que les lleva a pensar que trabajan mejor bajo presión. Pero las carreras de última hora a lo que conducen es a resultados pobres.

Por el contrario las personas que no procrastinan se centran en lo que tiene que hacerse y suelen ser diligentes, disciplinadas, perseverantes y responsables.

De Vries propone una serie de actuaciones para procurar evitar caer en la procrastinación. Éstas son:

1.- Dividir la tarea en otras más pequeñas que se puedan ir abordando de una en una.

2.- Fijar fechas límites para cada una de esas tareas más pequeñas. De esta forma al ir cumpliendo los compromisos se reduce el nivel de estrés. Se puede comenzar por la tarea más complicada y al hacerlo rápidamente no habrá ningún problemas para acometer las más sencillas.

3.- Ser realistas al asignar el tiempo suficiente para cada tarea.

4.- Evitar dedicar nuestro tiempo a asuntos triviales en lugar de emplearlo en los proyectos relacionados con el trabajo. Las distracciones pueden ser divertidas al principio pero no sirven para realizar  el trabajo del que somos responsables. Como escribió  Ivan Turguénev: “Si esperamos al momento en el que todo, absolutamente todo, esté listo , nunca empezaremos”.

5.- Preparar una lista de tareas a realizar. Resulta muy útil para movilizarnos a la acción y para nuestro estado mental. Podemos poner una fecha al lado de cada tarea o priorizar. Después cada día nos podemos concentrar en los tres asuntos más importantes que demanden nuestra atención.

6.- Procurar dedicar algún tiempo para la diversión. Debemos intercalar nuestro trabajo con momentos para las recompensas, relajación y celebración, por ejemplo de las tareas completadas. Planificar estas pausas nos puede servir para luchar contra la procrastinación.

7.- Practicar la “autocompasión”. Debemos tratarnos a nosotros mismos con amabilidad y comprensión ante nuestros potenciales errores y fracasos. De esta forma reduciremos el malestar psicológico que puede facilitar la procrastinación y potenciará nuestra motivación al incrementar nuestros sentimientos de valía personal. Puede también fomentar emociones positivas como la curiosidad, el optimismo y la iniciativa personal.

Debemos prestar a tención a las ocasiones en las que nos juzgamos muy duramente ya que el trabajo interior mencionado puede ser muy complicado si lo acometemos en solitario, especialmente porque nuestro superego puede interferir de numerosas formas a un nivel no consciente. Comentar estos sentimientos excesivamente severos con una persona que esté dispuesta a apoyarnos y a no juzgarnos, como un amigo o un miembro de nuestra familia nos puede ayudar. Si se ha convertido la procrastinación en algo crónico puede ser signo de un problema más serio y puede ser necesario recurrir a ayuda profesional.

domingo, 2 de enero de 2022

REINVENTANDO EL EQUIPO DIRECTIVO

 


Paul Leinwand,  Mahadeva Matt Mani, y Blair Sheppard en la edición de enero – febrero de Harvard Business Review plantean que el futuro de las organizaciones depende de que sus equipos de  líderes se reinventen.

 Mientras las organizaciones luchan por construir ventajas competitivas en un mundo obsesionado con la digitalización están encontrando que lo que necesitan de sus líderes está cambiando. Sus altos ejecutivos deben ser capaces de reimaginar el lugar de la organización en el futuro y de transformarla para que pueda dar respuesta a ese propósito más ambicioso. Esto implica fundamentalmente un cambio no solo en los ejecutivos en sí mismos sino, también, en la forma en que colectivamente gestionen y lideren la empresa.

Si consideramos, por ejemplo, la manera en que han evolucionado las competencias que necesitan los líderes para tener éxito vemos como un reciente estudio realizado por Strategy & PWC,s pone de manifiesto la importancia de una serie de características que al menos en superficie pueden parecer paradójicas. Las organizaciones necesitan que sus altos ejecutivos desempeñen todos los roles siguientes:

 

1.- Ejecutor estratégico: tiene ideas audaces y ambiciosas, además de las competencias prácticas necesarias para hacer realidad la visión

2.- Humanista experto en tecnología. Fomenta los avances tecnológicos para garantizar el éxito en el futuro mientras no olvida que las organizaciones están formadas por personas que trabajan para personas

3.- Político con altos niveles de integridad. Utiliza las dinámicas d ela organización para lograr que las cosas se hagan mientras manteniendo su integridad.

4.- Héroe humilde. Tiene la confianza en sí mismo para actuar con firmeza en un mundo incierto y la humildad de admitir sus errores.

5.- Localista con mente global. Se mueve por un mundo que es a la vez global y local buscando lugares donde el lograr un equilibrio sea importante

6.- Innovador tradicional: Utiliza el pasado para ayudar a dirigir el éxito de la organización mientras va creando una cultura que va evolucionando para fomentar la innovación, la aceptación del fracaso, el crecimiento y desarrollo y el aprendizaje.

Estamos acostumbrados, por ejemplo,  a aceptar hasta ahora que los líderes podían ser grandes visionarios o grandes operadores, pero las organizaciones necesitan ahora que desempeñen ambos roles, por tanto ser ejecutores estratégicos.

Hacer frente a las posibles deficiencias liderazgo no se resuelve solo con el abordaje del desarrollo de las competencias de  los ejecutivos a nivel individual, lo cual es deseable, sino con la mejora urgente del liderazgo colectivo.

Como parte de la investigación que condujo a la preparación del libro “Beyond Digital”, del que se ha adaptado este artículo, los autores entrevistaron a los altos ejecutivos de 12 compañías destacadas, entre ellas Microsoft, Inditex, Hitachi y otras 9, para averiguar las razones por las que las expectativas sobre liderazgo han cambiado. Está claro que si las organizaciones aspiran a florecer en los años venideros deberán generar nuevas ventajas no solo ocuparse en digitalizar lo que están haciendo en la actualidad.

Conseguir esto significa que deben estar dispuestas a dejar atrás pasados sistemas de creencias y definir nuevas proposiciones de valor más osadas. Las compañías deben pasar de competir con los rivales a cooperar con aliados en redes y ecosistemas para crear valor en formas que una organización a nivel individual no puede hacer en solitario.

Los líderes deben estar dispuestos a cuestionar todos los aspectos de su compañía: su propósito, su modelo de negocio, su modelo operativo, sus profesionales y a ellos mismos. Las ideas convencionales sobre el liderazgo deben modificarse. Los ejecutivos tienen que dejar de centrarse en sus áreas individuales de responsabilidad y en responder a las necesidades que surgen de los niveles más bajos,  para trabajar juntos como equipo para moldear el futuro de la organización y marcar el camino para llegar a él.

Este enfoque tiene cuatro componentes clave:

I.- IDENTIFICAR LOS ROLES DE LIDERAZGO NECESARIOS PARA TRANSFORMAR LA ORGANIZACIÓN PARA EL FUTURO

Para que la compañía se mantenga relevante va a necesitar capacidades específicas para que pueda desempeñar su propósito y líderes que puedan imaginar ese nuevo lugar en el mundo y actúen para llegar a él. Es necesario, para ello definir cuáles son los roles necesarios en el equipo directivo para facilitar ese futuro.

II.- REUNIR A LOS PROFESIONALES ADECUADOS

Una vez identificados los roles que el equipo directivo necesita, hay que pensar en quiénes son las personas adecuadas para desempeñarlos, considerando el talento y diversidad que va a permitir que la alta dirección sea capaz de generar nuevas ideas, cuestionar el pensamiento tradicional y colaborar para lograr obtener cambios significativos.

III.- CENTRAR EL TRABAJO DEL EQUIPO DIRECTIVO EN MOVILIZAR Y GUIAR LA TRANSFORMACIÓN DE LA ORGANIZACIÓN

Los altos ejecutivos deben dedicar tiempo y energía a las grandes prioridades del futuro y no solo a responder a las demandas de la organización en el momento actual. Tienen que pensar en cuáles son las estructuras y mecanismos que pueden ayudarles a liderar la organización hacia su nuevo destino.

IV.- RESPONSABILIZARSE DEL COMPORTAMIENTO DE LIDERAZGO DEL EQUIPO

Generar las capacidades específicas que van a permitir crear una verdadera ventaja requiere una alto grado de colaboración y compromiso para desarrollar una mentalidad de grupo en la que las distintas partes de las organización operen como una unidad armoniosa. Se trata de lograr que exista la confianza y cultura que fomente el éxito colectivo de la organización.

Todas estas medidas deben ser abordadas de forma simultánea porque se refuerzan unas a otras, teniendo en cuenta que no todo va a salir bien al primer intento. Ningún equipo de liderazgo de alto desempeño se construye de un día para otro, pero esto no debe ser excusa para dejar de trabajar para ir haciendo progresos substanciales en los cuatro frentes mencionados.

I.- IDENTIFICAR LOS ROLES

Cuando los CEO, s analizan las capacidades organizativas que sus compañías deben poseer para crear valor en el mundo que va más allá de lo digital, con frecuencia, concluyen que tienen que añadir algunos roles directivos no tradicionales y eliminar algunos tradicionales. Esta situación ha llevado a una explosión de nuevos puestos en la alta dirección en los últimos años, como por ejemplo: Director de innovación, de sostenibilidad, de imagen de marca, de diseño, etc.

Lo importante, no obstante, no son los nombres de los puestos, sino el hecho de que esos roles ayudan a centrar a la organización en las competencias que son críticas para ofrecer una propuesta de valor emergente, lo que   puede implicar el trabajar de forma colaborativa con aliados externos.

Los roles que seleccionamos para incluir en el equipo directivo mandan un mensaje sobre el destino estratégico que hemos escogido y sobre cómo queremos hacer la transformación para llegar a él. La creación de Apple, por ejemplo, del puesto de Director de la Oficina de Diseño en 2015 indicó a la organización que el diseño tenía una importancia enorme para la empresa. Establecer este rol ayudó a atraer a algunos de los mejores diseñadores del mundo de todos los sectores, no solo de la moda, y ha producido una de las capacidades más diferenciadoras que Apple ha construido en su historia.

Alcanzar este modelo de liderazgo basado en competencias no tiene por qué  abordarse a través de una gran reorganización, pero no hay que demorarlo  mucho ya que cuanto más alineados estén los roles del equipo de alta dirección con los resultados necesarios para el éxito en el futuro mejor.

II.- SELECCIONAR EL EQUIPO

Los puestos deben cubrirse con los profesionales que cuenten con los conocimientos, habilidades, comportamientos y experiencias que necesitemos. Pensar en las seis expectativas paradójicas mencionadas resulta de utilidad. No todos los miembros del equipo deben destacar a la hora de equilibrar las tensiones implícitas en cada una, pero deben estar cubiertas de forma colectiva.

Es conveniente, también, contar con líderes que puedan ver los problemas y las oportunidades desde una perspectiva fresca y que se sienten responsables y responsabilizan a sus colaboradores del abordaje de los retos más acuciantes y amenazantes que se presentan para poder realizar sus aspiraciones.

Por tanto, hay que buscar personas que parezcan, piensen, sientan y actúen de forma distinta a lo que se considera normal en la organización y mantener una actitud abierta al cuestionamiento. De hecho podemos dejar de preguntarnos el antiguo paradigma de cómo va a encajar la persona en la organización y preguntarnos cómo podremos encajar con esta persona, por lo que cuando busquemos al talento adecuado lo hagamos indagando más allá de los candidatos habituales. Personas con experiencias variadas, que hayan trabajado en diferentes ecosistemas y que comprendan las capacidades, canales y enfoques transformacionales que vamos a desplegar. El equipo debe, también, reflejar las diversas voces de nuestro ecosistema, incluyendo a los consumidores que queremos servir, nuestra fuerza laboral y nuestros aliados.

III.- MOVILIZAR LA TRANSFORMACIÓN

El tiempo es uno de los recursos más escasos del equipo de alta dirección. Ante las complejidades de liderar una organización que tenga éxito en la actualidad es muy importante que el equipo directivo cuide mucho su agenda, para garantizar que se centre en la transformación, en lugar de dejar que sea dirigida por las demandas que  vienen de dentro de la organización.

Los equipos de alta dirección siempre tienen que gestionar dos responsabilidades distintas:

a).- Dirigir el día a día de la compañía.

b).- Construir el futuro al que se han comprometido.

Algunas organizaciones crean un grupo independiente para gestionar sus esfuerzos de transformación estratégica para poder priorizarlos y protegerlos. Normalmente este equipo incluye a muchos de los ejecutivos responsables de las operaciones y, para introducir ideas nuevas puede incorporar profesionales de niveles más bajos.

El papel del equipo de liderazgo no termina al tomar grandes decisiones, debe asegurarse de que éstas se implementan adecuadamente. En esto consiste la paradoja del ejecutor estratégico: los altos ejecutivos deben “ensuciarse las manos” trabajando en los detalles de la implementación y asegurándose de que las actividades de las distintas partes de la organización constituyen un todo coherente.

IV.- ASUMIR EL COMPORTAMIENTO DEL EQUIPO

Muchas compañías experimentan una gran rivalidad en sus niveles superiores. Los profesionales pueden competir por ejemplo por ser el sucesor del CEO o por ser el que aporta más a los resultados de la compañía. Este pensamiento individualista, aunque puede ser recompensado en las corporaciones modernas interfiere en su transformación. La meta debe ser el lograr que todos los altos directivos estén alineados en su comprensión de las razones por las que la compañía debe cambiar, en el nicho que se pretende alcanzar y en las capacidades diferenciadoras que van a necesitar para llegar a este resultado.

Para ello se debe crear un propósito compartido en el que se establezcan las razones de la existencia del equipo y  los asuntos que debe resolver. Al definir sus áreas de responsabilidad los profesionales deben estar convencidos de que el liderar la transformación de la organización es la tarea más importante y que el éxito va a a depender de la colaboración de los miembros de equipo en lugar de ser función de la suma del desempeño de las distintas unidades. También hay que aclarar que cuando se reúne el equipo ejecutivo no lo hace para aprobar o rechazar propuestas sino para crear valor juntos.

Quizás una de los mecanismos más eficaces para lograr la colaboración es juntar a los líderes por parejas para que trabajen conjuntamente para solucionar asuntos generales de la compañía. De esta forma aunarán sus fortalezas, se conocerán mejor y obtendrán un mayor entendimiento de los impulsores del éxito y de las limitaciones que pueden existir en áreas fuera de sus esferas de influencia. Cuando consigan llegar a soluciones podrán compartir los reconocimientos y ser conscientes del poder que tiene el considerar distintas perspectivas a la hora de abordar grandes y complicados problemas.

Este tipo de colaboración requiere confianza mutua que puede ser escasa en líderes demasiado competitivos, por lo que los CEO, s deben procurar asegurar que existe la confianza de que todos están realmente implicados y comprometidos con el equipo y con su misión. Si no se consigue la transformación a gran escala no se producirá.

La labor de los líderes no consiste en gustarse unos a otros y en estar de acuerdo sino en fomentar que todos puedan manifestar los problemas, resolverlos juntos, tomar decisiones con rapidez y sentirse comprometidos con el éxito de todos. Esta es la razón por la que los equipos efectivos crean reglas y mecanismos para que sus miembros se sientan cómodos a la hora de pedir ayuda o de reprochar a sus compañeros si no abordan acciones a las que se han comprometido.

Una gran transformación no puede ser asumida solo por el equipo directivo. El nuevo tipo de liderazgo debe fluir en cascada hacia abajo para construir capacidades de liderazgo en toda la organización. Pero el lugar donde empezar es la alta dirección por lo que el CEO debe rodearse de personas con talento que puedan equilibrar comportamientos de liderazgo aparentemente paradójicos y que se cuestionen unos a otros para lograr colectivamente superar los retos y alcanzar grandes metas.

 

 

sábado, 1 de enero de 2022

FELIZ 2022



                                                            

                               Feliz 2022