Jonathan W. K. Pow y
Andy J. Yap en INSEAD Knowledge del pasado 6 de Julio plantean que aunque las
desigualdades están experimentando subidas muy elevadas las personas no lo están
experimentando así.
Los gobiernos ,
expertos y departamentos de recursos humanos lo tratan como si fuera una
evidencia ante la que las personas afectadas son conscientes, la perciben y
están dispuestas a actuar al respecto. Pero la investigación realizada por los
autores sugiere que esta presunción es errónea ya que observaron en su estudio
siguiendo a adultos trabajadores que las personas registraban diferencias
sociales en pocas ocasiones aunque las señales de la existencia de las
desigualdades eran evidentes.
El que las personas
detecten las inequidades depende no solo de las estructuras que les rodean,
sino, también, de quiénes son, dónde están y qué están haciendo en el momento. Las
personas no observan las inequidades de forma objetiva, lo hacen de manera
selectiva dependiendo de su identidad, psicología y contexto inmediato.
Para entender la forma
en las que las personas experimentan la inequidad los autores utilizaron el
Método de muestreo de Experiencias (Experience sampling method) para recoger
datos en tiempo real de 301 adultos trabajadores en Singapur durante seis días.
Los resultados fueron sorprendentes. La inequidad aparece y luego se desvanece
y las personas no se están fijando en ella continuamente., ya que se mueve en
la vida diaria entre muchas demandas que entran en competencia por captar la
atención de las personas.
En este contexto las
personas tienen menos posibilidades de percibir las barreras estructurales en
relación con las oportunidades de movilidad hacia arriba. Esto puede debilitar
el apoyo a intervenciones dirigidas a abordar las desigualdades e inequidades,
particularmente en sociedades donde la meritocracia es muy valorada.
Tres factores son los
que predicen de forma más consistente quién percibe l inequidad:
a).- Las personas que
se comparan con frecuencia con otras suelen percibir más las diferencias
sociales.
b).- Aquellas personas
que consideran a las jerarquías asociadas al estatus como naturales y
significativas, prestan más atención a las diferencias en rangos y puestos.
c).- Los individuos con
actitudes más fuertes basadas en el miedo hacia los trabajadores inmigrantes
suelen registrar más fácilmente las diferencias de clase en su entorno.
Estos son filtros
psicológicos. La misma política puede interpretarse de forma distinta según
quién la encuentra. La inequidad puede ser visible para todos , pero no se
percibe de igual forma. Una creencia común es que una vez las personas
registran la inequidad naturalmente van a compararse unos con otros y a notar
su aguijón. Pero las diferencias solo se convierten en significativas cuando
las personas las internalizan como algo que refleja su posición.
Hasta cuando las
personas se comparan con otras pueden no sacar las mismas conclusiones
necesariamente. Los hallazgos del estudio muestran que los individuos con
valores más igualitarios son los que más van a juzgar a la inequidad como
injusta, mientras aquellos que se sienten más cómodos con las jerarquías y aceptan
mejor las diferencias desiguales de estatus tienen menos probabilidades de
registrar como injusta la situación.
El hallazgo más
sorprendente ha sido que la sensación de injusticia era mayor cuando las
personas se comparaban a sí mismas con otras. La comparación no hace a la
inequidad más visible sino que cambia la lente moral a través de la cual las
personas la contemplan, Desde esta perspectiva lo que antes podría haber
parecido normal de repente podía ser considerado injusto.
La inequidad es un proceso
psicológico, no solo una condición estructural que se presenta en etapas. Primero
las personas la notan, luego se comparan ellas mismas con otras, para posteriormente
decidir si la situación es justa. En cada etapa existen divergencias entre los
individuos dependiendo de quienes son,
no de la verdadera naturaleza de las diferencias.
Para los líderes el
reto es no solo gestionar las desigualdades, sino también los momentos donde se
presenta, especialmente al tomar decisiones sobre promociones, reconocimientos
o compensaciones. En estos momentos la transparencia es importante ya que
cuando las personas son conscientes de las diferencias en las retribuciones,
las promociones o reconocimientos piden explicaciones. En la ausencia de
principios claros estas diferencias es más fácil que se sientan como
arbitrarias o injustas. Por tanto los líderes deben hacer que los principios
que están detrás de sus decisiones sean visibles para que se sepa cómo se determinan
las promociones, cómo se asignan las oportunidades y qué estándares guían el reconocimiento
y las recompensas.
El objetivo no es solo
reducir la inequidad, sino también asegurar que cuando las diferencias existan
se entienda que son legítimas y justas. Las personas no pueden responder a algo
que no han registrado, pero cuando lo hacen la forma en que lo interpreten va a
condicionar la confianza, la motivación y la cultura.

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