miércoles, 12 de septiembre de 2012

LIDERAZGO "COMPASIVO"



Christina Boedker,  docente en la  “Australian School of Business “ y líder de un estudio de investigación que está analizando las opiniones de más de 5600 profesionales de 77 organizaciones sobre los factores que juegan un papel más importante en la relación entre liderazgo y desempeño organizacional, en el boletín del pasado 21 de agosto de dicha organización, plantea que existe un poderoso nexo de unión entre productividad y lo que se está considerando como “liderazgo compasivo” en las organizaciones.

De acuerdo con los resultados de este estudio los factores que más influyen en la productividad serían los derivados de la habilidad de los líderes para dedicar tiempo a desarrollar y reconocer el trabajo de sus colaboradores, de la capacidad de recibir feedback de su actuación, aceptando las críticas y de fomentar la cooperación entre los profesionales. Boedker considera que estas competencias unidas a la capacidad de entender las motivaciones, esperanzas y dificultades que experimentan sus colaboradores, de valorarlos  y de facilitar los mecanismos de apoyo que permitan a éstos ser todo lo buenos que puedan llegar a ser son las que guardan una mayor correlación con la productividad en las organizaciones.

Estos hallazgos se relacionan con los de Geoff Aigner, director de Social Leadership Australia y docente de programas en la  Australian School of Business, que en su libro Leadership Beyond GoodIntentions: What It Takes To Really Make A Difference” asevera que el buen management está ligado a un acto de “compasión”, entendiendo este término en el contexto de liderazgo como la asunción de responsabilidades sobre el crecimiento y desarrollo de sus profesionales, con el fin de beneficiar tanto a éstos  como a la organización.

En la vida cotidiana, señala Aigner, tendemos a identificar compasión con amabilidad o generosidad. Los líderes se encuentran con frecuencia de que por un lado quieren ser amables con sus colaboradores, pero al mismo tiempo tienen una misión clara que cumplir dentro de la organización. Lograr un equilibrio puede ser complicado, agotador y estresante. No abordar situaciones en las que se está produciendo un inadecuado desempeño  es contraproducente porque se bloquean las posibilidades de crecimiento del profesional afectado y la organización se resiente.

Boedker coincide con esa opinión y añade que a veces hay que ser primero cruel para luego poder ser generoso. Significa que hay que mantener conversaciones complicadas si se quiere ser compasivo y eficaz como líder.
Un resultado que puede resultar sorprendente del estudio de Boedker es el hallazgo de que de los distintos niveles de liderazgo, desde el ejecutivo, mandos intermedios y de vanguardia, son los que se encuentran en el nivel más bajo los que pueden influir más en la rentabilidad de la empresa, al estar más cercanos tanto a los clientes como a los profesionales y conocer mejor sus necesidades.

Christina Boedker plantea que la creencia de que el liderazgo se tiene que manifestar exclusivamente en los niveles más altos de la organización y que el desarrollo del liderazgo se debe concentrar en el equipo ejecutivo no es totalmente correcto. El liderazgo debe existir en todos los niveles y en ocasiones en los niveles más bajos los líderes pueden tener un mayor número de personas directamente a su cargo y sus actuaciones pueden tener un mayor impacto. La actitud compasiva debe darse en todos los niveles y debe ser bidireccional, los directivos recibiendo valioso feedback de sus subordinados.

Los resultados de la investigación mencionada ponen de manifiesto el valor de adoptar una actitud “compasiva”. Las organizaciones de alto rendimiento mostraban que:

1.- Los líderes dedicaban más tiempo que en las de bajo rendimiento a liderar a sus colaboradores.

2.- Los líderes poseían valores éticos y eran coherentes con lo que predicaban.

3.- Los profesionales seniors facilitaban que los de menor experiencia fuesen liderando proyectos.

4.- Los líderes fomentaban el desarrollo y el aprendizaje de sus colaboradores.

5.- Los líderes estaban abiertos a recibir  feedback y críticas de sus colaboradores, considerando que ofrecían oportunidades de aprendizaje.

6.- Los líderes reconocían el trabajo bien hecho de sus profesionales.

7.- Los líderes estimulaban la colaboración entre sus colaboradores.

8.- Los líderes comunicaban visiones y metas claras para el futuro.

9.- Los líderes son innovadores y fomentan la creatividad de sus profesionales.

Geoff Aigner piensa que para ser un líder “compasivo” lo importante es cómo los líderes son conscientes del poder del que disponen, entienden que es una herramienta que puede ser útil para el desarrollo de sus colaboradores y de la organización y por tanto, lo utilizan de forma responsable. Para ser “compasivos” los directivos deben, pues, primero conocerse y entenderse a sí mismos y a sus fallos para ser conscientes de cómo están ejerciendo el poder y sus consecuencias, ya que va a intervenir directamente en su capacidad de liderazgo eficaz y les va a permitir dejar un legado que va más allá de los resultados económicos al contribuir a que los profesionales a su cargo desarrollen plenamente su potencial.

Aigner señala, también que,  independientemente del poder jerárquico que los directivos tienen y que depende de la estructura de la organización el poder se manifiesta en el lugar de trabajo de muchas formas: existe el poder informal ligado a la reputación, el poder que conceden las relaciones interpersonales, el poder derivado de la experiencia, de la resiliencia,…  Los directivos deben conocer cuáles son las fuentes de poder en su organización y cómo gestionarlas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

EL CONFLICTO Y EL DESEMPEÑO DE LOS EQUIPOS



En el boletín “Leader´s Edge” de la American Management Association del mes de agosto, los editores analizan el papel de los conflictos bien entendidos y dirigidos en la mejora del desempeño de los equipos. Comienzan por compartir las ideas de Mark de Rond, académico de la Universidad de Cambridge, que en el blog de Harvard Business Review del pasado 3 de julio plantea que los conflictos sirven para mantener a los equipos en tensión. Los directivos tienden a preocuparse por la aparición de cualquier signo de conflicto en sus equipos pues temen que afecte negativamente al desempeño. Una respuesta típica ante el conflicto es ignorarlo o evitar llegar a la raíz del mismo confiando en que, de esta forma desaparezca. En el programa de MBA en el que colabora el autor llaman a estos equipos con el nombre de “equipos cappucino” porque siempre que surge un conflicto el equipo hace una pausa para tomar un café confiando en que esta estrategia sirva para restaurar la armonía. La actuación eficaz de los directivos debe centrarse en crear equipos que se sientan psicológicamente seguros, lo que les va a permitir que las opiniones conflictivas sean aireadas, que asuman riesgos, que se expresen con libertad  y que  los beneficios de la diversidad se utilicen. En los lugares de trabajo donde los profesionales se autocensuran por miedo a ser percibidos como negativos, incompetentes o como “malos jugadores en equipo” la colaboración no surge espontáneamente
El directivo debe ser consciente y aceptar que el conflicto puede surgir hasta en los equipos más eficientes. Los equipos formados por profesionales de alto rendimiento están sometidos a tensiones contradictorias, tales como cooperación y rivalidad, confianza y vigilancia. Estas tensiones son productivas y manejadas adecuadamente pueden ayudar a lograr un mejor desempeño en los equipos. La rivalidad, por ejemplo puede servir para eliminar ineficiencias y para que los integrantes del equipo se mantengan alerta y mejoren su desempeño, procurando dar lo mejor de sí mismos. No hay que olvidar, tampoco, que normalmente, este tipo de profesionales son naturalmente competitivos y negar la posibilidad de que expresen su naturaleza competitiva de alguna forma es contraproducente.
Mark de Rond ofrece tres sugerencias para que el directivo se sienta más cómodo ante el conflicto en un equipo.
I.- No confundir lo que parece con la realidad. Lo que parece disfuncional puede ser por razones prácticas perfectamente eficiente. La armonía en los equipos, contrariamente a la opinión popular, suele ser la consecuencia y no la causa del desempeño. La mejor forma de crear lazos entre los miembros de un equipo puede ser el ofrecerles un reto que les permita llegar a sentirse bien colectivamente.
I.- Ser creativo, para buscar soluciones a través de las opiniones distintas.
III.- Recordar a los miembros del equipo que las diferencias de opinión son inevitables y útiles. Permiten evaluar creencias arraigadas y aumentar la información disponible y son fruto de la diversidad y ésta es una de las claves para el éxito de un equipo.



Los editores destacan como un ejemplo de estas ideas el comportamiento de Lincoln,  recogido por la  historiadora  Doris Kearns Goodwin en su libro “ Team of Rivals”, para crear  y constituir un gabinete que le permitiese gobernar. Éste, estaba formado por  un grupo de políticos con talento pero que mantenían actitudes  antagonistas que amenazaban con destrozar al mismo. Lincoln consiguió centrar al grupo y que los resultados que obtuvieron como equipo fuesen superiores a la suma de sus partes.  Lo logró porque tenía la extraordinaria capacidad de  ponerse en el lugar de los demás, para experimentar lo que sentían y para entender sus deseos y motivaciones. Su recompensa fue la victoria en la guerra civil americana y el mantenimiento de la Unión. Otros muchos grupos políticos tienen que superar tensiones similares, ya que los políticos, con frecuencia son egoístas, fervientes defensores de su ideología y tozudos. 

Otros colectivos como los equipos de deportistas de élite manifiestan también estas características. Un estudio realizado por  Michelle Maureen Campion, sobre diversidad, conflicto y desempeño en equipos de beisbol encontró que cuánto más diverso era el origen de los miembros de los equipos  y mayor el número de “estrellas” con que contaba era más frecuente el conflicto, pero también era más alto el desempeño.
La razón de que se produzca este hecho paradójico puede estar en que el conflicto facilita que los miembros del equipo expongan sus ideas para que se puedan criticar y comentar y de esta forma afloran diferentes opiniones que pueden ayudar a que los integrantes del equipo reconsideren sus posturas y cuenten con más información antes de tomar decisiones. Permite, también, evitar la aparición del pensamiento grupal con sus consecuencias negativas de impedir que surjan críticas para intentar mantener una falsa sensación de unanimidad, lo que puede desembocar en unos resultados y negativos.
Los autores recuerdan que no hay que olvidar, tampoco, que el conflicto juega,  con frecuencia un papel  importante en la formación de los equipos. Bruce Tuckman en su estudio “Developmental sequence  in small  groups” plantea que existen 4 fases en el desarrollo de los equipos:
En la primera o de formación los miembros del equipo intentan llegar a conocer cuáles son los comportamientos interpersonales aceptables en el grupo. En esta etapa se empezaría a definir la tarea a acometer y la forma de hacerlo.
La segunda etapa sería la de conflicto intergrupal. En ella los miembros del grupo se muestran hostiles en sus relaciones como forma de reafirmar su individualidad. La falta de unidad caracteriza esta fase. Surgen las respuestas emocionales como resistencia ante las discrepancias personales que se puedan tener sobre la tarea a realizar.
En la tercera etapa nos encontraríamos con la cohesión del grupo, caracterizada por la aceptación de los miembros del equipo de las idiosincrasias personales de sus integrantes. Surge la armonía y los conflictos tienden a evitarse para no ponerla en peligro. Es la fase de determinación de las normas que van a regir el funcionamiento del equipo.
La cuarta y última etapa sería la del establecimiento de los roles dentro del equipo que va a permitir que el equipo logre sus objetivos.
Las teorías anteriormente expuestas demuestran la importancia de la gestión adecuada de los conflictos, ya que si no se aborda éstos pueden llegar a estallar. Diversos estudios sobre el conflicto en grupos demuestran que el conflicto puede ser positivo siempre que los equipos se mantengan alejados de los aspectos personales y emocionales del mismo. Amy Edmondson defiende que el conflicto sobre la tarea es positivo ya que mejora la calidad de las decisiones al considerar distintos puntos de vista, mientras que el conflicto en las relaciones daña la dinámica de funcionamiento del grupo y las relaciones de trabajo.
Janet Metcalfe y Walter Mischel, psicólogos cognitivos, en una investigación demostraron que tenemos dos sistemas cognitivos distintos a través de los cuales procesamos los hechos.
El “caliente” que lleva a las personas a que respondan de forma emocional y con rápidez ante una situación y el “frio” que nos permite tranquilizarnos y reflexionar. Éste es la base de la autoregulación y el autocontrol y es una herramienta necesaria cuando surge el conflicto.
Los equipos tienden a romperse cuando una situación se “calienta” mucho. En lugar de despertar pensamiento creativo impide el progreso, ya que con frecuencia los individuos se concentran en repetir las mismas ideas una y otra vez. Los conflictos se suelen “calentar” cuando existe: información que puede ser controvertida o escasez de datos que están sujetos a distintas interpretaciones,  gran incertidumbre y cuestiones importantes en juego. Otros aspectos que intervienen son la existencia de distintas creencias y sistemas de valores y de diferentes intereses y expectativas que van a dificultar la discusión productiva entre sus miembros, ya que se pueden disfrazar  como diferencias profesionales de opinión. Para gestionar el conflicto en estos casos es necesario adoptar una actitud de apertura y de reconocimiento de que estas reacciones emocionales se están produciendo y buscar el origen real de las mismas, en lugar de pretender que no existen. Los miembros del equipo deben aceptar que el ganar una discusión no suele ser la mejor solución. Por el contrario, los mejores resultados se obtienen a través de la integración y síntesis de las diferencias. Si los integrantes del equipo son capaces de unirse, para aprender de cada uno, suelen obtener mejores soluciones que las que hubiesen logrado individualmente. La comunicación auténtica de sus pensamientos y motivaciones contribuye a la creación de relaciones genuinas y resilientes, que son cruciales para el desempeño eficaz de los equipos.
Si el conflicto es exclusivamente de tarea es más fácil resolver las diferencias y solucionar el conflicto. Los desacuerdos se pueden superar a través del razonamiento y el análisis de los datos objetivos.
Amy Edmonson en su libro “Teaming: How Organizations Learn, Innovate and Compete in the Knowledge Economy”, de reciente publicación, plantea cuatro recomendaciones para ayudar a los líderes a  abordar el conflicto en los equipos:
1.- Identificar la naturaleza del conflicto: analizando los factores emocionales y de tarea que intervienen en su aparición.
2.- Establecer una buena comunicación. Ésta debe combinar declaraciones bien reflexionadas y preguntas adecuadas que permitan a los profesionales entender la base real del desacuerdo e identificar las razones que subyacen a cada postura.
3.- Identificar metas comunes. Éstas contribuyen a la creación de un clima de confianza y a minimizar las diferencias.
4.- Fomentar las conversaciones complicadas, a través de una buena comunicación que ayude a abordar los problemas con autenticidad y a crear relaciones resilientes que sean capaces de dejar de lado las diferencias ideológicas y personales.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

LOS SIETE PECADOS CAPITALES DEL MANAGEMENT



Julian Birkinshaw,  profesor en la  London Business School, en el boletín del 16 de agosto de Harvard Business Review,  analiza los que considera son los siete pecados capitales del management. Comienza planteando que todos conocemos a malos directivos, ya sean ambiciosos, agresivos, “trepas” o incapaces, lo que llama la atención,  puesto que durante décadas se ha estudiado lo que caracteriza a los buenos directivos y se han dedicado ingentes recursos a transmitir estos conocimientos a los directivos. En un reciente estudio realizado por el autor menos de la cuarta parte de los que participaron en el mismo animarían  a otros profesionales a trabajar con sus jefes. El origen  de esta situación podría encontrarse en que la formación se ha centrado en las buenas prácticas, en lugar de en las malas prácticas que deben eliminarse.

Julian Birkinshaw propone definir en qué consiste un mal management utilizando los siete pecados capitales.

1.- AVARICIA. En este caso el directivo persigue conseguir riqueza, status y protagonismo. Suelen ser los constructores de imperios.

2.-  LUJURIA. Se caracteriza porque el directivo se ocupa de promover proyectos en los que su vanidad se vea satisfecha aunque no tengan un sentido racional.

3.- IRA. El directivo no ejerce ningún control sobre sus emociones y descarga su cólera sobre sus colaboradores.

4.- GULA. Se origina cuando el directivo intenta acaparar todas las funciones. Necesita estar involucrado en todas las decisiones y estar continuamente informado de todo lo que ocurre, por lo que nunca descansa ni desconecta. Se considera que en estos casos lo que el directivo está haciendo es micromanagement, teniendo tendencia a apropiarse de las ideas de sus colaboradores y a paralizar la toma de decisiones. 

5.- ORGULLO. En los altos directivos ocurre con frecuencia que el orgullo sano se convierte en soberbia, con los riesgos que conlleva, al considerarse por encima de los demás y no querer aceptar opiniones ajenas, como se ha podido apreciar en los últimos desastres financieros.

6.- ENVIDIA. Se manifiesta especialmente cuando un directivo recibe el reconocimiento por los méritos de otros. También cuando no promocionan a los profesionales brillantes para evitar que sus limitaciones sean más evidentes u oculta información importante en lugar de compartirla con su equipo.

7.- PEREZA. En este caso los directivos se muestran apáticos y no hacen su trabajo. No prestan atención, no comunican, ni manifiestan ningún interés por conocer las necesidades de su equipo. Se centran en sus intereses personales y con frecuencia en intereses fuera del ámbito laboral. 

El autor finaliza presentando un breve cuestionario para ayudar a los profesionales a evaluar si sus directivos muestran algunos de estos “pecados”. Sugiere contestar a las preguntas utilizando una escala de 1 a 5, en la que el 1 corresponde a “no lo manifiesta” y el 5 a “lo manifiesta en gran medida”.

1.- ¿En qué medida mi jefe o yo buscamos el crecimiento exclusivamente por el crecimiento?

2.- ¿En qué medida mi jefe o yo  nos dedicamos a proyectos personales en los que estamos interesados independientemente de que encajen en los objetivos de la organización?

3.- ¿En qué medida mi jefe o yo nos enfadamos violentamente cuando se cometen pequeños errores?

4.- ¿En qué medida mi jefe  o yo nos involucramos profundamente en los detalles de todos los proyectos de los que somos responsables?

5.- ¿En qué medida mi jefe  o yo buscamos reconocimientos y aplausos por lo que conseguimos?

6.- ¿En qué medida mi jefe  o yo tratamos de recibir reconocimiento por el buen trabajo realizado por otros?

7.- ¿En qué medida mi jefe  o yo organizamos el trabajo de acuerdo con nuestros intereses sin considerar las necesidades e intereses del resto de colaboradores?
Una vez finalizado el cuestionario el número de cuatros o cincos indicarán los “pecados” que nosotros o nuestros jefes tendemos a cometer.



miércoles, 1 de agosto de 2012

VACACIONES




Este año, más que nunca, se impone la necesidad de tomar un descanso y de enfocar la situación desde una perspectiva de optimismo y por qué no de humor.


                                       FELICES VACACIONES