miércoles, 10 de febrero de 2016

PERSONALIDAD CLÁSICA O ROMÁNTICA. ¿CUÁL ES MEJOR?


En el boletín de “The School of life” del pasado 2 de febrero, aprovechando la cercanía a San Valentín, analizan las  diferencias que existen entre dos tipos de personalidades: la romántica y la clásica.
Todos tenemos rasgos que nos identifican más con una de estas dos personalidades. Estas categorías ayudan a definirnos: cómo nos relacionamos con la naturaleza, lo que nos hace reír, nuestras actitudes ante el amor y la amistad, nuestro enfoque político,…. No estamos acostumbrados a pensar sobre nosotros en estos términos pero las etiquetas romántica o clásica nos ayudan a centrar aspectos básicos de nuestra personalidad y a conocer mejor la estructura que subyace a nuestros entusiasmos y preocupaciones.
Algunas de las características contrapuestas de ambas personalidades son:
1.- Intuición vs. Análisis:
Los románticos disfrutan con las cosas que parece que desafían aunque sea ligeramente las explicaciones racionales. Se muestran entusiastas con todo lo que tiene que ver con los sentimientos y desconfían del intelecto como guía de su vida. Creen que no hay que pensar mucho y que hay que dejar vía libre al instinto.
Los clásicos, por el contrario se muestran escépticos ante la intuición. Han aprendido a través de la dura experiencia cómo los sentimientos propios en ocasiones están muy equivocados y por tanto tienen  una visión bastante caústica de los mismos.
2.- Espontaneidad vs. Educación
Los románticos con frecuencia se muestran recelosos de la enseñanza reglada. Piensan que las actividades importantes deben surgir de forma espontánea en lugar de ser enseñadas. La idea de que las personas necesiten pensar de forma racional y exhaustiva sobre qué carrera elegir o con quién casarse, por ejemplo, les parece una intromisión en hechos  y aspectos de la vida que deben tener un abordaje más espontáneo y natural (les gusta la idea del flechazo, por ejemplo).
Los clásicos, puede que piensen que el sistema educativo no es el más adecuado  pero la idea abstracta de la necesidad de una educación les resulta muy atractiva. Creen que el aprendizaje es vital si queremos evitar cometer muchos errores en la vida profesional y emocional.
3.- Honestidad vs. Buenas maneras
La persona romántica siente devoción por decir lo que piensa o siente. Sienten alergia a la idea de ser falsos o de tener secretos. La autenticidad es vital para ellos e imaginan que la buena educación es una losa que reprime la expresión de lo que realmente importa.
La persona clásica siente reverencia por la buena educación en sus relaciones con los demás. No es que sientan temor ante la posibilidad de molestar a alguien sino que  dudan de que hacerlo sea constructivo y no están interesados en victorias simbólicas.
4.- Idealismo vs. Realismo.
El romántico está emocionado pensando en cómo pueden ser las cosas desde un punto de vista ideal y juzga lo que realmente existe en relación con el  estándar de una mejor alternativa imaginaria. La mayor parte del tiempo la realidad le produce una desilusión profunda y enfado cuando consideran las injusticias, prevaricaciones y compromisos de los poderosos. Se muestran, con frecuencia, furiosos con los gobiernos y sorprendidos e indignados con la evidencia de conducta venial e interesada de los miembros de la sociedad.
Por su parte la persona clásica presta atención especial a aquello que puede ir mal. Son conscientes de que existe la posibilidad de que las cosas puedan ir mucho peor.  Antes de condenar a un gobierno consideran cuál ha sido el estándar a lo largo de la historia y pueden comprender que determinados acuerdos o enfoques pueden ser adecuados en circunstancias especiales. Su visión de las personas es fundamentalmente oscura. Sienten que los humanos tienen impulsos peligrosos. Los ideales elevados les ponen nerviosos.
5.- Seriedad vs. Ironía.
Los románticos no aceptan la realidad. Su atención está puesta en cómo les gustaría que ésta sea. No les gusta, por tanto, el humor irónico pues piensan que es derrotista.
Los clásicos tienen la convicción de que aunque el mundo no es un lugar alegre tener buen humor es un buen punto de partida para sobrevivir en una realidad insatisfactoria e imperfecta. El humor irónico es un recurso que utilizan pues surge de la colisión constante entre cómo nos gustaría que fuesen las cosas y cómo parece que son realmente.
6.- Lo original vs. lo cotidiano.
El romántico se rebela ante lo común. Le encanta lo raro y exótico. Les gustan aquellas cosas que son desconocidas para la mayoría de la población. No les gustan las cosas que son populares ni la rutina, especialmente en su vida personal. Les atrae el heroísmo, las emociones y todo aquello que consideren que no es aburrido.
El clásico da la bienvenida a la rutina como defensa contra el caos. Le gustaría que las cosas buenas fuesen populares. Se sienten lo suficientemente familiarizados con los extremos como para recibir bien a las cosas que pueden resultar un poco aburridas. Pueden encontrar el encanto de realizar determinadas tareas rutinarias.
7.- Pureza vs. Ambivalencia.
El romántico se siente inclinado a la implicación total o el rechazo total. Idealmente un partido político debe ser siempre admirable, por ejemplo. Le atraen las causas perdidas y les importa más pensar que tienen razón que ganar.
El clásico piensa que pocas cosas o personas son totalmente buenas o malas. Asumen que pueden existir aspectos valiosos en ideas opuestas y que siempre hay algo que aprender de cada parte. Una persona decente puede en muchas áreas pensar de forma que no nos guste.
Desde 1750 las actitudes románticas han dominado en la imaginación occidental. El enfoque predominante en relación con la infancia, las relaciones, la política y la cultura se ha visto coloreado más por el espíritu romántico que por el clásico.

Ambas orientaciones necesitan equilibrarse y ninguna persona es totalmente de una forma u otra, pero los autores sugieren que en este momento histórico puede ser la actitud clásica con su sabiduría a la que debemos escuchar con mayor atención.

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