miércoles, 5 de abril de 2017

CÓMO LIBERAR TODO EL POTENCIAL DE LOS EQUIPOS CON DIVERSIDAD


Reid Carpenter y Marvin Mendoza en Strategy+Business del pasado 3 de abril plantean que en la actualidad se considera que la diversidad y la inclusión son atributos importantes para el buen funcionamiento de las organizaciones, como destacan diversas investigaciones, como las del Centro para la Innovación del Talento  , fundamentalmente en referencia a la innovación y generación de buenas ideas.
Los autores definen la diversidad no sólo en relación con la raza, género o identidad sexual entre otras diferencias, sino que incluyen también a la diversidad “adquirida” o las distintas experiencias que aportan los profesionales que han trabajado en diversos sectores o  que han vivido o trabajado en varios países. La diversidad se puede considerar como diferencia y la inclusión como la habilidad de aceptar las diferencias. Por tanto, contar con una cultura organizacional que fomente el respeto, el desarrollo y la participación plena de personas con diversas diferencias cognitivas y relacionadas con la identidad, la afectividad o el comportamiento es crítico para apreciar los beneficios derivados de la diversidad y de la inclusión. Si queremos conseguirlo debemos contar con VERDADEROS EQUIPOS. Éstos tal como los definió Jon Katzenbach en su libro “The wisdom of teams: Creating the high-performance organization” se caracterizan por poseer los siguientes ATRIBUTOS:
1.- UN PROPÓSITO COMÚN. El equipo debe responder a la siguiente pregunta para tener claro cuál es éste: ¿Qué es lo que este equipo y sólo este equipo puede conseguir al trabajar todos sus miembros juntos?
2.- HABILIDADES COMPLEMENTARIAS. Una vez que se ha definido el objetivo común el equipo debe analizar cómo puede aprovechar la diversidad de pensamiento y experiencias que aportan cada uno de sus integrantes. Los equipos que tienen éxito seleccionan a sus componentes por sus habilidades relevantes no por su posición en la organización jerárquica. Idealmente esto significa que cuentan con la mezcla correcta de experiencia técnica y funcional así como con las competencias adecuadas para la resolución de problemas, toma de decisiones y habilidades interpersonales. Este imperativo demanda que los líderes con frecuencia tengan que reclutar a profesionales de otros departamentos y niveles jerárquicos.
3.- LIDERAZGO COMPARTIDO. Cuando los miembros de un equipo son seleccionados basándonos en sus habilidades complementarias para una determinada tarea el liderazgo puede pasar de un miembro del equipo a otro en función de la situación. De esta forma se fomenta también la diversidad de opiniones. Este modelo de liderazgo compartido promueve la inclusión ya que convierte en hábito la necesidad de qué conocimiento específico, destreza o experiencia es más útil para liderar en cada ocasión. Asegura, también, que una voz o perspectiva no domine el equipo.

4.- OBJETIVOS DE DESEMPEÑO Y RESPONSABILIDAD COMPARTIDA. Esto implica que cada miembro del equipo es responsable del éxito o fracaso del mismo, está comprometido con el resto de compañeros y participa plenamente en las actividades del mismo para alcanzar la meta compartida. Al compartir la responsabilidad sus integrantes se van a ocupar de que las mejores ideas sean escuchadas y a que se expresen todas las sugerencias por originales que puedan parecer ya que no se les va a responsabilizar individualmente si se producen errores o fracasos a consecuencia de ellas. Permite, también, que sus miembros se ayuden cuando surgen problemas personales al generarse un ambiente de seguridad. 

domingo, 2 de abril de 2017

LIDERAR LOS CUATRO ESTILOS DE PERFILES EN EL TRABAJO


Suzanne M. Johnson Vickberg y Kim Christfort, en la edición de marzo-abril de Harvard Business Review, plantean que las organizaciones no están obteniendo el desempeño que esperan de sus equipos, pero que el origen de esta situación, según sus investigaciones,  no radica en los  miembros de los mismos sino en los líderes de éstos que no son capaces de aprovechar los diversos estilos de trabajo de sus colaboradores.  Algunos directivos son incapaces de reconocer las profundas diferencias que existen entre los profesionales que integran sus equipos y por tanto no pueden gestionar adecuadamente las tensiones que surgen ni comprender los costes que tiene no hacerlo. Como resultado muchas de las mejores ideas no se tienen en cuenta y no se abordan y el desempeño sufre.

Para ayudar a los líderes a superar estas situaciones Deloitte ha propuesto un sistema llamado “Business Chemistry” que identifica los cuatro estilos primarios de trabajo y las estrategias relacionadas para alcanzar las metas compartidas. Las autoras han investigado la validez de este modelo y han llegado a las siguientes conclusiones:

Cada persona tiene  una mezcla de cuatro estilos de trabajo aunque el comportamiento y pensamientos de la mayor parte se alinean con uno o dos preferentemente. Cada estilo aporta perspectivas útiles sobre cómo generar ideas, tomar decisiones y resolver problemas. Los estilos de los profesionales son los siguientes:

I.- PIONEROS. Valoran las posibilidades e insuflan energía e imaginación a sus equipos. Creen que merece la pena asumir riesgos y seguir a nuestro instinto. Se centran en la visión global. Se sienten atraídos hacia nuevas ideas arriesgadas y por los enfoques creativos.

II.- GUARDIANES. Valoran la estabilidad y aportan orden y rigor. Son pragmáticos y dudan antes de asumir riesgos. Los requerimientos básicos para ellos son los datos y hechos y se preocupan por los detalles. Piensan que tiene sentido aprender del pasado.

III.- MOVILIZADORES. Valoran los riesgos y para ellos obtener resultados y ganar es lo que más cuenta. Tienden a abordar los problemas como una cuestión de blanco o negro para resolverlos con prontitud armados de la lógica y de los datos.

IV.- INTEGRADORES. Valoran las relaciones y conectan a los equipos. Para ellos lo más importante son las relaciones y la responsabilidad hacia el equipo. Tienden a creer que la mayor parte de las cosas son relativas  y son diplomáticos, centrándose en obtener consenso.

Los cuatro estilos ofrecen a los equipos un lenguaje común para entender cómo trabajan las personas. El problema surge porque lo que motiva a un grupo puede agotar las energías de otro y las diferencias en la forma de pensar pueden generar diversos problemas. Por ejemplo si un guardián plantea un plan muy detallado que hay que seguir paso a paso sin desviaciones un pionero no estará de acuerdo pues prefiere seguir adelante o plantear una idea completamente diferente.

PIONEROS
INTEGRADORES
MOVILIZADORES
GUARDIANES
Extrovertidos

Centrados en la visión global

Espontáneos

Atraídos por el riesgo

Adaptables

Imaginativos

Diplomáticos

Empáticos


Tradicionales

Orientados hacia las relaciones

Motivados intrínsicamente

No les gustan las confrontaciones
Cuantitativos

Lógicos


Centrados

Competitivos

Experimentadores

Profundamente curiosos
Metódicos

Reservados


Orientados al detalle


Prácticos

Estructurados

Leales

Una vez que el líder ha identificado los estilos de trabajo de los miembros de su equipo y ha empezado a considerar si las diferencias son beneficiosas o problemáticas debe comenzar a gestionarlas. Las autoras proponen las siguientes sugerencias:

A).- Intentar acercar a los opuestos. Con frecuencia uno de los aspectos más conflictivos se presenta en las relaciones cuando estilos distintos colisionan, Cada uno de los estilos es diferente de los otros pero no son distintos en la misma medida. Por ejemplo los guardianes suelen ser más reservados que los movilizadores pero ambos tipos suelen estar muy centrados lo que puede ayudar a que encuentren un terreno común, pero los guardianes y los pioneros son verdaderos tipos opuestos así como ocurre entre los movilizadores e integradores. Como es de esperar los problemas interpersonales que suelen surgir cuando los estilos opuestos se juntan enturbian la colaboración y suponen un desafío para el trabajo en equipo.

Independientemente de las consecuencias de estas diferencias sobre el desempeño los estilos opuestos pueden equilibrarse, pero lograrlo requiere tiempo y esfuerzo. Una estrategia consiste, por ejemplo, en hacer que colaboren en pequeños proyectos y si funciona asignarles otros mayores, otra puede ser el crear asociaciones complementarias entre los miembros de  los equipos. El líder debe, también, procurar rodearse de sus opuestos para equilibrar sus tendencias. En general lo que hay que intentar es crear una fricción productiva.

B).- Destacar los estilos menos representados. La experiencia muestra que el estilo de liderazgo que debe de adoptar el líder debe estar más centrado en los estilos que están representados por menos miembros del equipo ya que, es importante tener en cuenta esas perspectivas minoritarias si queremos obtener los beneficios de la diversidad.

Cuando la composición de un equipo es asimétrica pueden surgir prejuicios cognitivos con frecuencia conduciendo al fenómeno de las cascadas: cuando las ideas, las discusiones y la toma de decisiones empiezan a fluir en una determinada dirección la tendencia es que continúen en la misma. Aunque existan distintas perspectivas en un equipo probablemente no lograrán cambiar el rumbo una vez que se ha establecido ya que las personas frecuentemente procuramos evitar mostrar nuestro desacuerdo con una idea que consigue un apoyo visible temprano. Este efecto se produce por diversas razones: las “cascadas reputacionales” son consecuencia generalmente del temor a que nos miren mal o a ser castigados por no estar de acuerdo y las “cascadas informativas” ocurren cuando las personas asumen que los que hablan primero saben cosas que los demás desconocen. En ambas ocasiones los resultados son la autocensura y el pensamiento grupal lo que implica que el equipo no se beneficia de las diversas perspectivas.

La mayor parte de los líderes suelen ser pioneros o movilizadores y en muchos casos la mayor parte de los directivos de los equipos comparten la tendencia del líder lo que hace que éstos sean susceptibles de experimentar el fenómeno de las cascadas. Por ejemplo los pioneros suelen ser espontáneos y extrovertidos piensan y hablan con rapidez en muchas ocasiones sin mucha reflexión, similarmente los movilizadores suelen tomar el control de los grupos y con su estilo directo y competitivo se inclinan a manifestar sus puntos de vista sin escuchar lo que los demás tienen que decir. Especialmente si son mayoría y apoyados por un líder con un estilo similar existe el riesgo que los pioneros y movilizadores marquen la dirección de una cascada con sus comentarios.

Las autoras recomiendan una serie de tácticas para intentar evitar las cascadas y el sentimiento de marginación:

1.- Si queremos que los guardianes compartan sus ideas debemos darles el tiempo y la información que necesitan para prepararse para una discusión o decisión y luego facilitarles que contribuyan en formas que les resulten cómodas (por ejemplo por escrito) y que no requieran que luchen por las mismas, porque lo normal es que no lo hagan en un entorno presencial.

2.- Para que la ideas de los pioneros afloren debemos dejar que las discusiones sean amplias, por ejemplo montando una pizarra para que las personas expongan sus opiniones. Determinando por adelantado el tiempo que vamos a permitir este tipo de discusiones ayudará que aquellos que necesitan más estructura como los guardianes se relajen y participen en el ejercicio.

3.- En el caso de los integradores dedicar tiempo a establecer verdaderas relaciones con ellos y posteriormente pedirles su opinión. También debemos buscar y ayudarles en la búsqueda de las perspectivas de otros miembros del equipo y de los grupos de interés y explorar con ellos cómo la discusión o decisión afecta y busca un bien mayor.

4.- Con los movilizadores mantener un ritmo dinámico en las conversaciones y mostrar conexiones claras entre las discusiones o decisiones en marcha y el progreso hacia el objetivo común. Se puede considerar el introducir un elemento de experimentación o competencia para mantenerles interesados (gamificación, por ejemplo). Algunos estilos como los integradores no se sentirán muy motivados por la competencia por lo que podemos buscar fórmulas para que sirvan para fortalecer relaciones  como el facilitar oportunidades para que los equipos competidores socialicen entre sí.

Más allá de estas tácticas existen otros métodos más generales para que las perspectivas de las minorías sean escuchadas:

a).- Animar a los miembros con estilos minoritarios a hablar al inicio de las conversaciones para posibilitar el que influyan en la dirección de las mismas antes de que se pueda establecer una cascada. Los experimentos de Simon Asch sobre conformidad, por ejemplo, demostraron que si una persona va contra la mayoría existen muchas posibilidades de que los demás empiecen a ofrecer perspectivas divergentes también.





b).- Pedir a los miembros que realicen un ejercicio de brainstorming en solitario y después compartan sus ideas, por turno,  cuando se reúna el equipo. Diversos estudios muestran que este enfoque es más eficaz que el brainstorming colectivo desde el principio.

c).- Pedir a los integrantes de un equipo que piensen desde la perspectiva del estilo menos representado en el mismo. Debemos hacerlo al comienzo de las conversaciones antes de que el punto de vista de la mayoría tenga la oportunidad de imponerse.

C).- Prestar atención a los sensibles introvertidos. Los miembros que son muy introvertidos o sensibles es frecuente que se ahoguen en las cascadas y no sean escuchados salvo que los líderes se esfuercen activamente para que lo sean. Estos rasgos se presentan sobre todo en los guardianes y en los integradores “tranquilos”.

Tanto las investigaciones de Susan Cain sobre los introvertidos como las de Elaine Aron sobre personas muy sensibles muestran que los integrantes de estos grupos tienen fortalezas específicas que pueden beneficiar a los equipos y organizaciones. Por ejemplo tienden a ser muy concienzudos y buenos para detectar posibles errores y riesgos potenciales, se concentran intensamente durante largos periodos de tiempo, son buenos oyentes y suelen destacar las buenas ideas de los demás en lugar de buscar los focos para ellos y con frecuencia son excelentes a la hora de abordar trabajos que requieren mucha atención a los detalles  que los demás no saben o no quieren hacer.



Para obtener el máximo de estos tipos de guardianes y de integradores debemos preguntarles qué podemos hacer para mantener sus niveles de estrés en un grado manejable lo que puede suponer identificar maneras para reducir el ritmo, disminuir la sobrecarga de información y facilitar entornos de trabajo tranquilos y con pocas distracciones.

PIONEROS
INTEGRADORES
MOVILIZADORES
GUARDIANES

1.- Impulsados por:

Brainstorming

La espontaneidad y probar cosas nuevas

El entusiasmo

2.- Alienados por:

Las reglas y la estructura

La palabra “no”

El foco en el proceso

1.- Impulsados por:

La colaboración

La comunicación

La confianza y el respeto


2.- Alienados por:

Las intrigas “políticas”

El conflicto

La inflexibilidad

1.- Impulsados por:


Resolver problemas

El estilo directo

Ganar



2.- Alienados por:

La ineficacia


La indecisión

La falta de foco

1.- Impulsados por:

La organización

La predicitibilidad y consistencia

Un plan detallado


2.- Alienados por:

El desorden


La presión del tiempo

La ambigüedad e incertidumbre




                                                                                             

miércoles, 29 de marzo de 2017

CÓMO TRABAJAR CON UN JEFE INDECISO


Rebecca Knight, en hbr.org del pasado 24 de marzo plantea que los directivos que parece que no saben elegir una línea de acción o que constantemente cambian de opinión pueden ser desesperantes. Sydney Finkelstein, autor de “Superbosses. How exceptional leaders manage the flow of talent”, mantiene que estos jefes vuelven locos a sus colaboradores porque éstos van a sentir que no tienen marcada una dirección clara y por tanto no van a estar seguros sobre lo que tienen que hacer. Nancy Rothbard añade que también la reputación de los que trabajan con ellos se va a ver afectada ya que si el jefe no es tomado en serio en la organización por extensión el trabajo de su equipo va a ser visto como ineficiente.

La autora propone una serie de estrategias para hacer frente a un jefe indeciso:

1.- Diagnosticar la situación. El primer paso que tenemos que dar según Finkelstein es intentar descubrir que es lo que esconde ese comportamiento, para lo cual debemos prestar atención a lo que ocurre en el mundo del jefe porque nos puede dar pistas sobre la razón de su actuación. Tenemos que mostrar empatía y asegurarnos de que no estamos exagerando o malinterpretando la indecisión. Ésta en algunos casos es necesaria para poder contar con más tiempo para tomar una decisión y analizar mejor los factores que influyen y las alternativas disponibles. Como subordinados no tenemos por qué tener toda la información que tiene el jefe.

2.- Ayudar a que el jefe adquiera confianza en sí mismo. Si hemos determinado que la raíz del problema es la indecisión del jefe debemos ayudarle mostrándonos muy competentes y leales para aumentar su confianza ayudándole a encontrar el camino. Si la decisión es complicada podemos actuar como tabla de resonancia para que analice los pros y contras  de las distintas perspectivas, así como hacer preguntas adecuadas, facilitar datos útiles y relevantes y ofrecer nuestra opinión.

3.- Tomar el control. Cuando tenemos una opinión  muy clara de cuál debe ser la decisión pero nuestro jefe se encuentra inmerso en la parálisis por el análisis debemos elegir un enfoque diferente al recomendado en el apartado anterior ya que darle más datos no tiene por qué ayudarle a seguir adelante. En estos casos hay que ayudarle a organizar la información y después razonar la propuesta que le hacemos. Puede ser útil, también, el sugerir que delegue en nosotros aunque sea de forma informal, como por ejemplo diciendo que hemos estado dando vueltas al asunto y que pensamos que hay algunas formas de abordarlo y que si nos deja podemos probarlas e informarle de los progresos logrados. De esta forma al hacernos cargo de la situación le liberamos de un peso y supone una oportunidad de desarrollo profesional.

4.- Hablar con el jefe. Dependiendo de lo receptivo que el directivo sea al feedback podemos intentar mantener con él una conversación honesta y respetuosa sobre cómo su indecisión nos afecta a nivel individual y de equipo. No debe ser agresiva ni buscar la confrontación sino que debe demostrar que nuestras intenciones son buenas, ser constructiva e individual. No se debe plantear esta conversación si la relación con el jefe no es buena o no muestran una actitud abierta y accesible ya que intentar discutir su indecisión puede ser visto como una actuación agresiva.

5.- Buscar aliados. Otra forma de intentar acelerar el proceso de toma de decisiones consiste en formar una coalición con profesionales con los que mantenemos una relación razonablemente buena y que tienen influencia sobre nuestro jefe. Al abordarles no debemos quejarnos sino simplemente pedirles consejo sobre qué se puede hacer. Si muchas personas están de acuerdo en una línea de acción a seguir el jefe sentirá que es más fácil tomar una decisión y apoyarla.

6.- Protegerse. Tener un jefe indeciso no es sólo perjudicial  para nuestra productividad cotidiana sino también para nuestra reputación y posibilidades de desarrollo y promoción profesional. Rothbard recomienda que si llegamos a la conclusión de que la actitud de nuestro jefe está dañando nuestro potencial debemos procurar distanciarnos de él y protegernos de su comportamiento fomentando el establecimiento de nuevas relaciones y realizando networking interno, así como buscar mentores de otras áreas de la organización. Si el problema persiste puede ser recomendable abandonar el puesto de trabajo y buscar otro.


domingo, 26 de marzo de 2017

EL RESPETO. CLAVE PARA UN LIDERAZGO EFICAZ


Christine Porath, en su libro “Mastering civility. A manifesto for the workplace”, expone la importancia de la urbanidad y el respeto en todos los ámbitos de nuestras vidas y especialmente en el entorno laboral.

La autora ha realizado durante varios años encuestas, “American Civility Surveys ”, en las que los resultados muestran , como en la del pasado año, en la que un 96% de los encuestados pensaban que existe un problema social en relación con la educación y el respeto.

Los comportamientos irrespetuosos se presentan de muchas formas y grados que van desde ignorar a los demás y no escucharles a intencionadamente desautorizar a los demás con el fin de socavar su autoridad y autoestima. Entre los comportamientos de este tipo más frecuentes de los líderes nos encontramos con:

a).- Mofarse y denigrar públicamente a las personas.

b).- Recordar a los subordinados que sus roles son de menor categoría dentro de la organización.

c).- Burlarse de sus informes de forma que duela.

d).- Quedarse con todo el crédito por los éxitos y señalar a otros cuando las cosas se ponen difíciles.

Tenemos que tener en cuenta, de todas formas, que lo que importa no es realmente si las personas fueros tratadas de manera insensible sino si ellas se sintieron maltratadas. La falta de respeto depende de los ojos del receptor. Depende no sólo del individuo, sino también de la cultura, de la generación, del género, del sector y de la organización. Lo que nosotros consideramos una falta de respeto y de educación puede no coincidir con lo que piensa nuestro jefe sobre el tema.

Entre los factores que están interviniendo en la percepción negativa sobre la educación y respeto que muestran las personas en la actualidad tenemos:

1.- La globalización. Los profesionales de una cultura pueden, por desconocimiento, actuar de forma que los compañeros de otra cultura pueden considerar como una muestra de falta de respeto hacia ellos.

2.- Las distintas generaciones. Una investigación dirigida por Jean Twenge reveló que los estudiantes en la actualidad son un 30% más narcisistas que los estudiantes de hace 25 años, con la consecuencia de que si nos centramos excesivamente en nosotros vamos a estar mucho menos preocupados de los efectos que  nuestro comportamiento  puede tener en los demás.

3.- El deterioro de las relaciones en el ámbito laboral, en parte propiciado por el teletrabajo y otras formas de organización del trabajo que no favorecen el contacto físico entre los compañeros. Otras razones que fomentan este deterioro son, según un estudio realizado por la autora entre más de 20.000 trabajadores de distintos sectores, la sobrecarga de trabajo que sufren muchos profesionales y que dicen que impide que tengan  tiempo para ser educados y agradables y la falta de ejemplo de sus directivos que se comportan de forma irrespetuosa con ellos por lo que ellos actúan de la misma forma. Otra causa es la tecnología que ocasiona que los profesionales dediquen mucho tiempo a actividades online y poco a relacionarse entre sí.

Entre los efectos nocivos del comportamiento irrespetuoso y grosero destaca el impacto sobre la salud. Robert Sapolslky, autor de “Why zebras don´t get ulcers”, expone que cuando las personas están sometidas a estresores intermitentes como la falta de respeto durante un tiempo muy largo o con demasiada frecuencia experimentan importantes problemas de salud ya que el sistema inmunitario se ve afectado negativamente y pueden aparecer diversas enfermedades de tipo cardiovascular, gástrico, etc.

…  

Diversos estudios han encontrado que los factores psicosociales tales como el estrés inducido por el trabajo son las variables más importantes en la determinación de la duración de la vida. Las investigaciones muestran que trabajar en un equipo en el que la falta de respeto está presente llega a afectar a la salud mental de sus miembros. Las personas tienden a llevar el estrés producido por esta situación a su casa trasladándolo al resto de miembros de la familia.

En una encuesta realizada por la autora junto a Christine Pearson a 800 directivos y profesionales de 17 organizaciones los resultados mostraron que entre los trabajadores que habían estado expuestos a la falta de respeto un porcentaje muy elevado disminuían su desempeño  y el tiempo dedicado al trabajo de forma intencionada, la calidad de su trabajo se veía afectada negativamente, perdían mucho tiempo en el trabajo pensando en los incidentes irrespetuosos y en evitar al ofensor, decrecía su compromiso con la organización, repercutían su frustración en los clientes o se planteaban dejar el trabajo. Si una organización pierde beneficios y profesionales debido a estos comportamientos gran parte de esa pérdida pasa desapercibida hasta que puede que ya no  tenga remedio.

Diversos experimentos avalan estos resultados ya que demuestran como el estar sometidos a estas situaciones afecta negativamente a nuestros recursos cognitivos, secuestra nuestro desempeño y creatividad y nos aparta de nuestro trabajo. Aunque queramos trabajar dar lo mejor de nosotros no lo lograremos porque estaremos preocupados por el maltrato que estamos experimentando.

Otro aspecto negativo es el tiempo que tienen que dedicar los directivos a solucionar los problemas causados por la falta de respeto. Según un estudio publicado en Fortune los ejecutivos  de las principales empresas dedicaban un 13% de su tiempo en el trabajo a tratar de arreglar las relaciones entre los profesionales y las consecuencias del comportamiento irrespetuoso.

Un ejemplo de estos efectos nocivos que se ha evidenciado en muchos estudios es la disminución del desempeño en el ámbito sanitario entre cuyas cusas está el que los equipos expuestos a la falta de educación y respeto no comparten bien la información y  pueden captar incorrectamente  la que tienen a su disposición, sus miembros no solicitan ayuda de sus compañeros de equipo, se muestran poco receptivos al feedback y a discutir los errores o problemas potenciales que pueden surgir en el curso de sus actuaciones.

La autora plantea que el hecho de no ser grosero no significa que nos estemos comportando respetuosamente, sólo implica que nuestra conducta está siendo neutral y que no hemos dañado a alguien. Ser respetuoso en su sentido pleno requiere gestos positivos tales como la amabilidad y cortesía que consigue animar a las personas. No solo tratar a los demás bien sino,  también, que nuestros actos reflejen nuestros deseos de mostrar respeto. No consiste en tratar bien a alguien porque esperamos algo a cambio o porque estamos intentando servir a los intereses de la organización sino porque es una vía de afirmar normas de mutuo respeto y honradez.

Porath propone que para evitar todos los efectos nocivos  anteriormente expuestos debemos comenzar por preguntarnos cuál es nuestro comportamiento al respecto y que para ello realicemos el siguiente test como autodiagnóstico sobre la forma en que tratamos a los demás. Para hacerlo tendremos que contestar si alguna vez tenemos alguno de los comportamientos que se relacionan en el mismo y el grado (desde nunca a casi siempre):

1.- No decir gracias o por favor.

2.- Utilizar la comunicación vía e-mail cuando es necesaria la comunicación cara a cara. 

3.- Robar el crédito por el trabajo colaborativo.

4.- Durante las reuniones contestar o mandar correos o mensajes.

5.- Hacer esperar a las personas de forma innecesaria.

6.- Hablar de forma condescendiente a los demás.

7.- Retrasar el acceso a la información o a los recursos.

8.- Utilizar jergas que excluyen a otros.

9.- Culpabilizar a otros cuando hemos contribuido a que se cometa un error.

10.- Difundir rumores.

11.- Menospreciar a los demás de forma no verbal.

12.- Refugiarnos en gadgets electrónicos.

13.- Excluir a alguien de una red o equipo.

14.- Aprovecharnos de los demás.

15.- Prestar poca atención o mostrar poco interés por las opiniones de los demás.

16.- No escuchar.

17.- Propiciar que otros fracasen.

18.- Ignorar las invitaciones.

19.- Llegar con retraso o abandonar una reunión antes de que acabe sin ninguna explicación.

20.- Insultar a los demás.

21.- No reconocer a los demás ni sus esfuerzos.

22.- Despreciar los esfuerzos de los demás.

23.- Hacer comentarios denigrantes o desdeñosos a alguien.

24.- Dar por sentadas las contribuciones de los demás.

25.- Seleccionar las tareas fáciles dejando a los demás las complicadas.

26.- Olvidar incluir a los demás.

27.- Hablar cruelmente de los demás.

28.- Escribir e-mails descorteses o irrespetuosos.

29.- Comportarnos con falta de respeto cuando no estamos de acuerdo con los demás.

30.- Interrumpir a los demás.

31.- No defender a los demás.

32.- Juzgar a las personas que son diferentes a nosotros.

Es un test útil para detectar malos hábitos y analizar sus causas para poder corregirlos. Para obtener más información podemos pedir feedback adicional a nuestros compañeros, amigos y familiares porque pueden existir puntos ciegos que no somos capaces de detectar. Entre ellos están el tono de voz que empleamos, la expresión facial, …


miércoles, 22 de marzo de 2017

11 RECOMENDACIONES DE LIDERAZGO PARA LA ERA DIGITAL


Liri Andersson y Ludo van der Heyden, profesores de INSEAD, en el newsletter de INSEAD Knowledge del pasado 9 de marzo, plantean que las formas antiguas de dirigir una organización no son válidas en el mundo digital. Éstas cada vez tienen que ser más digitales, pero parece ser que sus líderes no se están ocupando de ello de forma adecuada, según han podido comprobar los autores tras una encuesta realizada en 2016 a 1.160 altos ejecutivos en la que encontraron que la mayor parte de los encuestados carecían del conocimiento y de la inquietud necesarias para liderar una transformación digital.
Con la finalidad de intentar ayudar a los altos directivos para superar esta situación los autores han realizado un informe en el que proponen una serie de recomendaciones relacionadas con el entorno externo, la organización y la estrategia de la misma. Son las siguientes:
1.- La digitalización requiere un conocimiento y entendimiento sin prejuicios del entorno exterior a la organización.
2.- La digitalización puede hacer necesaria la reformulación de la misión de la organización, así como su posicionamiento y sostenibilidad de su modelo de negocio.
3.- El significado y el impacto de la digitalización debe ser definido y expuesto de forma clara. Los líderes deben desarrollar un mapa digital propio, junto con un diccionario interno sobre el tema,  que debe ser actualizado constantemente.
4.- Las competencias digitales son necesarias en todos los niveles de la organización. La transformación digital es responsabilidad de todos por lo que requiere la cooperación y capacitación de todos los profesionales.
5.- La digitalización se debe apoyar en la cultura de la organización. La revolución digital no es sólo tecnológica sino, también, cultural, por lo que nunca se producirá si no es liderada por los altos ejecutivos.
6.- La digitalización demanda un mayor nivel de colaboración entre todos los grupos de interés. Asimismo está difuminando las líneas que separan las distintas organizaciones incrementando la importancia de la colaboración externa.
7.- La digitalización requiere un mayor compromiso con el público. Los consumidores pueden fácilmente destruir la reputación de una empresa a través de las redes sociales. Nunca ha sido tan sencillo ni tan esencial co-crear con los consumidores y compartir y obtener ideas de ellos lo que va a facilitar el poder hacer realidad los sueños y necesidades de éstos.
8.- La estrategia de negocio en la era digital se convierte en un proceso continuo. Las organizaciones no pueden ya permitirse el lujo de pensar en planes estratégicos de 5 años. Con todas las tendencias evolucionando constantemente como ocurre en la actualidad la formulación de la estrategia y la ejecución deben realizarse simultáneamente y en un bucle de feedback constante.
9.- La toma de decisiones en la era digital se apoya cada vez más en Big Data.
10.- La digitalización requiere que las organizaciones se adentren en territorios desconocidos, lo que supone arriesgarse a asumir  ambiciosos experimentos e incorporar rápidamente las enseñanzas aprendidas y que los altos ejecutivos se acostumbren a convivir con la incertidumbre.
11.- La digitalización implica la gestión constante del cambio. En el mundo predigital una iniciativa de cambio podía ser útil durante varios años o incluso décadas. Esto no ocurre en la actualidad por lo que los directivos deben asegurarse que el deseo y la habilidad de cambiar continuamente impregna y existe en todos los niveles de la organización.   

La revolución digital, concluyen los autores, puede ser,  como cualquier otra revolución, interpretada como una catástrofe o como una oportunidad, dependiendo de si nuestras lealtades se centran en el pasado o en el futuro. El optimismo es un prerrequisito para la supervivencia. El nuevo mundo digital va a obligar a los ejecutivos y comités de dirección a asumir niveles hasta ahora desconocidos de innovación, competencia, eficiencia,  liderazgo y responsabilidad lo que producirá fundamentalmente resultados positivos tanto para la organización como para la sociedad.