miércoles, 12 de abril de 2017

CLAVES PARA DISEÑAR REUNIONES ATRACTIVAS


Paul Axtell,  en hbr.org del pasado 5 de abril, plantea cómo diseñar reuniones que sean atractivas y que los profesionales deseen atender, ya que los líderes  deben prestar atención a crear una experiencia de calidad para cada participante, tras la que los profesionales se sientan más comprometidos y valorados en la organización.

El autor propone para crear esta experiencia de calidad que los líderes:

1.- Trabajen duro para demostrar que están presentes, para lo cual previamente deberán haber preparado la reunión.

2.- Demuestren empatía. Las personas asocian atención con preocuparse, por lo que hay que observar, escuchar, hacer preguntas pertinentes y evitar distracciones y la multitarea.

3.- Dirijan  las conversaciones y establezcan unas normas para evitar distracciones durante su celebración. Debe pedir a los participantes que:

a).- No utilicen algún tipo de tecnología salvo que sea estrictamente necesario.

b).- Eviten cualquier comportamiento que pueda ocasionar distracciones, tanto verbal como no verbal.

c).- Escuchen  y respeten a los compañeros cuando éstos hablen.

d).- Inviten a todos a participar si sus opiniones tienen que ser expuestas.

4.- Dediquen el tiempo necesario para abordar cada tema. Esto implica que deben incluir menos asuntos en el orden del día para permitir que éstos se aborden con la profundidad requerida y con la participación de todos los que lo deseen.

5.- Incluyan a todos en la conversación. No significa que tiene que ser una regla sino que los participantes se sientan invitados y no obligados a hacerlo. Para prepararse adecuadamente el líder debe preguntarse para fomentar su participación:

a).- ¿Quién es el adecuado para comenzar la conversación?

b).- ¿Quién va a verse afectado por los resultados y por tanto debe poder expresar su opinión?

c).- ¿Quién va a tener seguramente una opinión distinta?

d).- ¿Quiénes son los que por sus conocimientos y experiencias pueden detectar con más facilidad si nos estamos olvidando de algo o estamos cometiendo un error de planteamiento?

6.- Fomentar las sugerencias de los participantes, para lo cual se puede comenzar cada reunión haciendo la siguiente pregunta: ¿Tiene alguien algo que decir o preguntar antes de empezar la reunión? y  dejando posteriormente el tiempo suficiente para que se animen a intervenir ya que las personas con frecuencia necesitan un tiempo para reflexionar, encontrar algo que decir y pensar en la mejor forma de expresarlo.

Una vez que los participantes sean conscientes de que estamos dispuestos a hacer pausas en el desarrollo de la reunión cuando sientan que tienen que hacer una pregunta lo harán sintiéndose seguros y sin preocuparse por si  están distorsionando la reunión.


Las conversaciones de alta calidad con amplia participación permiten a los profesionales el llegar a conocerse de forma que se facilitan las relaciones, la amistad y la colaboración. 

domingo, 9 de abril de 2017

EL CICLO DE LA VIDA DE LOS EQUIPOS


Richard Karlgaard y Michael S. Malone en su libro “Team Genius. The new science of high performing organizations", que estamos comentando, plantean que los equipos nacen, toman forma, aceleran desde un punto de partida, alcanzan un techo de productividad y luego por un tiempo que, preferiblemente, es corto declinan, con suerte, después de haber alcanzado sus metas, para finalizar con su muerte.

En ocasiones este final es feliz y sus miembros son reconocidos por ello y continúan asumiendo nuevos retos. Otras veces el equipo desaparece porque ha alcanzado el límite temporal que se le había asignado y sus resultados son medidos y auditados y si éstos son aceptables sus miembros se pueden sentir orgullosos de sus contribuciones. Finalmente el equipo puede fracasar y no lograr sus objetivos y se disuelve, con frecuencia con acritud y entre acusaciones de mala fe entre sus miembros.

Todo equipo tiene una historia a lo largo de  las siguientes fases:

I.- FORMACIÓN

En ella, frecuentemente, extraños o casi extraños son reunidos y obligados a establecer, rápidamente, relaciones entre ellos al tiempo que deben entender su objetivo y distribuir el trabajo para asignarlo a los miembros adecuados.

En ella es muy importante el reclutamiento, en el que se tienen que tener en cuenta cuatro aspectos a la hora de seleccionar a los miembros:

a).- Diversidad. No tanto en relación con raza o género sino buscando diferencias culturales, de experiencias vitales, habilidades y forma de procesar el pensamiento. Cuanto mayor sea la mezcla de estas cualidades, siempre que los miembros sean capaces de crear una cultura propia que les mantenga unidos, mayores serán las posibilidades de éxito del equipo.

b).- Proximidad. Los equipos funcionan mejor si sus miembros se encuentran cercanos, por lo que es conveniente que puedan mantener reuniones presenciales en las que puedan conocerse y estar juntos.

c).- Tamaño. Hay que determinar el número exacto de miembros necesario para acometer la tarea y seleccionar de acuerdo con ese tamaño. Un equipo más grande no tiene por qué funcionar mejor.

d).- Jerarquía. Capas y capas de directivos pueden incrementar la eficiencia pero no la productividad. Hay que mantener el liderazgo de los equipos reducido al menor número de responsables y de niveles de control. Los mejores equipos tienen pocos líderes y una organización plana con pocos niveles jerárquicos.

Es importante, también, vencer la tentación de reclutar a amigos  ya que aunque tengan talento reducirán la diversidad en el equipo.

Al seleccionar al líder del equipo los autores recomiendan buscar profesionales que han sido miembros de un equipo “sano” y de éxito en un pasado reciente o a un líder que acabe de salir de un fracaso con éxito, así como evitar que el líder del equipo seleccione a todos sus miembros por el riesgo de falta de diversidad.

II.- ESTABLECIMIENTO

En esta etapa se establecen las reglas, métricas, plazos y sistema de comunicación. Estos rituales deben compartir los siguientes objetivos:

1.- Marcar el momento oficial de su comienzo, a partir del cual van a trabajar todos sus miembros con una misma meta.

2.- Establecer las relaciones. El éxito de un equipo depende de reducir las barreras a la comunicación entre sus miembros. Es importante desde el primer día conseguir que se conozcan y compartan detalles de sus vidas.

3.- Fijar las reglas. Las relativas al comportamiento se deben marcar  desde el principio. Se deben anunciar, tienen que ser sencillas y deben ser entregadas por escrito a cada miembro.

4.- Ir creando una cultura. Desde la primera reunión cada miembro del nuevo equipo tendrá una opinión sobre la calidad del grupo y sus posibilidades de triunfar, así como sobre el resto de integrantes del mismo. El líder del equipo debe intentar conocer cuáles son estas percepciones lo antes posible, por lo que es conveniente que programe entrevistas individuales con cada integrante para discutir sobre sus habilidades y contribuciones potenciales al equipo pero, también para intentar conocer cuál es su impresión inicial y sus expectativas sobre el equipo y para aprovechar para ir comentando el tipo de cultura que queremos para el equipo.

5.- Propiciar actitudes. Los líderes naturales instintivamente entienden que tienen poder para modelar el tono y la actitud del equipo a través de la fuerza de sus personalidades y actúan consecuentemente como ejemplos.

Desgraciadamente muchos líderes cometen el error de dejar que el equipo encuentre su actitud y estilo lo que suele significar que los miembros más fuertes dominen y hasta “secuestren” emocionalmente al equipo o lo que es peor permiten que sus propias emociones negativas infecten al mismo.

6.- Establecer comunicaciones. Se deben fijar rutinas frecuentes, claras y flexibles que refuercen la comunicación dentro del equipo. Las reuniones tienen que ser cortas, tener un objetivo y ser dirigidas adecuadamente.

                                 
III.- OPERACIONAL

Con el paso del tiempo y una vez que los resultados iniciales de su trabajo son conocidos  el equipo se tiene que ir reajustando para reprogramar los objetivos y plazos para los mismos y para lidiar con las personalidades, idiosincrasias, fortalezas y debilidades de sus miembros. Es una fase funcional en la que fuerzas externas intervienen también, tales como nuevos competidores con productos o servicios que pueden surgir inesperadamente. Estos factores pueden someter a un gran estrés y hacer que, el equipo que todavía no está consolidado a nivel de sus relaciones personales que son inmaduras, no sea lo suficientemente fuerte para manejarlos.

IV.- CULTURAL

Si el equipo logra sobrevivir estos eventos van a tener otro efecto y es que se van a convertir en parte de la historia del crecimiento del equipo y de las experiencias que van ayudar a definir su cultura interna, facilitando la creación de la cohesión interna y de un cuerpo de buenas prácticas que van a servir de referencia para encarar retos futuros. Esta es la fase cultural.

Los buenos equipos tienen grandes historias que contar que sirven para definir su personalidad y para explicarse a sí mismos qué es aquello que le hace tan especial. Los equipos insanos también tienen historias pero suelen ser relativas a fracasos o a los errores de otros, salpicadas de comentarios despectivos y llenas de resentimiento. Por esta razón una de las formas de calibrar la salud de un equipo consiste en escuchar las historias que narran sobre él mismo.

También pueden servir para detectar un pobre liderazgo. Tres tipos de historias que lo sugieren son:

a).- Todas las historias se refieren al jefe, lo que implica que o es excesivamente dominante o que las comunicaciones son exclusivamente verticales y el jefe es el único que habla y toma decisiones.

b).- Todas las historias se refieren a encuentros con personas importantes.

c).- No existen historias. En este caso lo más probable es que no se ha formado un equipo sino que se trata de una agrupación de personas sin la diversidad suficiente, ni contacto personal y con insuficiente  comunicación entre ellas.

El líder del equipo en esta fase tiene entre otras esta tarea:

1.- Crear un entorno en el que los miembros del equipo se sientan libres de contar historias y estimularles a que lo hagan.

2.- Ayudar en el proceso de seleccionar y repetir aquellas historias que ayudan a la salud y productividad de los equipos y que son un reflejo de la cultura deseada por sus miembros.

3.- Establecer ocasiones y marcos en los que estas historias puedan ser compartidas especialmente con los miembros nuevos de un equipo.

V.- SOSTENIBILIDAD

Nuevos retos van a ir surgiendo, como por ejemplo el hecho de que cuanto más tiempo se mantenga el equipo es normal que vaya perdiendo a sus miembros originales. Algunos lo dejarán de forma voluntaria cuando su trabajo haya finalizado, otros se irán lamentándolo porque sus talentos son requeridos en otras partes y la organización decide transferirlos. Un tercer grupo abandonarán para unirse a la competencia creando desconfianza ya que su conocimiento se va al enemigo. Un cuarto tipo de salidas por el contrario tienen el efecto opuesto y se producen cuando un miembro disfuncional o difícil del equipo se marcha forzado. A corto plazo este hecho puede hacer que surja una situación de paranoia dentro del equipo que se va a preguntar si seguirá la expulsión de sus miembros y quién puede ser el siguiente, pero a largo plazo tiene un efecto beneficioso.

En esta fase si se produce el abandono de parte de sus miembros se deberá proceder a su sustitución y al entrenamiento de los recién incorporados. Cuanto más sana sea la cultura del equipo menos productividad se perderá en este proceso.

VI.- CONSOLIDACIÓN

Si el equipo sobrevive a los desafíos anteriores, supera los obstáculos técnicos que se le presenten y se va a cercando a la meta, entra en una fase de maduración y consolidación. El reto ahora se encuentra en resistir el impulso de apresurarse y mantener el ritmo para finalizar el proyecto adecuadamente.  Es una tarea más difícil de lo que parece pues se producirán muchas presiones desde distintos ámbitos y los distintos subgrupos que se han ido creando para abordar las tareas y han estado trabajando de forma independiente deben cohesionarse para presentar un único producto final. Requiere contar con una robusta infraestructura, líneas de comunicación claramente establecidas, reglas de comportamiento y unos miembros con amplia experiencia.

Esta consolidación no siempre es fácil porque los egos actúan y si no están claras las tareas asignadas a cada miembro y a cada subgrupo puede surgir frustración si éstos piensan que su trabajo no está siendo visible y reconocido.

Es una etapa que pone a prueba al líder ya que las decisiones finales se tienen que tomar, el trabajo creativo se tiene que parar aunque algunos de los miembros soliciten un tiempo adicional, se deben suavizar posibles agravios y el equipo se debe unir para afrontar los últimos pasos hacia la meta. Si el líder ha hecho su trabajo a lo largo del camino previo estableciendo tareas específicas, celebrando los logros parciales de los subequipos y manteniendo a todos los miembros sintiendo que son parte del equipo conseguir que toda la labor se integre no será complicado y se podrá hacer sin fricciones.

En esta fase los malos equipos pueden desintegrarse pero los buenos sobrevivirán y pasarán a la siguiente etapa:

VI.- FINAL

La tarea en esta fase consiste en preparar la presentación de los resultados y finalizar su labor como equipo.

El líder debe anunciar la finalización del trabajo como equipo y celebrar. En este momento debe:

a).- Hacer un recuento de los logros.

b).- Recordar los comienzos del equipo y cómo de no conocerse entre ellos han logrado llegar a un punto final en que se encuentran cercanos entre sí.

c).- Señalar los hitos clave en la historia del equipo (tanto positivos como negativos).

d).- Reconocer el trabajo de cada uno de los miembros del equipo delante de todos e individualmente.

e).- Retirarse en el momento adecuado.


miércoles, 5 de abril de 2017

CÓMO LIBERAR TODO EL POTENCIAL DE LOS EQUIPOS CON DIVERSIDAD


Reid Carpenter y Marvin Mendoza en Strategy+Business del pasado 3 de abril plantean que en la actualidad se considera que la diversidad y la inclusión son atributos importantes para el buen funcionamiento de las organizaciones, como destacan diversas investigaciones, como las del Centro para la Innovación del Talento  , fundamentalmente en referencia a la innovación y generación de buenas ideas.
Los autores definen la diversidad no sólo en relación con la raza, género o identidad sexual entre otras diferencias, sino que incluyen también a la diversidad “adquirida” o las distintas experiencias que aportan los profesionales que han trabajado en diversos sectores o  que han vivido o trabajado en varios países. La diversidad se puede considerar como diferencia y la inclusión como la habilidad de aceptar las diferencias. Por tanto, contar con una cultura organizacional que fomente el respeto, el desarrollo y la participación plena de personas con diversas diferencias cognitivas y relacionadas con la identidad, la afectividad o el comportamiento es crítico para apreciar los beneficios derivados de la diversidad y de la inclusión. Si queremos conseguirlo debemos contar con VERDADEROS EQUIPOS. Éstos tal como los definió Jon Katzenbach en su libro “The wisdom of teams: Creating the high-performance organization” se caracterizan por poseer los siguientes ATRIBUTOS:
1.- UN PROPÓSITO COMÚN. El equipo debe responder a la siguiente pregunta para tener claro cuál es éste: ¿Qué es lo que este equipo y sólo este equipo puede conseguir al trabajar todos sus miembros juntos?
2.- HABILIDADES COMPLEMENTARIAS. Una vez que se ha definido el objetivo común el equipo debe analizar cómo puede aprovechar la diversidad de pensamiento y experiencias que aportan cada uno de sus integrantes. Los equipos que tienen éxito seleccionan a sus componentes por sus habilidades relevantes no por su posición en la organización jerárquica. Idealmente esto significa que cuentan con la mezcla correcta de experiencia técnica y funcional así como con las competencias adecuadas para la resolución de problemas, toma de decisiones y habilidades interpersonales. Este imperativo demanda que los líderes con frecuencia tengan que reclutar a profesionales de otros departamentos y niveles jerárquicos.
3.- LIDERAZGO COMPARTIDO. Cuando los miembros de un equipo son seleccionados basándonos en sus habilidades complementarias para una determinada tarea el liderazgo puede pasar de un miembro del equipo a otro en función de la situación. De esta forma se fomenta también la diversidad de opiniones. Este modelo de liderazgo compartido promueve la inclusión ya que convierte en hábito la necesidad de qué conocimiento específico, destreza o experiencia es más útil para liderar en cada ocasión. Asegura, también, que una voz o perspectiva no domine el equipo.

4.- OBJETIVOS DE DESEMPEÑO Y RESPONSABILIDAD COMPARTIDA. Esto implica que cada miembro del equipo es responsable del éxito o fracaso del mismo, está comprometido con el resto de compañeros y participa plenamente en las actividades del mismo para alcanzar la meta compartida. Al compartir la responsabilidad sus integrantes se van a ocupar de que las mejores ideas sean escuchadas y a que se expresen todas las sugerencias por originales que puedan parecer ya que no se les va a responsabilizar individualmente si se producen errores o fracasos a consecuencia de ellas. Permite, también, que sus miembros se ayuden cuando surgen problemas personales al generarse un ambiente de seguridad. 

domingo, 2 de abril de 2017

LIDERAR LOS CUATRO ESTILOS DE PERFILES EN EL TRABAJO


Suzanne M. Johnson Vickberg y Kim Christfort, en la edición de marzo-abril de Harvard Business Review, plantean que las organizaciones no están obteniendo el desempeño que esperan de sus equipos, pero que el origen de esta situación, según sus investigaciones,  no radica en los  miembros de los mismos sino en los líderes de éstos que no son capaces de aprovechar los diversos estilos de trabajo de sus colaboradores.  Algunos directivos son incapaces de reconocer las profundas diferencias que existen entre los profesionales que integran sus equipos y por tanto no pueden gestionar adecuadamente las tensiones que surgen ni comprender los costes que tiene no hacerlo. Como resultado muchas de las mejores ideas no se tienen en cuenta y no se abordan y el desempeño sufre.

Para ayudar a los líderes a superar estas situaciones Deloitte ha propuesto un sistema llamado “Business Chemistry” que identifica los cuatro estilos primarios de trabajo y las estrategias relacionadas para alcanzar las metas compartidas. Las autoras han investigado la validez de este modelo y han llegado a las siguientes conclusiones:

Cada persona tiene  una mezcla de cuatro estilos de trabajo aunque el comportamiento y pensamientos de la mayor parte se alinean con uno o dos preferentemente. Cada estilo aporta perspectivas útiles sobre cómo generar ideas, tomar decisiones y resolver problemas. Los estilos de los profesionales son los siguientes:

I.- PIONEROS. Valoran las posibilidades e insuflan energía e imaginación a sus equipos. Creen que merece la pena asumir riesgos y seguir a nuestro instinto. Se centran en la visión global. Se sienten atraídos hacia nuevas ideas arriesgadas y por los enfoques creativos.

II.- GUARDIANES. Valoran la estabilidad y aportan orden y rigor. Son pragmáticos y dudan antes de asumir riesgos. Los requerimientos básicos para ellos son los datos y hechos y se preocupan por los detalles. Piensan que tiene sentido aprender del pasado.

III.- MOVILIZADORES. Valoran los riesgos y para ellos obtener resultados y ganar es lo que más cuenta. Tienden a abordar los problemas como una cuestión de blanco o negro para resolverlos con prontitud armados de la lógica y de los datos.

IV.- INTEGRADORES. Valoran las relaciones y conectan a los equipos. Para ellos lo más importante son las relaciones y la responsabilidad hacia el equipo. Tienden a creer que la mayor parte de las cosas son relativas  y son diplomáticos, centrándose en obtener consenso.

Los cuatro estilos ofrecen a los equipos un lenguaje común para entender cómo trabajan las personas. El problema surge porque lo que motiva a un grupo puede agotar las energías de otro y las diferencias en la forma de pensar pueden generar diversos problemas. Por ejemplo si un guardián plantea un plan muy detallado que hay que seguir paso a paso sin desviaciones un pionero no estará de acuerdo pues prefiere seguir adelante o plantear una idea completamente diferente.

PIONEROS
INTEGRADORES
MOVILIZADORES
GUARDIANES
Extrovertidos

Centrados en la visión global

Espontáneos

Atraídos por el riesgo

Adaptables

Imaginativos

Diplomáticos

Empáticos


Tradicionales

Orientados hacia las relaciones

Motivados intrínsicamente

No les gustan las confrontaciones
Cuantitativos

Lógicos


Centrados

Competitivos

Experimentadores

Profundamente curiosos
Metódicos

Reservados


Orientados al detalle


Prácticos

Estructurados

Leales

Una vez que el líder ha identificado los estilos de trabajo de los miembros de su equipo y ha empezado a considerar si las diferencias son beneficiosas o problemáticas debe comenzar a gestionarlas. Las autoras proponen las siguientes sugerencias:

A).- Intentar acercar a los opuestos. Con frecuencia uno de los aspectos más conflictivos se presenta en las relaciones cuando estilos distintos colisionan, Cada uno de los estilos es diferente de los otros pero no son distintos en la misma medida. Por ejemplo los guardianes suelen ser más reservados que los movilizadores pero ambos tipos suelen estar muy centrados lo que puede ayudar a que encuentren un terreno común, pero los guardianes y los pioneros son verdaderos tipos opuestos así como ocurre entre los movilizadores e integradores. Como es de esperar los problemas interpersonales que suelen surgir cuando los estilos opuestos se juntan enturbian la colaboración y suponen un desafío para el trabajo en equipo.

Independientemente de las consecuencias de estas diferencias sobre el desempeño los estilos opuestos pueden equilibrarse, pero lograrlo requiere tiempo y esfuerzo. Una estrategia consiste, por ejemplo, en hacer que colaboren en pequeños proyectos y si funciona asignarles otros mayores, otra puede ser el crear asociaciones complementarias entre los miembros de  los equipos. El líder debe, también, procurar rodearse de sus opuestos para equilibrar sus tendencias. En general lo que hay que intentar es crear una fricción productiva.

B).- Destacar los estilos menos representados. La experiencia muestra que el estilo de liderazgo que debe de adoptar el líder debe estar más centrado en los estilos que están representados por menos miembros del equipo ya que, es importante tener en cuenta esas perspectivas minoritarias si queremos obtener los beneficios de la diversidad.

Cuando la composición de un equipo es asimétrica pueden surgir prejuicios cognitivos con frecuencia conduciendo al fenómeno de las cascadas: cuando las ideas, las discusiones y la toma de decisiones empiezan a fluir en una determinada dirección la tendencia es que continúen en la misma. Aunque existan distintas perspectivas en un equipo probablemente no lograrán cambiar el rumbo una vez que se ha establecido ya que las personas frecuentemente procuramos evitar mostrar nuestro desacuerdo con una idea que consigue un apoyo visible temprano. Este efecto se produce por diversas razones: las “cascadas reputacionales” son consecuencia generalmente del temor a que nos miren mal o a ser castigados por no estar de acuerdo y las “cascadas informativas” ocurren cuando las personas asumen que los que hablan primero saben cosas que los demás desconocen. En ambas ocasiones los resultados son la autocensura y el pensamiento grupal lo que implica que el equipo no se beneficia de las diversas perspectivas.

La mayor parte de los líderes suelen ser pioneros o movilizadores y en muchos casos la mayor parte de los directivos de los equipos comparten la tendencia del líder lo que hace que éstos sean susceptibles de experimentar el fenómeno de las cascadas. Por ejemplo los pioneros suelen ser espontáneos y extrovertidos piensan y hablan con rapidez en muchas ocasiones sin mucha reflexión, similarmente los movilizadores suelen tomar el control de los grupos y con su estilo directo y competitivo se inclinan a manifestar sus puntos de vista sin escuchar lo que los demás tienen que decir. Especialmente si son mayoría y apoyados por un líder con un estilo similar existe el riesgo que los pioneros y movilizadores marquen la dirección de una cascada con sus comentarios.

Las autoras recomiendan una serie de tácticas para intentar evitar las cascadas y el sentimiento de marginación:

1.- Si queremos que los guardianes compartan sus ideas debemos darles el tiempo y la información que necesitan para prepararse para una discusión o decisión y luego facilitarles que contribuyan en formas que les resulten cómodas (por ejemplo por escrito) y que no requieran que luchen por las mismas, porque lo normal es que no lo hagan en un entorno presencial.

2.- Para que la ideas de los pioneros afloren debemos dejar que las discusiones sean amplias, por ejemplo montando una pizarra para que las personas expongan sus opiniones. Determinando por adelantado el tiempo que vamos a permitir este tipo de discusiones ayudará que aquellos que necesitan más estructura como los guardianes se relajen y participen en el ejercicio.

3.- En el caso de los integradores dedicar tiempo a establecer verdaderas relaciones con ellos y posteriormente pedirles su opinión. También debemos buscar y ayudarles en la búsqueda de las perspectivas de otros miembros del equipo y de los grupos de interés y explorar con ellos cómo la discusión o decisión afecta y busca un bien mayor.

4.- Con los movilizadores mantener un ritmo dinámico en las conversaciones y mostrar conexiones claras entre las discusiones o decisiones en marcha y el progreso hacia el objetivo común. Se puede considerar el introducir un elemento de experimentación o competencia para mantenerles interesados (gamificación, por ejemplo). Algunos estilos como los integradores no se sentirán muy motivados por la competencia por lo que podemos buscar fórmulas para que sirvan para fortalecer relaciones  como el facilitar oportunidades para que los equipos competidores socialicen entre sí.

Más allá de estas tácticas existen otros métodos más generales para que las perspectivas de las minorías sean escuchadas:

a).- Animar a los miembros con estilos minoritarios a hablar al inicio de las conversaciones para posibilitar el que influyan en la dirección de las mismas antes de que se pueda establecer una cascada. Los experimentos de Simon Asch sobre conformidad, por ejemplo, demostraron que si una persona va contra la mayoría existen muchas posibilidades de que los demás empiecen a ofrecer perspectivas divergentes también.





b).- Pedir a los miembros que realicen un ejercicio de brainstorming en solitario y después compartan sus ideas, por turno,  cuando se reúna el equipo. Diversos estudios muestran que este enfoque es más eficaz que el brainstorming colectivo desde el principio.

c).- Pedir a los integrantes de un equipo que piensen desde la perspectiva del estilo menos representado en el mismo. Debemos hacerlo al comienzo de las conversaciones antes de que el punto de vista de la mayoría tenga la oportunidad de imponerse.

C).- Prestar atención a los sensibles introvertidos. Los miembros que son muy introvertidos o sensibles es frecuente que se ahoguen en las cascadas y no sean escuchados salvo que los líderes se esfuercen activamente para que lo sean. Estos rasgos se presentan sobre todo en los guardianes y en los integradores “tranquilos”.

Tanto las investigaciones de Susan Cain sobre los introvertidos como las de Elaine Aron sobre personas muy sensibles muestran que los integrantes de estos grupos tienen fortalezas específicas que pueden beneficiar a los equipos y organizaciones. Por ejemplo tienden a ser muy concienzudos y buenos para detectar posibles errores y riesgos potenciales, se concentran intensamente durante largos periodos de tiempo, son buenos oyentes y suelen destacar las buenas ideas de los demás en lugar de buscar los focos para ellos y con frecuencia son excelentes a la hora de abordar trabajos que requieren mucha atención a los detalles  que los demás no saben o no quieren hacer.



Para obtener el máximo de estos tipos de guardianes y de integradores debemos preguntarles qué podemos hacer para mantener sus niveles de estrés en un grado manejable lo que puede suponer identificar maneras para reducir el ritmo, disminuir la sobrecarga de información y facilitar entornos de trabajo tranquilos y con pocas distracciones.

PIONEROS
INTEGRADORES
MOVILIZADORES
GUARDIANES

1.- Impulsados por:

Brainstorming

La espontaneidad y probar cosas nuevas

El entusiasmo

2.- Alienados por:

Las reglas y la estructura

La palabra “no”

El foco en el proceso

1.- Impulsados por:

La colaboración

La comunicación

La confianza y el respeto


2.- Alienados por:

Las intrigas “políticas”

El conflicto

La inflexibilidad

1.- Impulsados por:


Resolver problemas

El estilo directo

Ganar



2.- Alienados por:

La ineficacia


La indecisión

La falta de foco

1.- Impulsados por:

La organización

La predicitibilidad y consistencia

Un plan detallado


2.- Alienados por:

El desorden


La presión del tiempo

La ambigüedad e incertidumbre