miércoles, 21 de septiembre de 2016

6 ESTRATEGIAS PARA DECIR NO EN SITUACIONES CONFLICTIVAS



Elizabeth Doty , en el boletín de Strategy+Business del pasado 12 de septiembre, plantea que en situaciones complicadas, como por ejemplo la demanda de servicios que no están en un contrato, la petición del jefe de que actuemos de forma cuestionable o un posible soborno, es necesario dar una respuesta negativa, pero tenemos que procurar hacerlo de forma que minimicemos las posibles repercusiones nocivas.

La autora recoge las opiniones de tres expertos en el abordaje de este tipo de situaciones: Mariano MosqueraJoshuaWeiss y Richard Bistrong, que coinciden en que aunque decir no puede ser arriesgado, tanto a nivel profesional como personal, decir sí en situaciones tensas puede resultar igual de arriesgado.

Para evitar encontrarnos en estos escenarios en los que parece que vamos a salir perdiendo digamos sí o no, la clave se encuentra en fortalecer nuestra postura antes de que surja la situación los expertos recomiendan utilizar las siguientes estrategias:

1.- Anticiparnos a la situación corrupta. Si pensamos que puede surgir podemos no acudir en solitario a las reuniones, pedir que otros profesionales revisen los acuerdos y propuestas para impedir posibles ofertas inadecuadas,… Actuar siempre con integridad y transparencia.

2.- Fortalecer nuestra situación. Las personas tienden a presionar a aquellos que les parecen más débiles o que no pueden resistirse o negarse ante cualquier tipo de demandas. Mejorar nuestra posición analizando y cultivando otras opciones, lo que los negociadores llaman “mejor alternativa a un acuerdo negociado”. Examinar qué otras alternativas tenemos para poder tomar la mejor decisión.

3.- Redirigir la conversación. Decir no se puede interpretar como un ataque, un desafío o un insulto. Es recomendable utilizar el enfoque de la estrategia de autodefensa japonesa “aikido: declinar con cortesía y respeto y reconducir la conversación hacia formas de seguir adelante. Por ejemplo, ante una estrategia que nos disgusta decir: “No estoy seguro de que esta estrategia te permita alcanzar tu meta, por qué no intentamos con ésta otra?.

4.- Mantener abiertas posibles salidas. Cuanto más nos acercamos a l meta es más fácil que quedemos enganchados en compromisos no del todo deseables. Es el momento en que es más importante que demos un paso atrás y pensemos en nuestras opciones y recurramos, si lo consideramos necesario a las personas queridas o con las que tengamos más confianza, pues serán las que puedan verse afectadas por nuestras decisiones equivocadas.

5.- Pedir refuerzos. Solicitar ayuda para poder encontrar la forma de transmitir un mensaje complicado, si es posible de alguien a quien respetemos o de nuestro líder. Bistrong recomienda hablar con nuestro líder de lo que puede que vaya  a suceder y sobre cómo podemos manejar la situación. Necesitamos conocer cuál es su postura y hacer que el problema recaiga, también, sobre sus hombros.

6.- Subrayar y enfatizar nuestro no. La persona que recibe nuestra negativa normalmente se manifestará conforme a una serie de etapas predecibles que se conocen como la “curva de la aceptación”. No hay que reaccionar ante sus reacciones y en lugar de ello debemos mantener nuestra negativa con respeto, evitando cualquier señal de antagonismo o juicio para dejar una puerta abierta a la posibilidad de esperar a que todos estén dispuestos a resolver el problema de una forma aceptable.


Independientemente de la estrategia que utilicemos una respuesta negativa siempre tiene costes. Con el tiempo aprenderemos a minimizar éstos y a mantenernos firmes con las cosas que verdaderamente son importantes.

domingo, 18 de septiembre de 2016

EL LIDERAZGO Y LA PRODUCTIVIDAD EN LOS EQUIPOS


Richard Karlgaard y Michael S. Malone en su libro “Team Genius. The new science of high performing organizations", que estamos comentando, plantean que existen varios caminos para que un equipo tenga éxito. Las investigaciones llevadas a cabo en la pasada década han revelado algunos hallazgos interesantes.

Uno de ellos es que los valores que se instilan en un equipo durante su formación van a modelar la forma en que sus miembros van a encarar las tareas y sus interacciones sociales, llegando, con el tiempo, a solidificar como una característica de la estructura del mismo. Esto significa que la forma en que un equipo comience va a determinar cómo va a finalizar y cómo va a actuar durante su existencia. Los investigadores han estudiado los ciclos de la vida de los equipos y han encontrado que:

a).- Los miembros de los equipos que comparten valores igualitarios crean estructuras y patrones sociales altamente interdependientes y suelen tener un buen desempeño.

b).- Los miembros de un equipo que comparten valores meritocráticos tienden a crear menos estructuras y patrones sociales interdependientes, pero pueden lograr un buen desempeño.

c).- Los grupos con valores mixtos terminan sin tener enfoques consistentes en relación con las tareas y los procesos grupales y comparados con los grupos egalitarios y meritocráticos alcanzan un peor desempeño.

Estos hallazgos ayudan a explicar la paradoja  por la cual diferentes organizaciones con muy distintas culturas pueden alcanzar el éxito mientras otras con culturas no tan marcadas obtienen peores resultados. Los autores ponen el ejemplo de SAS que tiene una cultura abierta y de desarrollo de sus profesionales y Amazon que se caracteriza por la meritocracia y ambas funcionan bien ya que ambas tienen una cultura bien definida y conocida por todos sus miembros. El mensaje de SAS es: “Desarrolla tu carrera con nosotros”, mientras que el de Amazon es:”Desafíate con nosotros”. Por comparación las organizaciones y equipos mediocres no saben quiénes son, dicen una cosa y hacen la contraria destruyendo la autenticidad y la confianza.

Los líderes eficaces deben, por lo anteriormente expuesto, ser consistentes y :

1.- Clarificar y dar significado a la tarea del equipo.

2.- Unir al equipo para que forme una unidad.

3.- Establecer normas de conducta.

Con frecuencia los líderes de equipo que son deficientes suelen tener problemas de control. Pueden ser tiranos excesivamente controladores ( no pidiendo o ignorando cualquier tipo de input por parte de los miembros de su equipo) o débiles que dejan que cada profesional haga lo que quiera con lo que el equipo no sabe claramente cómo debe operar.

J. Richard Hackman, experto en equipos, resume el reto al que se enfrentan los líderes planteando que éstos deben establecer las condiciones adecuadas si se quiere aumentar la probabilidad de que el equipo tenga éxito. Estas condiciones considera que son:

a).- El equipo cuenta con un objetivo claro, retador y relevante.

b).- El equipo está unido, es estable y sus miembros son interdependientes. Se sabe quién forma parte de él  y quién no,  la pertenencia al mismo no está en constante fluctuación y sus miembros interaccionan entre sí para realizar el trabajo que el equipo tiene asignado. 

c).- El equipo está formado por la diversidad adecuada de miembros, que cuentan con unas normas de conducta que guían su comportamiento. Los integrantes del equipo son diferentes pero no tanto que no puedan trabajar juntos y tienen las competencias requeridas para el trabajo a realizar.

d).- El equipo tiene un contexto organizativo de apoyo que facilita a sus miembros el acceso a los recursos, información y formación necesarias para acometer las tareas que tienen encomendadas.
e).- El equipo recibe coaching de expertos y de sus líderes.

En 1972 el psicólogo social Ivan Steiner propuso la siguiente ecuación:

Productividad real de un grupo = Productividad potencial – Pérdidas en el proceso

En ella se considera la productividad potencial como lo que el equipo puede teóricamente lograr, teniendo en cuenta sus recursos y las pérdidas en el proceso como lo que el equipo pierde a través de problemas de coordinación y motivación.

Steiner mantenía que el tamaño del grupo y su productividad estaban relacionados con las tareas y que éstas se podían diferenciar basándose en tres categorías:

1.- Componentes o tipo de tarea que puede ser:

a).- Fácilmente divisible en subtareas que pueden ser asignadas a miembros específicos del equipo.

b).- Unitaria y no puede ser subdividida en subtareas, por lo que o todos los miembros del equipo deben trabajar juntos o sólo un miembro debe completar la tarea mientras el resto actúan como observadores.

2.- Foco o dirección de los esfuerzos del equipo. Se basa en la respuesta a la pregunta. “¿Es la cantidad o es  la calidad del output del equipo lo más importante?”. Si se centran en lo primero los miembros deben procurar producir lo más posible, si lo hacen en la calidad lo importante es el desempeño de calidad y el de baja calidad es penalizado.

3.- Interdependencia. Se refiere a la forma en que las contribuciones individuales de los miembros del equipo se combinan o integran. Existen 6 clases de interdependencia entre tareas que pueden producir sus propios tipos de pérdidas de procesos. Son las siguientes:

a).- Tareas aditivas. Se completan combinando las contribuciones individuales para conseguir el output final del equipo. En este tipo de tareas la pérdidas en el proceso se producen debido a problemas logísticos, actitudes holgazanas por parte de algunos de los miembros o dificultades en la coordinación.

b).- Tareas disyuntivas. Requieren que el equipo resuelva un solo problema, estando su desempeño al nivel de su miembro más competente. Las pérdidas en el proceso suelen ser debidas a la autocensura, a los holgazanes, a la falta de atención por parte de parte de los miembros a las opiniones de los más competentes o a la falta de un proceso en el equipo que permita que todos los miembros puedan ser escuchados. Estas pérdidas pueden ser mitigadas seleccionando a personas con las competencias adecuadas, fomentando normas y creencias compartidas que eviten la autocensura y favoreciendo un clima interpersonal que no sea amenazador para que los profesionales se sientan cómodos expresando sus opiniones. Al mismo tiempo para disminuir el desinterés y la pereza de algunos de sus miembros se puede intentar conseguir que la tarea a realizar resulte más atractiva.

c).- Tareas “conjuntivas”. Éstas requieren, también, que todos los miembros del equipo trabajen para completar la tarea asignada, pero a diferencia de las anteriores el grupo va a abordar esta tarea, en términos del ritmo y calidad del trabajo, en el nivel de su miembro menos competente, como ejemplo de grupos trabajando en este tipo de tareas tenemos  a un equipo de escalada o una banda musical.

Como unos pocos miembros pueden arruinar a todo el equipo la clave se encuentra en asignar a los miembros del equipo tareas en las que disfruten, así como en incrementar la interdependencia y el feedback dentro del equipo para fortalecer el sentimiento de contribución personal y de importancia entre sus miembros, lo que a su vez va a impulsar sus esfuerzos.

Funcionan debido a lo que se ha llamado “el efecto Köhler”, formulado por primera vez en 1926 que dice que los miembros más débiles luchan por mantenerse al nivel del resto del equipo ya que no quieren retrasar al mismo especialmente cuando están trabajando en una tarea conjuntiva. Estudios experimentales recientes han mostrado que los miembros de un equipo pueden llegar a incrementar hasta en un 50% su desempeño al trabajar en equipo, porque no quieren fallar a sus compañeros. Este efecto es todavía mayor si los miembros del equipo están realizando tareas que les gustan.

d).- Tareas compensatorias. Son aquellas en las que el grupo tiene, por ejemplo, que estimar el valor de unas determinadas acciones en el mercado bursátil. Cada miembro ofrece una estimación y la media de estas estimaciones es el resultado. Otro caso puede ser el del proceso de selección de un candidato a un puesto de trabajo en el que cada miembro del comité de selección asigna una puntuación a cada candidato.

La principal ventaja de este tipo de tareas es que los prejuicios más sistemáticos pueden corregirse por las contribuciones múltiples. Sin embargo si el grupo se enzarza en una discusión o si los miembros tratan de influirse entre sí esta ventaja se pierde. Estas situaciones pueden mitigarse si se les asigna un distinto peso a los votos en función del conocimiento y la experiencia de los miembros. Desgraciadamente en la vida real factores tales como la antigüedad, el estatus o la popularidad se utilizan para valorar las estimaciones individuales lo cual sólo sirve para empeorar los resultados.

e).- Tareas discrecionales. Éstas permiten a los miembros del grupo determinar cómo integrar sus contribuciones individuales. Esto significa que los medios por los que un equipo va a acometer una tarea de equipo van a ser a discreción del equipo. El resultado puede ser muy afortunado ya que el camino para alcanzarlo va a estar customizado por los miembros individuales. Pero las pérdidas en el proceso, incluso el fracaso, pueden presentarse si el equipo adopta una estrategia de desempeño inadecuada, como puede ocurrir, por ejemplo, si los miembros de un equipo ponen sus intereses y ambiciones por encima de los del grupo.


f).- Tareas “configurales”. Son una mezcla de las anteriores. Evidentemente resulta imposible acometer los cinco tipos de tareas anteriormente comentadas de forma simultánea, ya que pueden hasta ser contradictorias entre sí. Pero algunos equipos pueden decidir abordarlas de forma secuencial, por ejemplo trabajando en conjunto en algunas ocasiones y en otras de forma individual.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

6 CLAVES PARA CAUSAR UNA PRIMERA IMPRESIÓN POSITIVA


Rebecca Knight en HBRblog del pasado 12 de septiembre plantea que el dicho: “Sólo tienes una ocasión de crear una primera impresión” es cierto en la mayor parte de las situaciones, ya sean entrevistas de trabajo o de ventas. Las primeras impresiones son importantes porque son rápidas y cómo mantiene  Whitney  Johnson, autora de “Disrupt yourself: Putting the power of disruptive innovation to work”, somos capaces de hacer juicios, sobre otras personas, en nanosegundos y una vez que esa impresión se ha formado es muy difícil modificarla.
La autora propone las siguientes estrategias para lograr que los demás tengan una buena impresión de nosotros desde el principio:

1.- Preparar temas de conversación. Antes de encontrarnos con alguien a quien no conocemos debemos hacer nuestros deberes e intentar conocer datos sobre nuestro futuro interlocutor: quién es, cuáles son sus intereses y que puede querer de nosotros. Nuestro objetivo, según Johnson es “mostrar que entendemos el problema que la otra persona está tratando de solucionar y cómo nuestras competencias nos permiten ayudarle”. Otro enfoque consiste,  según Dorie Clark, en preparar aquellos temas que consideramos que son importantes y que queremos que surjan durante la conversación. Éstos variarán dependiendo de la situación, pero en general deben mostrar nuestro conocimiento, habilidades de planificación estratégica y comprensión de la situación.

2.- Ser conscientes del lenguaje corporal. Al conocer a alguien puede ser normal que estemos nerviosos, pero no debemos mostrar esa ansiedad, sino que nuestro lenguaje corporal debe irradiar confianza y comodidad con la situación. Clark sugiere caminar dando grandes zancadas, sentarse erguido, caminar erguido como forma de incrementar nuestra confianza. Si se trata de reuniones importantes puede resultar de utilidad grabarnos previamente y observar cómo actuamos para poder corregir posibles defectos.

3.- Mostrar nuestras fortalezas. Pedir la opinión a los amigos o a compañeros de confianza sobre cuáles son nuestras fortalezas y los aspectos que más les gustan sobre nosotros y tratar de mostrarlos al encontrarnos con alguien nuevo, presentando evidencias que los avalen.

4.- Encontrar puntos en común. Pueden ser superficiales como el haber estudiado en la misma universidad, tener hijos de la misma edad o haber leído el mismo libro recientemente. El objetivo es crear una conexión a nivel humano.

5.- Procurar resultar interesantes. Clark opina que: ”El error más común que las personas cometemos cuando tratamos de producir una buena impresión es pensar que debemos impresionar a la otra persona con su amplia cultura y conocimientos”. Pero el objetivo no debe ser deslumbrar sino mantener una conversación que resulte interesante y atractiva en la que participe el otro y escuchar lo que éste tiene que decir. Cuanto mejor hagamos que se sienta una persona mejor impresión va a tener de nosotros. No tenemos que olvidar que a las personas les gusta hablar sobre sí mismas por lo que se pueden hacer preguntas abiertas sobre lo que piensan y sienten y sobre lo que les apasiona. De esta forma el espíritu de camadería surge espontáneamente.


6.- Hacer un seguimiento. Si queremos que una buena impresión se mantenga es recomendable remitir una nota de agradecimiento en la que mostremos que hemos reflexionado sobre la conversación mantenida y que hemos aprendido de ella. Si la persona está en las redes sociales indicar que nos gustaría conectar con ella, compartir en las redes artículos o blogs en que hablen de ellos o de su organización, … 

domingo, 11 de septiembre de 2016

LAS 5 CLAVES DE UN LÍDER EJEMPLAR


James M. Kouzes y BarryZ. Posner, en su último libro “Learning Leadership. The five fundamentals of becoming an exemplary leader”, plantean que existe una escasez de liderazgo en el mundo actual que atribuyen a tres factores primarios:

A).- LOS CAMBIOS DEMOGRÁFICOS. Actualmente aproximadamente un 25% de los trabajadores en el mundo son millennials (nacidos entre 1981 y 1997) y en algunos países llegan a suponer un 50% de la fuerza laboral activa. Se estima que en 2025 serán el 75%. Las organizaciones están comprobando que no cuentan con los líderes adecuados para hacer frente a las necesidades y características  de las nuevas generaciones. La demanda de líderes ejemplares excede la oferta actual.

B).- LA FORMACIÓN Y EXPERIENCIA INSUFICIENTES. Investigaciones realizadas por Jack Zenger analizando los datos de los profesionales que asisten a cursos de liderazgo han mostrado que la edad media de los asistentes es de 42 años, pero que la edad media de los mandos intermedios era de 33 años. Esto parece indicar que  éstos últimos no reciben formación específica durante una media de diez años aunque están desempeñando posiciones de liderazgo.

C).- LOS PREJUICIOS MENTALES QUE DISUADEN A LOS PROFESIONALES DE APRENDER A LIDERAR. Existen una serie de mitos sobre el liderazgo que hacen que las personas se muestren reacias a asumir responsabilidades de liderazgo. Parece como si el liderazgo estuviese reservado sólo para aquellos que muestran un talento especial o derechos de nacimiento. Esta perspectiva crea una barrera invisible y es una creencia limitante que impide que muchos profesionales respondan al reto.

Los principales mitos disuasorios son:

1.- El mito del talento. Defiende que si las organizaciones buscan  con intensidad serán capaces de identificar a los profesionales más brillantes para asignarles todos los roles d liderazgo. No es necesario ningún tipo de formación y entrenamiento, sólo es necesario encontrar a la persona adecuada.

El talento está sobreestimado. K. Anders Ericsson y sus colaboradores han encontrado en sus investigaciones que el talento en bruto no es lo único que influye para llegar a tener un desempeño superlativo. El talento no es la llave que libera la excelencia. Heidi Grant Halvorson profesora en la escuela de negocios de Columbia en sus estudios llega a la misma conclusión argumentando que el énfasis en el talento y la habilidad innata ha ocasionado más mal que bien.

El liderazgo no se puede considerar como un talento que se posee o no. es un conjunto de habilidades observables y que se pueden adquirir, como demuestra el hecho de que existen miles de historias que muestran como personas ordinarias liderando a otras y han conseguido que sucedan cosas extraordinarias.

Si queremos convertirnos en mejores líderes lo primero que tenemos que hacer es creer que podemos lograrlo y que tenemos la capacidad de mejorar nuestras habilidades para conseguirlo. Sin esta creencia no existe formación, entrenamiento o sesiones de coaching que puedan ser efectivas.

2.- El mito de la posición jerárquica. Este mito asocia el liderazgo con una posición jerárquica, por lo que si tenemos un puesto de alto nivel jerárquico automáticamente nos convertimos en líderes. Considera que el liderazgo e un título y que si no tenemos ese puesto de autoridad no podemos ser  líderes. No puede estar más equivocado ya que el liderazgo no es un título, un rango o un puesto. Liderar supone marchar o guiar a los demás. La experiencia demuestra que frecuentemente los movimientos que han cambiado el mundo han estado liderados por personas que no tenían ningún rango y que los que llegan a lo alto no empezaron allí, sino que fueron adquiriendo las habilidades de liderazgo en el camino.

El liderazgo está relacionado con las acciones que tomamos, no con el puesto que desempeñamos. Tiene que ver con los valores que guían las decisiones y acciones, con la visión que tenemos de nosotros y de los demás. Para lograr ser líderes ejemplares el segundo factor fundamental que tenemos que tener en cuenta es la aspiración de ser excelentes. Debemos soñar en ser mejores y alcanzar logros más nobles que los que tenemos en el momento actual.

3.- El mito de las fortalezas. No es errónea la noción de que existen determinadas habilidades, actitudes y conocimientos  que producen niveles más altos de desempeño en una tarea. El enfoque de las fortalezas se emplea de forma equivocada si se piensa que sólo debemos asumir aquellas tareas en las que destacamos y no tenemos que perder el tiempo con nuestras debilidades, considerando que en las áreas en que no tenemos un talento natural y no somos fuertes no tenemos que implicarnos. Esto no quiere decir que debemos despreciar nuestras fortalezas o que no seamos más felices y tengamos más éxito si utilizamos nuestras fortalezas en el trabajo o en otras facetas de nuestra vida, pero el enfoque en las fortalezas ha disuadido a los profesionales de la posibilidad de desafiarse a sí mismos para convertirse en mejores líderes, porque piensen que no está a su alcance.

Los autores en sus investigaciones durante décadas sobre el liderazgo han encontrado que la adversidad y la incertidumbre se convierten en las mejores experiencias sobre liderazgo al enfrentar al líder con retos con los que no se han encarado previamente.

La tercera clave para ser un líder ejemplar es retarnos a nosotros mismos para afrontar acciones y situaciones nuevas que nos lleven a desarrollar nuevas habilidades y a superar debilidades y limitaciones. No podremos ser mejores si no buscamos nuevas experiencias, hacemos cosas que nunca hemos hecho, cometemos errores y aprendemos de ellos.

4.- El mito de la soledad. El liderazgo es una labor de equipo no individual, pero existe el mito del líder como el héroe solitario que es capaz de encandilar a sus seguidores con sus acciones valientes o del líder como el rebelde que es capaz de vencer las resistencias sin preocupase por su vida o por las convenciones sociales. Con este mito se perpetúa la creencia de que los líderes tienen que ser autosuficientes y sobrehumanos, que tienen que ser capaces de cuidarse a sí mismos al tiempo  que hacen las cosas sin ningún tipo de ayuda y que deben ser independientes y autónomos sin expresar nunca ningún tipo de duda sobre sus capacidades, no necesitando nunca  el apoyo o la ayuda de los demás.

Aunque es evidentemente beneficioso confiar en nuestras habilidades para afrontar situaciones complicadas los mejores líderes saben que no pueden hacerlo solos y que necesitan la ayuda y el compromiso de sus colaboradores.

El cuarto factor clave para ser un líder ejemplar consiste en conseguir ayuda para su aprendizaje y crecimiento suyo y de los demás.

5.- El mito de lo innato. Defiende la idea de que el liderazgo es algo innato en los buenos líderes. K. Anders Ericsson no está de acuerdo ya que en sus investigaciones ha encontrado que el talento en bruto no es el único requisito para alcanzar un alto desempeño. El cociente intelectual alto tampoco supone ninguna garantía. Lo que realmente distingue a los que obtienen un desempeño excelente de los buenos es su dedicación para hacer diariamente algo que les mejore. La realidad evidencia que los mejores líderes lo son porque trabajan duramente para ello y le dedican horas a practicar y adquirir experiencia.

El quinto factor clave para ser un líder ejemplar es practicar de forma deliberada.

Uno de los principales retos que nos encontramos en el camino para convertirnos en líderes ejemplares es el de vencer estas falsas presunciones.

Cada líder es diferente dependiendo de cómo es en su interior, pero es similar  a los demás líderes porque existen una serie de competencias definidas que distingue a los líderes de los que no son líderes.  Las investigaciones de los autores han mostrado que los líderes más eficaces utilizan comportamientos de liderazgo con más frecuencia que los menos eficaces. De su análisis de miles de historias de buenas prácticas de liderazgo han encontrado que las personas que tienen la capacidad de guiar a otras a lo largo de rutas pioneras siguen patrones de comportamiento similares. Kouzes y Posner han agrupado estas prácticas comunes en un marco de liderazgo y las han llamado las CINCO PRÁCTICAS DEL LIDERAZGO EJEMPLAR  y han definido  dos compromisos esenciales de liderazgo conectados con cada una de ellas. Éstos son:

1.- Modelar el camino.

·     a).-   Clarificar los valores, encontrando nuestra propia voz y recalcando los valores compartidos.

·       b).- Ser un ejemplo a través de la alineación de las acciones con los valores compartidos.

2.- Inspirar una visión compartida.

·         a).-  Concebir el futuro visualizando posibilidades atractivas y ennoblecedoras.

·     b).-  Captar a los colaboradores para que asuman una visión común apelando a las aspiraciones                compartidas.

3.- Cuestionar y desafiar al proceso.

·     a).- Buscar oportunidades tomando la iniciativa y mirando al entorno externo para encontrar formas   innovadoras de mejorar.

·     b).-  Experimentar y asumir riesgos celebrando constantemente los pequeños logros y aprendiendo de la experiencia.

4.- Permitir que los demás actúen.

·   a).-  Fomentar la colaboración entre los profesionales, generando confianza y facilitando las relaciones.

·       b).- Fortalecer a los colaboradores desarrollando sus competencias.

5.- Considerar las emociones.

·       a).- Reconocer las contribuciones mostrando el aprecio por la excelencia individual.

·       b).- Celebrar las victorias y los valores a través de la creación de un espíritu de comunidad.

     Distintos estudios han demostrado que la frecuencia con que estos comportamientos de liderazgo se utilizan se relaciona positivamente, por ejemplo, con le retención del talento o con la calidad de la atención a los pacientes.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

LA IMPORTANCIA DE LAS REUNIONESINDIVIDUALES CON LOS COLABORADORES


Julia Austin, en el boletín Working Knowledge, de Harvard Business School, correspondiente al 22 de agosto de 2016 plantea que las reuniones individuales entre el directivo y cada uno de sus colaboradores son prioritarias y una herramienta de incalculable valor para la gestión, pero que requieren tener en cuenta muchos detalles.

Son importante porque:

1.- Independientemente del tiempo y frecuencia el hecho de reservar tiempo para dedicarlo a  un profesional transmite la idea de que nos importa como persona.

2.- Es el único foro en el que se puede mantener una conversación honesta y privada con el colaborador sobre lo que está pasando, tanto a nivel profesional, como personal si se desea.

3.- Brindan una oportunidad de aclarar los goles de la organización, nuestras expectativas sobre el desempeño del profesional y de construir una relación de confianza al ofrecer la posibilidad de conocerle mejor como persona, no sólo como trabajador.

4.- Las reuniones constructivas celebradas a lo largo del año facilitan la evaluación del desempeño y el abordar nuevas metas para el nuevo año.

Austin ofrece las siguientes  recomendaciones para dirigir estas reuniones:

A).- ANTES DE LA REUNIÓN:

a).- Definir las expectativas con claridad y transparencia. Si no lo hacemos el profesional puede pensar que algo malo le va a pasar si repentinamente empezamos a convocar reuniones individuales con él. Es recomendable anunciar la celebración de las mismas en una reunión del equipo o mandar un correo a todos los miembros para que sean conscientes de la importancia que tienen y puedan comprobar que todos van a tener la oportunidad de mantener estas reuniones individuales.

Es conveniente, en esta fase previa, decidir la frecuencia, duración y formato de las mismas (nuestro despacho o el suyo, dando un paseo, tomando café,…). El formato puede variar en función del profesional y se puede cambiar si es necesario. No debe ser muy informal (tomar unas copas) para que no se banalicen las reuniones y sean tomadas en serio.

b).- Preparar la agenda. Se deben abordar temas sobre crecimiento y desarrollo profesional y aprovecharlas para establecer relaciones más estrechas y dar feedback mutuo.

El día previo a su celebración enviar la lista de temas a tratar y preguntar al colaborador si existe alguna cuestión que no esté incluida y que desearía se considerase. Para aumentar la eficiencia se pueden sugerir las lecturas que pensamos puede ser necesario que realice antes de la reunión.

B).- DURANTE LA REUNIÓN:

a).- Revisar el orden del día. Preguntar si quiere incluir algo más antes de comenzar, dejando una puerta abierta siempre a que pueda añadir nuevos temas que puedan surgir durante la conversación.

b).- Si existen cuestiones complicadas a tratar, como por ejemplo dar feedback sobre un desempeño negativo, procurar abordar previamente y posteriormente dos temas positivos. De esta forma no terminará la reunión con el colaborador sintiéndose mal.

c).- No monopolizar la conversación. Facilitar las intervenciones del otro, hacer pausas frecuentes y dejar tiempo para discusiones y preguntas.

f).- Finalizar la reunión siempre preguntando cómo le van las cosas en conjunto al colaborador y si piensan  que podemos hacer algo para que mejoren. No tenemos que olvidar que si triunfan nosotros lo hacemos también.

C).- DESPUÉS DE LA REUNIÓN:


Es importante hacer un seguimiento de los acuerdos y decisiones tomadas.

domingo, 4 de septiembre de 2016

EL LIDERAZGO Y LOS EQUIPOS EN LOS MODELOS DE AUTOGESTIÓN


Ethan Bernstein, John Bunch, Niko Canner y Michael Y. Lee, en la edición de julio-agosto de Harvard Business Review, plantean que la holacracia y otras formas de autogobierno están actualmente de moda. Sus defensores las presentas como ambientes horizontales en los que promueven la flexibilidad, el compromiso, la productividad y la eficiencia mientras los críticos dicen que son experimentos ingenuos y poco realistas.

Los autores mantienen que ninguno de estos enfoques es completamente cierto, sino que aunque estas nuevas formas pueden ayudar a las organizaciones a ser más adaptables sus principios no deben ser adoptados en su totalidad.

Las investigaciones realizadas y la experiencia sobre el tema muestran que elementos de la auto-organización pueden ser muy valiosos para las organizaciones. Pero el utilizar la autogestión a lo largo de toda la empresa para determinar lo que debe hacerse, quién lo debe hacer y cómo serán recompensados los profesionales es un trabajo duro e incierto y en muchos entornos no va a funcionar.

Para intentar entender la trastienda de los modelos de autogestión debemos considerar lo que los líderes necesitan impulsar en sus organizaciones preferentemente: la fiabilidad y la adaptabilidad. La fiabilidad implica muchas cosas, tales como: generar un retorno predecible para los accionistas, adherirse a las regulaciones, mantener niveles estables de empleabilidad y satisfacer las expectativas de los clientes. Lo mismo ocurre con la adaptabilidad, por ejemplo algunas situaciones pueden requerir la realización de ajustes en la producción para adaptarse a las necesidades locales mientras otras pueden exigir grandes variaciones en la estrategia.

Todas las organizaciones deben conseguir ser fiables y adaptables a un cierto nivel, pero generalmente una eclipsa a la otra.  Demasiada estandarización para garantizar la fiabilidad puede hacer que la organización sea insensible a los mercados cambiantes. Un énfasis excesivo en la adaptación puede producir fragmentación y la pérdida del equilibrio.

Los profesionales necesitan también fiabilidad y adaptabilidad. Para ser eficaces en su trabajo necesitan un entorno de trabajo estable, tener acceso a los recursos necesarios y metas y responsabilidades claras. Pero deben tener la libertad de adaptarse a las condiciones cambiantes y la posibilidad de adoptar las decisiones correctas en el momento y las jerarquías excesivas no ofrecen con frecuencia esta flexibilidad. La dificultas a la que se enfrentan los líderes es encontrar el equilibrio entre ambas.

Los equipos autogestionados adquirieron popularidad en los años ochenta y noventa del siglo pasado y se presentaron de distintas maneras: en Europa, por ejemplo, fueron sinónimos de gestión participativa y democracia industrial. En Japón tomaron la forma de círculos de calidad y mejora continua y en Estados Unidos fueron el marco para los grupos de innovación. La planta de Volvo en Kalmar consiguió reducir sus defectos en 1987 en un 90%.

Estos tipos de equipos se volvieron más comunes en los años noventa, pero en la mayor parte de las organizaciones que los utilizaban sólo una fracción de sus profesionales estaban implicados, generalmente en áreas que demandaban más adaptabilidad que fiabilidad. Con el tiempo surgieron en entornos en los que los individuos podían monitorizar su propio desempeño y modificar en consecuencia su forma de trabajar.

Posteriormente empezó a plantearse la idea de que se podían aplicar los principios de la autogestión a las organizaciones en su totalidad, aplicando similares códigos de conducta: los miembros comparten la responsabilidad por su trabajo, la autoridad sobre cómo se alcanzan las metas, la forma de utilizar los recursos y la propiedad de la información y el conocimiento relacionados con el trabajo. Diversas compañías han adoptado esta forma de organización, siendo la más conocida Zappos.

Los modelos de autogestión comparten preferentemente tras características:

1.- LOS EQUIPOS SON LA ESTRUCTURA.
En holacracia, por ejemplo, se llaman círculos. En su interior los roles individuales se definen de forma colectiva. Como en las organizaciones tradicionales pueden existir distintos equipos para proyectos, funciones o segmentos diferentes. Estos equipos vienen y van en función de las necesidades de cambio de la organización percibidas por sus profesionales. Cuando van surgiendo nuevas metas, tareas e iniciativas los individuos van creando estos equipos para abordarlas.



2.- LOS EQUIPOS SE DISEÑAN Y SE GOBIERNAN A SÍ MISMOS.
Las organizaciones que han adoptado la holacracia, por ejemplo, ratifican una constitución: un documento que define las reglas por las que los círculos son creados, modificados y eliminados. No recoge la forma en que sus integrantes  deben realizar su trabajo, sino que explica de una forma amplia cómo los círculos deben formarse y operar: cómo deben identificar y asignar los roles, qué límites deben tener estos roles y cómo deben interactuar los círculos entre sí.

3.- EL LIDERAZGO ES CONTEXTUAL.
En las organizaciones autogestionadas el liderazgo se distribuye entre los roles, no entre los individuos (éstos suelen desempeñar múltiples roles en equipos distintos). Las responsabilidades de liderazgo varían continuamente al cambiar el trabajo y al tiempo que los equipos crean y definen nuevos roles. La tecnología es esencial para mantener estos cambios correctamente.

Cuando se considera que alguien no es adecuado para un rol éste se asigna a otra persona. La asignación de roles corresponde a un profesional que también asume la responsabilidad de conectar un círculo con los círculos mayores, por ejemplo ligando social media a marketing y comunicaciones.
Estas tres características son reflejo de una organización que se preocupa más de dar respuesta a los requerimientos del trabajo que a las directivas de un individuo con poder.

Experimentos recientes con organizaciones autogestionadas han mostrado éxitos a la hora de mejorar el desempeño pero también problemas. Éstos han surgido fundamentalmente en relación con:

a).- El diseño de roles que acoplen las capacidades individuales con las metas organizacionales. En las organizaciones tradicionales cada profesional asume un único rol bien definido y con frecuencia resulta complicado cambiar de trabajo. En los sistemas autogestionados los individuos tienen diversos roles asignados que revisan para adecuarlos a las necesidades cambiantes individuales y de la organización.

Negociando unos con otros los profesionales asignan las tareas a aquellos más preparados para llevarlas a cabo. Este proceso permite a las personas utilizar sus fortalezas e intereses y al tiempo sirve para evitar la aparición de roles que sean útiles para una persona pero perjudiciales al equipo o a la organización.  Por ejemplo en una holacracia los miembros de un círculo pueden objetar ante un cambio de rol si éste puede significar un paso atrás para el círculo.

El aspecto positivo de diseñar roles de esta forma es evidente: al liderar el proceso los profesionales sienten que están realizando un trabajo que tiene un significado. Pero tiene costes, también, ya que crea tres tipos de complejidades relacionadas con el capital humano:

1.- Complica la realización del trabajo porque los profesionales luchan con la fragmentación de un número excesivo de roles. Marc Effron y Miriam Ort en su libro “One PageTalent Management” describen que los profesionales tienen un desempeño peor en cada rol cuando asumen muchos roles. En Zappos, por ejemplo, cada uno de los 7,4 roles que corresponden a cada individuo contienen una media de 3,47 responsabilidades distintas, lo que resulta en aproximadamente 25 responsabilidades por profesional.

2.- Aumenta la complejidad para   determinar la compensación adecuada, ya que se asumen distintas tareas lo que dificulta su valoración para establecer cuál es la remuneración justa.

3.- Dificulta la selección de profesionales por el exceso de roles, ya que aunque se supone que la contratación se basa en cubrir necesidades específicas rápidamente se empiezan a añadir nuevos roles a los recién incorporados.

b).- La toma de decisiones más cercana al puesto de trabajo. En las organizaciones tradicionales una intrincada red de cargos y de descripciones de puestos de trabajo  hacen que sea complicado saber quién decide qué. En algunos de los nuevos modelos tales como la holacracia todos conocen quién se encarga de cada rol y qué responsabilidades tiene. 

Una idea equivocada sobre las organizaciones autogestionadas es pensar que eliminan las diferencias en estatus, ya que aunque pueden disminuir van a seguir existiendo y deben ser gestionadas: algunas personas van a tener más poder que otras.

Otro problema que surge es que algunos profesionales pueden tener dificultades para asumir su nuevo “poder”. Tanto los directivos como los subordinados deben desaprender antiguos comportamientos.

c).- La necesidad de responder ante las necesidades emergentes de los mercados. La evidencia demuestra que los esfuerzos para movilizar cambios realizados desde la alta dirección, en respuesta exclusivamente a lo que los ejecutivos senior consideran suelen fallar. Las organizaciones autogestionadas, por ello, adoptan otro enfoque y los profesionales asumen un papel más relevante en las decisiones sobre los cambios que son más adecuados. El problema con el que se encuentran es que aunque es importante mantenerse cerca de los clientes también lo es mantener una perspectiva más amplia que impida tomar decisiones muy arriesgadas y equivocadas.

Como conclusiones los autores plantean que:

1.- El liderazgo en estas organizaciones se centra más en diseñar, facilitar y dar coaching que en la supervisión y dirección, pero la nueva generación de equipos autogestionados está demandando una nueva generación de líderes que sean capaces de tener la visión de dónde es mejor dejar apartada la jerarquía para operar de otra forma y que tengan el coraje de defender la jerarquía cuando ésta vaya a servir para alcanzar las metas fundamentales de la organización.

2.- Las grandes empresas no deben adoptar estos modelos en su totalidad, sólo en algunas áreas. Google y 3M, por ejemplo, llevan décadas promoviendo que parte del tiempo de sus profesionales se dirija a actividades autogestionadas. Las organizaciones pueden, por tanto, utilizar elementos de autogestión en áreas en que las necesidades de adaptabilidad son elevadas y los modelos tradicionales en aquellas en las que la fiabilidad es imprescindible.