FELIZ NAVIDAD
Suzanne J. Peterson,
Robin Abramson y R.K. Stutman,en la edición de noviembre - diciembre de Harvard Business Review,
plantean que no hay nada más frustrante para los profesionales con talento que
chocar con un techo en sus carreras porque carecen del estilo de liderazgo
apropiado. El jefe puede decir en estos caso que algo le falta a esa persona
pero que no sabe exactamente qué es y cómo puede mejorar, por lo que, por
ejemplo puede decir: “te faltan
intangibles importantes” o “te falta más dignidad y seriedad” pero es incapaz
de hacer recomendaciones específicas para que mejore.
Resulta igualmente frustrante
contemplar cómo personas con competencias técnicas mediocres se promocionan
rápidamente porque tienen un estilo de liderazgo excepcional. Los jefes
defienden esas promociones destacando que ese profesional posee “competencias
blandas” por lo que consideran que son “dinámicos”, “tienen mucha seguridad en
sí mismos” y “se muestran serenos, equilibrados y preparados”.
La realidad es que
estas habilidades importan. Un gran estilo de liderazgo puede hacer que la
persona parezca más competente de lo que es en realidad y un pobre estilo de
liderazgo puede anular un conjunto de competencias superiores.
Por tanto una persona
que aspire a un puesto ejecutivo en su organización debe procurar mejorar su
estilo de liderazgo y para ello debe comenzar por comprender que el estilo es
diferente a la personalidad. Ésta es inmutable y es lo que somos en nuestro
interior. El estilo se puede describir cómo lo que hacemos, con cuánta
frecuencia y cuándo.
Hace
más de 30 años el sociolingüista Howard Gilles y sus colaboradores
identificaron un conjunto de comportamientos o “marcadores sociales” que todos
utilizamos para expresarnos. Estos marcadores constituyen un lenguaje que
aprendemos en nuestra infancia cuando empezamos a ser conscientes de que las
personas se comportan de forma diferente
dependiendo de que tengan un estatus o no. Por ejemplo los hermanos mayores
pueden chillarnos para conseguir el mando de la televisión, pero mostrarse
serviles con los padres cuando quieren que les dejen las llaves del coche. Los
marcadores sociales se pueden manifestar a través del lenguaje, de la
comunicación no verbal ( como el lenguaje corporal) o la disposición del
contexto ( por ejemplo sentarse en la cabecera de la mesa). Nuestra elección de
marcadores va a determinar cómo nos van a ver los demás.
Los
autores, a través de sus investigaciones académicas y su trabajo de coaching
con más de 12.000 líderes han identificado los marcadores más comúnmente empleados
en el entorno laboral para expresar estatus. El conjunto de
ellos forman el estilo de liderazgo.
Las
señales que enviamos a los demás sobre nuestro estatus, o falta de él, se
pueden encuadrar dentro de dos categorías:
a).- Poder
b).- Atractivo.
Ninguno
de estos conjuntos de marcadores es inherentemente bueno o malo.
Los
de poder van asociados a expresiones de seguridad en uno mismo, competencia, carisma
e influencia, pero también, de arrogancia, agresividad e intimidación. Como
ejemplos podemos tener el interrumpir a los demás o coger algo de la mesa de un
compañero sin su permiso.
Los
marcadores ligados al atractivo suelen estar relacionados con expresiones de amabilidad
y cercanía, pero también de timidez,
falta de confianza en si mismos y sumisión. Como ejemplos tenemos el sostener
la puerta para que pasen los demás o preferir plantear preguntas en lugar de
hacer afirmaciones.
Las
personas con estilos cercanos al poder suelen considerar a sus colegas más “atractivos”
como débiles y los que tienen este último estilo entienden que su compañeros
más “poderosos” como groseros, irrespetuosos y maleducados.
Cuanto
más nos manifestemos de forma consistente en la utilización de los mismos
marcadores más distintivo será nuestro estilo de liderazgo. Cuando un compañero
nos da la impresión de que es arrogante, por ejemplo, suele ser porque utiliza
un conjunto de comportamientos “poderosos” de forma habitual. Si cambiamos la
frecuencia o mezcla de estos marcadores las impresiones que dejamos en los
demás también se modificarán.
Todos tenemos un conjunto determinado de
marcadores a los que recurrimos en situaciones neutrales o cuando el contexto
social no es claro. Éste es el que podemos llamar nuestro estilo natural. Por
ejemplo nos comportamos con un estilo más relacionado con el poder cuando
pensamos que tenemos estatus ( como cuando en una interacción somos la persona
mejor relacionada o con más conocimientos técnicos o experiencia) y con un
estilo más ligado al atractivo cuando somos más junior o tenemos la menor
experiencia.
La
mayor parte de los estilos naturales de las personas se encuentran dentro de
cinco categorías de un espectro que se asocian con
1.- Poder
2.- Poder ligero
3.- Equilibrio
poder – atractivo.
4.- Atractivo
ligero
5.- Atractivo.
Pocas
personas buscan los extremos y se inclinan más hacia un lado o a otro. Un
estilo mixto es raro e implica la utilización de marcadores tanto de poder como
de atractivo de forma equilibrada. Este estilo se suele asimilar a “tener
presencia” y los líderes que la poseen tienen una gran habilidad para adoptar
los marcadores adecuados para cada situación.
La
investigación realizada por los autores sobre los estilos de liderazgo mixtos
es similar en su concepto a la abordada por Amy Cuddy sobre calidez y
competencia. Pero mientras Cuddy y sus colaboradores recomiendan a los líderes
primero que proyecten calidez para ganar la confianza y que luego muestren su
competencia para obtener credibilidad, Peterson, Abramson y Stutman sugieren
que el poder y el atractivo deben ser dinámicos. Algunas situaciones requerirán
que los líderes exhiban marcadores ligados al poder desde el principio y otras
demandarán un enfoque más relacionado con el atractivo. Los líderes, con
frecuencia, deben variar de estilo muchas veces en el día, en ocasiones en el
desarrollo de una misma situación. En una reunión, por ejemplo, tiene el líder
que ganarse el respeto de sus compañeros proyectan una imagen de gran
experiencia y fortaleza, mientras que en la siguiente puede tener que mostrarse
más colaborador y escuchar atentamente haciendo muchas preguntas.
Cuddy
y otros investigadores aconsejan a los líderes que se centren en cómo se
sienten ( sentirse fuertes puede ayudar a proyectar fuerza, por ejemplo). El
trabajo de los autores con los ejecutivos pone el foco en sus acciones y
comportamientos. El poder y el atractivo se determinan por lo que mostramos a
los demás independientemente de cómo nos sintamos por dentro. Por ejemplo
podemos sentirnos muy nerviosos antes de una presentación pero conscientemente
utilizando marcadores de poder podemos proyectar seguridad y nuestra audiencia
no percibir nuestra situación interior.
Los
autores recomiendan seguir una serie de pasos para conseguir tener un estilo de
liderazgo mixto y equilibrado. Éstos son:
1.- Conocerse a sí mismo. Para equilibrar los marcadores de poder
y de atractivo primero debemos diagnosticar dónde nos encontramos en el
espectro de estilos de liderazgo. Con frecuencia los directivos pueden leer
entre líneas cuando reciben feedback de otros compañeros, de sus jefes o
colaboradores y de su familia. Comentarios como: “eres demasiado majo” o “debes
hacerte oír” pueden sugerir una tendencia hacia los marcadores relacionados con
el atractivo. Por el contrario si nos dicen que intimidamos o que no escuchamos
puede que nuestro estilo esté más
relacionado con el poder.
Si
nos sentimos inseguros sobre dónde estamos en el espectro podemos preparar un
listado de los marcadores y después de cada interacción analizar los que hemos
utilizado.
2.- Experimentar con varios marcadores. Una vez que tengamos una idea de dónde
estamos en el espectro debemos comenzar a probar a utilizar distintos
marcadores para intentar movernos hacia un estilo equilibrado, por ejemplo
seleccionando uno verbal y otro no verbal para emplearlos en nuestras
interacciones.
Tenemos
que tener en cuenta que la interpretación de estos marcadores de estilo pueden
tener significados distintos en función de la cultura en la que nos
encontremos.
Los
autores sugieren que lo mejor es un enfoque de “seleccionar y mezclar” una
serie de marcadores del os dos tipos y experimentar con ellos, pensando cómo
nos gustaría ser vistos en determinadas situaciones y eligiendo marcadores que
refuercen ese estilo. Uno o dos marcadores en cada categoría suelen ser
suficientes para establecer o alterar las impresiones que los demás tienen de
nosotros.
3.-
Interpretar la situación. Una de las preguntas más frecuentes que se hacen los
líderes es cuándo deben inclinarse por un estilo o por el otro. Conseguir tener
la habilidad de “leer la situación” es parte del aprendizaje en relación con el
estilo de liderazgo equilibrado. Aunque podamos tener una idea general de cómo
queremos ser percibidos nuestro plan puede necesitar ser modificado una vez que
estemos inmersos en una situación. Es conveniente comprobar los marcadores que estamos
recibiendo de los demás antes de decidir cuál va a ser nuestro enfoque. Si estamos recibiendo marcadores de poder de
otros seguramente deberemos emplear nosotros también éstos para ganarnos su
respeto.
Los
ejecutivos suelen cometer el error común de utilizar marcadores de poder con
los subordinados y de atractivo con los superiores. El enfoque contrario con
frecuencia es más efectivo. Si utilizamos los marcadores de poder con los que
están a nuestras órdenes o son más jóvenes, tales como ignorarles, cambiar de
tema abruptamente o hablar demasiado en su presencia, seremos menos eficaces.
Lo mismo ocurre si utilizamos demasiados marcadores de atractivo con nuestros
jefes ya que pueden concluir que no estamos a la altura adecuada.
Elsbeth Johnson en
strategy+business del pasado 10 de diciembre plantea que los fracasos en las
transformaciones estratégicas se atribuyen con frecuencia a los mandos
intermedios cuando los verdaderos culpables son los altos ejecutivos.
En los últimos años una
narrativa ha surgido sobre las razones por las que tantos esfuerzos de cambio
fallan, o al menos son más complicados de lo que deberían ser. La historia
suele ser la siguiente: un líder heroico trata valientemente transformar su
organización pero se encuentra con la resistencia de los mandos intermedios,
que son vitales para el éxito del cambio
al tener que trasladar la nueva estrategia a proyectos y planes de trabajo, que
no están respondiendo con la suficiente rapidez o están consiguiendo hacer lo
necesario.
La autora, en sus
investigaciones, ha encontrado una historia diferente. Cuando los esfuerzos
para el cambio fracasan los culpables no suelen ser los mandos intermedios indolentes
sino los líderes vagos. Entendiendo por vagos no el hecho de que no trabajen
nada sino que no están haciendo el trabajo adecuado que sería el de pensar y
tomar las decisiones que constituyan la base de un cambio exitoso que puedan
gestionar los directivos que están a sus órdenes. El trabajo que los líderes no
están haciendo, según Johnson, es:
1.-
Ser claros sobre los objetivos
Una nueva estrategia
debe especificar cuál es el resultado diana, como por ejemplo los cambios que
los líderes esperan que éste produzca. Idealmente el objetivo diana debe tener
tres características:
a).- Centrarse en el
resultado y no en las actividades.
b).- Contar con un
objetivo económico, como por ejemplo mejorar los márgenes operativos en un 20%.
c).- Ser lo suficientemente ambiciosos, dentro de
unos márgenes de tiempo adecuados, para generar un cambio fundamental y no solo
cosmético.
De esta forma los
mandos intermedios podrán identificar los proyectos, las iniciativas y los
flujos de trabajo que deben ser abordados en los distintos niveles para poder
obtener los resultados deseados.
La trampa en la que
suelen caer los líderes es su deseo de especificar actividades en lugar de los
resultados que están deben ofrecer. Prefieren seleccionar proyectos para
trabajar en ellos que hacer lo que deben hacer que es ser claros sobre las
expectativas y “vender” el cambio.
Si los líderes dedican
su tiempo principalmente a elegir actividades están negando a los mandos
intermedios, las personas más cercanas a las operaciones y a los clientes la
oportunidad de elegir cómo se va a desarrollar la estrategia sino que significa
que los líderes no van a tener tiempo para convencer sobre la necesidad del
cambio y aclarar sus causas, que es lo que solo ellos pueden hacer.
2.-
Ser realistas sobre el tiempo que tiene que durar la ejecución o sobre su coste
Una de las quejas
principales que manifiestan los mandos intermedios ante una estrategia de cambio
es que los líderes no son realistas, ya
que esperan mucho y muy pronto. Se centran en lo que se ha conseguido hasta el
momento y no aprenden las lecciones que lo alcanzado ha revelado sobre lo que
la organización puede hacer y sobre lo que no puede hacer bien. Esta impaciencia
por obtener resultados muestra que lo que les importa sobre todo el resultado a
corto plazo y que existe poca tolerancia hacia las iteraciones que los nuevos
procesos inevitablemente producen. Este patrón reduce las oportunidades de que
se ofrezca una gran mejora.
La impaciencia se
agrava cuando los líderes no asignan los suficientes recursos humanos y financieros
al cambio. Conseguir obtener el tiempo y los recursos necesarios para la nueva
estrategia supone un trabajo ya que puede implicar el detener algunas
iniciativas ya en curso para liberar recursos económicos y explicar las razones
por las que se hace, así como buscar y construir coaliciones para que todos los
departamentos afectados, como por ejemplo, recursos humanos, financieros, etc
se comprometan con el cambio. También significa la necesidad de crear y “vender”
un argumento atractivo sobre las posibilidades de que la organización sea capaz
de abordar y alcanzar un cambio a largo plazo, por lo que sus inversores le deben otorgar un margen de tiempo generoso.
3.-
Mandar señales consistentes sobre lo que
realmente es importante
Cuando los mandos
intermedios reciben señales inconsistentes les resulta difícil averiguar cuál
es la prioridad real. Las señales dudosas pueden comenzar desde el principio
como por ejemplo cuando un líder dice que quiere una mejora determinada pero no
asigna ningún indicador o recompensa que s epoda relacionar con ese cambio
deseado.
La inconsistencia puede
surgir, también, con el tiempo. Esto ocurre cuando los líderes no son lo
suficientemente disciplinados al hablar de la “nueva” estrategia y se olvidan
de transmitir mensajes reiterando su importancia.
Principio del formulario
Keith Ferrazzi, en “Leading without authority. Why
don´t you need to be in charge to inspire others and make change happen”,
plantea que los nuevos e incesantes cambios tecnológicos hacen que cambiar la
forma en que trabajamos se haya convertido en una necesidad urgente.
En la actualidad
demasiados directivos siguen apoyándose en su puesto y en el control
presupuestario para realizar su trabajo y pierden demasiada energía en
esfuerzos burocráticos cuando deberían emplearla en liderar a los demás para
conseguir su colaboración en la búsqueda de soluciones audaces, ya que, con
frecuencia, se pueden encontrar muchos profesionales que sin tener ninguna
autoridad formal están esperando su turno.
Un estudio realizado
por Deloitte en 2016 entre profesionales de departamentos de recursos humanos
sugería que el concepto de liderazgo se está redefiniendo radicalmente. La idea
de que las personas se convierten en líderes debido al puesto que ocupan se
está cuestionando y cada vez más se pide a los líderes que sean capaces de
inspirar lealtad en el equipo a través de su experiencia, visión y juicio.
Liderar sin autoridad
nunca había sido tan importante y su necesidad crece diariamente. El grupo de
consultoría Gartner, por ejemplo, predice que en 2028 los algoritmos habrán
eliminado tantos puestos intermedios directivos que el trabajo va a depender
casi exclusivamente de redes de equipos autónomos y de alto desempeño que
ofrecerán resultados cruciales. Por tanto, liderar sin autoridad se va a
convertir en el modelo organizacional del siglo XXI.
El autor propone para
liderar sin autoridad seguir una serie de reglas:
REGLA
Nº 1: ¿QUIÉN FORMA PARTE DE TU EQUIPO?
Mindy Grossman mantiene
que: “ la posición no define el poder, el impacto define el poder. El impacto
se puede ejercer desde cualquier rol en cualquier nivel y cuando priorizamos el
sacar lo mejor de aquellos que nos rodean el crecimiento y el éxito son la
consecuencia”.
La base de la primera
regla de las nuevas normas de trabajo es
que debemos ser conscientes de que por cada objetivo, proyecto o misión que tengamos somos responsables de liderar a
un grupo de personas que es mayor que los miembros formales de nuestro equipo.
La mayor parte de nosotros experimentamos un sentimiento de lealtad y
obligación hacia los equipos que nos han asignado o a los que pertenecemos. Nos
preocupamos de las personas que los integran, los apoyamos y queremos que
crezcan y triunfen. En la actualidad, al ir evolucionando las organizaciones
hacia equipos más interdisciplinares e interdepartamentales debemos extender
ese nivel de cuidado, preocupación, compromiso y camaradería a todos los nuevos
miembros que puedan integrar estos equipos “cruzados”.
Quizás la
característica que mejor define este nuevo mundo laboral es la de
“Interdependencia radical”. La jerarquía arriba- abajo sigue definiendo los
presupuestos pero el trabajo en sí se está realizando, cada vez más, a través
de estas redes cada vez más extensas de relaciones radicalmente
interdependientes. Ningún directivo aislado puede tener la autoridad o recursos
para hacer frente a la avalancha de
retos actuales.
Todos debemos
considerarnos líderes e innovadores independientemente del nombre de nuestro
puesto de trabajo. Tenemos que demostrar iniciativa y fomentar una colaboración
más profunda para que podemos contribuir con todas nuestras ideas y talentos.
En cada equipo con el
que trabajemos debemos hacer la siguiente pregunta: ¿Quiénes son las personas
clave para ayudar a conseguir las metas, independientemente de
su situación en el organigrama? Éstas serán las personas que compongan el
equipo aunque no estén directamente bajo nuestro mando.
El autor recomienda
seguir las siguientes prácticas para detectar y organizar este tipo de equipos:
1.- Comenzar por lo más
sencillo. Seleccionando un compañero que respetemos por su experiencia y con
quién pensemos que podemos trabajar en algo importante. Luego centrarnos en
localizar potenciales partners y nuevos miembros del equipo que puedan ayudar a
alcanzar resultados positivos con rapidez. No debemos perder el tiempo en
convencer a los que no se sientan atraídos por el proyecto, ya que es probable
que, posteriormente, cuando vayan viendo los resultados se incorporen al mismo.
En ocasiones, no
tendremos elección y tendremos que empezar a construir nuestro equipo en medio de una crisis, pero la misma urgencia de la
situación nos puede ayudar a establecer los lazos necesarios para una relación
productiva.
2.- Buscar a aquellos
que admiramos y de los que queremos aprender.
3.- Identificar a
alguien que pensamos se pueda beneficiar de nuestra ayuda. Si estamos
verdaderamente comprometidos con una misión o proyecto y detectamos que el
desempeño de uno de los miembros del equipo está interfiriendo en los
resultados de éste de forma negativa debemos actuar y actuar como un coach para
ese colaborador. Debemos responsabilizarnos para facilitar el desarrollo profesional
de esa persona para que pueda tener una influencia positiva en el proyecto.
4.- Enfrentarnos a la
persona o al problema que estamos evitando, recordando las palabras de Ralph
Waldo Emerson en su ensayo “Heroísmo”: “Haz siempre aquello que te dé miedo
hacer”.
Podemos pensar que son
señales de que existen ciertas relaciones que tenemos que mejorar.
5.- Sistematizar.
Comenzar por elaborar una lista priorizada de las personas que son más críticas
para el proyecto que queremos abordar, definiendo el resultado específico que
esperamos conseguir con cada miembro de nuestro equipo. También debemos
preguntarnos de quién necesitamos apoyo para tener éxito.
La mayor parte de las
relaciones en el trabajo se encuentran en lo que el autor llama el “estado de
coexistencia”. En él las personas trabajan juntas para hacer sus trabajos pero
se mantienen respetuosamente fuera del camino del otro aunque estén asignados
en el mismo equipo.
Si vemos que no podemos
realizar nuestro trabajo exclusivamente con los recursos y responsabilidades
que están bajo nuestro control normalmente accederemos a otro estado que es el
de “colaboración”. Con frecuencia llegamos a él exclusivamente por necesidad y
lo vamos a mantener solo el tiempo que sea estrictamente necesario, para
regresar, posteriormente al estado de coexistencia.
Cuando la colaboración
es demasiado exigente y compleja tendemos a caer en el “estado de resistencia”,
que se manifiesta en una situación de tensión o de estrés entre nosotros y un
miembro del equipo o compañero. Mientras nos encontramos en este estado de
forma pasiva o conscientemente evitamos el auténtico compromiso colaborador,
aunque éste pueda magnificar nuestras posibilidades de tener éxito.
En las ocasiones en las
que no existe afinidad o confianza, cuando los intentos de colaboración
conducen a la frustración la relación se encuentra en un “estado de
resentimiento”. En este estado de ánimo evitamos los intentos de desarrollar
una relación profesional o personal y solo procuramos colaborar
superficialmente.
El último de los estados
es el de “co-elevación”. Es en el que se basan las relaciones transformadoras y
es al que debemos aspirar llegar.
Ferrazzi propone que
una vez hayamos identificado la cualidad de nuestras relaciones debemos
asignarles un valor utilizando la escala siguiente:
- 2 Estado de
resentimiento
- 1 Estado de
resistencia
0 Estado de coexistencia
+ 1 Estado de
colaboración
+ 2 Estado de “co –elevación”
De esta forma si
identificamos personas que se encuentran en la lista de proyectos más
prioritarios pero nuestro estado de relación con ellas es bajo deberemos buscar
modos de mejorar la calidad de la misma. Este enfoque es importante porque nos
permite detectar cuáles son las relaciones principales en los proyectos más
prioritarios que necesitan que les dediquemos una atención más urgente. Cuanto más
nos acerquemos a una puntuación media de + 2 mejor lo estaremos haciendo.
La medida de las relaciones
utilizando esta metodología no hace que éstas sean transaccionales sino que lo
que muestra es la importancia que tienen cada una de ellas. Peter Drucker decía
que lo que es medido puede ser gestionado.
El autor como
conclusión, en relación con la identificación de las personas que forman parte
de nuestro equipo de acuerdo con las nuevas normas de trabajo que plantea,
manifiesta que.
A).-
Regla antigua de
trabajo: Nuestro equipo se limita a aquellos que dependen de nosotros o de
nuestro jefe.
Nueva
regla de trabajo: Nuestro equipo está compuesto por todos
aquellos, dentro y fuera del trabajo, que sean importantes para alcanzar mi
proyecto o misión.
B).- Regla antigua de
trabajo: Las relaciones profesionales se producen orgánicamente en el tiempo y
sin ningún esfuerzo consciente.
Nueva
regla de trabajo: las relaciones de trabajo deben ser
proactivas y desarrolladas de forma auténtica con las personas que forman nuestros
equipos.
Rasmus Hougaard, Jaqueline Carter y Nick Hobson en hbr.org del pasado 4 de diciembre, plantean que el
mundo está en crisis y es imperativo que los líderes ante esta situación se
muestren compasivos pero que las investigaciones que han realizado muestran que
no es suficiente.
En el contexto actual las organizaciones son conscientes del valor que tiene cuidar del bienestar de sus profesionales, pero los autores han detectado que la compasión debe ir acompañada de sabiduría para ser efectiva.
Sabiduría entendida como un liderazgo competente, que comprenda profundamente las motivaciones de las personas y cómo se pueden gestionar para alcanzar las prioridades acordadas. El liderazgo es una tarea dura y para que sea eficaz con frecuencia requiere presionar con los tiempos, ofrecer un feedback complicado, tomar decisiones difíciles que pueden decepcionar a los profesionales y en algunos casos prescindir de algunos colaboradores. Mostrar compasión como líderes no puede surgir sacrificando sabiduría y la eficiencia. El liderazgo sabio y compasivo es la capacidad de hacer las cosas con humanidad.
Los autores proponen una matriz en la que en el cuadrante 1 (arriba a la izquierda) los líderes se preocupan por las personas, lo que está muy bien , pero tienden a evitar las funciones complicadas del liderazgo como el feedback duro. En el cuadrante 3 ( abajo a la izquierda) los líderes se muestran ineficaces e indiferentes, sin compasión ni sabiduría, con los que sus seguidores consideran que son malos profesionales y que no tienen ningún interés por ellos. En el cuadrante 4 ( abajo a la derecha) los líderes ejecutan con eficacia sus objetivos de negocio pero no muestran compasión.
Si el líder tiene un grado elevado de sabiduría pero necesita desarrollar mejor su compasión puede:
1.- Tener más compasión por sí mismo. Mostrar genuina compasión por los demás comienza por tenerla con nosotros mismos. Si estamos sobrecargados y desequilibrados es imposible que ayudemos a que los demás encuentren su equilibrio. La compasión por nosotros mismos incluye , por ejemplo, dormir bien y disfrutar de descansos durante el día. Para muchos líderes significa el que dejen de mostrarse obsesivamente autocríticos y dejen de criticarse por lo que podían haber hecho de forma diferente o mejor.
2.- Comprobar nuestras intenciones antes de reunirnos con los demás. Debemos ponernos en su lugar y con su realidad en mente preguntarnos cómo podemos ser de ayuda para esa persona o personas.
Si el líder tiene un grado elevado de compasión pero debe incrementar su sabiduría puede utilizar las siguientes estrategias:
1.- Practicar una transparencia sincera. Como líderes somos responsables de facilitar la guía que las personas necesitan aunque éstas no quieran escucharla. Cuando un miembro del equipo está teniendo, por ejemplo, un desempeño deficiente el líder debe ser sincero decírselo y ver cómo puede mejorar. Si esconde sus preocupaciones en un intento de ser amable las personas no podrán entender sus expectativas ni beneficiarse de su sabiduría.
2.- Mantener una interacción directa diaria. Si la inclinación natural es hacia la compasión ser amable es nuestra zona de confort. Para incrementar nuestra sabiduría debemos intentar adoptar el hábito de mantener al menos una interacción directa y asertiva con una persona cada día. Nos ayudará a salir de nuestra zona de confort y a desarrollar mejor nuestro liderazgo con sabiduría.
3.- Dedicar tiempo diariamente a practicar técnicas de mindfulness.
Frances Frei y Anne Morriss en “Unleashed. The unapologetic leader´s guide to empowering everyone around you”, que estamos comentando, plantean que para
desarrollar a los colaboradores es necesario que los líderes actúen con
justicia.
Liderar con justicia implica
conseguir una complicada mezcla de fortaleza y empatía, de autoridad y sentido
del deber.hacia los demás. Las autoras defienden la premisa de que los líderes
son más eficaces al “empoderar” a los demás cuando crean un contexto que
describen como de altos estándares y profunda devoción.
La mayor parte de los
líderes gravitan hacia la fidelidad o severidad. Para descubrir cuál es nuestro
patrón podemos hacernos las siguientes reflexiones en relación con:
A).-
FIDELIDAD: ¿Quién ocupa un lugar privilegiado en nuestras
vidas, pero paga un precio muy bajo por hacerlo?, ¿Quién obtiene lo que quiere
de mí (estatus, libertad, regalos, etc) con relativamente pocas condiciones a
cambio? Puede que sea nuestro jefe o un compañero con el que hemos trabajado
durante mucho tiempo. Tenemos que ser conscientes de si protegemos regularmente
a alguien de las crudas realidades como por ejemplo, de lo que los demás
experimentan con ellos.
B).-
SEVERIDAD: ¿Quién está recibiendo la versión más dura de mí?
¿La más impaciente e intolerante con los fallos e imperfecciones? Puede ser que
sintamos que tenemos la misión de enseñar a alguien lo que es la
responsabilidad personal, pero normalmente, independientemente dela
racionalidad de nuestra conducta, esta severidad puede implicar que estamos
dedicando demasiado tiempo a justificar nuestro comportamiento.
C).-
ABANDONO – DESCUIDO: ¿Qué nombre tenemos dificultades para
recordar?, ¿A quién hemos considerado que no merece la pena dedicar nuestro
tiempo y atención? Podemos pensar que los afectados no perciben que queremos
relegarlos pero si lo hacen, Los líderes deben procurar tener este cuadrante lo
más pronto posible.
D).- JUSTICIA: ¿Quién
muestra cerca de nosotros la mejor versión de si mismo con sinceridad y tiene
ganas de crecer y hacer un trabajo excelente?, ¿Cómo me siento cuando estoy
cerca de estos colaboradores? Si nos sentimos como superhéroes es un indicador
de que actuamos con justicia, ya que las personas crecen en nuestra presencia
porque experimentan nuestra convicción de lo que esperamos de ellos.
Este ejercicio es útil
para intentar conocer cómo nos pueden percibir los demás. La mayor parte de
nosotros nos encontramos en el cuadrante de justicia cuando lo consideramos
emocionalmente conveniente. Abrazamos la justicia cuando las condiciones son
óptimas y por ejemplo no nos va a producir la situación muchas molestias, pero
esta convergencia de circunstancias raramente coinciden con nuestras mayores
oportunidades para liderar.
Lo verdaderamente importante
en relación con nuestra habilidad para “empoderar” a los demás” es nuestra capacidad para movernos hacia la
justicia en el momento en que puede marcar una diferencia.
El primer paso en el
camino hacia nuestro desarrollo como líderes consiste en abandonar una serie de
creencias estrictas sobre quiénes somos y más importante aún, sobre quiénes no
somos. Debemos ponernos en disposición de cuestionar las reglas que hemos
escrito para nosotros sobre las líneas duras y los límites de nuestra
identidad. En relación con el liderazgo tendemos a tener patrones y
preferencias pero es raro que estemos atascados, por ejemplo, en la severidad
inflexible. Lo normal es que dependa de la situación.
Todos poseemos la
fortaleza para liberarnos de las identidades de liderazgo que hayamos tenido en
el pasado para evolucionar hacia la justicia, superando las tensiones y
dificultades que tendremos que experimentar en el camino y con el horizonte de
ser capaces de “empoderar” a los demás.
Las autores proponen
una serie de recomendaciones para marcar una serie de estándares elevados.
Estas son:
1.- Establecer
proyectos de grupo. Si tenemos problemas con la fidelidad una forma indolora de
comenzar es elevando el estándar colectivo. Para ello debemos reunir a nuestro
equipo y describir sus metas y las razones de nuestras nuevas expectativas.
Procurar decidir juntos cómo alcanzar las metas compartidas y cómo quiere el
equipo ser responsable y evaluado por los resultados alcanzados.
2.- Celebrar los
éxitos. De forma pública reconocer a las personas que hacen lo que se espera de
ellas utilizando palabras sinceras. Conseguir que quede claro para todos cómo
pueden recibir el reconocimiento.
3.- Tratar a los demás
como si ya fuesen lo mejor que pueden llegar a ser. No debemos mantenernos solo
abiertos a la idea de que alguien puede evolucionar algún día. Debemos asumir
que ya lo ha hecho, por ejemplo asignándoles un proyecto complicado y
explicándoles que solo si dan lo mejor de sí mismos lo van a conseguir. Tenemos
que hacer cualquier cosa que demuestre que el futuro ya está aquí.
4.- Pedir a los profesionales de alto desempeño que
ayuden a sus compañeros a través de actividades como coaching o mentoring.
5.- Realizar reuniones
de seguimiento y de evaluación para discutir lo que se podía haber hecho mejor
como equipo, aunque las cosas hayan ido bien.
6.- Establecer mejores
metas utilizando por ejemplo el enfoque SMART que pide que los objetivos sean
específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con un tiempo definido.
7.- Transmitir nuestras
expectativas. Comunicar a todos los que nos rodean lo que queremos lograr en un
nivel de detalle acorde con la relación.
8.- Eliminar las
ineficiencias. Dejar claro que el tiempo es demasiado valioso como para
perderlo. Descubrir qué es aquello que
los colaboradores se resisten a hacer por temor y aliviar sus miedos.
9.- Actuar con coraje,
como por ejemplo hacer algo que no hemos hecho nunca para dejar claro que las
creencias y normas pueden cambiar empezando por nosotros.
10.- Ser el ejemplo.
Ser un modelo de los estándares y conductas que queremos que adopten los que
nos rodean.
Cuando nos encontramos
que hemos caído en la negligencia tenemos esencialmente dos posibilidades:
invertir en la relación o respetuosamente acabar con ella. Mantener una
situación de indiferencia y descuido con respecto a los demás es generalmente
una opción tóxica para nosotros y para los demás. Un patrón de negligencia que
se observa es la decisión subconsciente de ignorar a alguien de quien nos
tenemos que separar pero que todavía está en nuestro ecosistema y por ejemplo
procuramos aislarnos de la incomodidad del proceso de separación deshumanizando
a la persona, a veces hasta con pequeños gestos como evitando el contacto
visual.
El camino de la
negligencia a la justicia puede parecer muy largo, pero como la mayor parte de
las elecciones que transforman nuestra experiencia, puede ser atravesado en un
instante. Depende de nuestra decisión.
Las autoras sugieren
las siguientes acciones para transmitir nuestro compromiso:
a).- Prestar nuestra
total atención, por ejemplo dejando nuestros móviles atrás. En un mundo en el
que las distracciones tecnológicas son la norma el conceder a alguien nuestra
atención completa es una de las mejores señales de que nos preocupamos. Debemos
utilizar estos aparatos para acercarnos a las personas que están distantes no
para alejarnos de las que tenemos cerca.
b).- Mostrar curiosidad
e interés por las vidas de los que nos rodean. Preguntarnos por ejemplo, las
razones por las que nuestros compañeros han hecho determinadas elecciones o qué
es lo que les ha sorprendido o deleitado en el camino. Si no sabemos cómo
iniciar la conversación podemos comenzar pidiendo que nos hablen sobre sí
mismos.
c).- Experimentar la
realidad de los demás. Asumiendo que sabemos lo que nuestros colaboradores
hacen durante el día es frecuente que caigamos en el cuadrante de la severidad
y pensemos que no están haciendo las cosas correctas. Debemos encontrar la verdad
con una indagación activa que nos permita ver si dedican su tiempo a
actividades no óptimas para ayudarles a priorizar mejor.
d).- Preguntar cómo
podemos ayudar.
e).- Ayudar de forma
proactiva. Por ejemplo si vemos que alguno de los miembros de nuestro equipo
tiene una sobrecarga de trabajo seleccionar una de sus tareas que más
frustración le ocasione y pedirle que deje de asumirla.
f).- Ofrecer a los
colaboradores algo que comer o beber para crear momentos agradables.
g).- Facilitar tiempo
para el descanso y no pretender que el equipo trabaje sin pausas.
h).- reconocer que
existe vida fuera del trabajo, minimizando los requerimientos fuera del horario
laboral.
i).- Demostrar gratitud
sincera y específica. Agradecer a alguien por algo que hace nuestra vida mejor.
Ser específico sobre la acción y sus efectos y cómo su decisión ha marcado una
diferencia.
j).- Utilizar menos “yo” y más “nosotros”. El lenguaje importa de
forma que puede moldear realidades. Para comenzar debemos contar el número de “yo”
y “mi” afirmaciones que hacemos en el día. Reemplazarlas por un número adecuado
de “nosotros”.
Art Petty, coach y autor de Management Excellence Blog , en SmartBrief on Leadershipdel pasado 30 de noviembre, plantea que los directivos y mandos intermedios deben
conjuntar la visión y estrategia con la ejecución y los resultados, conseguir
que las ideas cobren vida con y a través de los demás, promover el aprendizaje,
guiar el desarrollo de los demás. Por tanto resulta imperativo gestionar
adecuadamente el desarrollo de este colectivo y la responsabilidad de ello
recae en la alta dirección.
El autor propone una serie de recomendaciones a los altos ejecutivos para apoyar mejor a sus directivos. Entre ellas tenemos:
a).- Afronten cada encuentro con sus managers con el patrón mental de identificar oportunidades y reconocer y promover el crecimiento.
III.- AYUDAR AL DESARROLLO DE LOS DIRECTIVOS EN ESTAS ÁREAS FUNDAMENTALES