Jonathan B. Smith y Derek Gaubt en “Fight less. Win
More. How
master negotiators influence hearts, minds and deal”, plantean que estamos
negociando continuamente y que las emociones son las que mueven la toma de decisiones.
En una negociación no controlamos las emociones con lógica, ni ganamos argumentando
fuertemente. Ganamos si hacemos que la otra parte se sienta comprendida.
Con frecuencia pensamos
que negociar es algo que ocurre cuando dos personas se reúnen para alcanzar un
acuerdo o cuando un negociador intenta solucionar, por ejemplo, un secuestro.
Pero en realidad, una negociación es cualquier interacción en la que alguien desea
o necesita algo. En ocasiones puede ser una sola parte la que necesita algo y
en otras ambas partes.
Seamos conscientes o no, nuestro día está compuesto por una serie de negociaciones o como con frecuencia
se pueden considerar conversaciones sensibles. Se utiliza este término porque siempre
que alguien desea o necesita algo se desencadenan emociones negativas. Desear
algo de alguien hace que nos sintamos vulnerables porque esa persona tiene el
poder de hacer realidad o no nuestro
deseo. Por otro lado el que alguien desee algo de nosotros nos hace sentir
amenazados porque dárselo puede implicar perder algo valioso, aunque sea solo
nuestro tiempo o atención.
En el momento en el que
“quiero” o “necesito” está en la mente de alguien esa persona instintivamente se
prepara para protegerse, razón por la que las conversaciones sensibles pueden
ser una enorme fuente de estrés. Lo que no sabemos es que este enfoque típico
ante conversaciones sensibles es lo que amplifica mucho dicho estrés.
El enfoque típico
consiste en centrarnos en lo que queremos y utilizar datos, lógica y razonamientos para convencer
a la otra persona para que no dé lo que deseamos. Y si fracasamos el recurrir a
tácticas menos aceptables como adoptar actitudes pasivo-agresivas o utilizar súplicas, bullying o gritos.
Superficialmente esta
parece ser la forma sensata de abordar la situación, ya que cómo vamos a poder
conseguir lo que queremos si no nos centramos en ello y cómo van a entender lo
que nos deben dar si no se lo explicamos. En la práctica este enfoque aliena a
la otra persona y hace que sea difícil si no imposible que obtengamos el
resultado que deseamos. Y, aunque si lo logremos, la relación con frecuencia se
daña porque la otra parte queda con un “mal sabor de boca”., lo que fomenta el
resentimiento que va a facilitar que cualquier futura negociación con esa persona
sea más complicada. Si examinamos las conversaciones sensibles que hemos
mantenido, especialmente las que se repiten con frecuencia, comenzaremos a
reconocer este patrón: cuanto más nos esforzamos por convencer y explicar, más
se resiste la otra persona. Es un círculo vicioso que deja a ambas partes
frustradas y arriesga el mantenimiento de la relación.
Por tanto, el primer
paso en cualquier negociación consiste en hacer que la otra persona se sienta
oída y comprendida. Esta es la esencia de la empatía táctica, que consiste en
la aplicación calibrada de la inteligencia emocional para ser capaz de reconocer y expresar la perspectiva de la otra
parte. Podemos pensar que es el arte y la ciencia de influir en los demás, articulando
lo que están sintiendo y pensando, sin que necesariamente estemos de acuerdo,
en desacuerdo o simpaticemos con ellos.
La simpatía y la
empatía son cosas distintas. Cuando simpatizamos sentimos lo que sienten,
cuando mostramos empatía vemos lo que ven y, por tanto entendemos su perspectiva estemos de acuerdo o no. La simpatía puede llegar a entorpecer una
negociación, mientras que la empatía es esencial.
La diferencia entre la
empatía en general y la empatía táctica es que en general la empatía consiste
en ver las cosas a través desde el punto de vista del otro. La empatía táctica
utiliza esa perspectiva para hacer que la otra persona se sienta comprendida,
facilitando el que se comunique y colabore productivamente con nosotros.
La empatía táctica nos
permite abordar las conversaciones sensibles de una forma que se centre
en las necesidades expresadas y no expresadas de la otra parte, tanto como en las
nuestras, para así, fortalecer nuestras
relaciones en vez de minarlas. No solo
va a ampliar nuestras posibilidades de obtener lo que deseamos, sino que va a
hacer que la otra persona se sienta escuchada y abierta a acuerdos con
nosotros. Construye una relación sana basada en el mutuo respeto y en la
confianza que va a aportar numerosos beneficios. Para empezar todas nuestras
futuras negociaciones, conversaciones, interacciones y compromisos con esa
persona van a ser más agradables y menos estresantes. Pero más aún, una
relación sana puede darnos acceso a apoyos, recursos, conexiones y oportunidades
que de otra forma estarían fuera de nuestro alcance.
De muchas maneras la
empatía táctica contradice muchas de las cosas que todos hacemos naturalmente.
Estamos programados para ver el mundo a través de nuestra propia perspectiva. Estamos
constantemente inmersos en lo que observamos, pensamos y sentimos y lo que pasa
dentro de las cabezas de los demás constituye un misterio, en comparación. Se
necesita una enorme cantidad de habilidades, esfuerzos y atención para entender
sinceramente el punto de vista de otra persona, por lo que no debe
sorprendernos que rara dediquemos tiempo a intentarlo.
Al mismo tiempo todos
sentimos el fuerte deseo de que otra persona nos comprenda. No es solo
psicológico, es biológico. Cuando no nos sentimos comprendidos en una
conversación la otra persona se puede convertir en una amenaza, ya que no nos
entiende por lo que puede actuar contra nuestros intereses. Esta percepción
desencadena una respuesta de estrés con todos los efectos a nivel hormonal y psicológico
que acompañan a esta respuesta. Por ejemplo, podemos comenzar a pensar con menos claridad o a malinterpretar
las palabras y los hechos o a reaccionar
de forma exagerada.
Cuando nos sentimos
comprendidos ocurre lo opuesto. Nuestras mentes liberan hormonas que nos hacen
sentirnos relajados, recompensados y más cerca de la otra persona. Comenzamos a
confiar en ella y nuestras mentes se abren a recibir y procesar nueva
información. Nos sentimos más inclinados a compartir información y nuestro
juicio no está ya enturbiado por emociones negativas.
De esta forma podremos
negociar con una persona que está serena y abierta a nuestra perspectiva, en
lugar de a la defensiva y cerrada.
Hasta que no seamos
conscientes del valor que tiene el hacer que la otra persona se sienta
escuchada, ésta no estará interesada en nada que le queramos decir, pero en el
momento en el que satisfacemos esta necesidad universal estamos abriendo la
puerta a un nuevo nivel de comunicación y colaboración.
Este concepto hace que
cambiemos la forma en la que interactuamos con el mundo, ya que nuestro instinto
de juzgar y saltar a conclusiones se verá reemplazado por la curiosidad. En lugar
de interpretar lo que las personas dicen y hacen sin ningún análisis,
comenzaremos a buscar las motivaciones no manifestadas que se encuentran detrás
de sus comportamientos: las emociones, creencias, deseos y temores que desean
desesperadamente que entendamos pero que no nos están expresando.
La belleza de la empatía
táctica es que permite que nos mostremos
extraordinariamente asertivos y directos sin ofender a las personas. Nos
permite decir a alguien que pare o que basta ya sin que sienta que su orgullo
ha sido indultado o transmitir malas noticias, desacuerdos o criticas de forma
que sean aceptadas. Si somos una persona contundente que con frecuencia
conseguimos que nuestras palabras despierten resistencia, ira o dolor en los demás
la empatía táctica sirve para transmitir los mensajes que deseamos de forma mas
eficaz. Si somos una persona muy sensible que evita los mensajes directos ante
el temor de herir a los otros, nos va a ayudar a decir lo que tenemos que
decir.
Podemos pensar que la empatía
táctica tiene muchas similitudes con la manipulación,
pero son diferentes , ya que como sabemos la diferencia entre influencia y manipulación
está
en la intención y que para que la empatía funcione debe ser genuina. Si pensamos que
podemos fingir curiosidad e interés por otras personas para lograr que hagan lo que
queremos, debemos pensarlo muy bien, ya que las personas pueden detectar a un
farsante con facilidad. Utilizar este
tipo de empatía sin sinceridad puede dañar las relaciones mucho mas que el no hacer nada. Puede
parecer una ironía que para tener mas
influencia sobre otras personas tengamos que mostrarnos mas considerados, comprometidos y respetuosos.
La empatía táctica puede
parecer que tiene unos resultados a muy largo plazo, ya que lleva tiempo
descubrir cuales son las verdaderas motivaciones de las personas , pero se
trata no de obtener lo que queremos en el momento, sino de construir una buena relación
con el otro para establecer una adecuada colaboración.






