Manfred F.R. Kets de Vries
en INSEAD Knowledge del pasado 16 de enero plantea que el juego no es solo
importante para los niños; es una habilidad necesaria para la supervivencia de la creatividad, resiliencia e innovación.
El juego con frecuencia se rechaza
como algo frívolo. Se considera como un dominio de la infancia o como algo que
debe estar parcelado dentro del ocio de los fines de semana. Pero el estudio de
la evolución de los seres humanos dice otra cosa: el juego es tan antiguo como
la civilización, es una herencia cultural.
Los psicólogos valoran el
juego porque a través de él aprendemos no solo a sobrevivir, también a ser. En
la actualidad, sin embargo, el juego se trata como si fuese un postre,
considerándose como una recompensa tras la realización de un trabajo “verdadero”.
Pero, quizás es lo contrario: quizás el juego es el trabajo real y el verdadero
origen dela creatividad, empatía e innovación.
La civilización nos ha aportado cosas muy buenas como los antbióticos , la
luz artificial o los móviles, pero también agendas demasiado llenas y, por
ejemplo, el temor de no estar al día de todas las notificaciones recibidas. Al
perseguir la productividad hemos podido ir perdiendo aquello que le da color a
la vida: el juego.
La ausencia del juego no es solo una pérdida, sino que puede suponer un
riesgo para la salud: burnout, estrés crónico y otras enfermedades derivadas de
nuestro estilo de vida con frecuencia se pueden atribuir a una ausencia de juego.
Diversos estudios ligan la actividad social con algunos elementos de juego a la
disminución de estrés y reducción de la sensación de agotamiento y cinismo,
mientras se incrementa la innovación. Con casi un 79% de trabajadores
mencionando estrés crónico en el trabajo como un grave problema, el juego
parece que puede empezar a considerarse menos como una diversión y más como un
amortiguador del burnout.
Parece que al crecer vamos perdiendo en algún momento nuestra capacidad de
imaginación y entramos en mundos de lógica y seguridad, olvidando que la
espontaneidad era nuestro lenguaje. Pero quizás lo que hemos hecho es en realidad
es enterrar nuestra capacidad de juego bajo calendarios y normas, asomando, en
ocasiones, por ejemplo, cuando improvisamos al cocinar o cantamos en la ducha o
hasta cuando nos atrevemos a introducir un comentario lleno de humor en un entorno
serio. Cuando lo hacemos en lugar de reconocer que lo estamos hacienda sin
tener ninguna razón aparente, tendemos a buscar una explicación como “he tenido
un día duro y necesito recargarme” o “necesito energía para mañana”.
El juego no es el caos disfrazado. Se escoge libremente, pero tiene sus
reglas. Para navegar en este mundo el autor propone utilizar las cuatro M del
juego.
1.- Me-time (tiempo para mí)
Consiste en hacer algo simplemente porque deseamos hacerlo, libre de
agendas o juicios. El juego comienza aquí en este espacio de libertad. Para los
niños puede ser el hacer dibujos o manchas hasta rellenar una hoja y para los adultos puede ser dar un
paseo sin rumbo o pintar o hacer de jardineros sin un fin claro.
2.- Hacer creer ( Make-believe)
Consiste en abrir la puerta a la imaginación. Los niños pequeños lo hacen
diariamente y un sofá se convierte en un fuerte o una cuchara en una espada. Sabemos,
en estas situaciones, que una cosa no es real pero actuamos como si lo fuese. Esto
es el juego en su estado más puro. Los adultos lo hacemos cuando improvisamos
en role playing o en obras teatrales o cuando soñamos despiertos soluciones
para problemas.
2.- Dominio (Mastery)
Consiste en el impulso de mejorar en algo que nadie nos ha pedido que
hagamos. Port ejemplo los niños construyendo castillos de arena saben que la
diversión se encuentra en el proceso, no en el producto. Fallar no supone
ninguna vergüenza, puede ser emocionante, convertirse en un reto a superar. Los
adultos experimentan el gozo de dominar algo cuando aprender a tocar un
instrumento o practican un deporte solo por la satisfacción que les produce,
por ejemplo.
4.- Significado (Mreaning)
Une al resto. El juego nos ayuda a intentar que el caos tenga un sentido y a
probar identidades y códigos morales. Mejor aún ensayamos los dramas que nos
ofrece la vida. Para los adultos puede ser a través de role playing,
storytelling hasta utilizando la sátira.
El juego nos permite procesar muchas emociones en una forma que una charla, por
ejemplo, no nos permite. También nos ayuda a entender lo que crea un verdadero
significado en nuestras vidas.
A través del juego cultivamos la empatía y la resiliencia, pero en el
camino a la madurez lo vamos olvidando y nos decimos que el juego es una
actividad infantil y cambiamos el disfrute por la eficiencia y lo llamamos
responsabilidad.
Sin el juego que permanece: rutina, un camino sin alegría hacia las métricas,
…Lo opuesto al juego no es el trabajo, es el burnout, la desesperanza o la resignación. Por tanto,
si el juego es tan importante para nuestro bienestar quizás la acción más
adulta que podemos abordar es recuperar el juego y volver a conectar con más
curiosidad, y por ejemplo en el caso de los ejecutivos a no cerrarse en la
competición sino abrirse a la exploración, conociéndose mejor a sí mismos y a
los demás. Cuando los líderes redescubre el juego los efectos son manifiestos:
los equipos experimentan con más libertad, las reuniones son menos tensas, la
innovación crece y los líderes aprenden a , escuchar con curiosidad en lugar de
con cálculo. El juego aunque esté envuelto en el absurdo, no es escapismo, es
supervivencia.





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