domingo, 7 de junio de 2026

LA CIENCIA DEL LIDERAZGO: EL LIDERAZGO RELACIONAL

 


Jeffrey Hull Margaret Moore en “The science of leadership. Nine ways to expand your impact” condensan los aspectos más destacados de las investigaciones sobre el liderazgo en 9 capacidades distintivas. Las tres  primeras: liderazgo consciente, liderazgo auténtico y liderazgo ágil  las hemos analizado en entradas anteriores. La cuarta es:

IV.- LIDERAZGO RELACIONAL

El líder relacional se centra en cultivar relaciones de alta calidad. Con respeto busca la sintonía y crea confianza al empatizar con las experiencias de los demás a través de la escucha de alta calidad. Procura entender los pensamientos y emociones de las personas y lo que es significativo e importante. Acepta y disculpa las limitaciones y errores de los demás y encuentra la mejor forma de ayudarles sin ningún interés personal, ni de dominación o control.

La empatía es la base de las relaciones de alta calidad en el trabajo y en cualquier otro entorno. Mientras la empatía cognitiva implica entender las perspectivas y pensamientos de los otros, la empatía emocional requiere el deseo de reconocer y resonar con estados emocionales ambiguos, tales como la ansiedad y el miedo. Reconocer las emociones no trata de que deban resolverse inmediatamente, sino que se identifican y se admiten. Al hacerlo se crea un espacio para que los equipos se sientan escuchados y valorados.

Es importante centrarse en las relaciones de los líderes a múltiples niveles ( diádicas, de equipo o de la organización, por ejemplo). Las buenas relaciones se van a obtener a través de la escucha adecuada, la empatía, la confianza, la seguridad psicológica y las conexiones. Poner a las personas primero resulta complicado para muchos líderes porque éstos están sometidos a muchas demandas, como la necesidad de conseguir que se hagan las cosas, mantener el rumbo hacia las metas, etc. Resulta más sencillo pasar por alto a las personas para dedicarse a las tareas y metas, especialmente en situaciones de presión o de estrés, en lugar de primero conectar como seres humanos que comparten el momento presente.

Relacionarse con los demás como líderes es un ejercicio de agilidad mental que implica moverse de la corteza frontal, centrada en las tareas , a la conexión centrada en el corazón y la empatía.

La inteligencia emocional en el campo del liderazgo tiene un componente llamado gestión de las relaciones. Daniel Goleman en su libro sobre inteligencia emocional en el liderazgo habla de cómo los buenos líderes utilizan las habilidades relacionales para influir e inspirar a los demás: “Las personas tienden a ser muy eficaces manejando relaciones cuando pueden entender y controlar sus propias emociones y pueden empatizar con los sentimientos de los demás….Estas personas son unas persuasoras expertas, una manifestación de autoconocimiento, autoregulación y empatía combinadas…..La motivación cuando es visible públicamente las hace ser  excelentes colaboradoras, su pasión por el trabajo se extiende a los demás y les dirige a buscar soluciones.”

Helen Riess , investigadora sobre la empatía, señala que la historia de la empatía comenzó con la palabra alemana einfühlung, que es es el  sentimiento de resonancia emocional que sentimos ante una obra de arte. Más tarde Theodore Lipps amplió su significado para incluir la resonancia con otra persona. El filósofo Martin Buber llevó la empatía un paso más adelante, más allá de la resonancia humana hacia la expresión de respeto y preocupación. Resulta que la resonancia con el otro se muestra como la imitación de actividad neuronal, como si nosotros estuviésemos experimentando algo de lo que el otro experimenta

Guowei Jian en “From empathic leader to empathicleadership practice", amplia el rol de la empatía más allá de los momentos de comprensión de las perspectivas del otro (empatía cognitiva)  y de cómo se sienten (empatía emocional) a una empatía que es un proceso continuo por el que las relaciones se desarrollan y sostienen. Empatía sería relacionarse y relacionarse sería empatía. Este proceso de dos sentidos de relación y empatía es virtuoso porque integra las auténticamente buenas intenciones de la generosidad ( prestar la atención sin distracciones), de cuidado ( preocupación o atención vigilante) y de responsabilidad ( sentirse responsable del bienestar del otro en el trabajo).

Jeffrey Yip y Colin Fisher han analizado diversos estudios sobre la escucha en las organizaciones y concluyen que la escucha de alta calidad reduce la ansiedad y la actitud defensiva, aclara sus actitudes y genera más revelaciones y nuevas perspectivas. Los mejores oyentes se consideran mejores líderes y más influyentes.

Existe un coste para las personas que escuchan bien y es el esfuerzo cognitivo y motivacional que dedican a escuchar, lo que puede pasar factura, especialmente en situaciones con gran carga emocional. Escuchar a las personas desahogarse es particularmente costoso para los que escuchan. Los coaches marcan unos límites al desahogo, permitiendo unos pocos momentos para las quejas y críticas, para pasar, después, a la detección de fortalezas y a la generación de nuevas perspectivas.

Una creencia falsa que es difícil que los líderes ignoren, es la de que el tiempo empleado en escuchar a sus profesionales, si están frustrados o estresados, es un tiempo perdido. Es un gran error. Emplear solo unos pocos momentos para mostrar nuestra dedicación, por ejemplo estando disponibles, apoyando y mostrándose pendientes sinceramente de los esfuerzos y luchas del equipo, va a hacer que el líder sea más influyente.

Las personas que saben escuchar bien se centran en el mensaje del otro (prestan atención), adoptan el marco de referencia cognitivo y emocional del otro ( le comprenden),  con una actitud benevolente ( de acuerdo con los propios valores) de ayudar al otro para que pueda ver y resolver los problemas por él mismo.

Los comportamientos de los que saben escuchar incluyen la escucha reflexiva, reflejar emociones (por ejemplo: “Pareces preocupado”), hacer preguntas relevantes, pedir aclaraciones o repeticiones cuando sea necesario, mostrar una actitud no crítica moralmente, utilizar el silencio con eficacia, hacer preguntas sensibles y mostrar señales verbales y no verbales de nuestro interés.

Comportamientos malos para la escucha son: cambiar el tema de la conversación, utilizar un tono que transmita impaciencia, interrumpir, ofrecer un consejo no solicitado, realizar otra tarea como mirar al móvil, mostrar signos de desinterés físicos o elevar las cejas para mostrar escepticismo. Estas señales de escasa escucha indican que el que debería estar escuchando no respeta al otro y que está preparando su respuesta,   en lugar de estar centrado en el mensaje de su interlocutor.

Los autores recomiendan las siguientes prácticas para lograr desarrollar las capacidades para escuchar bien:

1.- Las tres P de la escucha:

a).- Presencia (liderazgo  consciente)

Prepararnos para escuchar bien: hacer una pausa para serenarnos, para estar presentes y más disponibles mentalmente, emocionalmente y físicamente. Apartar o dejar atrás cualquier distracción (móviles, etc…). Utilizar un tono de voz cálido y tranquilo. Ya sea en vídeo o en persona, prestar atención a nuestro lenguaje corporal, postura, contacto visual y expresión facial. Dedicar más tiempo a escuchar ( aproximadamente el 80% del tiempo), que a hablar. Hacer preguntas abiertas y dejar tiempo para el silencio.  

b).- Perspectiva (liderazgo ágil)

Prepararnos para mostrarnos abiertos y curiosos, reflexionar sobre de dónde venimos antes de comenzar la conversación. Preguntarnos si tenemos una posición fuerte u opinión sobre el tema. Si lo tenemos debemos dejar a un lado reflexivamente nuestros sentimientos para aceptar y explorar, con curiosidad la posición del otro.

c).- Propósito ( liderazgo auténtico)

Reflexionar sobre nuestros porqués ( el propósito) y  sobre el  mejor rol a utilizar para servir a éste. Preguntarnos si será de más ayuda actuar como un mentor, un profesor, un consejero, un amigo, etc. Tenemos muchas formas de ayudar. Decidir el mejor rol a emplear, más allá del de líder, y las causas es un enfoque útil. Luego podemos ser transparentes y abiertos sobre nuestro propósito y rol, lo que va a reforzar la confianza y el apoyo percibido.

2.- Aclarar y guiar el camino

Esta práctica va dirigida a que podamos ayudar de forma efectiva , evitando caer en la trampa de la microgestión:

a).- Escoger el momento adecuado

Practicar para prestar atención a cuál es el momento adecuado para implicarnos para aconsejar o hacer de coaches. Demasiado pronto puede parecer controlador o dominante y demasiado tarde asfixiante para los subordinados. Si mantenemos relaciones sólidas con nuestro equipo es bueno hacer explícito que estamos disponibles para apoyarles y pedirles que nos hagan saber cuándo pueden necesitarnos.

b).- Explicar qué el rol del líder es ayudar

Al estar en una posición de poder como líder, puede que no siempre sea obvio para los subordinados que nuestra intención como líderes es ayudar. Explicitar esta intención puede reforzar el sentido de autonomía y de seguridad psicológica de los miembros del equipo. No se trata de tomar el control, de tratar de rescatar ni de forzar nuestra autoridad, sino de ofrecer apoyo, cuando sea necesario.

c).- Comprender las necesidades de las personas

Prestar especial atención a entender lo que necesitan los individuos a los que tratamos de ayudar. Cada persona es única. Algunos agradecerán más apoyo, coaching o implicación. Otros pueden desear saber que estamos dispuestos a apoyar, pero prefieren ellos tomar la iniciativa y buscarnos solo cuando necesiten realmente nuestra ayuda.

 

 

 

 

 

 

miércoles, 3 de junio de 2026

CLAVES PARA ELEVAR LA MORAL BAJA EN LA ORGANIZACIÓN

 


Ashley C Jordan en Pshycology Today del pasado 28 de mayo plantea que la mayor parte de los profesionales, debido a múltiples causas como por ejemplo crisis económicas con despidos, reestructuraciones debidas a adquisiciones o un nuevo jefe cuyas políticas y procedimientos chocan con las del departamento que debe liderar, han experimentado entornos laborales que están lejos de ser ideales. El problema es que la moral baja es como un virus que se extiende rápidamente y puede ser difícil de contener una vez se instala.

Adicionalmente una vez que la moral es baja existen pocos incentivos para sentirse comprometidos o para hacer nuestro mejor trabajo. La productividad se resiente, exacerbando potencialmente problemas dentro de la organización y creando un ciclo de feedback negativo, expresión de la insatisfacción de los empleados y ocasionando unos resultados pobres.

Según Ronald Heifetz y sus compañeros del Harvard Kennedy School la solución puede tener más matices de los que originalmente podemos pensar. Uno de los mayores errores de liderazgo en estas situaciones consiste en tratar el problema como un reto técnico. Un reto técnico es aquel que tiene soluciones conocidas.

Pero con frecuencia los retos son adaptativos que son aquellos cuya solución no es conocida  inmediatamente y que con frecuencia requieren enfoques novedosos, perspectivas distintas y mayor aportación de otras personas.

Si la moral está baja porque se han producido despidos y la seguridad laboral está en cuestión ningún procedimiento o política  nueva va a ayudar a solucionar el problema  de un día para otro, sino que va a llevar tiempo.

Afortunadamente los investigadores sobre el tema ofrecen un camino para navegar las situaciones donde una solución clara puede no existir. Éste es el siguiente:

1.- HACER UNA PAUSA

Resistir la urgencia de hacer cambios inmediatamente. Remediar desafíos adaptativos complejos en el entorno laboral requiere tiempo. Comenzar realizando una evaluación sincera de la situación. Heifetz utiliza la analogía de un salón de baile, que es donde ocurre la acción, pero el mejor primer movimiento es dar un paso hacia atrás e ir de la sala de baile al balcón. Desde esta posición podremos observar el problema desde un punto de vista más elevado. Cuando no estamos en medio de la acción determinadas dinámicas que intervienen en el problema pueden hacerse visibles. Esto no quiere decir que debamos abandonar el baile ya que deberemos volver al salón para responder, decidir y gestionar. Pero debemos dedicar un tiempo para dar un paso  hacia atrás y retirarnos momentáneamente.

2.- EMPODERAR A LOS PROFESIONALES

Los retos adaptativos los resuelven mejor las personas que los están viviendo, no los líderes actuando para hacerlo. Una de las mejores cosas que puede hacer un líder es crear un entorno en el que los profesionales se sientan cómodos expresando sus ideas, ya que éstos son los que mejor conocen los sistemas o tecnologías que utilizan. Los directivos con frecuencia están muy alejados de las realidades cotidianas. Los empleados de primera fila con frecuencia están mejor posicionados para describir lo que sucede y para sugerir cambios que sean beneficiosos.

3.- ACEPTAR LA INCOMODIDAD

Intentar ir analizando distintas partes de un problema puede resultar muy incómodo. Pero es un error que los líderes comiencen a lanzar soluciones al problema antes de que éste se comprenda y diagnostique adecuadamente. Heifetz y sus compañeros se refieren a esta zona productiva de desequilibrio como “un estado que crea la suficiente incomodidad para inducir el cambio pero no tanto que induzca a la lucha, la huida o la congelación”.

Desde esta perspectiva si elevamos la temperatura demasiado rápido los empleados pueden entrar en una respuesta inducida por el miedo que conduce a resultados improductivos. Pero si no enchufamos el calor aunque sea un poquito existe poca motivación para el cambio. Los líderes hábiles permiten que las personas estén en una zona incómoda durante el tiempo suficiente para que el verdadero aprendizaje y la adaptación se produzcan, sin permitir que ese disconfort se torne destructivo.

Elevar la moral baja es un reto complejo que no tiene una solución fácil que encaje en todos los casos. Pero los líderes más eficaces son aquellos que no tratan de resolver los problemas adaptativos con soluciones técnicas. Dan un paso hacia atrás para contemplar la situación en su totalidad, hablan directamente con las personas implicadas y de forma reflexiva sopesan las opciones, en  lugar de poner “tiritas” en un tema , que así va a resurgir por otro lado.

Quizás lo más importante es que utilizan su influencia para crear una cultura de pertenencia, una en la que las personas se sientan seguras de poder señalar los problemas, de mostrar su desacuerdo con las decisiones y de dar voz a sus opiniones. Al proactivamente incluir puntos de vista diversos, fomentando la participación de todos y al pensar de forma crítica en soluciones innovadoras, los líderes tienen más oportunidades de tener éxito.

 

domingo, 31 de mayo de 2026

EL PODER DEL LIDERAZGO POSITIVO: LA IMPORTANCIA DE LA CULTURA Y LA VISIÓN

 


Jon Gordon en “The power of positive leadership” plantea que los líderes se enfrentan a todo tipo de desafíos, adversidades, negatividades e intereses. Que habrá momentos en que sientan que no pueden más y días en los que su visión les parezca más una fantasía que una realidad. Para superarlo es esencial hacerlo desde un liderazgo positivo.

Utilizar un estilo de liderazgo positivo no  significa pretender que la vida esté llena de unicornios y arco iris. El liderazgo positivo no trata de una positividad falsa o tóxica. Es la esencia real que hace que los grandes líderes sean grandes. Los pesimistas no cambian el mundo. A través de la historia vemos que son los optimistas, los creyentes, los soñadores, los que actúan y los líderes positivos los que tienen un mayor impacto y cambian el mundo. Los líderes positivos son los que elevan a las personas a las organizaciones y el desempeño. El futuro pertenece a aquellos que creen en él y  que tienen las creencias, la positividad y el optimismo para vencer los retos para crearlo.

Los líderes positivos invierten su tiempo y energía en movilizar una cultura positiva. Crean y comparten una visión del camino que tienen por delante. Lideran con optimismo y abordan y transforman la negatividad que, con mucha frecuencia, sabotea los equipos y organizaciones. Afrontan la batalla, superan la negatividad, afrontan la adversidad y continúan moviéndose hacia delante. Dedican toda su energía y esfuerzos a unir y conectar su organización e invierten en relaciones que verdaderamente ayudan a construir grandes equipos. Creen en sus principios, en su gente en el trabajo en equipo y en el futuro. Creen en lo que es posible, por lo que actúan, conectan, crean, construyen y transforman sus equipos y organizaciones y, así,  cambian el mundo.

El trabajo más importante de un líder es impulsar y movilizar la cultura y, no una cultura cualquiera. Deben crear una cultura positiva que transmita energía a los profesionales, que promueva las relaciones y el trabajo en equipo, que facilite que las personas aprendan y crezcan y ofrezca oportunidades para que las personas realicen su mejor trabajo. La cultura lo es todo. Mueve expectativas y creencias. Las expectativas y creencias movilizan los comportamientos, éstos a los hábitos y los hábitos crean el futuro.

Crear y movilizar la cultura no se puede delegar. Crear una cultura , según Gordon, comienza con dos preguntas en relación con la organización:

·         ¿Qué queremos representar?

·         ¿Por qué queremos ser conocidos?

Una vez tengamos la respuesta a esas preguntas deberemos, como líderes,  buscar personas que encajen con esa cultura, sepan lo que representa  y la defiendan.

Crear una cultura positiva, de alto desempeño requiere algo más que palabras. Todas las organizaciones declaran que tienen una misión, pero solo las grandes cuentan con personas que la incorporan en sus vidas profesionales, ya que las declaraciones sobre la misión son inútiles si no se actúa de acuerdo con ella No importan los valores principales escritos en las webs y paredes de las organizaciones si sus profesionales no los viven todos los días en el trabajo.

El líder positivo no solo debe mostrar el camino y hablar sobre ello, debe liderar el camino. debe vivir su cultura  y saber que es una extensión de quién es como líder. Su cultura está definida por él y es creada por la esencia suya. Si no es un ejemplo y vive los valores, la cultura no tomará vida. Lo mismo ocurre en el caso de las personas que forman sus equipos y su organización. Todos crean la cultura. Los líderes definen qué representa la cultura de la organización y los profesionales que la integran definen si la apoyan o no. La cultura empieza con el líder viviéndola e inspirando y empoderando a los demás a que la vivan también.

Como líder la energía que éste pone en su equipo y cultura va a determinar su calidad. Investigaciones realizadas en la Universidad de Harvard apoyan la idea de que las emociones que sentimos son contagiosas y afectan a las personas que nos rodean. El equipo va a captar los buenos y malos estados de ánimo del líder. La actitud, energía y liderazgo son contagiosos y tienen un gran impacto en la cultura de la organización. Las grandes culturas y equipos se construyen a través de una energía positiva contagiosa, por lo que es esencial que el líder comparta estos sentimientos. Esto implica que el líder transmita el amor, la pasión, la positividad y el propósito que siente por su equipo , organización y misión. Cuando Winston Churchill estaba liderando Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial en su lucha por su supervivencia contra Hitler, las personas comentaban que parecía 20 años más joven que antes de la guerra. Durante las horas más oscuras del conflicto Churchill estaba lleno de energía ante la aparentemente imposible tarea que tenía delante de él y de su país, e inspiró a su nación con pasión y con energía contagiosa. Sus famosos discursos y palabras eran una manifestación de su fuerza y convicción internas.

Siendo la cultura tan importante los líderes no suelen centrarse en ella porque es difícil de cuantificar. Podemos medir ventas, beneficios, costes, pérdidas, etc, pero no es fácil medir la salud y fortaleza de la cultura de una organización. Crear una cultura también. es complicado, requiere mucho tiempo, esfuerzo, y energía para sostenerla. Es más sencillo medir el fruto de un árbol que cultivar sus raíces. El mundo valora a los líderes por sus resultados y esto hace que se centren solo en los resultados o utilizando el símil del árbol en sus frutos ignorando sus raíces. Pero sabemos que si nos centramos en los frutos e ignoramos las raíces el árbol muere. Si queremos obtener el fruto debemos invertir en la raíz.  La cultura es la raíz y el foco se debe poner en el proceso que alimenta y produce el fruto.

Centrarse en la raíz es un patrón mental y un proceso que se debe seguir continuamente. Un líder y su equipo se deben centrar en el proceso, la cultura, las conexiones, las relaciones y todas aquellas pequeñas cosas que hacen que tengan éxito y obtengan resultados increíbles.

Los fracasos y las dificultades hacen que, en ocasiones, los líderes se centren mucho en el resultado en lugar de en el proceso, al preocuparse por el futuro, al sentir presiones y las críticas de personas, que pueden estar dentro o fuera de la organización, lo que puede hacer que pierdan su claridad y foco. El éxito puede volverles arrogantes y complacientes, mientras el fracaso puede hacer que pierdan de vista lo que más importa y el proceso que puede llevarles al éxito.

Un líder positivo ve lo que es posible y luego toma los pasos necesarios para reunir y unir a las personas necesarias para crearlo. Cualquier invento, proyecto, creación y transformación comienza por una idea, una imaginación, una visión de lo que es posible. La historia muestra que si lo podemos visionar lo podemos crear. Si tenemos una visión podemos intentar llegar a tener el poder de hacer que ocurra. Los líderes positivos aprovechan el poder de una visión y encuentran una vía para seguir adelante. Pero para reunir a las personas y conseguir que les sigan deben ser capaces de articular y comunicar su visión de una forma sencilla, clara, atrevida y atractiva, como por ejemplo IBM: "Construyamos un planeta mejor”.

La visión que un líder positivo crea y comparte sirve como una estrella del norte que señala y moviliza a todos los profesionales de una organización en la dirección correcta. El líder debe continuamente señalar a esta estrella para recordar a todos que hacia allí es hacia dónde tienen que ir.

Compartir una visión y una estrella del norte es importante porque todos necesitamos una. Todos tenemos que tener algo en lo que confiar y por lo que trabajar. Como humanos tenemos el deseo innato de ser grandes y hacer algo grande. Tenemos el anhelo de mejorar y crear un futuro mejor y más brillante, pero, con frecuencia, el miedo nos contiene, el estrés nos debilita, los obstáculos interfieren y la adversidad puede hacer que queramos ceder. Un líder que comparte una visión y un camino hacia delante es un repartidor de esperanza, es alguien que cree en lo imposible, un defensor de lo que es posible y un coach que guía e inspira a su equipo para continuar mejorando y marchando hacia delante.

Un líder positivo debe llevar en su camino un telescopio y un microscopio. El telescopio ayuda a mantener la vista puesta en la visión y el microscopio ayuda a enfocar las cosas que debe hacer en el  corto plazo para poder alcanzar la visión que le muestra el telescopio. Si solo cuenta con el telescopio estará todo el tiempo pensando en la visión y soñando con el futuro, sin dar los pasos necesarios para llegar a él. Si solo cuenta con el microscopio trabajará duro todos los días pero los desafíos y contratiempos seguramente le frustrarán y desanimarán, porque pierde de vista el objetivo final. El líder necesita sacar su telescopio con frecuencia para recordar él mismo y a su equipo hacia dónde van y deberá mirar diariamente por su microscopio para centrarse en lo que es más importante y para poder abordar todos sus compromisos. Ambos, el telescopio y el microscopio, le ayudarán a él y a su equipo a llegar a donde quieren ir.

Un sencillo ejercicio que pueden realizar los líderes consiste en pedirles que escriban su visión para su equipo y una acción en la que se van a centrar ya para ser mejores líderes. También pueden hacerlo con los miembros de sus equipos, pidiendo que cada uno identifique su visión y una acción a realizar para alcanzarla.

Para comprender la importancia de mantener la visión viva podemos considerar a los corredores de maratón. En la primera milla casi nadie abandona la carrera. En la ´última ocurre lo mismo, porque aunque los corredores están agotados saben que están muy cerca de la línea de meta y su mente ya la contempla, tienen una visión de hacia dónde están yendo y siguen corriendo hacia ella. . La mayor parte de los corredores abandonan a la mitad de la carrera, que es cuando se sienten ya cansados físicamente y mentalmente extenuados. Han llegado lejos, pero todavía les queda un largo camino. Pierden la visión y se rinden.

Por eso es importante realizar el siguiente ejercicio, muy parecido al mencionado anteriormente, con cada persona que depende directamente del líder y luego cada persona debe hacerlo con las que dependen de ella. Consiste en mantener una conversación individual en la que el líder comparte su visión y le pide a la otra persona que le diga lo que ésta significa para ella, ya que para que una visión tome vida es necesario que tenga un significado a nivel individual. Una vez que cada persona del equipo ha identificado lo que la visión significa para ella hay que preguntar cuál es la visión personal y cómo ésta puede contribuir a la visión global de la organización. También tiene que preguntar cómo puede ayudarles en su camino.

Si el líder mantiene una conversación como ésta abierta y sincera con cada miembro de su equipo y continua comunicando y discutiendo las visiones personales y organizacionales durante el año, verá como la visión toma vida. Cuando las personas saben cómo están contribuyendo a una visión y un propósito importante en su trabajo y sienten que sus responsables se preocupan por ellos, el desempeño se incrementa, como muestran diversas investigaciones.

 

 

miércoles, 27 de mayo de 2026

FELIZ CUMPLEAÑOS

 



Ayer, 26 de mayo, Hablemos de liderazgo cumplió 15 años. 

COMPORTAMIENTOS ESCONDIDOS QUE INFLUYEN EN CÓMO NOS VEN NUESTROS COMPAÑEROS

 


Anne –Maartje Oud en SmartBrief on Leadership del pasado 22 de mayo plantea que nuestro comportamiento como líderes influye en la confianza que nuestro equipo tiene en nosotros.

La mayor parte de los profesionales entiende que tener un comportamiento efectivo es importante en un entorno laboral. El reto verdadero es mostrar comportamientos que se alineen con nosotros, nuestro contexto y las metas que tenemos. Las personas van a tener una impresión de nosotros a través de los comportamientos que observen, por lo que la pregunta que nos tenemos que hacer es cómo ser más cuidadosos en lo que mostramos. La autora que nos hagamos una serie de preguntas:

1.- ¿Estamos presentes?

Por ejemplo: ¿Preparamos las reuniones y somos puntuales o las improvisamos y llegamos tarde?, ¿Estamos presentes en las conversaciones prestando verdadera atención o estamos mirando nuestro móvil o por la ventana, leyendo notas, distraídos mientras los demás hablan, mostrando nuestra falta de atención e interés?¿escuchamos realmente cuando alguien tiene algo que decir?

Tenemos que mantener la conversación activa, seleccionando, por ejemplo, un punto específico, respondiendo a él y añadiendo una pregunta o un nuevo paso para que no se pierda la dirección.

2.- ¿Cuál es nuestro lenguaje corporal?

Las personas están continuamente leyendo nuestro lenguaje no verbal y lo utilizan para decidir cómo posicionarse hacia nosotros. Si nos mostramos nerviosos, evitamos el contacto visual o hacemos como si nos empequeñeciésemos, los demás pueden dudar sobre si pueden confiar en nosotros. Si sobrecompensamos con un tono de voz muy elevado o una postura dominante las personas pueden alejarse de nosotros.

El equilibrio es la clave: una postura firme, gestos serenos y deliberados, contacto visual mantenido y la habilidad de hacer pausas sin pretender llenar el silencio son importantes. Pequeñas señales como inclinar la cabeza hacia delante cuando alguien explica algo anima a los demás a seguir compartiendo sus pensamientos e ideas.

3.- ¿Cómo tratamos a los demás?

La forma en la que hablamos de los demás cuando no están presentes es una de las señales culturales más potentes. Si regularmente hablamos de forma constructiva sobre nuestros compañeros, estaremos generando confianza. Si nos quejamos de alguien sin comentar a esa persona nuestras quejas, el resto de compañeros asumirán que podemos hacer lo mismo en su caso. Esto también influye en si las personas piensan que pueden hablar abiertamente cuando estamos presentes.

4.- ¿Solo pensamos en el trabajo?

La disponibilidad en determinados momentos informales es más importante de lo que pensamos. Si es difícil abordarnos o parece que siempre tenemos prisas las personas pueden interpretar que no tenemos interés en ellas.

Si somos accesibles en conversaciones de pasillo y nos mantenemos presentes en los momentos informales, por ejemplo, los demás encontrarán que es más fácil conectar con nosotros.

5- ¿Somos consistentes?

Si decimos que algo es importante pero nuestro comportamiento muestra lo contrario, las personas se fijarán en nuestro comportamiento. Por ejemplo decir que la calidad importa pero aceptar trabajo apresurado manda un mensaje claro.

Si, por otro lado, respondemos a una llamada o a un requerimiento en el plazo en el que nos hemos comprometido estamos mostrando consistencia y que somos de fiar. Cuando somos inconsistentes las personas empiezan a dudar  de nuestra palabra o a esperar para ver lo que realmente hacemos.

6.- ¿Hacemos preguntas?

Cuando lo hacemos las personas ven que estamos comprometidos y que procuramos entender activamente lo que está pasando a nuestro alrededor. Las preguntas indican que nos tomamos las perspectivas de lso demás seriamente lo que fortalece la colaboración.

Si nos mantenemos callados los demás pueden interpretar el silencio como desinterés o asumir que pensamos que ya tenemos todas las respuestas. En muchos el casos el silencio se interpreta como una señal y puede crear una distancia con nuestros compañeros, que tenderán a no involucrarnos en discusiones o decisiones.

7.- ¿Cómo nos sentimos ante el feedback?

Dos cosas son muy importantes en el feedback: el momento y la claridad, tanto al darlo como al recibirlo. Si esperamos demasiado las personas crean su propia historia y si reaccionamos demasiado rápido podemos estar respondiendo antes de haber entendido todo con claridad.

Al ofrecer feedback debemos mantenernos cerca de lo que es observable y describir comportamientos y sus efectos. Nuestro tono, contacto visual y ritmo importan y una presencia serena y calmada ayuda a asentar el mensaje, mientras que una respuesta afilada o apresurada desencadena una actitud defensiva.

Al recibir feddback ocurre lo mismo. Si interrumpimos al que nos lo está ofreciendo o nos justificamos las personas ven que no es seguro ser directo con nosotros. Escuchar y reconocer muestra que el input es bienvenido. Un sencillo agradecimiento por abordar una cuestión muestra que nos tomamos el feedback seriamente.

Ser conscientes es clave. Debemos conocer quiénes somos y mostrar quiénes somos, ya que somos la suma de nuestro comportamiento y de nuestra comunicación y del efecto que tienen en los demás. Esto implica ser consciente de nuestro comportamiento en las interacciones y ajustarlo si es necesario basándonos en el efecto que tiene sobre los demás.

domingo, 24 de mayo de 2026

LA EMPATÍA TÁCTICA

 


Jonathan B. Smith Derek Gaubt en “Fight less. Win More. . How master negotiators influence hearts, minds and deal”, plantean, como ya hemos visto en una entrada anterior, que la empatía táctica es el arte y la ciencia de influir en los demás porque se sienten escuchados.

Al hablar de influir se refieren a que en lugar de pedir a la otra persona que cambie su perspectiva, nosotros nos ofrecemos a ver las cosas desde su punto de vista. Es como si nos pusiésemos al lado de la otra persona y le dijésemos: “Así es como se ve que estás viendo esto desde aquí y por eso piensas y sientes de la forma en que lo haces”. El otro contestará normalmente que está de acuerdo y que se siente entendido. Cuando esto ocurre ya no se va a sentir amenazado por nosotros  no se tiene que resistir ante nosotros. Este es el momento en el que le podemos invitar a que considere, a su vez, nuestra perspectiva.

Si intentamos dar cientos de razones para que otra persona vea las cosas como nosotros, no van a hacer otra cosa que resistirse, pero una vez que consigamos que se sientan escuchados las cosas cambian. Esto ocurre porque los seres humanos no somos personas lógicas y tomamos decisiones basándonos primariamente en nuestras emociones y, luego, las justificamos retrospectivamente utilizando datos, la lógica y la razón.

Un ejemplo lo tenemos en el “Juego del Ultimatum”. Consiste en un experimento en el que  se le ofrecían 10 dólares a un participante y se le decía que se acababa de encontrar ese dinero pero que para poder quedárselo lo tenía que repartir con otro participante. Si éste rechazaba lo que se le ofrecía ninguno de los dos participantes recibiría dinero. Parece lógico pensar que la decisión sería ofrecer un dólar al otro participante y así el que recibía los 10 dólares se quedaría con 9 y el otro que en un principio no tendría nada recibiría un dólar y se sentiría feliz de tener algo. Si se ofrecía más de un dólar se consideraba una decisión emocional, así como si el segundo participante rechazaba cualquier oferta que se le hiciese. Lo que ocurre, comprobado en muchos estudios, es que las personas ofrecían más de un dólar, llegando hasta 5, mientras que los que recibían la oferta rechazaban las ofertas de menos de tres dólares. Esto último ocurre porque se sentían ofendidos, aunque sabían que recibir 1 o 2 dólares era mejor que nada. La venganza es una motivación fuerte. Las personas están dispuestas a rechazar acuerdos si piensan que están siendo tratadas injustamente, aunque vaya en contra de sus propios intereses.

Las personas que tienen más problemas en el curso de una negociación son aquellas que intentan ignorar sus emociones o tratan de actuar a pesar de ellas. Con la empatía táctica en lugar de considerar  las emociones como algo que suprimir o resistir, podemos utilizarlas para nuestro beneficio y en lugar de “luchar contra las olas “, podemos surfearlas. Una vez que comprendemos las dinámicas emocionales las personas se vuelven muy predecibles.

La mayor parte de las personas asumen que cuando no consiguen convencer a alguien es porque no han sido suficientemente persuasivas, porque no se han explicado bien o no han logrado convencer al otro. Pero ese no es el problema. Cuando alguien discute con nosotros o nos ignora suele ser porque no hemos sido capaces de evitar que nos consideren como una amenaza, decir que no es una actitud defensiva. La cuestión, es, por tanto, no buscar las razones por las que hemos fallado a la hora de convencerles, sino cuál es la causa por la que sienten que tienen que defenderse y qué podemos hacer para neutralizar esa percepción de  amenaza.

Para ello debemos mostrar que entendemos a la otra parte. Esto no es fácil. No consiste en decir que les entendemos, ya que la respuesta puede ser, por ejemplo: “Dices que me entiendes, pero¿  por qué tengo que creerte? ¿Cómo te atreves a pensar que sabes todo lo que estoy pasando’

Tampoco debemos decir “te entiendo” y a continuación añadir un “pero”, ya que si lo hacemos todo lo que hayamos dicho antes se habrá borrado y nuestro interlocutor sabrá que no entendemos realmente y que solo lo hemos dicho para poder hablar nosotros. Por tanto, para lograr que alguien se sienta comprendido verdaderamente debemos comenzar por mostrar curiosidad.

Cuando hablamos con alguien existe mucho margen para la curiosidad ya que las personas intencionadamente o no ocultamos información en una conversación y elegimos qué revelar, dependiendo del contexto. Como resultado cada conversación tiene dos dinámicas: la que mostramos y la latente. La que presentamos es lo que la otra persona dice, las palabras que salen de su boca. Es la punta del iceberg, especialmente en situaciones emocionales o en las que esté mucho en juego. Pero, queda una gran montaña debajo de la superficie

Esta montaña es la dinámica latente: todo lo que no se está diciendo, como cuál es su situación, qué es lo que desean, qué es lo que temen qué es lo que piensan o sienten o quiénes son realmente.

Todos tenemos una intuición poderosa que nos da pistas sobre estas cosas. Somos capaces de interpretar el lenguaje corporal y el tono de voz y de integrar pequeñas piezas de información sobre el otro  en un cuadro más amplio para poder intuir qué es lo que está sucediendo bajo la superficie.

Reconocer esas cosas es la parte sencilla, la más dura es articularlas. Tememos que si le decimos algo nos podemos equivocar y ofenderle, con lo que nos dirá que no, nos retirará su apoyo o su cariño o hará lo que nos asusta que haga en ese momento.

Por esto es importante que  mostremos que le estamos comprendiendo. Cuando siente que estamos reflejando sus perspectivas, no solo lo que ha expresado literalmente, sino los pensamientos y sentimientos que están detrás de lo que ha dicho, es cuando se siente entendido. Su mente deja de liberar hormonas que favorecen el estrés y empieza a ser consciente de que realmente estamos hablando con él.

El camino para conseguir esto comienza con nuestro estado de ánimo. ¿Vamos a centrarnos en nuestros propios pensamientos, sentimientos, deseos o miedos? o ¿Vamos a mostrar curiosidad por lo que pueden tener dentro de su cabeza? Si elegimos lo primero vamos a permanecer atascados en nuestra visión de las cosas.

Una de las principales objeciones para utilizar la empatía táctica es que es demasiado lenta. Lleva tiempo escuchar a alguien y hacer que se sienta comprendido, Pero al invertir tiempo en hacer que nuestro interlocutor se sienta entendido ahorramos tiempo y estrés al final. Para conseguir lo que queremos a largo plazo tenemos que dejar nuestras necesidades a un lado a corto plazo. Si insistimos en el corto plazo podremos llegar a nuestro objetivo más rápidamente pero nos llevará mucho más tiempo alcanzar nuestro resultado final ansiado, porque seremos siendo considerados como una amenaza por la otra persona, por lo que seguirán resistiéndose siempre que puedan.

Otra ventaja de utilizar la empatía táctica es que estamos cultivando la buena disposición de la otra parte, lo que facilitará cualquier futura interacción. Más aún, en los casos en que  los otros son conscientes de que tenemos el poder pero hemos elegido no utilizarlo, saben que les estamos mostrando respeto y así estamos generando confianza.

Para practicar la empatía táctica debemos hablar cara a cara. Requiere tres cosas:

1.- Mindfulness para responder reflexivamente, en lugar de instintivamente.

2.- Práctica consistente

3.- Reflexión para solidificar las lecciones aprendidas durante la práctica.

1.- MINDFULNESS

Entendida como la capacidad de ser conscientes de lo que está pasando en nuestra mente y de hacer una elección deliberada sobre la manera de responder. La mayor parte del tiempo solo reaccionamos ante nuestros pensamientos y sentimientos sin examinarlos. Consiste en crear un espacio entre nuestras emociones y nuestra respuesta. Sin una pausa somos esclavos de nuestras emociones.

En el Black Swan Group, los autores y sus colaboradores han desarrollado una práctica especial para ayudarnos a dominar nuestras emociones reactivas y para enfocar las conversaciones conflictivas reflexivamente. La llaman CAVIAAR y tiene los siguientes pasos:

a).- Curiosidad. Es el corazón de la empatía táctica. Por ejemplo es imposible estar enfadados y mostrarnos realmente curiosos. Al serlo estamos calmando automáticamente nuestras emociones.

b).- Aceptación. En cualquier negociación existen muchas posibilidades de ser atacado en alguna ocasión. Suele tener más que ver aquello con lo que la otra persona se está enfrentando que con algo que hayamos dicho o hecho nosotros. Debemos aceptar que puede pasar y cuando ocurra dejar que pase.

c).- Descargar nuestro pensamientos. Antes de comenzar una conversación sensible aclarar nuestras ideas dejando que fluyan todos nuestros pensamientos y sentimientos en voz alta. Podemos hacerlo con alguien de confianza o ante el espejo, por ejemplo, para que escuchen sin juzgarnos.

d).- Identificar. Una vez que hemos aclarado nuestra mente podemos prestar atención a nuestro interlocutor, para tratar de identificar cuál es su tipo de personalidad negociadora y cómo está enfocando la conversación. Cuanto mejor entendamos sus propósitos y perspectiva, más fácil va a ser que nos mantengamos serenos.

e).- Plantear una “auditoria de acusación”. Para ello debemos preguntarnos a nosotros mismos qué pensamientos y emociones negativas puede tener nuestro interlocutor, sobre la situación a debate y, especialmente, sobre nosotros.. Debemos comenzar la conversación diciendo estas cosas en voz alta ya que es la forma perfecta de difuminar sus emociones negativas antes de que exploten sobre nosotros.

f).- Recordar que la otra persona no es nuestro enemigo. Al final, aunque sus metas sean totalmente distintas de las nuestras, el fin último es colaborar y llegar a un acuerdo. Cada vez que sintamos que nuestras emociones se disparan debemos recordarnos que nosotros y nuestro interlocutor estamos en esa situación juntos.  

2.- PRÁCTICA

Investigaciones muestran que necesitamos alrededor de 66 días para desarrollar un nuevo hábito. No para convertirnos en un experto, sino para crear un camino neuronal sólido para que el nuevo comportamiento sustituya al antiguo. Y, nuestro trabajo no termina aquí, si  no continuamos repitiendo el nuevo comportamiento ese nuevo camino neuronal se irá apagando y desaparecerá. Por tanto, si no se practica la empatía táctica desaparece.

Afortunadamente las oportunidades para practicarla están en todas partes, en todo contacto humano.

3.- REFLEXIÓN

Es el paso clave que con frecuencia se ignora, pero que es esencial para acelerar nuestro proceso de aprendizaje. Consiste en dedicar tiempo para mirar hacia atrás para analizar lo que ha pasado en nuestras conversaciones recientes. Pensar, por ejemplo en si hemos escuchado bien, qué herramientas hemos usado de la empatía táctica, cómo ha respondido la otra persona o si pudiésemos volver a atrás qué haríamos distinto en esas conversaciones.

Como conclusión los autores quieren recordar que la empatía táctica no es la varita mágica. Aunque la dominemos, en ocasiones, no conseguiremos lo que queremos y utilizar sus habilidades seguirá requiriendo un esfuerzo centrado.

 

miércoles, 20 de mayo de 2026

ESTRATEGIAS PARA VENCER LA RUMIACIÓN

 


Sally Clarke en FastCompany del pasado 11 de mayo plantea que el perfeccionismo puede hacer que los líderes caigan en la rumiación. Ésta es uno de los riesgos que más se pasan por alto a los que se pueden enfrentar los líderes, así como uno de los más frecuentes y contagiosos. Cuando los líderes se dedican a rumiar se erosiona su bienestar, su juicio y el clima psicológico de sus equipos.

En psicología al hablar de rumiación se hace referencia al pensamiento repetitivo, indeseado, centrado en el pasado, intrusivo y negativo. Puede convertirse en un círculo vicioso de “¿Por qué he hecho….?  o ¿Y si? que aporta muy poco aprendizaje. El perfeccionismo, los estresores incesantes y los retos no predecibles pueden amplificar la rumiación.

Parece que nos ofrece alivio ya que un ciclo constante de preocupación, análisis, revivir detalles y reproducción  de distintos escenarios puede ofrecer a nuestras mentes un sentimiento de control y propósito en tiempos en los que nos parece que ambos están ausentes en nuestras vidas. Para muchos de nosotros se torna en una estrategia protectora.

Pero, esta estrategia puede terminar diezmando las cualidades que necesitamos cultivar para liderar y funcionar de forma óptima, ya que bloquea los recursos cognitivos que los líderes necesitan más: una memoria funcionante, y la atención y flexibilidad cognitiva. Rumiación relacionada con el trabajo conduce a un gran agotamiento y sensación negativa de bienestar psicológico con el tiempo, lo que perjudica el pensamiento claro y el juicio.

Fisiológicamente la rumiación impide la recuperación, puesto que en lugar de desconectar el sistema nervioso se mantiene en un estado de amenaza. Las hormonas del estrés se mantienen elevadas lo que altera el sueño. El impacto de la rumiación rara vez se detienen en el líder exclusivamente. El impacto en su sistema nervioso crea un clima de microestrés que daña la moral del equipo y la cohesión. Los líderes que están mentalmente preocupados tienen dificultades para mantenerse centrados en el momento presente. En lugar de eso están distraídos, irritables e indecisos, lo que tiene un efecto nocivo en la cultura del equipo.

Con el tiempo este efecto se manifiesta de forma sutil pero profunda, en forma de decisiones retrasadas, revisión constante de temas o “aparcamiento” de ideas que nunca van a abandonar este estado. Los miembros de los equipos comienzan a imitar el la rumiación y la hipervigilancia como mecanismos de afrontamiento, lo que reduce la innovación y la creatividad porque las personas pasan más tiempo imaginando problemas que resolviéndolos. En relación con la cultura los equipos se vuelven más cautos, las tensiones interpersonales se mantienen y la seguridad psicológica declina.

La autora propone seguir las siguientes estrategias (basadas en investigaciones) para ayudar a cambiar el estilo de pensamiento de los líderes para que prioricen el bienestar y modelen hábitos sanos para sus equipos.

1.-Programar “tiempos para la preocupación” con límites para tomar decisiones. Reservar 10 a 15 minutos para de forma deliberada pensar sobre un asunto conflictivo, escribir opciones concretas y finalizar con un paso “mínimo”. El tiempo limitado y estructurado para pensar en preocupaciones reduce la rumiación y apoya un pensamiento más centrado en hallar soluciones.

2.- Utilizar “micropausas” de mindfulness para cambiar nuestra relación con nuestros pensamientos. Prácticas como tres respiraciones lentas, estiramientos, mover los hombros o hacer una meditación corta entre reuniones ayudan a interrumpir la rumiación al desviar la atención hacia sensaciones físicas. Solo unos pocos minutos pueden romper el patrón mental y reducir los riegos de estrés y burnout.

3.- Proteger el tiempo para desconexión real psicológica después del horario laboral. Crear zonas específicas de “no trabajo” e intencionalmente realizar actividades como ejercicio físico o hobbies para recargar nuestra perspectiva y capacidades cognitivas.

4.- Realizar movimientos breves para descargar tensiones. Ponernos de pie y caminar de forma rápida durante 2 o 3 minutos, subir escaleras o estiramientos dinámicos sirven para rebajar las tensiones y para mejorar nuestro desempeño cognitivo, ayudándonos a volver al asunto que nos preocupa con una mente más serena y una perspectiva más clara.

5.- Normalizar el pensar en voz alta con personas de confianza. Compartir ciclos de rumiación con un coach, mentor o terapeuta y pedirles que nos ayuden para distinguir entre reflexión y rumiación para alterar los patrones repetitivos e introducir perspectivas alternativas.